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Why are lesbian relationships so intense. Con el corazón latiendo alocadamente, recorrí toda la casa en busca de una explicación razonable a lo que había escuchado. La encontré, al fin. Los tabiques debían ser bastante delgados y los rumores de la vecindad se colaban como si fueran propios. Llegué hasta ella e interrumpí su vaivén.

Todas estaban perfectamente ajustadas. La vista desde el mirador era magnífica. Go here ser un sexto piso, sobresalía ligeramente de las construcciones que se ubicaban en los alrededores, dejando un pasillo de visión bastante amplio para admirar un pequeño parque en las inmediaciones, una iglesia y multitud de tejados rojos llenos de antenas.

Lejanas montañas se perdían en un horizonte de brumas amarillas y doradas de la puesta de sol. Antes de llegar al pasillo para retomar mi tarea anterior, por el rabillo del ojo, vislumbré cierto movimiento. La mecedora había recobrado su ritmo cadencioso, otra vez. Algo conmocionado, me dirigí al cuarto de baño para intentar pensar sobre lo que estaba ocurriendo. Al observar mi imagen en la luna reverberante me pareció que algo había cambiado en mí. Se trataba de la mirada, sin lugar a dudas.

Desde aquellas fiebres horribles que tuve en la Se buscan espíritus de Dunure en Flores, una extraña cicatriz en forma de media luna había aparecido en el iris de mis ojos verdes. A veces, cuando me sentía excitado, una pequeña ranura incandescente se apreciaba con toda claridad, llameando alarmantemente. Los oculistas no le dieron importancia, diciendo que eran cosas del desmesurado crecimiento que había experimentado, pero los que me rodeaban solían click to see more la mirada, totalmente amedrentados ante los gélidos destellos que percibían.

De ahí que mis horribles compañeros de la infancia me tuvieran cierto temor. Ahora, al observarme tan de cerca, las medias lunas se habían convertido en círculos perfectamente delimitados, por donde escapaba una Se buscan espíritus de Dunure en Flores luminosidad. Cegado como estaba, no me paré ante la carretera que corría muy pareja al portal. Sentí un terrible golpe y perdí el sentido.

Cuando desperté, me encontraba en la habitación de un hospital. Me costaba respirar y, al intentar moverme, noté un grueso vendaje en una de las piernas. Una enfermera me Se buscan espíritus de Dunure en Flores que llevaba inconsciente una semana, habiendo sido víctima de un atropello.

El conductor, sintiéndose culpable del accidente, solía pasarse por el hospital cada día para pedir noticias sobre mi estado. Le conocí al fin. Resultó ser un buen hombre, al que traté de convencer de que la imprudencia la había cometido yo solo. Tres semanas después aparecí por el apartamento, armado con una muleta. La medicación había hecho su efecto y me hallaba relajado y tranquilo. No me sorprendió encontrar en el salón a una señora, ya anciana, de distinguido porte.

Supuse que era la dueña del piso a quien no conocía personalmente. Como puede ver por mi cojera, fui víctima de un atropello y he estado ingresado en el hospital todo este tiempo. Desde que murió mi madre, hace escasamente un mes, me he sentido terriblemente solo. Es muy agradable llegar a casa y que haya alguien para recibirte.

No se preocupe por mí, yo me limitaré a estar en la mecedora, igual que hago siempre. La mujer se sentó en el mirador y comenzó a moverse rítmicamente. Advertí que los rayos solares la atravesaban lo mismo que Se buscan espíritus de Dunure en Flores la anciana estuviera hecha de cristal. Pero no se apure, no Se buscan espíritus de Dunure en Flores de los latosos. Me quedé gratamente sorprendido ante el descubrimiento.

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Me senté a su lado y disfrutamos de una agradable charla. Que por cierto, no here ni idea de cómo podría ir. El caso es que me siento muy unida a esta casa y, sobre todo, a esta mecedora. Aquí viví siempre, tuve a mis hijos, envejecí y morí. Fui muy feliz en este lugar. Cada uno debe hacer su elección, él optó por irse a otro lugar.

Una vez vino una joven a visitarme, pero no se quedó mucho, le gustaba ir de un sitio a otro sin parar. Algunos fantasmas, personas que tuvieron muertes violentas o fallecieron sintiendo un odio exacerbado, raramente pueden abandonar el lugar donde perecieron. Sus espíritus, ya de por sí muy dañados, no sobrevivirían a un nuevo cambio. Se buscan espíritus de Dunure en Flores se desintegrarían.

Ellos siguen atados a esos sitios. Suelen ser entes malignos, de entrañas enrarecidas. Enseguida nos hicimos amigos. Siempre aparecía en mi presencia luciendo unos ropajes antiguos y muy elegantes. Un collar de perlas, blancas cual huevos de paloma, le rodeaba el cuello del vestido de satén, en un tono berenjena oscuro. Sus manos aparecían enfundadas en unos guantes de raso acorde al color con el que iba vestida.

Era muy Se buscan espíritus de Dunure en Flores llegar a casa y encontrarla con su gran sonrisa. Enseguida surgía el debate, ameno y lleno de chispa, era una inteligente conversadora en extremo. Si no lo hace, puede morir de agotamiento. Cuando encontramos a individuos que pueden comunicarse con nosotros, los fantasmas nos ponemos muy pesados, terminamos olvidando que el interlocutor, en cuestión, es humano y tiene ciertas necesidades para seguir viviendo.

Ya es hora de que dé por finalizado el duelo. Hice caso a mi consejera de lujo y, al día siguiente, fui decidido a la agencia de viajes para formalizar mi billete de ida a Londres y, de esta manera, cumplimentar allí mi formación profesional. Pero los planes no fueron los pensados, ni mucho menos.

No sé qué click the following article sucedió en aquel instante, fue como si algo o alguien me arrastrara hacia un destino que yo no deseaba.

Así me vi empujado a formar parte de un grupo de personas que emprendería una larga travesía por varios castillos de Escocia. Cuando me disponía a hacer las maletas, pues mi salida era inminente, la anciana sonrió de buena gana. Esta vez la elección no es tuya, hay Se buscan espíritus de Dunure en Flores muy empeñado en que vayas a Escocia. Debes averiguar quién es y qué es lo que quiere de ti….

He de reconocer que componían un extraño grupo. Leía a la perfección lo que aquellas mentes se cuestionaban con respecto a mi persona:. No hubiera podido contestar aunque hubiera querido, yo tampoco tenía la menor idea de mi papel en aquel recorrido. Al fin, el avión salió con media hora de retraso. Un autocar nos esperaba en las inmediaciones. Aquella velada, la primera del viaje, haríamos un itinerario por la medieval ciudad plagada de leyendas y fantasmas. Giles, así como una larga colección de pubs y restaurantes.

Lo que antaño fue una animada calle comercial, con tiendas de artesanos y viviendas, se había convertido en un callejón envuelto en sombras y silencio. Vi a la niña con toda claridad, parada a mi lado. Lloraba sin parar. En un momento dado extendió las manos hacia mí. Traté de agarrarlas pero eran de humo. La niña Se buscan espíritus de Dunure en Flores tal berrinche que no había forma humana de hablar con ella. Dime qué te ocurre para que pueda ayudarte.

Dejando a mi grupo, que ni se dio cuenta de mi ausencia, seguí a la cría hasta una vieja casa. La nena se acuclilló allí, inconsolable.

Sin dejar de llorar, sacudió su pequeña y sucia cabecita varias veces. Negó con rotundidad, redoblando los lloros. En ese instante todo mi grupo se personó en la vieja casa. La historia dice que la peste, desencadenada por la malsana mezcla de aguas residuales, basura y porquería en la que vivía inmersa la muchedumbre que habitaba Se buscan espíritus de Dunure en Flores gran urbe, mató a las tres cuartas partes de la población de Edimburgo, entre ellos a esta pequeña, llamada Annie, la niña que solloza sin cesar.

Los turistas le dejan juguetes para tratar de consolar su alma. No le gustan. Obedeciendo a una misma idea, juntamos pañuelos de cuello, unos cordeles de zapatos y gomas del pelo e hicimos algo parecido a un muñeco. Con un rotulador dibujamos los ojos y la boca. El atado lo dejé al lado del fantasma que seguía acurrucada en un rincón chillando con desesperación. Repentinamente dejó de llorar. La niña comenzó a emitir una dulce cancioncilla acariciando el amasijo de ropa con forma de bebé.

De puntillas salimos de allí. El silencio nos envolvió opresivamente. Algunos de nosotros gritamos presas del terror saliendo de inmediato de aquellos callejones malditos. Pasamos por el hotel para recoger el resto del pesado equipo de grabación e investigación paranormal que, enseguida, se repartieron entre los siete miembros que lo componían. Ya repuestos de los sobresaltos que habíamos sufrido en las callejas medievales, nos dirigimos al cementerio de Greyfrias Kirkyard: Camposanto que rodeaba la Iglesia Greyfriars.

En él encontramos enterrados personajes famosos como el humanista George Buchanan o el abogado George Mackenzie. Fueron encerrados en una zona de ese mismo cementerio que se utilizó como prisión.

Morían a centenares. Otros prisioneros fueron enviados en barco Se buscan espíritus de Dunure en Flores América, desterrados para siempre y condenados a trabajos forzados, pero no tuvieron un final mejor que el de sus compañeros, puesto que article source barco naufragó. La guía siguió explicando:. Las verjas se abrieron y los veinticinco avanzamos entre esas viejas construcciones de piedra.

El ambiente era siniestro y el frescor de la humedad lo llenaba todo.

Samlsex Com Watch Porn Movies Granny fuckung. De Moros trae gran poder, Muchos Reyes lo seguian. K 9B ,, Dios me lo tiene otorgador,: Y ello así se cumpliría. Testamento dei Cjb. Que son entre el alma y Dios Padrinos y valedores. En Valencia estaba el Cid Doliente del mal postrero, Que agravios en pechos nobles Pueden mucho mas que el tiempo. Empieza de, este modo : Muerto yace ese buen Cid Que de Vivar se llamaba. Gil Diaz su buen criado Cumpliera lo que él mandaba. El mas pobre queda rico De lo que ende ganaba. Caminan para Castilla, Como el buen Cid ordenaba. La historia del Cid ocupa casi todo litigio undécimo. Fuera de donde esta el Cid, La fiesta se hizo un año; Su cuerpo quedaba solo. Ninguno lo acompañando. Estando desta manera Un judio avia llegado.. El judío que lo vido, Muj gran pavor ha cobrado: Tendido cayó de espaldas, Amortecido de espanto. Agua le echan en el rostro, Para facerlo acordado, Y vuelto que fuera en sí. Todos le avian preguntado, Qué cosa fuera la causa De verlo tan mal parado. El luego les declaró La verdad de lo pasado. Mandó juntar muchas hazes, T acompañólas él mismo. Al subir en el caballo, Que la espada se ha ceñido, Sacado la ha de la vaina, De aquesta suerte avia dicho: ,, Si la espada ha de envaynarse "En sangre del enemigo, Vaya desnuda en la mano, No tenga tiempo perdido. Vomitan caballos, gente,. Cebado y metido entre ellos Con destrozo inevitable, Cual suele irlwdes azor En ias remontadas aves. En la mitad de. Parece probable que el almirante cayó en poder de los moros al tiempo de reenh barcarse. Considerados poéticamente estos romances son de particular mérito. De nuestro antiguo adversario Perseguido veces varias, Con mil vanas' fantasías Y ciegas desconfianzas. Cuya devoción seguía-, Pidiéndole con instancia. Por tan grande inconvenienta. La libertad rehusara. Llamado Benalmazar: Pide al conde franca entrada, El cual se la mandó dar. La historia muestra cuan limitado estaba el poder de los reyes de Castilla por las leyes del pais. El octavo que en Castilla De tal nombre fue llamado. Don Diego, oome. May alegres fueron todos, Todo fuera apaciguado. La pérdida de los moros fue terrible y y les infitndió un gravísimo y casi permanente terror. Una cmz mny colorada En el cielo parecía, Hermosa, resplandeciente; Gran consnelo les ponía. Y dejando la ciudad. Siete caballeros moros A ellos vienen ilerechos. Los moros della se apartan, Cuestión con él no queriendo. Los moros, qae buenos eran. Todos lo estaA atendiendo. García entre ellos se envuelve Amenazando y hiriendo; Mas los moros se le apartan, Sin querer acometerlo. Con quien el Rey confería Los casos arduos j graves. Cuidadoso el varón santo Deste mísero contraste, Le amonestó varias veces Con razones eficaces. Pero como el desengaño Odiosos efectos hace, Y son tan aborrecibles De ordinario las verdades. Aunque el Rej las conocía,. Visto el Rey su santo zelo, Quiso impedir su viage , Mandando so graves penas, Que no le embarcase nadie, t'or parecerle que en todo Le hiciera falta notable; Que suele Dios por ua justo Dejar el rigor aparte. Desta suerte se engolfó, Queriendo el señor mostralle Serle acepta su demanda Y sus obras agradables, Mandando que el mar furioso Se le humille j avasalle, Y que las inquietas ondas En sus hombros le levanten; Queriendo también mostrar, Que sus siervos han de honrarse No solo en el otro mundo, Sino en este miserable. Y en espacio breve y corto Fue servido que aportase A la insigne Barcelona Con admiración notable. No puedo concebir que aquí sea oportuna la cita de Marco Porcio. Lo que faz trato gracioso.. Nueyaa de nuevo le vienen, Que el corazón le han quebrado, Que Don Sancho yace muerto; Y con semblante cuytado. Alfonso murió en el año de Espejo en que te has mirado. Ignorante del pecado. Pues tal señor te ha faltado. Que su hijo le ha causado. Don Sancho cobró salud: El Rey mucho se ha alegrado. Estando el Rey en Sevilla Crecido mal le avia dado. Muy cercano es i la muerte; A todos ha perdonado, Aquellos que mal urdieron, Por dó fuese mal tratado. Este Rey fie también el que desterró de España la orden de los templarios , sobre lo cual no he descubierto romance alguno. Resistir pudimos mal. Si la sigues con denuedo, Término estrecho la dan. Los límites de la tierra; Tanto has de señorear. Todo lo que el poeta añade mumenta el interés del oisn- to. Asi dice élt bíea oiréis lo que ha hablado. Con todas estas desdichas A Sevilla ave llegado. Que yo seria el padrino , Tu, maestre, el ahijado. Las puertas me aTian cerrado. Yo como estaba sin culpa , De nada me UTe curado. Es por fuerza ó por mandado. Vuestra cabeza, maestre, Mandada esta en aguinaldo. Nunca hice desaguisado: U8 Ni os dejara yo en la lid, Ni con moros peleando. A Doña María Padilla En un plato la ba eni4ado. A los aullidos que daba Atronó todo el palacio. Sino el page que ha criado. A una dueña se la cuenta, Que en la prisión la acompaña: ,, De Borbon, dice, soy luja, De Carlos delfin cuñada, Y el Rey de la flor de lis Pone en su escudo mis armas. Hija soy de la desgracia. Dejando su misma esposa Por una manceba falsa. Ultimas lamen- taciones de la rntsma. Cuando vido al ballestero , La su triste muerte vio. Yo no te hice traición. Y otro un puñal acerado. Y en aquesta fiera lucha Solo un testigo se ha hallado , Page de espada de Enrique, Que de afuera mira el caso. Que ambos vinieron al suelo, Y Enrique cayó debajo. IKmde k vueltas de la sangve El vital hilo cortando, Salió el almii mas cruel Que vivió en pecho crisüano. Riñeron los dos hermanos, Y de tal suerte riñeron, Que fuera Cain el vivo, A no averio sido el muerto. La muerte del hijo tierno. La prisión de Doña Blanca Sirven de infame proceso. Algunos pocos leales Dan voces pidiendo al cielo Justicia, pidiendo al Rey ; Y mientras que dicen esto. Echó al cabello la mano, Sin tener culpa el cabello; Y mezclando perlas j oro,. De oro y perlas cubrió el cuello. Desmayóse ya vencida Del poderoso tormento, Cubriendo los bellos ojos Muerte, amor, silencio y sueno. Lo que después ocurrió lo refiere el romance. Este Rey adquirió el renombre de el enfermo. Afirmólo el mayordomo: No hay mas, ni con que comprallo. Serena el severo rostro. La tierna barba trabando. Vido como los servían Muchos faysanes y pavos. Estuvo un rato suspenso Aquesto considerando. Vienen todos al momento: Seguros y descuidados. Cierran al pimto las puertas, Y el puente le alzan en alto. EIntró en la sala el verdugo Con el cuchillo y los lazos. Díceles el Rey que mueran Como traidores y falsos, Pues el real patrimonio Le tienen así usurpado, T. Hoj veo jergas en mi corte, Ayer vi fiestas asaz. Dejad, señor, los brocados. No querades mas solaz. Ejemplo de que en la tierra, Porque el hombre mire arriba. No hay seguridad humana Sin contradicción divina. Con los Reyes las porfías Son vaivenes peligrosos, Dan miserable caida. Todo lo que finge teme Y teme suerte contraria; Que cuando aquesta comienza, Tarde ó nunca desagravia. Salió cierta su sospecha. Dióle mucho que pensar, Por ser llave de su Alhambra. Y tras largo vacilar Por resolución declara, Pues que todos contradicen. El dar al Rey la batalla, Que se mueBtre su poder Del todo en fortificarla, De la gente mas experta , Pertrechos y vituallas, Como cosa en que consiste La perdida 6 la ganancia. Unos dicen que el Rey entre, Para que esté mas guardada; Otros, que no, mas que llamen Al infante Zidiyaya, Un nieto de Abenalmao Que la ampare, y tome en guarda. Dando fuerza al claro nombre De otras sus altas hazañas. Duró al pie de siete meses Coa refriegas porfiadas. Ni la continuación de asaltos duros, Ni el rigor de cristiano belicoso, Que aportilla bastante nuestros muros. Pues tan claro ingenio alcanza, Considerando el peligro Y sus fuerzas limitadas. Que pues los medios honrosos Casi yictorias se llaman, Los escuche y los admita De suerte, que efecto traygan. Haciéndole mil mercedes, Con mano abundosa y franca, Con título de cavdillo De su gente y la cristiana, Para proseguir su intento En la empresa comenzada. Por esa puerta de Elvira Sale muy gran cabalgada. Cuanto de la yegua baya. Cuanto de la lanza en puno, Cuanto de la adarga blanca, Cuanto de marlota verde, Cuanta idjuba de escarlata, Cuanta pluma y gentileza. Cuanto capellar de grana. Cuanto bayo borceguí. Cuanto raso que se esmalta. Cuanto de espuela de oro. Cuanta estribera de plata: Toda es gente valerosa Y experta para batalla. De Cazorla y de Quesada También salen dos banderas ; Todos son hidalgos de honra, Y enamorados de veras. Hasta la guardia han llegado Adimde el rebato suena, Y junto de rio frío Gran batalla se comienza; Mas los moros eran machos Y hacen grande resistencia, Porque los Abenzerrages Llevaban la delantera , Con ellos los Alabezes Gente muj brava y muy fiera. Mas los valientes cristianos Furiosamente pelean, De modo que ya los moros De la batalla se alejan. Mas llevaron cabalgada Que vale mucha moneda. Con gloria quedó Jaén De la pasada pelea. Redüan reconoce lasjbríalezas de Jaén. Mira la encuínbrada roca De altas torres coronadk. Y así como uvo llegado De esta manera le habla, Con el rostro demudada De color muy fria y blanca: ,, Nuevas te traigo, señor, Y una muy mala embajada. Por ese fresco Genil Mucha gente viene armada. Todos hacen juEamento. Desto quedó triste el Rey Qae nó pudo hablar palabra. Granada los llora mas, Con gran dolor que sentia; Que en perder tales varones Es mucho lo que perdía. Hombres mugeres y niños Lloran tan grande perdida. Lloraban todas las damas Cuantas, en Granada avia, Por las calles j ventanas Mucho luto parecía. Y si algan luto lleTiibaai, Es por los que muerto maa. Sobré estfts guerras civiles El reino van consumiendo, Hasta que el valiente Muza En ello puso remedio. Es probable que el efecto de ellos procedería de la melodía , porque su expresión tal cual apa' rece de la traducción española nada tiene de eX' traordinario. Cuando en el Alhambra estuvo Al mismo punto mandaba, Que le toquen sus trompetas, Los añafiles de plata, Y que las cajas de guerra Apriesa toquen al arma. Porque las oygan sus moros Los de la vega y Granada. Debía de tener en mente alguna travesura femenina, y él estaba dispuesto a compartir cualquier juego que ella quisiera jugar. Su boca se resecó imaginando que la desnudaba. Hasta el momento no lo había comprendido, pero la ropa interior de encaje que ocultaba y revelaba, al mismo tiempo, las deliciosas curvas de una mujer eran eróticas e incitantes. Ram Douglas se lamió los labios por anticipado. Los encallecidos hombres que se apiñaban en el salón Douglas tenían un aire contrito cuando Ram se enteró de lo sucedido. Ese chico es un pequeño miserable. Impotente, Gavin se encogió de hombros y trató de aligerar el ambiente:. Cameron aventuró:. Se quitó la chaqueta de cuero y vertió whisky en lo primero que encontró: una copa de plata grabada con dibujos celtas. Trasegó el licor de un solo envión, y el. Apoyó los brazos sobre la repisa de la chimenea, apretó la frente contra ellos, y clavó la vista en las llamas. Necesitó unos minutos antes de percibir lo bien que le había hecho. El perro lobo estaba tendido junto a él, apoyado en su pierna. Distraído, se. En cuanto detuvo la caricia, Boozer levantó una pata y lo apremió, emitiendo un quejumbroso gemido gutural. No llores por eso. Se desabotonó la fina camisa de lino y la arrojó sobre una silla. Como si fuese. Así, con los ojos al mismo nivel, un gruñido profundo brotó de sus gargantas, y a continuación rodaron juntos por el suelo, tratando de retener al otro, feroces como un par de bestias salvajes, midiendo su fuerza y su astucia. Ram aferró dos grandes puñados de pelo, y sujetó a su rival contra el suelo durante unos tres segundos, pero las patas que se agitaban y las dentelladas de esos agudos dientes pronto hicieron revertir las posiciones. En cuanto Boozer logró poner a Ram de espaldas, sacó su enorme lengua y lavó la cara de su amo. Cuando el criado llevó la comida, tuvo la precaución de golpear. De inmediato, el perro se incorporó sobre sus patas, los pelos del cuello erizados, el cuerpo rígido, en alerta: sabía que sólo podía jugar al cachorro en presencia de Ram. Ram Douglas suspiró, pesaroso, al ver la bandeja preparada para dos. Dejó el segundo plato en el suelo, para el perro. A continuación, se concentró en la carne y el whisky. Se hundió en la nada y empezó a soñar. Iba a horcajadas de un infatigable caballo de guerra, de cara al viento. Hacía doce horas que cabalgaba, patrullando la frontera, y el castillo Douglas, al otro lado del río Dee, lo atraía. No estaba cansado, sino lleno de vida, de expectativas. Cuando la maciza fortaleza iluminada por la luna se erguía ante él, comprendía de pronto qué era lo que lo atraía irresistiblemente hacia allí: la mujer. Al verlo, el rostro de ella se iluminaría de alegría. Su cabello llameante lo rodearía como una intensa hoguera. El corazón de Ram desbordaba de felicidad, porque sabía que ella siempre estaría allí para recibirlo, fuese de día o de noche. Saltaba del caballo y subía corriendo los peldaños de piedra, para azar a esa muchacha contra su corazón. De repente, se encontraba desnudo, llevando en brazos a la muchacha hasta su ancha cama. Estaba completamente excitado, erecto, y no podía pensar en nada que no fuese el cuerpo de ella. Estaba seguro de que si no veía y tocaba pronto los llameantes rizos entre sus piernas y se quemaba en su fuego, moriría de deseo. Era de color lavanda claro, bordada con pétalos de flores rodeando los pechos. Los centros de esas flores eran sus pezones, que asomaban a través de ojales en la tenue tela. Desde el ombligo hacia abajo, flotaban unos sutiles paños, y cada vez que él tendía la mano para descubrir el tesoro de ella, aparecía otro para frustrarlo. Su mano callosa arrancaba la prenda del cuerpo de la mujer con un brutal tirón, y él hundía la cara en la fragante piel satinada. Ram saltaba de la cama para enfrentar al gitano, que era tan robusto como él y también estaba desnudo. Se enfrentaban con cuchillos, ansiosos por esa lucha que daría al ganador un premio indiscutible. Ram gruñía entre dientes:. Hundía el cuchillo, y la sangre mojaba su mano, roja y viscosa. Abrió los ojos y vio que el perro lamía su mano. Se puso de pie y fue a la cama, riendo amargamente de sí mismo. Mientras se dormía, oyó claramente la voz de ella:. Sin embargo, al día siguiente el sentido del humor lo había abandonado por completo. Por lo general, tenía buena cabeza para el alcohol, pero esta mañana sentía. Con todo, una cosa estaba clara: la huida del muchacho y la visita de la hermosa raposa estaban directamente relacionadas. La ira contra el muchacho que había herido a uno de sus hombres, y contra sí mismo, lo pusieron de pésimo humor. La conciencia de. Desde su sueño llegó flotando la cara del gitano. La boca de Ram se endureció formando una línea en la que sólo había resolución. De una cosa estaba seguro. Mortalmente seguro: antes de que se pusiera el sol, sabría el nombre de ella. Lo asombraba no haber adivinado el propósito. Cuando Donal llegó a Doon, estaba de excelente humor. El castillo I Kennedy estaba ahora parcialmente abastecido; su mente bullía de planes I para el futuro. Convencería al padre de que diese a Duncan la atalaya y las j tierras en la desembocadura del río Dee, a cambio de la propiedad total del ícastillo Kennedy en Wigtown. Terminaría de abastecerlo con ganado lechero y ovinos íde cuernos enroscados, completado con lo que obtuviese en. La atrevida moza que había calentado su cama la noche pasada en Kirkcudbright desempeñaba un papel insignificante en su decisión. Era cuestión de política mantener separadas a su querida y a su esposa. Le quitó la brida y lo dejó en libertad para que hiciera lo que quisiese. En esta ocasión, no llevaría consigo a sus hombres. Su venganza sería nal. Ram ahogó los fuegos de su furia, y su día transcurrió con calculada lentitud. Durante la comida, sus hermanos y Colin lo observaron, especulativos. Lo consideraban hombre de acción. A primeras horas de la tarde, descolgó de la pared una de sus espadas preferidas, la limpió y la aceitó con esmero, y lustró la vaina de plata. Era una de las llamadas claymore, plana, ancha, de doble filo, tenía un pesado y gastado puño,. A continuación, hizo lo mismo con su daga, que tenía en la empuñadura la cabeza de un carnero de cuernos enroscados. Desnudo, se detuvo ante el espejo y pensó qué ropa llevaría. Brazos, piernas y pecho estaban cubiertos de espeso vello negro. Por lo general, le agradaba vestir de negro de pies a cabeza pues, junto con su rostro atezado y su largo pelo negro, el conjunto intimidaba a quien lo viera. La breve prenda cubría sus caderas, dejando al descubierto sus muslos musculosos. Sujetó su espada junto a la cadera, y metió la daga en el ancho cinturón de cuero. El aire mismo del cuarto estaba cargado de puro poder animal, a duras penas contenido por Ram el Negro. Con el pelo largo y negro cayendo sobre los anchos hombros, tenía el mismo aspecto que sus salvajes antecesores, y Alexander sabía que sólo una fina capa de barniz cubría su naturaleza primitiva y salvaje. Alexander tenía el temor de que. Ramsay sufriera de la debilidad fatal de los escoceses: una inclinación a luchar entre. Ese mismo castillo albergaba el odio. Ya había habido bastante derramamiento de sangre y bastante desdicha en el castillo Peligroso, y no sólo en ése sino en todos los castillos del clan. La reputación de dureza de los Douglas era legendaria. Y el hecho de que Ram fuese sobrino del todopoderoso Archibald Douglas, conde de. Angus, aumentaba el terror que inspiraba. El pasatiempo favorito de Angus era. Se rumoreaba que tenía una monstruosa inclinación a la crueldad. El Impulsivo no necesitaba silla en su caballo. Ram Douglas tenía conciencia exacta de su apariencia, montado sobre su potro, de una alzada difícil de creer. Llevaba las riendas flojas, y guiaba al animal con las rodillas desnudas. Cuando Zara vio a Ram el Negro entrar al galope en el campamento gitano, su corazón saltó dentro del pecho. Los dientes de la gitana brillaron y sus ojos no pudieron disimular su placer. Orgullosa como una gata, lo guió a través del campamento, hacia su carromato. Zara dirigió miradas compasivas a las otras gitanas que empezaban a encender el fuego para preparar la cena. Ram Douglas se detuvo cuando vio a un gitano que conducía a una reata de caballos de vuelta desde el río. No tuvo necesidad de mirar detenidamente los caballos para saber que eran de calidad superior. En ese momento, era al hombre al que sometía a un atento escrutinio. Los dos se enfrentaron, ocultando sus pensamientos tras rostros imperturbables, aunque el desafío revelado por sus posturas mostraba la cruda animosidad que sentían el uno por el otro. Ramsay saboreó en su lengua la sed de sangre. Sería un placer para él empujar su daga en la garganta del gitano para obligarle a pronunciar el nombre que necesitaba conocer, pero sabía que podía sonsacar a Zara. Los dos hombres cortaron el contacto visual, y Ram cruzó el campamento hacia el pintado carromato de Zara. La mayor parte del lugar estaba ocupado por la cama y, cuando los ojos de Ram se acostumbraron a la penumbra, vio que Zara ya estaba acostada sobre las mantas. Con dedos torpes, se quitó la prenda que la cubría exhibiendo sus pequeños pechos redondos, duros y deliciosamente tentadores como manzanas del Jardín del Edén. Separó bien las rodillas, sus veloces dedos morenos asieron el borde de la falda escarlata y la levantaron lentamente sobre las piernas desnudas descu- briéndose hasta la cintura. Lo veneró con la mirada, sabiendo que cuando uniese su cuerpo al de ella, se sentiría colmada por su fuerza, su poder, su vigor. Al parecer, ese maldito no tenía prisa alguna pese a la evidencia de su excitación. Zara lo contempló, casi hipnotizada. Su deseo por él fue creciendo dentro de ella hasta que explotó en su garganta, y sintió ganas de gritar. Poniéndose de rodillas, reptó hacia él, tan alto allí, a los pies de la cama. Sus ojos se vieron atraídos por su centro masculino, su grueso miembro rígido, con su orgullosa cabeza roja. Zara recorrió con la punta de la lengua el contorno de su roja boca y se acercó para que él sintiera la tibieza del aliento que ella exhalaba suavemente para provocarlo, para tentarlo, para incitarlo, para estimular a ese lord viril y lascivo, y convencerlo de que agotarse en ella toda su fuerza bruta. Los labios de la gitana se abrieron para tomarlo. Cuando estaba a punto de hacerlo, le preguntó:. Él la apartó de su cuerpo y la sostuvo así un momento; luego, con movimientos muy deliberados, se inclinó para abrir el anillo de oro que tenía en el monte de Venus. Zara gimió cuando las manos de él se pusieron en contacto con su sensible hendedura femenina, y el dorso de los dedos rozó los diminutos rizos para desenganchar el pendiente que atravesaba su carne. Lo colocó en su oreja y la alzó de modo que ella pudiera rodearle la cintura con las piernas. Saboreó la textura y percibió el perfume de su especial masculini-dad. Ram apartó su boca de la de ella y le acarició suavemente la espalda. Como tenía todos los sentidos repletos de Ram Douglas, tardó un momento en organizar sus ideas. Las preguntas la intrigaron: ella no estaba allí para hablar. No I te preocupes, milord. De golpe, comprendió. Zara se dio cuenta exactamente de lo que él I quería, cómo pensaba lograrlo, y aun así no le importó. Quería algo de él y, I si ella podía, le haría pagar el precio completo. Soltó sus esbeltas piernas I morenas de la cintura de él y se quedó de pie sobre la cama. Ram Douglas sonrió para sí pues, con esa negativa, le había revelado que conocía el nombre de aqueÜa joven tan bien como el suyo. Sería un juego de 1 niños sonsacarla. Si dedicaba, al menos, la mitad de su cerebro, podía ser un i individuo muy persuasivo. Se tendió de espaldas sobre la cama y atrajo a la v- gitana encima de él. Sus besos eran celestiales. Ese nombre no significaba nada para Ram, pero recompensó a Zan por esa brizna de información. La gitana gritó de placer y clavó sus uñas en los hombros c él. Entonces, de repente, se retiró diciendo:. Este carromato tan pequeño m hace sentir encerrado. Zara comprendió que estaba llevando un juego cruel. Se envolvió en un chai y salió. Ram la siguió, desnudo: era uno 4 esos hombres a los que les gusta andar desnudos. Se sentía completamente cómodo sin ropas, nunca amenazado ni vulnerable como otros hombres ei ese estado. Ése era su lado animal. La tensión creció hasta hacerse insoportable. Con las yemas de los dedos, Ram trazó una línea desde un pezó erecto pasando por el vientre hasta el hinchado capullo que se ocultaba e la hendedura entre sus piernas. La muchacha estiró la mano para rodear el pesado saco de los testí culos y empleó la misma técnica con él, haciéndolos rodar suavemente ui contra otro para excitarlo y hacerlo perder el control. Encerró entre sis dedos el grueso miembro, y manipuló el prepucio con mano experta. Ram metió dos dedos dentro de su vulva y ella se arqueó contras mano. De pronto, él se retiró susurró:. Comprendió que no podría soportar que volviese a empezar:. Esperó con paciencia que volviese del lado oscuro del Paraíso a este sitio donde reencontraría la conciencia de aquello que la rodeaba. También supo que la mente de él se había alejado de ella en el preciso momento en que había pronunciado el nombre. Recogió su chai; Ram la alzó como si estuviese hecha de cardos y la llevó de nuevo al carromato. En otros tiempos, habían sido reyes de Carrick. Ram alzó la. Debió de haberlo adivinado. A decir verdad, lo asombraba que la bella y salvaje criatura que él había visto fuese una dama de noble cuna. Y el asombro se duplicaba cuando pensaba que a una dama soltera se le diese la libertad de estar en un campamento gitano, de cabalgar por el campo sin escolta, de ir y venir, entrando en castillos donde podría ser violada, o algo peor. Claro que no se engañaba suponiéndola virgen: era un bote de miel. Su reputación era leyenda. Había oído su nombre en labios de hombres de la corte, en los de sus amigos, los Gordon y los Campbell. Había oído el nombre de ella en las fronteras y en las Highlands. Lo había oído en Glasgow, en Edimburgo y en Stirling. Su nombre se mencionaba cada vez que los hombres hablaban de mujeres bellas con las que queman acostarse, de mujeres que podrían ser magníficas amantes. Apretó los dientes hasta que sus mandíbulas adquirieron el aspecto de un trozo de hierro, y así las sintió. Todo el mundo había disfrutado con la cena en el castillo Doon. Donal estaba tan complacido consigo mismo que cada vez que pasaba daba un puñetazo en la ancha espalda de Duncan con su mano pesada como un martillo. Duncan estaba contento de haber seguido al menos una vez el consejo de Tina de mantener la boca cerrada y de que, como resultado, las cosas no le estallaran en la cara. David estaba contento de que su brazo se hubiese curado lo suficiente para quitarse las vendas. La cicatriz que dejara la quemadura sería testimonio de sus audaces hazañas la noche de la incursión. Beth estaba satisfecha de que su hermana Valentina se hubiese tomado la molestia de ayudarla a elegir un vestido para la cena y de que, al menos por esta vez, sus hermanos fuesen tan amistosos como tres cachorros de zorro rojo. Kirsty estaba alegre porque esa noche el señor Burque la había mirado durante todo un largo minuto. Y eso sólo podía deberse al relleno que se había atrevido a coser en el corpino de su vestido. Al parecer, un poco de realce había hecho maravillas para ayudarla a conquistar esta atención que tanto anhelaba. Estuvo atento, ingenioso, intrigado y, evidentemente, embelesado. Todo llevaba a forjar los primeros eslabones de una relación. Esa noche, los hermanos de Tina se condujeron de manera amistosa y amable y lo trataban casi como a un miembro de la familia, y lo mejor de todo era que los padres de ella no estaban en casa. De la comida sólo se podía decir que estaba soberbia, y el vino y el whisky habían corrido libremente. La noche también era propicia para el amor. El aire. La luna y las estrellas pendían, brillantes, de un cielo de terciopelo negro. Tina llevó a Patrick a los parapetos de Doon a contemplar la belleza salvaje del mar, pero el joven se enfadó y se decepcionó cuando vio que Ada, la dama de compañía, los vigilaba. El viento nocturno hacía revolotear el pelo de Valentina formando una nube rojiza sobre los hombros de su vestido blanco. Patrick estaba tan cerca que el perfume de la joven lo arrebataba, inundando su nariz con una mezcla embriagadora de jacinto y de hembra cuando Tina extendió el brazo:. Las mareas y la niebla lo modifican a cada momento. Tina no se le escapó que él no hablaba del paisaje. Al ver que Ada se acercaba, se puso rígido y se preparó para enfrentarla. Patrick sintió ganas de besarla. Tina le disparó una sonrisa provocativa, quitó el brazo de él de su cintura, tomó su mano, y descendieron juntos por la escalera del castillo. Con largas zancadas, pronto acortó la distancia que los separaba. Tina alzó un hombro:. Milord, si envía a su hombre aquí, yo le mostraré el. Patrick avanzó otro paso. Tina no retrocedió. Tina se pasó la lengua por el labio superior. La muchacha esbozó un mohín. La penetrante fragancia de las flores de peral se mezcló con su delicioso perfume de mujer. Patrick se había excitado en el momento mismo en que ambos quedaron solos, y las actitudes provocativas de Tina, sus miradas incitantes, lo llevaron a un estado casi doloroso. En ese momento, cuando inclinó la cabeza para besarla, su virilidad se sacudió, se encabritó y comenzó a palpitar. Sintió la palpitación hasta en los tímpanos. La besó suavemente, como probando, moldeando sus labios a los de ella, y su pulso enloqueció cuando ella en- treabrió la boca de manera tentadora. Aunque él. Después, se abrieron los cielos, y Ram maldijo a ese diluvio que terminaría de borrar cualquier huella. Cuando hizo volver a su potro hacía Douglas y silbó a Boozer para que lo siguiera, estaba abatido. Ya tenía el castillo a la vista cuando el enorme perro salió a la carrera delante de él en dirección a un caballo sin jinete que, al parecer, se. Abrió los ojos y vio que se trataba de un feroz perro lobo, el doble de grande que cualquiera que ella hubiese visto en su vida. Cerró los ojos de inmediato y se mordió los labios para contener un grito de terror. Si la bestia la creía muerta, tal vez no la destrozara. Entonces, oyó la voz grave de un hombre que juraba, y su cuerpo tembló como una hoja en el viento. Parece una rata ahogada. Esa voz masculina, grave y resonante, provocó un helado escalofrío de miedo en la espalda de Tina. Sintió que era alzada como si tuviera el peso de una niña y, sin la menor ceremonia, el hombre la. Al verse tratada con tan poca caballerosidad, con la cabeza temerosa cuando y el pelo mojado colgando en el flanco del animal, le dieron ganas de llorar. Ram desenredó las riendas de la yegua de Tina, que relinchó temerosa cuando el enorme potro. Ram apaciguó al caballo con un puñetazo. Cuando llegaron al patio del castillo, Ram Douglas dejó las riendas de ambos caballos a un mozo de cuadra. No quiero que desperdicie su valiosa simiente con una yegua cualquiera. La llevó directamente al salón, donde ardía un fuego rugiente, y la depositó sobre un sillón de madera tallada. Le quitó la capa mojada y la arrojó a un criado, quien la extendió sobre un taburete para que se secara y después se arrodilló para quitar las botas altas de su amo. Tina se esforzó por permanecer completamente floja, con las pestañas caídas sobre las mejillas, y sintió que una mano fuerte y callosa tomaba su barbilla con firmeza y levantaba su cara para observarla. La había visto antes, y sabía exactamente dónde. Su corazón dio un vuelco. Aquella vez, cuando la vio entrar en el campamento gitano montada en. Tina abrió lentamente los ojos y se llevó la mano temblorosa a la cabeza. Ram Douglas la miró con intensidad, temeroso de que se hubiese herido gravemente al caer:. Tina trató de contener el temblor que le provocaba ese apellido, pero no pudo. Sólo tenía control sobre su cara. El hombre de. Sin duda, era la autoridad de la casa, y Tina supo, por instinto, que era éste el hombre al que debía convencer. Comprendió que debía hacer algo para dar a entender que había recibido un golpe en la. Mirando en los ojos a Ram con expresión impotente, preguntó:. El insulto lo ofendió: a él le parecía increíblemente atractiva, y ella lo consideraba viejo. Su voz cortó las carcajadas de sus hermanos:. Cameron, insensible como sólo puede serlo alguien muy joven, preguntó:. Ya lo he visto en alguna batalla. Los ojos ambarinos de Tina observaron cómo se suavizaba la bella curva de la boca de ese hombre cuando la miraba. Por un momento, se sintió hipnotizada por la penetrante mirada de esos ojos acerados, y se quedó inmóvil, mientras sus fuertes manos se acercaban para tocarla. Quiso gritar que ella. Ya se había dejado besar por hombres, pero ninguno se había tomado la libertad de tocarla de manera tan íntima como estaba haciendo ese diablo atrevido. Se acercó Colin, cojeando y echando a sus primos una mirada dura. Se levantó y, en efecto, sintió las rodillas como si fueran de manteca. Se tambaleó, y tres pares de brazos Douglas se tendieron para sostenerla. Colin abría la marcha y su pierna enferma arrancaba un extraño eco al suelo de piedra. La voz profunda de Ram le habló en secreto mientras ascendían la tosca escalera de piedra. Si no te conocemos como amiga, tal vez seas enemiga — bromeó, dirigiéndole un atrevido guiño. Se detuvo ante la puerta de su cuarto y la dejó en los brazos de Gavin —. Acompañó sus palabras con una endemoniada mirada lasciva, y sus ojos de color peltre se clavaron en los. Tina tembló en los brazos de Gavin, y éste sintió un extraño impulso protector. Para la muchacha fue un alivio verse libre de la presencia de ese otro. Sus ojos acerados tenían un brillo arrogante, su boca, un sesgo atrevido que acentuaba su magnetismo y, sin. Colin lo reprendió:. La chica se ha golpeado la cabeza. Pronto te libraré de tu vestido mojado, muchacha — dijo, sonriendo. Debe de estar mortalmente asustada después de volver en sí y encontrarse en las garras de los Douglas. Tina se sobresaltó y se puso rígida. Un gato enroscado sobre una silla se despertó sobresaltado y corrió a ocultarse debajo de la cama. Con muy poco entusiasmo, Gavin la depositó sobre el borde de la ancha cama; Colin fue hasta un armario y le alcanzó unas toallas y una abrigada manta. Desde la puerta, una voz profunda dijo:. Ordena a un criado que encienda el fuego para que ella pueda calentarse y descansar. Dentro de Tina, algo respondió a esa voz de bajo, y los ojos del hombre le dijeron que él encontraba algo especial en ella. Cuando Gavin avanzó hacia la puerta, el tono de Ram Douglas cambió:. Colin dijo, con disgusto:. La furia estuvo a punto de ahogar a Valentina, y se despreció por haber reaccionado, durante un instante, a esa atracción animal. Ese canalla cruel había ganado un punto en contra por haberla arrojado sobre la silla como un saco de patatas. Dos, por haber mancillado el cuerpo de Tina con sus manos mugrientas. Pero, en cuanto habló de. Era un odio personal, que exigía una vendetta personal. Si tocaba uno solo de. Cuando hubieron encendido el fuego, los criados se marcharon. Un momento después, se quitó el vestido de lana y la ropa interior mojada y colgó todo al pie de la cama para que se secara. Sacó de la bota el cuchillo que había traído y lo ocultó debajo del colchón. Empleó una gran toalla de lino para secarse las largas guedejas rojizas. Palpó la manta con los colores de los Douglas entre el pulgar y el índice para. El orgullo le impedía envolverse en su calidez, pero se oyó un golpe en la puerta de la habitación y, sin pensarlo, tomó la fina tela de lana y se envolvió en ella como si fuese una capa. Este hombre no era tan moreno como los otros. Tuvo curiosidad por saber qué había sido lo que había estropeado ese cuerpo, en otro tiempo magnífico, pero era lo bastante bien educada y sensible para no mirarlo fijamente, siquiera. Es un alimento tosco para una dama, pero ésta es una casa de hombres, sin mujeres, con excepción de las criadas y las mozas de cocina. Huele bien — agradeció —. Ha fallecido — dijo, y se dirigió hacia la puerta, cojeando. Tina casi se ahogó con el caldo. Tina se levantó de un salto para observar el encantador rostro del retrato, y alzó los dedos para seguir. Se hizo un nudo en su garganta cuando se dio cuenta de que ella sería una muchacha joven e inocente. Desde un rincón oscuro del cuarto, el espíritu de Damaris habló a la joven del pelo en llamas:. Me acusó de engañarlo con su hermano Colin. Me golpeó. Tina levantó una polvera de porcelana pintada y otros elementos del juego de tocador que había sobre la repisa de la chimenea. Es tan extraño. Tina cerró los ojos, quitó el tapón a una botella de. Aunque debes de haber sufrido insoportablemente, sólo siento tu felicidad en este cuarto adorable. El amor es ciego. Cuando Tina tocó su ropa, comprobó con asombro que ya estaba seca. Dejó a un lado la manta y se puso la exquisita ropa interior, que Ada había cosido puntada tras puntada. Tocó los delicados volantes. Lingerie era una palabra francesa que Ada había aprendido del señor Burque. Cuando Ram Douglas vio al joven que habían capturado sus hermanos, estalló en carcajadas. David Kennedy juntó una cantidad de saliva y la lanzó hacia Douglas:. Ram hizo una mueca. Ram — , como cuando uno silba mientras cruza el cementerio. Y agregó, para Gavin — : Les daré a los Hamilton una oportunidad de pagar un rescate por él. Si son mezquinos lo colgaré. En la planta alta, Tina metió la mano bajo el colchón para recuperar el cuchillo en el mismo momento en. Giró en redondo y enfrentó al intruso, con los ojos ambarinos. Ram Douglas frunció una de sus cejas negras. El fuego había secado su pelo, que ahora se derramaba sobre sus hombros, en luminosa abundancia. Diminutos rizos de rojo dorado enmarcaban su cara, y a Ram le cosquilleaban los dedos por el deseo de tocar esa tentadora masa de pelo. Los nervios hicieron hablar a Tina. La indignación estuvo a punto de ahogarla, borrando el miedo por un momento. Pero era tan peligroso que Tina sabía que no debía hacerlo encolerizar, entonces se mordió el labio y forzó una débil sonrisa. En cuanto recuerde dónde vivo, me marcharé. Los ojos del hombre la recorrían, como si estuviesen evaluando sus cualidades. Se posaron en su boca, bajaron a los pechos, ahora ocultos por la manta, y luego ascendieron hasta sus ojos. Tina contuvo un comentario cortante, pero hubiese dado lo mismo que lo dijera, pues los ojos de Ram tenían una expresión divertida. No te enfades, muchacha. Si mañana no has recordado, yo puedo averiguar muy pronto quién eres. Tina percibió el peligro de inmediato. Ram se acercó y atrapó con los dedos un tentador mechón de cobre fundido:. Estas palabras la llenaron de terror. Le pareció imposible. No estoy acostumbrada a los hombres — jadeó Tina, sin aliento. Tal vez, un. Revela la redondez de tus pechos, subraya la finura de tu cintura, tienta a un hombre a deshacer los lazos y quitar los. En un instante, desató una cinta y abrió la mano para ahuecarla sobre uno de sus pechos. Valentina sufrió un fuerte impacto y levantó la mano para abofetearlo en la cara, sin importarle que fuese un Douglas. Ram sujetó la mano de ella antes de que llegase a su cara. Tina creyó ver una expresión de dolor en los ojos de él, pero luego escupió, y ella tuvo la sensación de que la había abofeteado. Ramsay Douglas rió, pero no había alegría en su risa. Cuando lo hago quitar, se desata un infierno en el castillo hasta que volvemos a ponerlo en su sitio. Esa perra nos persigue — dijo, como si fuera un hecho. Tina rió con desdén. Negro cree en fantasmas Ram entornó los ojos, que brillaron con ese extraño matiz acerado. Lo dijo con tal. Valentina rompió a reír y sus ojos echaron. Si volvía a tocarla, Tina estaba segura de que se desmayaría. Se oyó un ruido en la puerta, y Ram la abrió, impaciente: era el perro. El espectro lo mantiene alejado. Era una ramera, como todas las Kennedy. Tenía dos hermanos que eran capaces de matarse por ella. Alexander la envenenó, y luego se tiró desde el parapeto. Las ofensivas palabras tiñeron de rojo las mejillas de Tina. Las esposas son como las arañas: en cuanto se han acoplado, la hembra devora lentamente al macho. Valentina tembló, y se convenció de que debía alejarse de ese individuo peligroso. Sé que recuperaré la memoria cuando salga, tal vez con el aire fresco, cuando eche un vistazo al sitio donde me caí. Es evidente que quiere librarse de mí — esbozó una sonrisa cruel —. La invito a cenar conmigo a mi regreso. Cuando se hubo ido, apoyó la cabeza contra la. Debemos marcharnos. Cuando se enteren de que no. Tina recuperó el cuchillo y lo metió con cuidado en la manga de su vestido. Tengo que hacer todo lo que pueda para protegerte. Debes de ser una muchacha muy atrevida — lamentó Damaris. Tina trepó a un arcón que había bajo una estrecha ventana y, después de unos minutos, vio la poderosa silueta de Ram el Negro que iba hacia el establo, seguido por sus hombres. Suspiró aliviada, sabiendo que ya no estaban bajo el mismo techo. Cubrió su brillante pelo con la manta de los Douglas y salió en silencio de la habitación. Con el corazón en la boca, avanzó cautelosa por el pasillo y luego procuró caminar con aire indiferente, como si no tuviese nada que ocultar. Por el momento, le bastaba con eludir el salón donde solían reunirse los guardias armados cuando hacía mal tiempo. Vio desde lejos a sirvientes y. En cuanto vio una escalera que bajaba, descendió por ella. El aire tenía el característico olor a humedad y a moho de los sótanos, que se mezclaba con el desagradable olor de las antorchas que ardían con grasa de carnero. Pasó por un cuarto lleno de barriles de diversos tamaños, conteniendo cerveza y vino. No tengas miedo. Cuando Tina advirtió que las ratas habían huido, recobró el coraje y se aventuró por un estrecho. Al mirar por entre los barrotes de la cuarta, ahogó una exclamación, viendo a su hermano que se tocaba un brazo vendado. Se llevó los dedos a los labios y no habló hasta estar bien cerca, separados sólo por pocos centímetros. La hermana negó con la cabeza. No hay mucho tiempo, Davie. Ese canalla de Douglas ha ido al castillo de los Hamilton a exigir rescate por ti. No puedo abrir la. El muchacho dijo, mientras se apoderaba del arma:. David mostró su brazo herido:. Mientras volvía sobre sus pasos e iba hacia el salón, su corazón latía enloquecido. El espíritu de Alexander Douglas percibió de inmediato la presencia de Damaris, y dejó al pequeño grupo de hombres que jugaban a los dados y se acercó a las dos bellas mujeres, una de carne y hueso, viva, vibrante de energía, la otra etérea, remota. La adorable fantasma no reveló ni con un parpadeo que lo hubiese visto u oído. Alexander suspiró. Durante quince años había rogado a su novia que escuchara sus desmentidas, pero había empezado a convencerse de que si bien él podía verla, ella no lo veía a él. Al principio, había intentado comunicarse con los vivos, empeñado en limpiar su nombre y su honor, pero fue imposible. Los caballos en el establo lo veían, y el perro lobo de Ram lo veía tan a menudo. Al verla deslizarse ante él, tan encantadora, se quedó sin aliento. Su piel parecía de porcelana, y su pelo, de sedosas hebras de luz de luna. Aunque a Alexander le dolía el corazón sintiendo que su amada Damaris estaba perdida para él, estaba dispuesto a existir una eternidad con tal de poder verla así, y saber que estaban juntos en. Colín Douglas avanzó lentamente por el salón hacia ella. Se me ocurrió dar un paseo por los alrededores del castillo, ya que ha parado la lluvia. Lord Douglas sugirió que, tal vez, si viera a mi caballo podría recordar algo. He prometido cenar con él cuando. Pero Colin Douglas no lo notó, pensando que tal vez Ram le informaría sobre su destino, y el sonrojo que había comenzado a colorear sus mejillas se desvaneció. Sentía un latido en su garganta mientras se esforzaba por no echar a correr. Damaris no quería acompañar a su sobrina al interior del establo porque su presencia siempre ponía nerviosos a los caballos. Besó la frente de Valentina, y susurró:. Sin advertirlo, Tina llevó la mano a la frente para apartarse el pelo, luego se acercó a su yegua y la sacó del establo. Por fortuna, le habían quitado la silla pero no las riendas. Montó de un salto el animal y clavó los talones. No creía que nadie la siguiera para llevarla de vuelta:. Era noche cerrada cuando los cascos de la yegua. Cuando ella subió la escalera que llevaba a las elegantes habitaciones residenciales, encontró a Duncan, que la esperaba con expresión sombría. Sin la menor ceremonia, la asió y la sacudió con tal violencia qué le hizo castañetear los d ie n te s. Acabo de. Recomendaré a Donald que te dé una paliza. Tina se quedó atónita, y el aturdimiento la volvió impertinente:. Meggie es obediente y gentil, no es una maldición para sus parientes masculinos. Padre siempre te deja salirte con la tuya, lo haces bailar en la palma de tu mano. Meggie no puede hacer lo mismo con Archibald Campbell. Tal vez fuese ese nombre, Archibald, lo que lo hacía tan desagradable. Tomaba las figurillas en sus manos sublimes y acariciaba el contorno mientras hablaba de sus recuerdos. Recorrimos todo, palmo a palmo. Luego me dijo:. Te enviaré a alguien que te ayude con las prendas. Miré las lujosas galas que tenía delante, no sabiendo por dónde empezar. De la nada, se materializó un mayordomo. Yo conocía ese rostro. Era el mismo individuo que había aparecido en la comida. Un fantasma. El oro viejo de la tela despedía cierto fulgor en la penumbra de la habitación, escasamente iluminada por unas cuantas velas. Comencé por la camisa. Era de algodón blanco, con un penetrante olor a naftalina, y crujió al ajustarse a mi cuerpo. Después de la camisa vino el chaleco ajustado y abotonado. Me senté para ponerme primero las medias de seda, blancas y tupidas, y luego los calzones hasta la rodilla. A continuación me calcé unos zapatos de tacón, hechos de piel muy fina, que me apretaban los pies, no resultando demasiado cómodos. Los cambié de un pie a otro, y de este modo logré que se ajustaran mejor, ya que los zapatos de siglos pasados se hacían iguales para los dos pies. Estuve dando unos pasos vacilantes hasta que, al rato, me acostumbré a los dos dedos de tacón. Las hebillas de plata con las que se adornaban se veían recién pulidas y lanzaban destellos con cada movimiento. Ante un espejo procedí a colocarme una peluca blanca, hecha de cabello humano. Antes de hacerlo sometí el espécimen a un somero examen visual. No vi moverse nada vivo entre los rizos, o entre la coleta y el lazo. Me pregunté si tendría chinches o piojos viviendo en su interior. Parecía bien conservada. El reflejo de mi rostro en el espejo se apreciaba muy cambiado vestido de esta guisa. No me reconocí. Para terminar con el disfraz de caballero, me coloqué la chupa llena de pliegues en la cintura y que llegaba hasta las rodillas. Pude tocar los admirables bordados que presentaba la seda. En el instante en el que daba por acabada mi vestimenta, apareció Catherine con empolvada peluca, incrustada de perlas, brillantes y plumas, llevando un lunar en la mejilla y embutida en un llamativo vestido azul cobalto, de escote cuadrado, por el que se atisbaba claramente la mitad de sus senos, blancos y virginales. En el cuello lucía un volante de encaje y seda acorde con el color de su vestido. Tenía el porte de una reina y la sonrisa de un querubín. Estaba tan maravillosa que el corazón se me aceleró denodadamente. Mis invitados son…terribles. No me gustaría que te hicieran daño. Asentí perplejo ante tamaña confesión. Lo iba a averiguar muy pronto. Las arañas de cristal del techo se hallaban encendidas con decenas de velas. Acompañé a Cahterine hasta la puerta principal, abierta de par en par, preparada para recibir a los asistentes. Llegaron en tropel, igual que un montón compacto, subidos en una niebla de llamativos colores. Cuando me saludaron, se deshicieron en risas destempladas acompañadas de miradas maliciosas. Una pareja nos saludó con mucha educación llevando ella su cabeza bajo el brazo, mientras él se arrancaba una mano para rascarse la espalda. Aparecieron unos cuantos esqueletos, saludando con voz bronca, vestidos de punta en blanco. De vez en cuando debían ajustarse la chaqueta de charreteras que resbalaba sobre sus huesos descarnados. Un numeroso grupo de decapitados inclinaron sus cuellos cercenados al entrar en el salón, mientras la multitud allí arremolinada los recibía igual que a héroes. Cabezas maquilladas sin cuerpos visibles, saludaron a Catherine para, después, irse volando a charlar en los rincones. Un ser oscuro y espectral, portando negra indumentaria a juego con su sombrero, saludó teatralmente a la anfitriona. No te imagino enfadada. Dos camareras de faldas oscuras y largas, con sendas cofias y delantales inmaculados, aparecieron en medio de la muchedumbre. Portaban gigantescas bandejas llenas de copas diminutas de las que escapaban neblinas rojizas. Los invitados se tiraron a ellas lo mismo que tiburones sobre un animal herido. Delante de nosotros se materializaron los miembros de la orquesta. Eran diez y llevaban sus instrumentos consigo. Apenas se les distinguía por la transparencia de sus siluetas. Catherine los saludó efusivamente e hizo señas a una de las camareras. Cada uno de ellos apuró su dedal de bebida tonificante e inmediatamente se hicieron visibles. Rodeé su estrecha cintura con una mano, mientras ella se apoyaba en mi hombro. Juntamos nuestras manos y nos lanzamos al son de un vals. Entre las vueltas y revueltas creí volar, perdido en aquellos ojos de hada, entrecerrados y cubiertos de espesas pestañas. Su sensualidad me desbordaba, tan dulce, tan suave. La multitud de fantasmas nos rodeaban callados y expectantes. Catherine les devolvió la mirada, desafiante. Volvieron a sus corrillos y charlas alocadas. Brindamos, enganchada la mirada en la del otro. Cerca de nosotros el espectro dejó una bandeja llena de bombones de chocolate. Catherine cogió uno de ellos y dio un mordisquito con sus diminutos dientes de perla. Sacó la punta de la lengua, sonrosada y graciosa, y lamió el jugo que se escapaba. Probé uno y enseguida cogí otro. Resultaban deliciosos. Una explosión de sabores desconocidos me llenó el paladar. El rico elixir que se hallaba dentro del chocolate era totalmente nuevo para mí. Eran muy adictivos, como la belleza de mi pareja. Las manos de Catherine, aun enguantadas, brillaban con una extraña luminiscencia que me volvía loco. Nos sumergimos entre la muchedumbre bailando una polka, mientras el reloj de la sala, de vez en cuando, marcaba las horas de la madrugada. De vez en cuando vertía una frase cariñosa en mis oídos. Mis dedos recorrieron las curvas de su cuerpo, escondidas entre mil pliegues de seda y encajes. Su mano enguantada atrapó el medallón que pendía de mi cuello. Lo observó detenidamente para decir con embeleso:. Antes te he de confesar un secreto que he guardado durante siglos. La muchacha me miró largamente, con el éxtasis y la admiración dibujados en su rostro de madona italiana. Nos volvimos a besar locos de frenesí, borrachos de amor y entre sus brazos me quedé dormido. Cuando me desperté, mediada la mañana, lo hice en mi cama. Los suntuosos ropajes habían desparecido. Hice una exhaustiva exploración de mi cuerpo desnudo en el cuarto de baño. Bajo las potentes luces y reflejado en el espejo de aumento descubrí pequeñas marcas del tamaño de la cabeza de un alfiler, repartidas por brazos y cara. No dolían en absoluto pero me dejaron un poco preocupado. Había una terrible plaga allí dentro. Aproveché para examinar mis ojos. Una débil luz incandescente todavía se abría paso a duras penas entre esas simas de negrura. Agarré el medallón, lo mismo que hacía siempre que me sentía inquieto y preocupado, inmediatamente la calma se extendió por cada poro de mi piel. Después de darme una larga ducha, me vestí y salí a almorzar con los miembros de mi grupo. Te hemos esperado esta mañana para hacer una excursión por estos parajes. Hemos ido a tu habitación pero no estabas. Y me perdí en ensoñaciones de blanquísimas manos, acariciadoras, de porcelana, de seda, las de mi amada. Y vi aquella boca de diminuta lengua rosada, pequeña igual que la de un pajarillo. Y los ojos, tan bellos, flanqueados por mil pestañas oscuras y espesas, del color…De repente, me di cuenta de que aquellos faros maravillosos, tan venerados, eran negros, tan oscuros como la tinta, dos simas aterradoras que no tenían fin. Comí con un hambre desacostumbrada en mí. Me encontraba débil, a punto de desfallecer. Recordaba lo pletórico que me había sentido el día anterior. Ahora el color de mi piel aparecía blancuzco y macilento. Todos miraban los platos llenos de comida que me servía una y otra vez, engulléndolos en escasos segundos. Poco a poco recobré fuerzas, masticando con rapidez aquellas deliciosas viandas. Tomé unas cuantas copas de vino y mucha agua. Parecía que no hubiera comido en una semana. Ya ahíto y desoyendo las ofertas de mis compañeros para pasar la tarde, anduve paseando por los alrededores del castillo. El perro fantasma me acompañaba ladrando ruidosamente, sonidos que yo solo escuchaba, e implorando mil caricias que mis manos propinaban a una imagen hecha de humo. La comida hizo su efecto reparador y las fuerzas volvieron. En mi mente se dibujaron las sempiternas manos de mi adorada. Por fin sería mía cuando sonara la media noche. Deseaba tanto acariciarla, besarla y hacerle el amor que la ensoñación, tan vívida, me hizo jadear. Despidiéndome del can neblinoso, me encaminé hacia la gran biblioteca. En un primer vistazo no divisé a nadie por allí. El olor de los libros se metió por la nariz actuando igual que una poderosa droga. Mis ojos tropezaron con un ejemplar de Rubén Darío. La sensatez me abandonó y, allí de pie en medio del salón, como cualquier enamorado que ve en todo lo que le rodea el fiel reflejo de su amada, comencé a declamar con voz potente:. Cada frase pronunciada sonaba como un vigoroso conjuro para atraer a mi amada. Percibí un poder en mi voz que hasta entonces no había existido. Pinté su figura poco a poco:. No podía parar, si lo hacía antes de terminar los versos, esa sombra de color se desvanecería sin remisión. Las esbeltas líneas de su cuerpo adquirieron volumen, las piernas salieron de la niebla para apostarse en un sillón, encerradas en unos viejos y gastados vaqueros. Por el rabillo del ojo seguí vigilando el pequeño milagro que se estaba produciendo ante mis ojos. Toda su figura exhalaba un extraño perfume, adictivo, encantador. Era mi princesa, la que había venido a rescatar. Las palabras flotaron unos instantes antes de desvanecerse en la atmósfera misteriosa de la habitación. La muchacha se levantó de su asiento con una tierna sonrisa que le curvaba los labios en forma de corazón. Te he esperado durante tantos años. Tienes que llevar una maza de cabeza de hierro y el colgante, necesito ambas cosas para poder salir de mi encierro. Con estas palabras, mi adorada se esfumó nuevamente, sin dejar rastro. Suspiré de frustración. Deseaba estar cada minuto a su lado, despertar en su cama, ver esas manos de estrella durante toda la vida. Seguramente necesitaría de mi fuerza física para liberar algo que ella amaba mucho. No estaba demasiado lejos. Allí compré el instrumento que se requería para la gran noche. También adquirí una rosa, roja como la sangre, símbolo de mi amor y que adornaría su precioso pelo oscuro. Catherine adoraba mi medallón, tan querido para mí. No veía el momento de vérselo puesto. Lo que ella no sabía es que obraba en mi poder el que fuera de mi madre, muy parecido al mío, y que pensaba ofrecer como presente a la que en su día se convirtiera en mi esposa, y ella era la elegida. En lugar de anillos, luciríamos sendos colgantes gemelos. La tarde pasó deprisa entre compras y preparativos. Después de una ducha y un buen afeitado, me vestí impecablemente con una camisa oscura, elegante, a la que añadía unos gemelos de azabache. A continuación elegí un elegante pantalón donde se marcaba la raya, haciendo que mis piernas se alargaran visualmente. Calcé los zapatos de tafilete negro, los de las grandes ocasiones. Me perfumé y salí para cenar. Otra vez el hambre me atormentaba. Tenía que cenar fuerte para aguantar una noche como la que me esperaba. Una cena pantagruélica se hallaba preparada para todos los miembros de la expedición. En pocas horas comenzaría una nueva vida. No sentí ni un atisbo de melancolía hacía aquellos con los que había compartido unos cuantos días de extrañas experiencias. La comida, preparada en grandes bandejas, se extendía por tres mesas enormes. No insistió, al mirarme fijamente se sintió intimidado. Observé su mirada temerosa mientras se alejaba al otro extremo de la sala. Seguramente pensaría que estaba poseído. Me reí por dentro. Paseé por los corredores admirando los tapices y pinturas que adornaban las paredes. Ya, cerca de las doce de la noche, me dirigí a mi habitación. Allí tenía todo mi arsenal metido en una bolsa, preparado para llevarlo conmigo al lugar que Catherine me señalara. Oí dar las doce en uno de los muchos relojes que adornaban los corredores del edificio. La silueta de mi amada se hizo visible al lado de la cama. Se acercó a mí para posar sus tiernos labios sobre los míos. Salimos de allí y nos perdimos por varios corredores hasta desembocar en una gran sala. Reconocí el trono y las molduras doradas de los techos. Era el salón de audiencias. La pared del fondo se hallaba cubierta por un gigantesco tapiz de escenas de caza. Catherine se deslizó por uno de los lados, dejando entrever un agujero en el muro. Nos colamos por allí. La muchacha encendió una linterna para alumbrarme el camino y evitar que me rompiera la cabeza entre las muchas vueltas y revueltas que daba. Bajamos por una interminable escalera de caracol, tallada en la misma roca que componía los cimientos del castillo. Y, por supuesto, los entregaremos en su puerta. Su reloj y su pulsera combinan perfectamente, lo que no significa que no pueda usted probar diferentes opciones. Tras haber tomado parte en las seis misiones lunares, el legendario Speedmaster es una representación admirable del audaz espíritu pionero de la firma. Close cookies settings Haga clic en cada botón para activar o desactivar el uso de cada una de las cookies. 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Comenzó a caer una débil lluvia que, al rato, nos había calado hasta los huesos. Me volví al sentir el movimiento de una Se buscan espíritus de Dunure en Flores corriente de aire. Algo Se buscan espíritus de Dunure en Flores venía a toda velocidad hacia mi persona. Quiero que saques a toda esta gente de aquí. No deseo que ronden por mi territorio.

Si no os vais en pocos minutos sufriréis las consecuencias. Ellos solo hacen su trabajo. Perturba la paz de los que murieron. Y aun lo sigo haciendo. Me encanta oír sus gritos desgarradores mientras los doblego. Llegué a la conclusión de que este fantasma, loco y malvado, no había sido el autor de la imperiosa llamada que me había conducido a Escocia. Hablé con mis compañeros para recoger todo aquello. Les avisé sobre lo que el fantasma quería hacer si no nos íbamos.

Los aparatos marcaron niveles históricos de actividad paranormal. Y así comenzó el ataque…. La noche se tornó una auténtica tortura. En menos de un minuto toda la furia almacenada en los espectros de los que fueron torturados hacia cuatrocientos años, estalló sobre nuestras cabezas.

Una lluvia de cristales acuchilló a todo el equipo infringiendo multitud de pequeños cortes que dejaban regueros de sangre check this out la tierra; después vinieron las piedras, no muy grandes pero certeras y en cascada, tratando de aplastarnos.

Yacía tirado en el polvo de la calle, igual que una piltrafa, nadando en un gran charco de sangre. Sin pensarlo dos veces corrí a su lado y me dispuse a defenderlo. Una luz terrible brotó de mis ojos pulverizando a los entes diabólicos que Se buscan espíritus de Dunure en Flores de enterrarle con una lluvia de piedras. Arrastré el cuerpo al lugar donde el grupo se había replegado. Esta vez sí me hicieron caso. Todos nos movimos en un montón compacto, directo hacia la verja de hierro, la salida.

La cerradura estaba atascada. Animé a los miembros del grupo a empujar con todas nuestras fuerzas. Al fin cedieron las pesadas puertas y salimos fuera del alcance de aquellas fuerzas demoníacas.

Nos retiramos todo lo que pudimos de la entrada, hacia las Se buscan espíritus de Dunure en Flores y esperamos la ayuda que previamente habíamos solicitado. Las ambulancias no tardaron en llegar. Enseguida se llevaron al fotógrafo que apenas respiraba y a otros cuatro compañeros con roturas de huesos. George Mackenzie se pudriría eternamente en su infierno particular del cementerio de Greyfriars, pensé mientras acariciaba el colgante que pendía de mi cuello.

Antes de irnos a dormir, tomamos una pastilla para relajarnos y estuvimos largo rato charlando antes de pasar a nuestras habitaciones. El miedo teñía de oscuro cada rasgo de la cara de los de mi grupo; incluso de la mía. Conocía muy bien aquella odiosa y terrible sensación. En la portada de los periódicos salía la noticia del nuevo ataque en el cementerio de Greyfriars. Con el desaliento como cómplice, salimos hacia un paradero bien conocido. Nos dirigimos al noroeste de Escocia.

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Pusieran el rico escaño Donde el Cid mandado avia, Cubierto de ricos paños, De oro, seda 7 pedreí'ia. Otro dia de mafitoa, Después que el Rey oyó misa. Que en su posada yacia. Que no me podreys negar No tener vos mejoría. Mucho le peso al. La espada sacado avía , T. Por Señor me conocía. Nadie non fabla del Cid Que segundo non tenia. Palacios de Galiana Mandó el Rej que estén compuestos. Las paredes de brocado, Y el suelo de terciopelo. Comenzó de nuevo el Cid, Los ojos como de fuego, Y el rostro como una gualda, A demandalles el tuerto. No yantan como solian. Que siempre pechos cobardes Dan escasas las feridas. Infantes, Por faper mi sangre limpia, Porque el golpe del agravió JSo ay miembro que no lastima. Que la mancha del honor Solo con sangre se quita. Por casar con la mi prima. Fasta 07 que lo decia. No digO como tu heimano, Que es aquel que me yeya, ,, yj Cayó con muy grande miedo En parte dó no debia. Alevosos yo vos digo, Como el buen Cid os decia. Fablad, que non estays muerto. Juntóse con Garci Ordofiez, Y desque fue cerca puesto Le diera tan gran puñada, Que dio con él en el suelo. Sin mas audiencia condeno. Esos salven su derecho. Pronunciada la sentencia. La noche se puso en medio. Despidióse el Rey del Cid, Que lo avia acompañado. Como al mas aventajado. A ambos estaba alabando: Alababa al que lo rige De valiente y esforzado, Y al caballo por mejor Que no es visto ni huUado. Digeron, que nunca oyeron Fablar de tan buen caballo. Consigo lleva los seys Alcaldes de la porfía. Grandes voces da el Infante De golpes que recibia: Sacólo el caballo fuera Del cerco que el Rey ponía. Vencido es como su hermano, Y por tal él se tenia. Hincado se avia de hinojos y Las manos puestas arriba. Muj grandes fiestas hicieron, Que duraran ocho dias, Porque Dios les dio venganza De los que el mal cometían. Espuela de oro calzada. Una adarga ante su pecho Y en su mano una azagaya. De mal fuego seas quemada. Siete años ha, Moro, siete. Que soy vuestra enamorada. Señora, Que os tengo dentro del ahna. Que del caballo Babieca Yo bien oygo las patadas: Do la yegua pone el pie. Babieca pone la pata. Grandes gritos da al barquero, Que le allegase la barca. Que no se detuvo nada. De corage rebentaba. Una lanza le arrojara,. De Moros trae gran poder, Muchos Reyes lo seguian. K 9B ,, Dios me lo tiene otorgador,: Y ello así se cumpliría. Testamento dei Cjb. Que son entre el alma y Dios Padrinos y valedores. En Valencia estaba el Cid Doliente del mal postrero, Que agravios en pechos nobles Pueden mucho mas que el tiempo. Empieza de, este modo : Muerto yace ese buen Cid Que de Vivar se llamaba. Gil Diaz su buen criado Cumpliera lo que él mandaba. El mas pobre queda rico De lo que ende ganaba. Caminan para Castilla, Como el buen Cid ordenaba. La historia del Cid ocupa casi todo litigio undécimo. Fuera de donde esta el Cid, La fiesta se hizo un año; Su cuerpo quedaba solo. Ninguno lo acompañando. Estando desta manera Un judio avia llegado.. El judío que lo vido, Muj gran pavor ha cobrado: Tendido cayó de espaldas, Amortecido de espanto. Agua le echan en el rostro, Para facerlo acordado, Y vuelto que fuera en sí. Todos le avian preguntado, Qué cosa fuera la causa De verlo tan mal parado. El luego les declaró La verdad de lo pasado. Mandó juntar muchas hazes, T acompañólas él mismo. Al subir en el caballo, Que la espada se ha ceñido, Sacado la ha de la vaina, De aquesta suerte avia dicho: ,, Si la espada ha de envaynarse "En sangre del enemigo, Vaya desnuda en la mano, No tenga tiempo perdido. Vomitan caballos, gente,. Cebado y metido entre ellos Con destrozo inevitable, Cual suele irlwdes azor En ias remontadas aves. En la mitad de. Parece probable que el almirante cayó en poder de los moros al tiempo de reenh barcarse. Considerados poéticamente estos romances son de particular mérito. De nuestro antiguo adversario Perseguido veces varias, Con mil vanas' fantasías Y ciegas desconfianzas. Cuya devoción seguía-, Pidiéndole con instancia. Por tan grande inconvenienta. La libertad rehusara. Llamado Benalmazar: Pide al conde franca entrada, El cual se la mandó dar. La historia muestra cuan limitado estaba el poder de los reyes de Castilla por las leyes del pais. El octavo que en Castilla De tal nombre fue llamado. Don Diego, oome. May alegres fueron todos, Todo fuera apaciguado. La pérdida de los moros fue terrible y y les infitndió un gravísimo y casi permanente terror. Una cmz mny colorada En el cielo parecía, Hermosa, resplandeciente; Gran consnelo les ponía. Y dejando la ciudad. Siete caballeros moros A ellos vienen ilerechos. Los moros della se apartan, Cuestión con él no queriendo. Los moros, qae buenos eran. Todos lo estaA atendiendo. García entre ellos se envuelve Amenazando y hiriendo; Mas los moros se le apartan, Sin querer acometerlo. Con quien el Rey confería Los casos arduos j graves. Cuidadoso el varón santo Deste mísero contraste, Le amonestó varias veces Con razones eficaces. Pero como el desengaño Odiosos efectos hace, Y son tan aborrecibles De ordinario las verdades. Aunque el Rej las conocía,. Visto el Rey su santo zelo, Quiso impedir su viage , Mandando so graves penas, Que no le embarcase nadie, t'or parecerle que en todo Le hiciera falta notable; Que suele Dios por ua justo Dejar el rigor aparte. Desta suerte se engolfó, Queriendo el señor mostralle Serle acepta su demanda Y sus obras agradables, Mandando que el mar furioso Se le humille j avasalle, Y que las inquietas ondas En sus hombros le levanten; Queriendo también mostrar, Que sus siervos han de honrarse No solo en el otro mundo, Sino en este miserable. Y en espacio breve y corto Fue servido que aportase A la insigne Barcelona Con admiración notable. No puedo concebir que aquí sea oportuna la cita de Marco Porcio. Lo que faz trato gracioso.. Nueyaa de nuevo le vienen, Que el corazón le han quebrado, Que Don Sancho yace muerto; Y con semblante cuytado. Alfonso murió en el año de Espejo en que te has mirado. Ignorante del pecado. Pues tal señor te ha faltado. Que su hijo le ha causado. Don Sancho cobró salud: El Rey mucho se ha alegrado. Estando el Rey en Sevilla Crecido mal le avia dado. Muy cercano es i la muerte; A todos ha perdonado, Aquellos que mal urdieron, Por dó fuese mal tratado. Este Rey fie también el que desterró de España la orden de los templarios , sobre lo cual no he descubierto romance alguno. Resistir pudimos mal. Si la sigues con denuedo, Término estrecho la dan. Los límites de la tierra; Tanto has de señorear. Todo lo que el poeta añade mumenta el interés del oisn- to. Asi dice élt bíea oiréis lo que ha hablado. Con todas estas desdichas A Sevilla ave llegado. Que yo seria el padrino , Tu, maestre, el ahijado. Las puertas me aTian cerrado. Yo como estaba sin culpa , De nada me UTe curado. Es por fuerza ó por mandado. Vuestra cabeza, maestre, Mandada esta en aguinaldo. Nunca hice desaguisado: U8 Ni os dejara yo en la lid, Ni con moros peleando. A Doña María Padilla En un plato la ba eni4ado. A los aullidos que daba Atronó todo el palacio. Sino el page que ha criado. A una dueña se la cuenta, Que en la prisión la acompaña: ,, De Borbon, dice, soy luja, De Carlos delfin cuñada, Y el Rey de la flor de lis Pone en su escudo mis armas. Hija soy de la desgracia. Dejando su misma esposa Por una manceba falsa. Ultimas lamen- taciones de la rntsma. Cuando vido al ballestero , La su triste muerte vio. Yo no te hice traición. Y otro un puñal acerado. Los nervios hicieron hablar a Tina. La indignación estuvo a punto de ahogarla, borrando el miedo por un momento. Pero era tan peligroso que Tina sabía que no debía hacerlo encolerizar, entonces se mordió el labio y forzó una débil sonrisa. En cuanto recuerde dónde vivo, me marcharé. Los ojos del hombre la recorrían, como si estuviesen evaluando sus cualidades. Se posaron en su boca, bajaron a los pechos, ahora ocultos por la manta, y luego ascendieron hasta sus ojos. Tina contuvo un comentario cortante, pero hubiese dado lo mismo que lo dijera, pues los ojos de Ram tenían una expresión divertida. No te enfades, muchacha. Si mañana no has recordado, yo puedo averiguar muy pronto quién eres. Tina percibió el peligro de inmediato. Ram se acercó y atrapó con los dedos un tentador mechón de cobre fundido:. Estas palabras la llenaron de terror. Le pareció imposible. No estoy acostumbrada a los hombres — jadeó Tina, sin aliento. Tal vez, un. Revela la redondez de tus pechos, subraya la finura de tu cintura, tienta a un hombre a deshacer los lazos y quitar los. En un instante, desató una cinta y abrió la mano para ahuecarla sobre uno de sus pechos. Valentina sufrió un fuerte impacto y levantó la mano para abofetearlo en la cara, sin importarle que fuese un Douglas. Ram sujetó la mano de ella antes de que llegase a su cara. Tina creyó ver una expresión de dolor en los ojos de él, pero luego escupió, y ella tuvo la sensación de que la había abofeteado. Ramsay Douglas rió, pero no había alegría en su risa. Cuando lo hago quitar, se desata un infierno en el castillo hasta que volvemos a ponerlo en su sitio. Esa perra nos persigue — dijo, como si fuera un hecho. Tina rió con desdén. Negro cree en fantasmas Ram entornó los ojos, que brillaron con ese extraño matiz acerado. Lo dijo con tal. Valentina rompió a reír y sus ojos echaron. Si volvía a tocarla, Tina estaba segura de que se desmayaría. Se oyó un ruido en la puerta, y Ram la abrió, impaciente: era el perro. El espectro lo mantiene alejado. Era una ramera, como todas las Kennedy. Tenía dos hermanos que eran capaces de matarse por ella. Alexander la envenenó, y luego se tiró desde el parapeto. Las ofensivas palabras tiñeron de rojo las mejillas de Tina. Las esposas son como las arañas: en cuanto se han acoplado, la hembra devora lentamente al macho. Valentina tembló, y se convenció de que debía alejarse de ese individuo peligroso. Sé que recuperaré la memoria cuando salga, tal vez con el aire fresco, cuando eche un vistazo al sitio donde me caí. Es evidente que quiere librarse de mí — esbozó una sonrisa cruel —. La invito a cenar conmigo a mi regreso. Cuando se hubo ido, apoyó la cabeza contra la. Debemos marcharnos. Cuando se enteren de que no. Tina recuperó el cuchillo y lo metió con cuidado en la manga de su vestido. Tengo que hacer todo lo que pueda para protegerte. Debes de ser una muchacha muy atrevida — lamentó Damaris. Tina trepó a un arcón que había bajo una estrecha ventana y, después de unos minutos, vio la poderosa silueta de Ram el Negro que iba hacia el establo, seguido por sus hombres. Suspiró aliviada, sabiendo que ya no estaban bajo el mismo techo. Cubrió su brillante pelo con la manta de los Douglas y salió en silencio de la habitación. Con el corazón en la boca, avanzó cautelosa por el pasillo y luego procuró caminar con aire indiferente, como si no tuviese nada que ocultar. Por el momento, le bastaba con eludir el salón donde solían reunirse los guardias armados cuando hacía mal tiempo. Vio desde lejos a sirvientes y. En cuanto vio una escalera que bajaba, descendió por ella. El aire tenía el característico olor a humedad y a moho de los sótanos, que se mezclaba con el desagradable olor de las antorchas que ardían con grasa de carnero. Pasó por un cuarto lleno de barriles de diversos tamaños, conteniendo cerveza y vino. No tengas miedo. Cuando Tina advirtió que las ratas habían huido, recobró el coraje y se aventuró por un estrecho. Al mirar por entre los barrotes de la cuarta, ahogó una exclamación, viendo a su hermano que se tocaba un brazo vendado. Se llevó los dedos a los labios y no habló hasta estar bien cerca, separados sólo por pocos centímetros. La hermana negó con la cabeza. No hay mucho tiempo, Davie. Ese canalla de Douglas ha ido al castillo de los Hamilton a exigir rescate por ti. No puedo abrir la. El muchacho dijo, mientras se apoderaba del arma:. David mostró su brazo herido:. Mientras volvía sobre sus pasos e iba hacia el salón, su corazón latía enloquecido. El espíritu de Alexander Douglas percibió de inmediato la presencia de Damaris, y dejó al pequeño grupo de hombres que jugaban a los dados y se acercó a las dos bellas mujeres, una de carne y hueso, viva, vibrante de energía, la otra etérea, remota. La adorable fantasma no reveló ni con un parpadeo que lo hubiese visto u oído. Alexander suspiró. Durante quince años había rogado a su novia que escuchara sus desmentidas, pero había empezado a convencerse de que si bien él podía verla, ella no lo veía a él. Al principio, había intentado comunicarse con los vivos, empeñado en limpiar su nombre y su honor, pero fue imposible. Los caballos en el establo lo veían, y el perro lobo de Ram lo veía tan a menudo. Al verla deslizarse ante él, tan encantadora, se quedó sin aliento. Su piel parecía de porcelana, y su pelo, de sedosas hebras de luz de luna. Aunque a Alexander le dolía el corazón sintiendo que su amada Damaris estaba perdida para él, estaba dispuesto a existir una eternidad con tal de poder verla así, y saber que estaban juntos en. Colín Douglas avanzó lentamente por el salón hacia ella. Se me ocurrió dar un paseo por los alrededores del castillo, ya que ha parado la lluvia. Lord Douglas sugirió que, tal vez, si viera a mi caballo podría recordar algo. He prometido cenar con él cuando. Pero Colin Douglas no lo notó, pensando que tal vez Ram le informaría sobre su destino, y el sonrojo que había comenzado a colorear sus mejillas se desvaneció. Sentía un latido en su garganta mientras se esforzaba por no echar a correr. Damaris no quería acompañar a su sobrina al interior del establo porque su presencia siempre ponía nerviosos a los caballos. Besó la frente de Valentina, y susurró:. Sin advertirlo, Tina llevó la mano a la frente para apartarse el pelo, luego se acercó a su yegua y la sacó del establo. Por fortuna, le habían quitado la silla pero no las riendas. Montó de un salto el animal y clavó los talones. No creía que nadie la siguiera para llevarla de vuelta:. Era noche cerrada cuando los cascos de la yegua. Cuando ella subió la escalera que llevaba a las elegantes habitaciones residenciales, encontró a Duncan, que la esperaba con expresión sombría. Sin la menor ceremonia, la asió y la sacudió con tal violencia qué le hizo castañetear los d ie n te s. Acabo de. Recomendaré a Donald que te dé una paliza. Tina se quedó atónita, y el aturdimiento la volvió impertinente:. Meggie es obediente y gentil, no es una maldición para sus parientes masculinos. Padre siempre te deja salirte con la tuya, lo haces bailar en la palma de tu mano. Meggie no puede hacer lo mismo con Archibald Campbell. Tal vez fuese ese nombre, Archibald, lo que lo hacía tan desagradable. Afuera se oyó un gran griterío y la esperanza asomó a los ojos de Duncan:. Se apresuró a persignarse, rogando que fuera cierto. Cuando Duncan vio en qué estado se hallaba su. Mientras enviaban a un criado a buscar una jarra llena, revisó las vendas manchadas. Ada recibió el whisky que traía el criado y dijo a Davie que bebiese. El niño sonrió y bebió un largo trago del fuerte licor. Ahora tendré que limpiar la herida — dijo, pesarosa —. El aludido sorbió otro largo trago de la jarra de piedra y rompió a reír. Si hubieses visto mi actuación, estarías orgulloso. David había consumido la mitad de la jarra de whisky y no podía dejar de reírse. Cuando Valentina vio la extensión de la horrible quemadura, se puso furiosa, y dedicó a Douglas todos los epítetos de su amplio vocabulario. Entre largos tragos de whisky, David rió todo el tiempo mientras Ada le lavaba el brazo. Luego, la. David lanzó un grito y se desmayó. Odio a Ram el Negro Douglas con todo mi corazón. Por hoy, ya ha habido suficientes desgracias. Tina no vio cumplido su deseo. En cuanto sucumbió a la fatiga y cayó en un profundo sueño, se vio de. Él era El Emperador, sentado en un trono adornado con cabezas de carnero talladas. Ella, tendida a sus pies, aferrando un manto verde oscuro para cubrir su desnudez, era consciente de que él tenía el poder de diez hombres. Era inflexible y rígido en sus juicios y gobernaba con mano de hierro. Al otro lado del salón, el Carnicero Bothwick estaba ante un caldero hirviente, con los instrumentos de tortura colgados en la pared, a sus espaldas, y tenía sujeto a David en un férreo abrazo. Llevaba botas con espuelas formadas por cuernos de carnero. En gesto amenazador, Ram el Negro alzaba las cejas hacia Bothwick, que sumergía el brazo de David en el caldero de aceite hirviendo. El niño gritaba de dolor. Valentina se levantaba lentamente y dejaba caer su manto. Quedaba desnuda ante él, temblando de odio y de miedo. Sabía que no debía revelar su odio ni su miedo a Ram. El orgullo le hacía erguir la espalda y levantar bien alta su cabeza en llamas. El hombre extendía su mano, autoritario:. La sentaba sobre su rodilla, colocaba un gran rubí en su ombligo, y Tina se estremecía. Sentía alivio cuando entendía que él se refería a la boca pero, cuando bebía de la copa, comprobaba con horror que el vino estaba envenenado. Pasó largo rato temblando hasta que se dio cuenta de que había sido una pesadilla y que, en realidad, nunca se había sentado desnuda sobre la rodilla de Ram el. Negro mientras él la acariciaba y se complacía en darle veneno. Dejó la cama, encendió una vela para disipar la oscuridad, y se arrodilló a elevar una oración de agradecimiento por su salvación y la de su hermano. Cuando recordó los naipes de tarot de la vieja Meg y a su tortuga, volvió a meterse en la cama y se enrolló como un feto. Ya a salvo y segura en su propia cama, rompió a reír, saboreando el triunfo que ella y David habían obtenido sobre Ram Douglas, sintiendo un calor que subía por sus miembros mientras se regodeaba con la impotencia que él sentiría cuando descubriese que sus palomas habían volado de la jaula. La primera parada de Tina esa mañana fue en el dormitorio de David, donde descubrió que Duncan había. Nos daría una filípica, un sermón, pasando lista a todos nuestros errores y, antes de que te percatases Beth estaría llorando, las criadas divulgando el cuento, y Kirsty pondría cara larga e insistiría en contar a nuestro padre que lanzaste una incursión en cuanto él te dio la espalda. David se sumó:. La incursión ha sido un éxito. Duncan observó a sus imposibles hermanos menores. No te causaremos la menor dificultad — prometió la muchacha. Con el corazón ligero, Tina corrió escalera abajo, hacia la cocina. Se sentó sobre la mesa de trabajo del señor Burque, su lugar favorito cada vez que quería convencer al atractivo francés. He invitado a Patrick Hamilton a cenar esta noche, y necesito que le sirva algo soberbio. Por favor, mi querido señor, prepare algo que no tenga cuernos. No es tan grosero como los visitantes de la semana pasada. La prepararía con la piel dorada y crujiente, como te gusta a ti. Para estar seguros, chérie, creo que mejor haré asado de cordero. Te conviene que él esté de buen humor, n'est-ce pasl Tina no se sentía preocupada de que el cocinero se enterase de los asuntos de los Kennedy, pues él sabía que debía ser discreto con los secretos de la muchacha. El hombre le dirigió una mirada provocativa. Ram Douglas no creería la palabra de un mentiroso Hamilton ni por todo el whisky de las Highlands, pero algo en la actitud del guardia de la entrada, en el castillo Lanark, pareció verosímil. Éste dijo a Douglas que él era la persona de mayor rango en ese momento en Hamilton. Patrick y sus hombres estaban en Ayr, donde su padre había fondeado el nuevo barco insignia del rey. Los hijos menores del conde de Airan estaban de patrulla fronteriza, y el resto de los miembros del clan estaban en el castillo Hamilton, mucho. Sería un desafío demasiado insultante, provocador, demasiado tentador para dejarlo pasar. En la cabalgata de regreso a Douglas, Ram trató de deducir quién se atrevería a robarle el ganado, si no habían sido los Hamilton. Su frente se alisó. Cuando llegara, pronto. Después de esta decisión, los pensamientos de Ram se volvieron a la beldad que le aguardaba. Sintió un cosquilleo en las ingles, y su miembro comenzó a hincharse de sólo pensar en ella. Debía de tener en mente alguna travesura femenina, y él estaba dispuesto a compartir cualquier juego que ella quisiera jugar. Su boca se resecó imaginando que la desnudaba. Hasta el momento no lo había comprendido, pero la ropa interior de encaje que ocultaba y revelaba, al mismo tiempo, las deliciosas curvas de una mujer eran eróticas e incitantes. Ram Douglas se lamió los labios por anticipado. Los encallecidos hombres que se apiñaban en el salón Douglas tenían un aire contrito cuando Ram se enteró de lo sucedido. Ese chico es un pequeño miserable. Colin —. Impotente, Gavin se encogió de hombros y trató de aligerar el ambiente:. Cameron aventuró:. Se quitó la chaqueta de cuero y vertió whisky en lo primero que encontró: una copa de plata grabada con dibujos celtas. Trasegó el licor de un solo envión, y el calor alivió su garganta y floreció en su pecho. Apoyó los brazos sobre la repisa de la chimenea, apretó la frente contra ellos, y clavó la vista en las llamas. Necesitó unos minutos antes de percibir lo bien que le había hecho. El perro lobo estaba tendido junto a él, apoyado en su pierna. Distraído, se inclinó para revolver la. En cuanto detuvo la caricia, Boozer levantó una pata y lo apremió, emitiendo un quejumbroso gemido gutural. No llores por eso. Se desabotonó la fina camisa de lino y la arrojó sobre una silla. Como si fuese una señal, el animal se paró sobre las patas traseras y le apoyó las delanteras en los hombros. Así, con los ojos al mismo nivel, un gruñido profundo brotó de sus gargantas, y a continuación rodaron juntos por el suelo, tratando de retener al otro, feroces como un par de bestias salvajes, midiendo su fuerza y su astucia. Ram aferró dos grandes puñados de pelo, y sujetó a su rival contra el suelo durante unos tres. En cuanto Boozer logró poner a Ram de espaldas, sacó su enorme lengua y lavó la cara de su amo. De inmediato, el perro se incorporó sobre sus patas, los pelos del cuello erizados, el cuerpo rígido, en alerta: sabía que sólo podía jugar al cachorro en presencia de Ram. Ram Douglas suspiró, pesaroso, al ver la bandeja preparada para dos. Dejó el segundo plato en el. A continuación, se concentró en la carne y el whisky. Se hundió en la nada y empezó a soñar. Iba a horcajadas de un infatigable caballo de guerra, de cara al viento. Hacía doce horas que cabalgaba, patrullando la frontera, y el castillo Douglas, al otro lado del río Dee, lo atraía. No estaba cansado, sino lleno de vida, de expectativas. Cuando la maciza fortaleza iluminada por la luna se erguía ante él, comprendía de pronto qué era lo que lo atraía irresistiblemente hacia allí: la mujer. Al verlo, el rostro de ella se iluminaría de alegría. El corazón de Ram desbordaba de felicidad, porque sabía que ella siempre estaría allí para recibirlo, fuese de día o de noche. Saltaba del caballo y subía corriendo los peldaños de piedra, para azar a esa muchacha contra su corazón. De repente, se encontraba desnudo, llevando en brazos a la muchacha hasta su ancha cama. Estaba completamente excitado, erecto, y no podía pensar en nada que no fuese el cuerpo de ella. Estaba seguro de que si no veía y tocaba pronto los llameantes rizos entre sus piernas y se quemaba en su fuego, moriría de deseo. Era de color lavanda claro, bordada con pétalos de flores rodeando los pechos. Los centros de esas flores eran sus pezones, que asomaban a través de ojales en la tenue tela. Desde el ombligo hacia abajo, flotaban unos sutiles paños, y cada vez que él tendía la mano para descubrir el tesoro de ella, aparecía otro para frustrarlo. Su mano callosa arrancaba la prenda del cuerpo de la mujer con un brutal tirón, y él hundía la cara en la fragante piel satinada. Ram saltaba de la cama para enfrentar al gitano, que era tan robusto como él y también estaba desnudo. La bota de Duncan se clavó en la espinilla de Davie para hacerle callar, y Rob Kennedy parecía a punto de sufrir un ataque. Lady Elizabeth y su hija menor, Beth, escogieron ese momento para llegar al comedor. Rob ignoró deliberadamente la llegada de las mujeres, pero contuvo un poco su estallido. Por la pasión de Cristo, las hijas pueden convertirse en una maldición para un hombre. Andrew Kennedy, deseando proteger a Valentina, le pidió que se sentara con él. Del otro lado, Donal le advirtió:. Te convendría tratarlo con dulzura. Tina sonrió a los dos, agradecida:. El mayordomo del castillo las observaba con fruición. Era bien sabido que las dos se toleraban a duras penas, y él se daba cuenta de que en cualquier momento podían estallar entretenidas hostilidades entre las enemigas. Se acomodó el austero escote de su vestido, bordeado con piel de marta cibelina, y dijo, casi con alegría:. Problemas es el segundo nombre de Valentina Kennedy. Tienes una lengua insolente: es evidente de quién aprende Tina, la flamígera. Parte de la autocomplacencia volvió al semblante de Kirsty. Ada repuso:. Es demasiado mayor. Aunque Ada no tenía intenciones de atacar a Beth, dijo:. Valentina es atractiva, fascinante y bella. Ada era viuda y no podía negar que disfrutaba de la compañía masculina. No les gusta un capullo que haya sido muy manoseado —replicó Kirsty, maliciosa. Kirsty ahogó una exclamación, se puso roja como una remolacha y huyó de la mesa. El mayordomo estuvo a punto de asfixiarse con un trago de cerveza. Sin embargo, la satisfacción de Ada disminuyó un poco cuando un paje llamó su atención tirando de su manga. Valentina seguía a su madre y Ada formaba la retaguardia, murmurando:. En otro tiempo, Rob Kennedy había sido un hombre apuesto, de pelo llameante, que ahora era escaso y gris. Su rostro rubicundo ya exhibía partes colgantes, y su barriga se proyectaba hacia delante, en homenaje al talento del señor Burque. De espaldas al fuego, preguntó en tono engañosamente tranquilo:. Yo te lo diré. Las muchachas, sobre todo las que son hermosas. No debería haberte hecho caso. Tendría que haberla enviado a la corte. Con gran audacia, Elizabeth dijo:. Claro que es una puta, pero permíteme recordarte que los Kennedy fueron reyes de Carrick. Rob Kennedy se aclaró la voz. Mal rayo parta a todos los malditos Black Douglas. Elizabeth se llevó el pañuelo a los ojos. No me siento bien —dijo, plañidera. Rob asintió, sin poder confiar en su voz hasta que la esposa se fue. Entonces, estalló en invectivas contra las dos que quedaban:. Debería despellejarte por perturbar a tu madre! Tina se levantó. Reacciona como si Damaris hubiese sido hermana de ella y no mía. El clan Douglas la. El fuego jugueteaba sobre su rostro en forma de corazón, y convertía su pelo en cobre. Atraía a los hombres como un cuenco de miel, y Rob se había sentido intrigado de que nadie la pidiese en matrimonio. Su corazón se ablandó—. Muchacha, quiero un Campbell o un Gordon para ti. El semblante del padre volvió a endurecerse, y clavó en Ada una mirada acusadora. Juré que no cometería el error de convertir a Tina en una mujer suave como su madre y como Beth. En cuanto a la sumisión, para que eso fuera posible haría falta un compañero muy fuerte. Tina, muchacha, escucha a tu viejo padre. Elige mientras todavía puedas hacerlo. Ya tienes casi diecisiete. O, si no, el rey podría obligarte a casarte sin otro criterio que su propio beneficio. Eres una mujer atractiva, Ada. Ada movió la cabeza para que sus pendientes se balancearan provocativamente. Un momento después, Ada dijo:. Gracias al cielo no has permitido que Carnicero Bothwick te la quitara. Una mujer debe conservar sus muelas a toda costa, pues eso mantiene el aspecto juvenil del rostro. Cuando pierdes los molares, te cuelgan las mejillas y envejeces terriblemente. Mañana es Primero de Mayo. Durante el día, los aldeanos bailarían en torno al poste tradicional adornado con flores pero, por la noche, habría juerga y bailes alrededor de las hogueras de. Tina bostezó, y alzó uno de sus bellos hombros. Sacó la camisa de dormir, y. Creo que seguiré tu consejo. En cuanto Ada salió por la puerta, Tina volvió a meter el camisón bajo la almohada. Ésa era la noche en que los gitanos regresaban al valle de Galloway. Boozer, el feroz pero lobo, estaba echado a sus pies, ante el fuego. Las llamas destacaban los planos de luz y sombra en el rostro moreno de Ram. Ramsay Douglas tenía pómulos angulosos y ojos color peltre, sobre los cuales se arqueaban dos espesas cejas negras que le daban una expresión demoníaca, que se conjugaba con su temperamento cuando era provocado. Sin embargo, esa noche, jugando a los dados, parecía estar de un talante bastante apacible. El nivel de ruido en el salón era tan alto como de costumbre. Los habitantes de la frontera eran una pandilla de sinvergüenzas tan rudos y vocingleros que siempre. Desde lo alto del muro se oía el sonido de una gaita, y Cameron, el menor de los Douglas, cantaba una canción obscena:. Boozer se levantó y se estiró, considerando que la gente ya estaba bastante. El macizo perro lobo apoyó sus grandes patas sobre la mesa y masticó un hueso de carnero con sus dientes filosos como una navaja. Un criado intentó apartar a la bestia, pero Boozer bajó las orejas y lanzó un gruñido gutural. El criado retrocedió lanzando un grueso epíteto, y el perro se ocupó de volcar una copa y lamer el contenido antes de que llegara al suelo. Sintiéndose audaz, Gavin dijo:. El Negro Douglas no era hombre de compartir nada, y menos a la mujer que calentaba su lecho. Pero Ram Douglas levantó una ceja con aire divertido:. Los ojos de Gavin brillaron. Sabía que Ram admiraba a su bella rapaz. Ram se encogió de hombros. Gavin parpadeó cuando vio que Ram echaba un lastimoso tres; sintió que su corazón se aceleraba excitado por su propia buena suerte. Ram se puso de pie y se estiró. Espero que la disfrutes. Gavin Douglas adoptó una expresión perpleja. Guiñó un ojo a Gavin y recogió su abrigo de cuero. Las cejas negras de Cameron se aflojaron cuando recordó algo:. Ésta es la noche en que los gitanos regresan al valle de Galloway. Tina se puso un abrigado traje de montar de terciopelo verde y se escabulló del castillo, en dirección al establo. Contempló la delgada tajada de luna en el cielo oscuro y se estremeció, pensando que sería una buena noche para una correría. Cuando abrió la puerta del establo y entró en él, sintió un cosquilleo en su nariz; aspiró excitada por el olor picante de los caballos, el heno y el estiércol, que se elevaba como un miasma en la oscuridad. La muchacha y los hombres se miraron entre sí, apesadumbrados, sabiendo que habían sido sorprendidos en una actividad clandestina. Todos sus instintos le habían avisado que ellos planeaban una incursión, pero ella había supuesto que esperarían hasta que el padre se hiciera a la mar. Tina ignoró la pregunta. Simplemente, vamos a Glasgow. Quiero ayudar. Duncan se inclinó hacia ella y dijo, en tono confidencial:. La crudeza de su hermano la llenó de vergüenza; luego los vio pasar en fila ante ella y perderse en la oscuridad de la noche. Valentina observó con alivio que los Kennedy enfilaban hacia el norte, rumbo a Glasgow. Eran unos 50 kilómetros, y Donal y Duncan llevarían un ritmo terrible, y como ella iría hacia el Éste, no había posibilidad de que volvieran a encontrase. Los gitanos habían instalado su campamento a unos 13 kilómetros de allí, a orillas del río Ayr. La muchacha oyó el rumor del río crecido, que corría saltando sobre rocas y peñascos y, no muy lejos, el aullido de. Era esa clase de noche colmada de promesas y de magia, que le hacía alegrarse de estar viva, con el pelo al viento, montada en un buen caballo. Tina se aferró a la noche. El mañana, con su amenaza de un esposo, de un matrimonio, estaba a millones de kilómetros pero, cuando llegase, lo enfrentaría decididamente, y en sus propios términos. Primero, vio las hogueras y luego las siluetas de los carromatos, mucho antes de llegar al fondo del valle a mezclarse con el grupo de polvorientos nómadas. Zara sintió un hondo estremecimiento cuando su cuerpo se puso en contacto con el de ese hombre, que no tenía nada que no fuese oscuro y duro. El dibujo de su mandíbula revelaba obstinación y el implante de su cabeza era arrogante y orgulloso sobre los anchos y poderosos hombros. Estaba vestido de negro de pies a cabeza. Su chupa y sus botas altas hasta el muslo estaban hechas de suave cuero negro. Zara tembló, sabiendo que Ram el Negro era cruel y peligroso. De repente, el hombre se inclinó adelante apoyando el brazo en el pomo de su silla, y miró intensamente a la joven de roja cabellera flameando sobre los hombros que entraba a caballo en el campamento. Montaba a horcajadas, cosa inaudita en una mujer. Se apeó del caballo y corrió, riendo, hacia los brazos abiertos de un gitano alto y joven:. Ram prosiguió su minucioso y atento examen de la vivaz criatura mientras el hombre la alzaba en el aire y la hacía girar. Seguramente, alguna esposa que busca el fruto prohibido. De todos modos, te convendría dejar en paz a las mujeres de Heath, salvo que quieras un cuchillo entre las costillas. Ram sonrió para sí: era obvio que Zara estaba celosa y tenía motivos, porque la muchacha era de una belleza que cortaba el aliento, aunque sería mejor para ella que los celos no la volviesen demasiado audaz. Durante el verano, los gitanos habían viajado hacia el norte, hasta Inverary, en las tierras altas, e. También habían pasado un tiempo en la antigua capital de Stirling, y en la nueva, Edimburgo, donde el rey y su corte habían fijado su residencia. Tina tenía un millón de preguntas para hacerle, que iban desde el conde de Argyll, uno de los Campbell, hasta su propia pariente famosa, de quien se decía que era la nueva amante del rey. No me extraña que haya buscado la protección del rey. Tiene intenciones de engullirse todas las Highlands. Desde que el rey designó a Douglas su principal lord itinerante, al mando de las patrullas de la frontera, Inglaterra ha aprendido que no puede atacar impunemente. Este invierno que pasó no supe de tantos ataques entre los dos países. No has respondido mi pregunta acerca de Janet Kennedy. Sus bellos dientes blancos relampaguearon cuando el joven rió:. Los ojos del gitano chispearon. Y podría decirme la suerte —dijo Tina, entusiasmada. El carromato de la vieja Meg era un pequeño mundo dentro de otro. Predecía la suerte, profería hechizos y distribuía remedios para cualquier dolencia conocida por el hombre. Del techo colgaban hierbas secas que despedían extrañas y penetrantes fragancias, y en las paredes había anaqueles con botellas, cuencos y cajas con raros polvos, líquidos y partes de animales disecadas. Meg era una vieja astuta que se había hecho rica practicando abortos a damas nobles. Su negocio siempre se animaba cuando visitaban la corte del rey. Cuando Tina trepó los peldaños de la carreta, Meg no la saludó pero se puso a preparar una poción al enterarse del dolor de muelas. Heath era su nieto y la madre de él había muerto de parto. Heath, que debía bajar la cabeza para no chocar con el techo, dijo:. La vieja Meg, con la boca apretada en una dura línea y siguiendo los rituales, apoyó las manos cargadas de anillos sobre el globo de cristal pero, tras un minuto de silencio, dijo:. No puedo decirte nada. No api muchacha voluntariosa y malcriada Kennedy. Tina puso tres monedas de pía pia y contuvo el aliento, expectante cartones pintados que Meg le había seo, como le habían enseñado a ha anciana profesional. La primera carta vuelta fue E describió la figura:. I unen los dos sexos. Significa la píen representa el cielo en la tierra, el Jan los placeres y los tesoros terrenales. Meg depositó sobre la mesa el —Un joven que empuña una es luchar para demostrar su virilidad. U de las dudas con respecto a sí mismo De inmediato, Tina pensó en su cuando apareció otro naipe de espada mazo: era el cinco de espadas. Tina sostuvo su mirada, y las dos fuertes voluntades batallaron entre sí. Meg apretó los labios. No aprobaba la relación entre su nieto y esta muchacha voluntariosa y malcriada. No tenía motivos para querer a los Kennedy. Tina puso tres monedas de plata sobre una mano no demasiado limpia y contuvo el aliento, expectante, mientras barajaba el gran mazo de cartones pintados que Meg le había dado. Cerró los ojos, formuló un deseo, como le habían enseñado a hacer, y luego devolvió las cartas a la anciana profesional. La primera carta vuelta fue El Emperador, del arcano mayor. Meg describió la figura:. En la mano derecha sostiene la Cruz de la Vida, el ankh egipcio. Sobre el hombro derecho, hay otra imagen de una cabeza de carnero. El Emperador simboliza la sabiduría terrenal. Las montañas peladas representan su poder y su fuerza. Es inflexible e inconmovible en sus juicios. Prefiere ser jefe, no obedecer a nadie. Disfruta del mando y gobierna con mano de hierro. A su lado hay un escudo en forma de corazón, con el signo de Venus. Es Afrodita, diosa del amor humano. Esta carta simboliza la fertilidad. Se unen los dos sexos. Significa la plenitud de las necesidades eróticas. Ella representa el cielo en la tierra, el Jardín del Edén, la puerta que se abre a los placeres y los tesoros terrenales. Meg depositó sobre la mesa el Paje de Espadas, del arcano menor:. Utiliza la agresividad para defenderse de las dudas con respecto a sí mismo. De inmediato, Tina pensó en su hermano David, y contuvo el aliento cuando apareció otro naipe de espadas, pues sabía que eran las peores del mazo: era el cinco de espadas. Tina sintió alivio cuando vio que la carta siguiente era el siete de bastos, aunque Meg también le dio un significado ominoso:. El naipe indica que debes afe-rrarte a lo tuyo, pese a todos los inconvenientes. Debes adoptar una postura y mantenerte firme frente a la oposición, pues sólo en el cambio hay crecimiento. El cuatro de copas apareció sobre la pequeña mesa, y Tina suspiró, agradecida. Meg continuó:. Esta carta representa el lecho amoroso, el placer y una atracción sexual irresistible. Meg no dijo nada; Tina no necesitaba su descripción: veía claramente que se trataba de un hombre postrado en el suelo, con las diez espadas clavadas en la espalda, y sobre él se cernía un cielo oscuro. Tina suspiró, aliviada. Aunque ya tenía en vista a un posible marido, había formulado el deseo de no casarse ese año. La Emperatriz te representa a ti. A esta altura, Tina resolvió que nada de eso se convertiría en realidad porque ella cumpliría su deseo, y éste era "no casarse". Meg observó al varón postrado con las espadas clavadas. Su querido Heath era moreno. Perforó a Tina con una mirada feroz. Tina sintió que algo se movía junto a su pie, bajo la mesa, y se sobresaltó. Vio una enorme tortuga con una gran gema roja incrustada en el caparazón—. Las comisuras de la boca de Meg descendieron en una mueca desdeñosa. Tina observó a Meg y, de pronto, sus ojos se llenaron de malicia: la gitana estaba haciendo todo lo posible para llenarla de malos presentimientos. No existían las maldiciones. Cada uno era responsable de su propia suerte o desdicha en este mundo. Fue a darle las buenas noches a Heath; quería regresar a Doon antes de que descubriesen su ausencia. Los dientes del muchacho brillaron:. Si lo hiciera, irías sola. Él la alzó sobre la montura, y Tina le confió:. Los guardias lo habían apodado el Temerario porque siempre cabalgaba como si lo persiguieran los demonios, aunque llevara una mujer a la grupa. Ram la siguió llevando una antorcha encendida que llameaba y chisporroteaba, proyectando largas sombras sobre los muros de piedra basta. Siguió su camino con una sacudida después de saludarlos con un breve movimiento de la cabeza. Estas cookies almacenan información sobre sus elecciones en el sitio web, como su nombre de usuario, idioma o la región en la que se encuentra. De esta forma, podemos personalizar su visita al sitio web. Estas cookies nos permiten recopilar información sobre la forma en que los visitantes utilizan el sitio web, por ejemplo, para contar a los visitantes y ver cómo se mueven por el sitio. Estas cookies no recopilan información que lo identifique. Toda la información es anónima. El sol atravesaba su cuerpo de neblina haciéndolo brillar igual que un adorno navideño. El chaval no se movió, absorto como estaba en observar la corriente. No lejos del lugar se podía admirar una noria, sumergiéndose paulatinamente en el agua, haciendo que ésta saliera impelida hacia unas pequeñas canalizaciones que regaban una huerta de hortalizas. El joven levantó la cabezada para echarme una ojeada y respondió amablemente:. Así podremos charlar. Hace mucho que no lo hago…. Recuerdo una tarde de primavera en la que el sol calentaba e iluminaba este pequeño prado. Me acerqué para coger unas flores, pensaba ir al baile que se celebraba aquella noche y quería convencer a una chica de la vecindad para que me acompañara. Ya tenía un buen ramo, cuando observé unos lirios celestes muy cerca de la noria. Tuve que meterme en el agua para alcanzarlos. Estuve jugando con la luz que me traspasaba el cuerpo hasta que escuché un gran alboroto. Nunca supe lo que era, pues cuando llegué a su lado lucía una expresión de gran tristeza. Mis huesos descansan en el lecho, justo debajo de la noria. Estuve muy triste durante décadas. Ahora estoy bien, haciendo amigos por aquí, es divertido. Miré hacia la orilla donde el muchacho se ubicaba. Docenas de peces asomaban la cabeza produciendo un ruido de burbujeo y ebullición ininterrumpida. Los insectos, igual que los peces, se amontonaban allí mismo: lombrices, escarabajos, mariposas, abejas, arañas. El fantasma acarició el lomo del animal con una vibración que esponjó el pelo del mamífero. Me despedí en voz baja del espectro, le dejé en la orilla de aquel riachuelo, rodeado de una buena colección de la fauna del bosque. Me alegré por él pues no estaba solo. Mis compañeros se sintieron decepcionados, no me atreví a decir nada sobre el muchacho de la noria, me daba pena que interrumpieran, con sus mil cachivaches, el flujo de bienestar que allí se respiraba. Se trataba del castillo de Glamis, edificado a principios del siglo XV, ocupando el lugar de un antiguo pabellón de caza del siglo XI. De hecho allí había nacido la princesa Margarita. Unos jardines extremadamente cuidados rodeaban la residencia. Mis compañeros iban cogiendo sus instrumentos del maletero abierto. Me percaté de que tenía compañía en el asiento de al lado. Observé a la persona que todavía no se había movido hacia la puerta. Se trataba de una bella mujer, vestida con un traje de época, donde la seda y las puntillas abundaban en demasía. Me sonrió abiertamente. Me han dicho que suelen interpretar pequeñas escenas de obras de Shakespeare. La dama se puso en pie y pude ver que la mitad de su persona, incluyendo el vestido, se hallaban quemados. No había escuchado la historia de este espectro que, sin duda, la guía se encargó de contar con todo detalle. Seguro que me había perdido muchas leyendas y anécdotas en el lapso en el que me había sumido en un sueño reparador. Sin contestar a mis preguntas, la mujer siguió caminando y penetramos en el castillo. Uno de los parapsicólogos del grupo, con el que solía charlar amigablemente de vez en cuando, interrumpió mi camino. Mi compañero me contó, a grandes rasgos, un resumen de la explicación de la guía, hecho que me había perdido al estar dormido como un tronco. Se trata de una sala secreta que solo los que fueron señores de Glamis, cuando cumplían los 21 años, se les daba a conocer. Las teorías que se manejan son las siguientes: Se dice que El señor de Glamis y el conde de Crawford jugaban a las cartas con el mismo diablo todos los domingos. Inmediatamente se oyó un fuerte un golpe en la puerta. A los pocos días los soldados que custodiaban al señor de Glamis, escucharon sonidos espeluznantes procedentes de la habitación. Uno de ellos trató de mirar por el ojo de la cerradura y se vio atacado por una cortina de llamas. Desde entonces, afirma la historia, el Diablo y el conde han estado jugando a las cartas en ese recinto, sin parar, durante cientos de años. Los horrores que vio fueron tan indescriptibles que le causaron la muerte. Dejé a mi compañero con la palabra en la boca y seguí a Lady Glamis hasta la cripta. Vivimos felices junto a nuestro hijo hasta que Lord Glamis murió en La muerte de mi marido, por desgracia, me dejó a merced del rey James V que odiaba a mi familia con toda su alma, debido a que despreciaba a su padrastro, que era un Douglas, y mi hermano. A los ojos del rey, el clan Douglas era su peor enemigo. Se enteró de que había enviudado y mi hijo, todavía un infante, y yo no teníamos a nadie que nos protegiera. Fuimos encarcelados en el castillo de Edimburgo y el rey reclamó nuestras propiedades. Al no existir pruebas de las cosas que había dicho contra mí, y siendo querida y respetada por todos los que me conocían, el rey se dedicó a inventarlas. Para eso obtuvo las confesiones bajo tortura de varios funcionarios así como la de mi hijo de 16 años, que fue puesto en una parrilla al rojo vivo. Fuimos declarados culpables de brujería y sentenciados a muerte. Cuando me ejecutaron había perdido la visión de los dos ojos, debido al lamentable estado de las mazmorras en la que permanecí largo tiempo encerrada. La pira se encargó de quemar mi cuerpo pero no mi espíritu que quedó ligado a la promesa de venganza que todavía corroe mis entrañas. Los que asistieron al juicio sabían de mi inocencia, aun así nadie levantó un dedo para ayudarnos. No quiero descansar en paz, no todavía. Me quedé sin habla ante semejante horror. La Dama no se esfumó sino que dijo:. Debes permanecer con los ojos fijos en el pavimento, sin levantarlos ante las voces y los gritos que escuches. Si no lo hicieras así, quedarías prisionero para siempre en ese recinto. Siguiendo sus indicaciones no levanté los ojos del pavimento y a esa altura pude ver dos pares de recias botas pertenecientes a sendos individuos que jugaban a las cartas con un tercero. Sin alzar la vista del suelo, mis ojos siguieron la línea de la mesa hasta alcanzar a ver las extremidades del tercer jugador: Unas patas de animal, extremadamente musculadas, despedían una aureola de fuego, que mantenía el sitio que ocupaba envuelto en llamas. A escasos metros de donde nos escondíamos resonó una voz de trueno que me heló la sangre:. Poco después hubo rugidos, llamaradas y gritos de agonía. El olor nauseabundo de la carne quemada envolvió la habitación. En ese instante perdí el sentido…. Cuando recobré el sentido, no sabía dónde me hallaba, no reconocí el lugar ni a los que tenía alrededor. El eco de esa voz poderosa y terrible todavía zumbaba en mi mente. No sabía qué había ocurrido, ni la razón de estar tirado en el suelo. Ante mi estupefacción, el hombre siguió hablando:. La impresión fue tan brutal que no caí al pavimento porque ya me hallaba tirado en él. Así lo hice y observé las cruces y nichos que recubrían el suelo y las paredes del recinto. Enseguida las lecturas dieron positivas. El parapsicólogo no se separó de mi lado. Se le veía muy preocupado y meditabundo. No sé si estuvo en aquel recinto maldito, lo que sí asevero con rotundidad, es que su cuerpo permaneció en la cripta todo el rato. Si no me cree mire las fotografías que le fuimos haciendo. Era yo, sin duda, el individuo que se observaba tirado en el suelo. Enseguida le encontramos aquí tumbado. Intentamos auxiliarle pero una fuerza antinatural nos restringía el paso. Una barrera de llamas nos impedía llegar hasta usted. Varios compañeros se quemaron al pretender un acercamiento. La doctora tuvo mucho trabajo atendiendo a unos y otros. Así hemos pasado la noche. Cuando el sol del amanecer ha tocado esta sala, se ha despertado. De repente, el hombre me miró fijamente, sentí la intensidad de su escrutinio como algo doloroso. Hay algo que no va bien en ellos. A pesar del cansancio que sentía, fui capaz de subir a la planta de arriba para localizar un baño. La imagen reflejada en el espejo seguía siendo harto conocida, o sea, yo mismo, pero se había producido un pequeño cambio. Los ojos no eran los de siempre. Antes poseían un círculo perfecto por el que rayos de potente luz escapaban cuando me hallaba muy excitado. Ahora, en cambio, el agujero luminoso había sido parcialmente tapado por un pozo negro, terrorífico y pavoroso que daba a mi cara una expresión escalofriante. Grité horrorizado. Salí despavorido del baño y seguí corriendo hasta abandonar aquel castillo. Lo que fuera que entrase en mí, ya estaba realizando su trabajo. Solo había que observar mis ojos terribles. Mientras ellos embalaban el equipo y recogían todos sus enseres, la doctora me dio un potente ansiolítico y trató de convencerme de que la imaginación me había jugado una mala pasada. Pensé que había muchas maneras de viajar o de trasladarse de un lugar a otro, y precisamente los fantasmas sabían mucho de eso. No me pareció verosímil, debía ser otro ente. Si el diablo hubiera querido atarme allí, no hubiera podido abandonar el lugar. Sólo recordaba unas horribles y poderosas patas de animal terminadas en pezuñas envueltas en llamas. Deduje que no era así, pues de serlo, hubiera quedado atrapado para siempre en aquella espantosa habitación. Repentinamente y sin previo aviso, comenzó la agresión. Una colección de espíritus que habitaban el lugar se nos vino encima igual que una nube en una tormenta. Varios espectros, negros lo mismo que plumas de cuervo, se materializaron sobre aquellas aguas presionando las cabezas hacia el fondo de los que emergían para coger aire. No podía consentir que mataran ante mis narices a esos pobres infelices. Salí corriendo hacia la gran extensión de agua. El viento trataba de tirarme, pero no lo conseguía, la fuerza interior que me empujaba era mucho mayor que ese estruendoso soplido. Sentía a punto de estallar un rencor denso y gigantesco que me ahogaba. Llegué al lago y rugí igual que un dinosaurio ciclópeo. Un estruendo ensordecedor emergió de mi garganta haciendo temblar todo el estanque. Los espectros se esfumaron de inmediato, pero mis compañeros sufrieron terribles hemorragias en los oídos. Los ayudé a salir del agua, evitando que se ahogaran. La doctora los examinó concienzudamente. Les dio unos analgésicos para los enormes dolores que padecían y juzgó que el daño no era demasiado severo. Solo a uno de ellos lo dejamos ingresado en el hospital con perforación de ambos tímpanos. Me sentí tan mal que no pude hablar con nadie en todo el trayecto. Echaba a todo aquel que se acercaba al asiento contiguo. Estuve cuatro horas callado hasta alcanzar nuestro nuevo destino. Dicen que después de la tormenta viene la calma. La medalla que tenía en el cuello cobraba vida propia y huía de mí. Cuando la tenía al alcance de la mano y parecía posible su recuperación, siempre aparecía una barrera de fuego que se interponía entre el amuleto y yo. A pesar de vivir estas ensoñaciones angustiosas, no me desesperaba, pues sabía que me hallaba inmerso en una pesadilla de la cual despertaría tarde o temprano. Su efigie se imprimió en el reverso de los billetes de cinco libras emitidos por el Royal Bank of Scotland en una época lejana. El castillo de Culzean fue construido con una planta en L por orden de David Kennedy, décimo conde de Cassilis. La fortaleza se edificó por etapas entre y La guía siguió desgranando la historia de la mansión antes de que descendiéramos del autocar. Al hacer esto, estipularon que el apartamento en lo alto del castillo le fuera entregado al general Dwight Eisenhower en reconocimiento a su papel como comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa, durante la Segunda Guerra Mundial. Así muy cargados, nos dirigimos hacía una enorme puerta de piedra. Paré un instante para admirar la vista desde donde me encontraba; el castillo parecía escapado de un cuento de hadas. A lo lejos pude observar una manada de ciervos pastando tranquilamente en los alrededores. Maleta en mano traspasamos el pétreo y gigantesco portón, seguido de un puente que se elevaba sobre unos preciosos jardines. Al final del puente alcanzamos otra ciclópea abertura por la que desembocamos en un gran patio. Se hallaba presidido por una zona ajardinada cuajada de flores de olor penetrante. Desde la plaza de armas se divisaban la enorme muralla que se unía al acantilado, así como las dependencias destinadas a los establos y viviendas del personal y, por supuesto, la torre imponente. Nos dieron las llaves de los aposentos y fuimos a deshacer las maletas. Enseguida bajamos a almorzar y después comenzamos a trabajar. Una vez que se hubo desalojado el edificio de visitantes, procedimos a ubicar los sensores de movimiento, micrófonos y grabadoras; los termómetros, los medidores de electromagnetismo y el analizador de espectros. La temperatura bajó y los medidores se volvieron locos. Una gaita comenzó a sonar en la lejanía. Lleva un uniforme escocés antiguo, tocado con boina de cuadros y una gran borla verde. No se mueve del jardín. Sentí un aliento helado en el cuello. Me volví despacio con el corazón encogido de terror para encontrarme con el espectro de un individuo mal encarado. Llevaba la ropa hecha jirones y me miró lleno de rencor. Llevo siglos esperando que la providencia haga su trabajo. Soy harto conocido por estos contornos. Es una asesina. Comenté a los miembros de mi equipo el nombre de la presencia que detectaban. El fantasma al oír todo aquello, gritó de rabia y soltando un chorro de niebla verde, salió de la estancia. Parecía una reunión de seres transparentes. Aquellos seres llevaban ropajes de diferentes épocas. Había una joven que vestía un ceñido traje de noche, fumaba un cigarrillo y miraba muy fijamente sin pestañear. No hizo la menor intención de decir una palabra. A su lado pude ver a un niño de unos siete años, sucio y macilento, parecía un pinche de las cocinas. Una sirvienta de antiguo traje largo y negro con delantal almidonado y cofia en la cabeza, aparecía sumisamente cerca de un individuo de recios bigotes rojizos, con ojos de fiera salvaje. El ser me miró fijamente y habló en estos términos:. Es un mensajero entre universos. Nunca ha venido nadie con tanto poder. Esperaba que en este castillo pudieran despejarme esta incógnita. En vida fuimos pendencieros y ruines, pero el ente que le ha convocado debe ser el colmo de la maldad y le aseguro que aquí no habita. Me adueñé de todas las tierras que, antes, compartíamos con otra rama de la familia. Secuestré al Abad de la abadía Crossraguel, representante legal de la otra familia, le hice llevar a Dunure y allí lo mandé atar en un asador. Al fin el Abad firmó su cesión de tierras a mi favor..

En unas pocas Se buscan espíritus de Dunure en Flores alcanzamos Inverness donde hicimos una parada para almorzar antes de proseguir con la visita. Después del almuerzo proseguimos la ruta hasta nuestro destino. El primer vistazo de la edificación nos dejó sin palabras. Parecía sacada de un cuento de caballeros y damas medievales. Un estrecho puente de piedra unía la isla con tierra firma, igual que una larga lengua de serpiente, convirtiendo la construcción en inexpugnable, aunque al escuchar su historia, nos dimos cuenta de que no lo fue tanto en siglos pasados.

Senioren sexclub Watch Porn Movies Indain Sexwap. Sus bellos dientes blancos relampaguearon cuando el joven rió:. Los ojos del gitano chispearon. Y podría decirme la suerte — dijo Tina, entusiasmada. El carromato de la vieja Meg era un pequeño mundo dentro de otro. Predecía la suerte, profería hechizos y distribuía remedios para cualquier dolencia conocida por el hombre. Meg era una vieja astuta que se había hecho rica practicando abortos a damas nobles. Su negocio siempre se animaba cuando visitaban la corte del rey. Cuando Tina trepó los peldaños de la carreta, Meg no la saludó pero se puso a preparar una poción al enterarse del dolor de muelas. Heath era su nieto y la madre de él había muerto de parto. Heath, que debía bajar la cabeza para no chocar con el techo, dijo:. La vieja Meg, con la boca apretada en una dura línea y siguiendo los rituales, apoyó las manos cargadas de anillos sobre el globo de cristal pero, tras un minuto de silencio, dijo:. No puedo decirte nada. Tina sostuvo su mirada, y las dos fuertes voluntades batallaron entre sí. Meg apretó los labios. No aprobaba la relación entre su nieto y esta muchacha voluntariosa y malcriada. No tenía motivos para querer a los Kennedy. Tina puso tres monedas de plata sobre una mano no demasiado limpia y contuvo el aliento, expectante, mientras barajaba el gran mazo de cartones pintados que Meg le había dado. Cerró los ojos, formuló un deseo, como le habían enseñado a hacer, y luego devolvió las cartas a la anciana profesional. La primera carta vuelta fue El Emperador, del arcano mayor. Meg describió la figura:. En la mano derecha sostiene la Cruz de la Vida, el ankh egipcio. Sobre el hombro derecho, hay otra imagen de una cabeza de carnero. El Emperador simboliza la sabiduría terrenal. Las montañas peladas representan su poder y su fuerza. Es inflexible e inconmovible en sus juicios. Prefiere ser jefe, no obedecer a nadie. Disfruta del mando y gobierna con mano de hierro. A su lado hay un escudo en forma de corazón, con el signo de Venus. Es Afrodita, diosa del amor humano. Esta carta simboliza la fertilidad. Se unen los dos sexos. Significa la plenitud de las necesidades eróticas. Ella representa el cielo en la tierra, el Jardín del Edén, la puerta que se abre a los placeres y los tesoros terrenales. Meg depositó sobre la mesa el Paje de Espadas, del arcano menor:. Utiliza la agresividad para defenderse de las dudas con respecto a sí mismo. De inmediato, Tina pensó en su hermano David, y contuvo el aliento cuando apareció otro naipe de espadas, pues sabía que eran las peores del mazo:. Tina sintió alivio cuando vio que la carta siguiente era el siete de bastos, aunque Meg también le dio un significado ominoso:. El naipe indica que debes aferrarte a lo tuyo, pese a todos los inconvenientes. Debes adoptar una postura y mantenerte firme frente a la oposición, pues sólo en el cambio hay crecimiento. El cuatro de copas apareció sobre la pequeña mesa, y Tina suspiró, agradecida. Meg continuó:. Esta carta representa el lecho amoroso, el placer y una atracción sexual irresistible. Meg no dijo nada; Tina no necesitaba su descripción: veía claramente que se trataba de un hombre postrado en el suelo, con las diez espadas clavadas en la espalda, y sobre él se cernía un cielo oscuro. Tina suspiró, aliviada. Aunque ya tenía en vista a un posible marido, había formulado el deseo de no casarse ese año. La Emperatriz te representa a ti. A esta altura, Tina resolvió que nada de eso se convertiría en realidad porque ella cumpliría su deseo, y éste era "no casarse". Meg observó al varón postrado con las espadas clavadas. Su querido Heath era moreno. Perforó a Tina con una mirada feroz. Tina sintió que algo se movía junto a su pie, bajo la mesa, y se sobresaltó. Vio una enorme tortuga con una gran gema roja incrustada en el caparazón —. Las comisuras de la boca de Meg descendieron en una mueca desdeñosa. Tina observó a Meg y, de pronto, sus ojos se llenaron de malicia: la gitana estaba haciendo todo lo posible para llenarla de malos presentimientos. No existían las maldiciones. Cada uno era responsable de su propia suerte o desdicha en este mundo. Fue a darle las buenas noches a Heath; quería regresar a Doon antes de que descubriesen su ausencia. Los dientes del muchacho brillaron:. Si lo hiciera, irías sola. Él la alzó sobre la montura, y Tina le confió:. Los guardias lo habían apodado el Temerario porque siempre cabalgaba como si lo persiguieran los demonios, aunque llevara una mujer a la grupa. Ram la siguió llevando una antorcha encendida que llameaba y chisporroteaba, proyectando largas sombras sobre los muros de piedra basta. Siguió su camino con una sacudida después de saludarlos con un breve movimiento de la cabeza. Ram colocó la antorcha en el soporte de hierro que había junto a la puerta, y Zara entró corriendo en la gran habitación. Ésta no era desconocida para ella; había estado allí por primera vez en la primavera pasada. Ram sonrió. Quisiera verme casado y concibiendo hijos para. Zara se acercó a él, deslizó sus brazos alrededor del cuello y murmuró:. Ram le lanzó una mirada casi indiferente. Aunque era tarde, él parecía no tener prisa, y Zara se sentía irritada. Tocó el pendiente de oro que llevaba en la oreja. Zara lo miró, provocativa. Lo conservaré siempre. La apartó para poder sacarse la chaqueta de cuero, y los ojos de Zara se dilataron al ver que debajo de ella llevaba una cota de malla. Zara, por el. El compañero del pendiente de oro estaba prendido en el vértice de su monte de Venus. El rey ha quedado fascinado. Ram silbó. La muchacha terminó de quitarse la falda y la arrojó al otro lado de la habitación. Ram soltó un grito y la levantó en alto, como si no. La arrojó sobre la enorme cama y él tras ella, buscando el pendiente de oro con los dedos. Como puedes ver, mi. Sin embargo, si. Rob Kennedy había sido perspicaz suponiendo que su esposa lo convencería de que le permitiese visitar su casa paterna, en Carlisle. Tanto los cinco hijos del matrimonio como los prin de otras ramas del clan fueron al muelle para ver zarpar al Thistle Doon despedir a lord y lady Kennedy. Tina había tenido toda la noche para pensar en el consejo de su padre acerca de elegir esposo, y resolvió darle una pizca de esperanza de despedida. Mientras caminaban hacia el barco, lo rodeó con un brazo y la abrazó contra sí, pensando en lo semejantes que eran. Rob la miró con suspicacia. Invítalo a Doon — le aconsejó. Él sonrió y la abrazó. Mientras las velas se hinchaban y la marea llevaba velozmente el barco hacia el mar, en todos los rostros aparecían expresiones de alivio. Davie bostezó tras la mano, y Tina se burló:. No ha hecho otra cosa que sermonearme con respecto a los apetitos carnales. Tina murmuró a Donald:. Es un sinvergüenza y un vicioso en el mejor de los casos — replicó Donald, recordando a la joven prostituta de la que Davie había abusado en el burdel, la noche pasada. Los hermanos mayores nunca lo incluían en sus travesuras porque el nacimiento de las dos hermanas los había distanciado en edad; así Davie se había inclinado a compartir sus juegos con las niñas. Tina, pocos años mayor, siempre lo protegía de los golpes y las. Tina se demoró para caminar junto a su hermana Beth, entre el grupo de jóvenes que andaba por la playa. Beth susurró:. Echó una tímida mirada a Andrew Kennedy, de vigorosa apariencia, y se sonrojó intensamente. Tina siguió la mirada de la hermana y sonrió para sí. Haz algo. Y Beth, tan temerosa de obedecerla como de no hacerlo, se inclinó, recogió una bella concha de vieira y apretó el paso para alcanzar a Andrew. Reuniendo todo su coraje dijo:. Andrew echó una mirada a la pequeña muchacha rubia y respondió, distraído:. Beth vaciló en sus pasos, y Tina se acercó a ella:. Tina rió:. Beth palideció de la impresión. Tina prosiguió:. A los hombres les gusta reír. Fíjate lo alborotadores que son. Es necesario un talento especial para distraer la atención de ellos de los asuntos masculinos y retener esa atención, Te lo demostraré En los ojos de Tina brilló la luz del desafío. Se quitó los zapatos y las medias, se alzó la falda y, cuando. Valentina se las ingenió para deshacerse de ellos, como una reina que los apartara de su presencia. Se sentó sobre una roca para ponerse los zapatos, luego metió las medias en el bolsillo. Beth, esperanzada. Tina la miró, perpleja:. Prefiero ser malvada que timorata como un conejo. No hay nada que temer: Heath ha vuelto. Apartó los encantadores mechones rubios del rostro de su hermana e indicó con la cabeza al grupo de atractivos jóvenes pelirrojos —. Sólo vinieron a traer la lana para exportar. A primeras horas de la tarde, hacía ocho horas que Douglas el Impulsivo estaba sobre su montura y, antes. Para recorrer esa distancia en tan poco tiempo, había llevado un caballo de recambio, y alternaba entre los dos robustos animales. Los caballos salvajes, sin domar, se habían criado en los bosques del norte, de modo que se acostumbrasen. Eran capaces de correr docenas de leguas sin consumir alimento. Los establos de Douglas desbordaban de potros fuertes y bien alimentados. Él podía saltar sobre la silla ignorando totalmente los estribos; numerosos imitadores habían sufrido aparatosas caídas tratando de dominar la técnica, sobre todo porque usaban pesadas cotas de malla. Ram Douglas tenía tan buen ojo para los caballos como para las mujeres, y pronto apartó algunos sementales y yeguas de la manada. Esos bosques de las Highlands bullían de lobos, jabalíes y toros salvajes; Ram ansiaba cazar, pero se prometió a sí mismo no permitírselo salvo que un animal se le cruzara en el camino y amenazase a la. El instinto le indicaba que no debía estar ausente demasiado tiempo de Douglas, pues estaba seguro de que los malditos Hamilton aprovecharían eso para lanzar una incursión, como cobardes tratantes de putas que eran. Cuando regresara, enviaría a su hermano Gavin al sur, al castillo Douglas, llevando al menos la mitad de la manada. Cuando Beth Kennedy sacó su vestido de terciopelo azul del guardarropa, Kirsty se alarmó:. Por una vez, Beth impuso su voluntad:. Kirsty apretó los labios, pensando que estaría en el otro extremo del salón, sentada a la mesa de los criados. Sólo el Cielo sabía qué temas abordaría esa arpía de Tina en la conversación. Kirsty bajó temprano al salón para no perderse nada de lo que sucediera esa noche. Kirsty se alegró de ver que los hombres no usaban sus tartanes para impresionar a la señorita Bote de Miel, y estiró el cuello para ver. No se tranquilizó cuando las dos hermanas se sentaron entre lord Carrick y Callum Kennedy. Si fueran jóvenes respetables se sentarían con sus hermanos. Cuando Ada tomó asiento a la mesa de los sirvientes, advirtió de inmediato qué era lo que provocaba la inquietud de Kirsty y, como leal adversaria que era, resolvió frotar sal en sus heridas. Kirsty dijo entre dientes:. Hoy es Beltane. Kirsty se escandalizó:. Es un pretexto para dar rienda suelta a las pecaminosas payasadas nocturnas. Con semblante serio y un brillo malicioso en los ojos, dijo:. Andrew lanzó a Tina una mirada de advertencia, y se preguntó cómo se las arreglaría para aparentar ser la imagen misma de la inocencia. Me fascinan — dijo Beth, pendiente de cada palabra. Beth comentó:. Beth apoyó su pequeña mano sobre el brazo de lord Carrick. Andrew se sonrojó recordando la orgía de la noche pasada y, poniendo su mano sobre la de Beth, le explicó con ternura:. Ella sabe que pasamos la noche en un. Tina se unió a las risas, también Andrew, y todo quedó perdonado. En el otro lado del salón, el mayordomo dijo:. En el otro lado del salón, Valentina tramaba su salida y quería asegurarse de que todos estuviesen. Dirigiéndose a Callum y a Andrew Kennedy, les propuso:. Los hombres se miraron, y Andrew concedió:. Creí que podrían disfrutar de un paseo por las murallas, para contar las. El que respondió fue Andrew:. Callum le lanzó una mirada furiosa. Una dama necesita de un brazo fuerte, y yo te ofrezco el mío. Yo no puedo aceptar, pero a Beth le gustaría contar con vuestra compañía. Los dos varones se dieron cuenta de que habían sido manipulados e hicieron una reverencia a lady Beth. Cuando Kirsty vio que Beth tomaba a los dos jóvenes del brazo, se llevó la mano a la garganta. No se acostumbraba que una doncella se acercara a la cabecera de la mesa en el gran salón, pero la alarma la impulsó a ignorar las convenciones. Tina la miró de arriba abajo, con expresión helada. Aquí en Doon, yo soy el ama en este momento. No creo que a lord Carrick le agrade que le impongas tu presencia. Deberías contarme todo acerca de los. Valentina no se había alejado dos kilómetros de Doon cuando Heath le salió al encuentro. Estaba enfundado en un suave pantalón de piel de ante y montaba a un animal tan lujoso como cualquiera de los caballos de los Kennedy. La muchacha emitió un silbido admirativo. El gitano le sonrió y se apoyó un dedo en la nariz. Yo te seguiré. Antes de que terminara de pronunciar las palabras, Tina ya corría como el viento. Había peinado su pelo en una gruesa trenza que llegaba hasta la cintura, y que pronto empezó a deshacerse. Heath rió para sí, y la dejó llevar la delantera. La muchacha tenía una veta salvaje que necesitaba de ese escape. El río Ayr estaba crecido y, en cuanto cruzaron el puente, empezaron a ascender, saliendo del valle. No se. Pasada la cuesta, vio a media docena de jinetes que se acercaban en dirección contraria y, por sus tartanes de azul intenso los reconoció como pertenecientes al clan Hamilton. Se apresuró a pasar una pierna sobre el cuello del animal para que el jefe no notara que ella montaba. De inmediato, desmontó y se acercó a ella, y sus hombres se quedaron donde estaban para concederle cierto grado de intimidad. Era moreno y apuesto, con su alta espalda erguida como un ariete, mostrando todo el orgullo del clan en su postura. No puedo creer que hayas salido sin acompañante, milady. La punta de la bota de montar de Tina se apoyaba sobre su rodilla, tocando casi la mano de él, y. Sintió un intenso deseo de atraerla hacia sí y hacer suya esa boca tentado ra, que tanto lo provocaba. Patrick, si vienes a Doon el viernes a la noche a cenar, haré que el señor Burque prepare tu plato preferido. En el momento en que estaba por apoderarse de la enloquecedora mu chacha, Heath traspuso la loma,. Tengo una cita muy urgente. Hamilton ya había recorrido unos ocho kilómetros con Tina presen te en todos sus sentidos cuando recordó que era Beltane, pero en cuanto una sombría sospecha cruzó por su mente, la desechó:. Los Kennedy habían trazado bien sus planes la noche anterior, y hasta habían cabalgado fuera del perímetro de las tierras de los Douglas que estaban a punto de atacar. Donald y Duncan habían pergeñado la idea y la propusieron a los otros Kennedy cuando ellos. Sin acercarse al castillo en Douglas, el que era apodado el Peligroso, Donald calculaba que podían alzarse con doscientos vacunos y cuatrocientos ovinos de cuernos retorcidos de los arrendatarios del clan, y lo mejor era que los Douglas acusarían a sus acérrimos enemigos, los Hamilton, que vivían a menos de dieciséis kilómetros dentro del mismo condado de Lanark. Donald llevaría su parte al castillo Kennedy en el lago Ryan, que esperaba fuese suyo cuando se casara. También dejaría algo en Kirkcudbrigth, que daba a Solway Firth. Le resultaba divertido que el atalaya de su castillo de Kirkcudbright estuviese a sólo dieciséis kilómetros de la maciza fortaleza conocida como castillo. Donald había dado estrictas órdenes a sus hombres de no acercarse al castillo, pues no quería refriegas violentas. Esta incursión debería limitarse a un simple robo de ganado al amparo de la noche y, de tener suerte, los Douglas no lo descubrirían al menos hasta el amanecer. Todo marchó de acuerdo con el plan, pues los Kennedy estaban conformes con que Donald diese las órdenes, salvo David, que tenía sus propias ideas. Era la primera vez que Davie probaba el sabor de las incursiones, que había estado esperando durante años, escuchando con avidez los relatos que se contaban en las reuniones del clan. Quítenlo de mi vista. Enciérrenlo abajo —echó a los hombres de los Douglas una dura mirada—. Tienen dos minutos para estar a caballo. Los atrapamos o veremos dónde conducen sus huellas. Se frotó otra vez. Era el rito ancestral de la primavera, que todas las culturas han celebrado de una u otra manera desde tiempos paganos; Tina de ninguna manera quería perderse el goce de esa noche. Sin embargo, llegada la medianoche, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, empezaban a caer; unos por estar completamente borrachos, otros tan excitados que se arrancaban las ropas y copulaban con cualquier desconocido que estuviese dispuesto. Como Tina no pudo ocultar su horror, Heath se apresuró a alejarla de los cuerpos que se entregaban a tales expansiones. Durante el trayecto de regreso a la casa, Tina estaba abatida; esto fue un alivio para Heath. Se quedó con ella hasta que cruzó el puente levadizo de Doon y luego hizo girar a su purasangre y galopó hacia el Sur. Tina llevó a su yegua al establo, la cepilló en silencio y la cubrió con una manta. De repente, el corral se llenó de caballos, hombres y ganado. Las vacas mugían, y unas cincuenta ovejas corrían balando hacia los establos, haciendo ladrar a los perros y alarmando a las gallinas. Segura y autoritaria, llegó la voz de Duncan:. Con los ojos grandes como platillos, Tina salió del pesebre del fondo en el mismo momento en que Duncan levantaba la linterna:. Con los brazos enjarras, la muchacha estaba a punto de enfrentarlo, pero él levantó el puño y Tina vio que no estaba de talante para discutir con una mujer. Alzó un hombro, recogió su falda y se abrió carhino entre los ruidosos animales. La sangre de Tina bullía de tal modo que no pudo dormir; por eso se levantó al. La cara del señor Burque tenía un color verdoso, aun así supervisaba la preparación de la comida para veintenas de bocas, mientras intentaba evitar que se revolviera su estómago. Pudre la tripa y también el cerebro. Duncan abrió la puerta de un puntapié. El jefe de cocina puso los ojos en blanco. El chefnegó con la cabeza con gran vehemencia, y dijo:. Tina robó un pastelillo recién hecho y dijo:. Los Kennedy eran comerciantes y, si bien Doon no era una fortaleza, tenían algunos hombres armados que, en ese momento, estaban sentados a las mesas de. Por lo general, el barullo que hacían era ensordecedor; Tina no tuvo necesidad de preguntar si algo había salido mal. Las manos del mozo que llenaba el jarro de Duncan temblaron, y la cerveza se desbordó. Dividieron el botín y partieron en seis direcciones diferentes. Qué estrategia brillante, Duncan. Duncan la miró con un semblante sombrío:. La garganta de Tina se hizo un nudo. Duncan se indignó:. Pienso que lo han. Tina ya estaba enfadada. Abarcó con la vista a todos los varones Kennedy, y ninguno de. Tina sintió congoja y miedo al mismo tiempo —. El lema de los Kennedy es: Piensa en las consecuencias. Abarcó con la vista a todos los varones Kennedy, y ninguno de ellos se atrevió a devolverle la mirada. En la mente de Tina relampagueó el rostro de Patrick Hamilton, con su expresión de: "me importa un comino" y, lanzando un gemido, se derrumbó sobre un banco. Ya sabes que los Douglas son unos. Hoy nos quedaremos tranquilos. Valentina evitó a su hermana Beth, para no alarmarla. Cada media hora se trepaba al parapeto de Doon para escudriñar, ansiosa, el horizonte con la esperanza de divisar alguna señal de Davie o de cualquier otro. El miedo la había atrapado en sus garras, y se paseaba de un extremo a otro de su habitación. Sentía ganas de gritar, pero tenía la garganta tan agarrotada que no podría hacerlo en caso de intentarlo. En el transcurso de la vida de Tina, los Kennedy no habían tenido tratos con los Douglas a causa de la tragedia que había enemistado a ambos clanes poco después de que ella naciera. Cuando su madre llegó de Inglaterra para casarse con lord Kennedy, Damaris, la hermana menor de este se convirtió en la mejor amiga de aquélla. En la boda, Alexander Douglas vio a Damaris por primera vez y la deseó. Tina se estremeció, e hizo votos desesperados para que el odio entre los dos clanes no se reavivase y los destruyese. Tal vez, David ya estuviese muerto. Mientras pronunciaba una plegaria ferviente a San Judas, se le escapó un sollozo. Sobre su cabeza se agolparon nubes del color de los cardenales, tendiendo un manto ominoso sobre toda la campiña. Se sintió enjaulada como una prisionera, identificada por completo con la situación de Davie. Estaba segura de que si no hacía algo se volvería loca. Necesitaba ponerse en actividad para liberar el miedo, la angustia y el temor que oprimían su corazón como un guantelete de cota de malla. Corrió a su habitación y, revolviendo en su armario, escogió un vestido de lana color lavanda. Ocultó su puñal dentro de una de las botas de montar, se puso la otra bota, la capa de terciopelo, y bajó sigilosamente al establo. Cuando montó, Tina no tenía un rumbo preciso en su mente: simplemente necesitaba verse libre de los sofocantes muros de Doon. No veía las extensiones de campanillas azules que saludaban su paso. No percibía la fragancia embriagadora que flotaba en la brisa. Poco a poco advirtió hacia dónde iba y, tirando de las riendas, miró alrededor con cierta aprensión. Sus pensamientos se precipitaron, veloces como el viento. Alejó de. Se le ocurrió un plan de una audacia que le hizo temblar. Fingiría haber sufrido un accidente con su caballo. Era una mujer indefensa, joven y bella y, sin duda, los hombres de Douglas acudirían a auxiliarla. Se concentró en dar un aspecto creíble al accidente. Después, gritó a todo pulmón, cerró los ojos y esperó. Casi de inmediato, empezó a desear no haber hecho algo tan temerario. La lluvia que había estado amenazando toda la mañana se descargó en torrentes del cielo encapotado. Se quedó quieta mientras el diluvio la empapaba y la hacía temblar de manera incontrolable. Se dio cuenta de que no era el frío lo que le hacía temblar:. Si hubiese presenciado la escena de unas horas antes, cuando Ramsay Douglas había vuelto y encontrado que le habían robado el ganado y quemado los campos de heno y avena, habría huido para salvar su vida. Ram había echado tal reprimenda a sus hermanos que, en un momento dado, Gavin alzó los puños y gritó:. Ram Douglas en plena furia no era grato de ver. Sus ojos del color del peltre refulgían como diamantes y su rostro oscuro tomaba la dureza del granito. No lo esperaban hasta después de oscurecer. Si bien era un hombre endurecido, la falta de descanso de los tres días pasados exacerbaba lo explosivo de su temperamento. Tal vez estar a media ración les aclare la cabeza. Furioso, giró sobre sus talones, arrancando chispas a las lajas con sus espuelas, y salió a tratar de encontrar él mismo las huellas. Inspeccionó las chozas incendiadas y dijo a las aldeanas que llevaran a sus hijos al castillo hasta que pudieran reconstruir sus casas. Después, acompañó a un grupo de arrendatarios hasta los campos:. Pueden llevar semilla de los almacenes del castillo. Le dieron un informe de las ovejas y vacas fallantes, y él prometió reponer los animales. Han salido a patrullar las fronteras durante un mes; no quiero que estén aquí holgazaneando, sólo pensando en beber y procrear —dijo, riendo entre dientes. Los campesinos lo vieron marcharse, sintiendo que sus corazones desbordaban de gratitud. Aunque él tenía una siniestra reputación, siempre era muy justo con los arrendatarios y sus familias. Después, se abrieron los cielos, y Ram maldijo a ese diluvio que terminaría de borrar cualquier huella. Cuando hizo volver a su potro hacía Douglas y silbó a Boozer para que lo siguiera, estaba abatido. Ya tenía el castillo a la vista cuando el enorme perro salió a la carrera delante de él en dirección a un caballo sin jinete que, al parecer, se había enredado en una mata. Abrió los ojos y vio que se trataba de un feroz perro lobo, el doble de grande que cualquiera que ella hubiese visto en su vida. Cerró los ojos de inmediato y se mordió los labios para contener un grito de terror. Si la bestia la creía muerta, tal vez no la destrozara. Entonces, oyó la voz grave de un hombre que juraba, y su cuerpo tembló como una hoja en el viento. Parece una rata ahogada. Esa voz masculina, grave y resonante, provocó un helado escalofrío de miedo en la espalda de Tina. Sintió que era alzada como si tuviera el peso de una niña y, sin la menor ceremonia, el hombre la arrojaba boca abajo, atravesada sobre el caballo. Podría pasar por alto. Al verse tratada con tan poca caballerosidad, con la cabeza temerosa cuando y el pelo mojado colgando en el flanco del animal, le dieron ganas de llorar. Ram desenredó las riendas de la yegua de Tina, que relinchó temerosa cuando el enorme potro negro trató de morderle el cuello. Ram apaciguó al caballo con un puñetazo. Cuando llegaron al patio del castillo, Ram Douglas dejó las riendas de ambos caballos a un mozo de cuadra. No quiero que desperdicie su valiosa simiente con una yegua cualquiera. La llevó directamente al salón, donde ardía un fuego rugiente, y la depositó sobre un sillón de madera tallada. Le quitó la capa mojada y la arrojó a un criado, quien la extendió sobre un taburete para que se secara y después se arrodilló para quitar las botas altas de su amo. Tina se esforzó por permanecer completamente floja, con las pestañas caídas sobre las mejillas, y sintió que una mano fuerte y callosa tomaba su barbilla con firmeza y levantaba su cara para observarla. La había visto antes, y sabía exactamente dónde. Su corazón dio un vuelco. Aquella vez, cuando la vio entrar en el campamento gitano montada en su. Tina abrió lentamente los ojos y se llevó la mano temblorosa a la cabeza. Ram Douglas la miró. Tina trató de contener el temblor que le provocaba ese apellido, pero no pudo. Sólo tenía control sobre su cara. El hombre de rostro moreno sentado junto a ella tenía hombros tan anchos que impedían ver el resto del salón. Sin duda, era la autoridad de la casa, y Tina supo, por instinto, que era éste el hombre al que debía convencer. Mirando en los ojos a Ram con expresión impotente, preguntó:. El insulto lo ofendió: a él le parecía increíblemente atractiva, y ella lo. Su voz cortó las carcajadas de sus hermanos:. Tina los miró, perpleja, y se llevó de nuevo la mano a la cabeza, como si estuviese aturdida. Cameron, insensible como sólo puede serlo alguien muy joven, preguntó:. Ya lo he visto en alguna batalla. Los ojos ambarinos de Tina observaron cómo se suavizaba la bella curva de la boca de ese hombre cuando la miraba. Por un momento, se sintió hipnotizada por la. Quiso gritar que ella era lady Valentina Kennedy pero, claro, no podía. Ya se había dejado besar por hombres, pero ninguno se había tomado la libertad de tocarla de manera tan íntima como estaba haciendo ese diablo atrevido. Se acercó Colin, cojeando y echando a sus primos una mirada dura. Se levantó y, en efecto, sintió las rodillas como si fueran de manteca. Se tambaleó, y tres pares de brazos Douglas se tendieron para sostenerla. Colin abría la marcha y su pierna enferma arrancaba un extraño eco al suelo de piedra. La voz profunda de Ram le habló en secreto mientras ascendían la tosca escalera de piedra. Si no te conocemos como amiga, tal vez seas enemiga—bromeó, dirigiéndole un atrevido guiño. Se detuvo ante la puerta de su cuarto y la dejó en los brazos de Gavin—. Acompañó sus palabras con una endemoniada mirada lasciva, y sus ojos de color. Tina tembló en los brazos de Gavin, y éste sintió un extraño impulso protector. Para la muchacha fue un alivio verse libre de la presencia de ese otro. Sus ojos acerados tenían un brillo arrogante, su. Colin lo reprendió:. La chica se ha golpeado la cabeza. Pronto te libraré de tu vestido mojado, muchacha —dijo, sonriendo. Debe de estar mortalmente asustada después de volver en sí y encontrarse en las garras de los Douglas. Tina se sobresaltó y se puso rígida. Un gato enroscado sobre una silla se despertó sobresaltado y corrió a ocultarse debajo de la cama. Con muy poco entusiasmo, Gavin la depositó sobre el borde de la ancha cama; Colin fue hasta un armario y le alcanzó unas toallas y una abrigada manta. Desde la puerta, una voz profunda dijo:. Ordena a un criado que encienda el fuego para que ella pueda calentarse y descansar. Dentro de Tina, algo respondió a esa voz de bajo, y los ojos del hombre le dijeron que él encontraba algo especial en ella. Cuando Gavin avanzó hacia la puerta,. Colin dijo, con disgusto:. La furia estuvo a punto de ahogar a Valentina, y se despreció por haber reaccionado, durante un instante, a esa atracción animal. Ese canalla cruel había ganado un punto en contra por haberla arrojado sobre la silla como un saco de patatas. Dos, por haber mancillado el cuerpo de Tina con sus manos mugrientas. Pero, en cuanto habló de quebrar a su pequeño hermano Davie, en ella nació un odio intenso hacia ese hombre. Era un odio personal, que exigía una vendetta personal. Cuando hubieron encendido el fuego, los criados se marcharon. Un momento después, se quitó el vestido de lana y la ropa interior mojada y colgó todo al pie de la cama para que se secara. Sacó de la bota el cuchillo que había traído y lo ocultó debajo del colchón. Empleó una gran toalla de lino para secarse las largas guedejas rojizas. El orgullo le impedía envolverse en su calidez, pero se oyó un golpe en la puerta de la habitación y, sin pensarlo, tomó la fina tela de lana y se envolvió en ella como si fuese una capa. Este hombre no era tan moreno como los otros. Tuvo curiosidad por saber qué había sido lo que había estropeado ese cuerpo, en otro tiempo magnífico, pero era lo bastante bien educada y sensible para no mirarlo fijamente, siquiera. Es un alimento tosco para una dama, pero ésta es una casa de hombres, sin mujeres, con excepción de las criadas y las mozas de cocina. Huele bien —agradeció—. Ha fallecido —dijo, y se dirigió hacia la puerta, cojeando. Tina casi se ahogó con el caldo. Tina se levantó de un salto para observar el encantador rostro del retrato, y. Se hizo un nudo en su garganta cuando se dio cuenta de que ella sería una muchacha joven e inocente. Desde un rincón oscuro del cuarto, el espíritu de Damaris habló ala joven del pelo en llamas:. Me acusó de engañarlo con su hermano Colin. Me golpeó. Tina levantó una polvera de porcelana pintada y otros elementos del juego de tocador que había sobre la repisa de la chimenea. Tina cerró los ojos, quitó el tapón a una botella de perfume y tocó con él su mejilla. Aunque debes de haber sufrido insoportablemente, sólo siento tu felicidad en este cuarto adorable. El amor es ciego. Cuando Tina tocó su ropa, comprobó con asombro que ya estaba seca. Dejó a un lado la manta y se puso la exquisita ropa interior, que Ada había cosido puntada tras puntada. Lingerie era una palabra francesa que Ada había aprendido del señor Burque. Cuando Ram Douglas vio al joven que habían capturado sus hermanos, estalló en carcajadas. David Kennedy juntó una cantidad de saliva y la lanzó hacia Douglas:. Ram hizo una mueca. Y agregó, para Gavin—: Les daré a los Hamilton una oportunidad de pagar un rescate por él. Si son mezquinos lo colgaré. En la planta alta, Tina metió la mano bajo el colchón para recuperar el cuchillo en el mismo momento en que la puerta se abría sin aviso previo. Giró en redondo y enfrentó al intruso, con los ojos ambarinos relampagueando de ira, luego de temor. Ram Douglas frunció una de sus cejas negras. El fuego había secado su pelo, que ahora se derramaba sobre sus hombros, en luminosa abundancia. Diminutos rizos de rojo dorado enmarcaban su cara, y a Ram le. Los nervios hicieron hablar a Tina. La indignación estuvo a punto de ahogarla, borrando el miedo por un momento. Pero era tan peligroso que Tina sabía que no debía hacerlo encolerizar, entonces se mordió el labio y forzó una débil sonrisa. En cuanto recuerde dónde vivo, me marcharé. Los ojos del hombre la recorrían, como si estuviesen evaluando sus cualidades. Se posaron en su boca, bajaron a los pechos, ahora ocultos por la manta, y luego. Tina contuvo un comentario cortante, pero hubiese dado lo mismo que lo dijera, pues los ojos de Ram tenían una expresión divertida. No te enfades, muchacha. Si mañana no has recordado, yo puedo averiguar muy pronto quién eres. Tina percibió el peligro de inmediato. Ram se acercó y atrapó con los dedos un tentador mechón de cobre fundido:. Estas palabras la llenaron de terror. Le pareció imposible. Entre ellos saltó una chispa. Cuando tenía accesos de fiebre solía hablar idiomas extraños con una voz que no era la suya. Intentó agredirme en varias ocasiones, la extrema debilidad de la enfermedad no le dejó terminar estos violentos ataques. En sus ojos se veía una locura que iba creciendo a ojos vistas. Tu padre gritaba como un poseso cuando, sin querer, la medalla salía de mi interior al agacharme para atenderle. Te alejé de él tanto como pude para protegerte de su malsana influencia y de la violencia que ejercía sobre mí. Tranquilicé a mi madre que sollozaba con gran pesar reviviendo aquellos espantosos recuerdos y no fui capaz de contarle mi extraña experiencia de aquel horrible día. La abracé fuerte intentando conjurar todos aquellos años de infante en el que el sufrimiento era mi compañero de juegos. Perdoné a mi progenitora, pero ya lo hice cuando era un niño, tal era mi amor por ella. Faltaba una semana para mi partida cuando mi madre murió, así, de repente. La tristeza me invadió y anulé el viaje mientras pensaba en lo que hacer con mi dolor. La primera noche que pasé sin mi madre, en el que había sido mi hogar hasta ahora, fue terrible, había algo allí que me dejaba sin aliento. Compré el periódico, y aunque hacía un frío de mil demonios, me senté en el parque persiguiendo los esquivos rayos de sol que se trasladaban caprichosamente de banco en banco. Cuatro de estos ejemplares, que previamente había encerrado en unos grandes círculos rojos, se mostraban como firmes candidatos a convertirse en mi nueva morada. Hice las llamadas pertinentes para quedar con los dueños o los representantes de las inmobiliarias y, de este modo, pude verlos en el transcurso de la mañana. Ya por la tarde, me hallaba en posesión de las llaves de mi nuevo hogar. Se trataba de una vivienda muy soleada y espaciosa, revestida casi en su totalidad de paneles de madera de nogal. El piso se notaba bien cuidado, y el olor a productos especiales para tratar la madera inundaba cada rincón. Al carecer de equipaje, tuve que hacer un gasto extra en todo lo necesario para mi vida cotidiana. Subí y bajé en el ascensor multitud de veces, ora para rematar compras, ora para hablar con la agencia inmobiliaria que se hallaba cercana al piso de mi familia, a quienes dejé la llave para que limpiasen y adecentasen el lugar para su venta inmediata. Sentía un terror visceral a poner un pie en aquella casa. Hasta la fecha mi situación económica era bastante desahogada, pero el alquiler de la nueva vivienda y los gastos extras, dejaron mis existencias monetarias bastante descalabradas. Una sustanciosa inyección de capital, procedente del piso de mis padres, no me vendría nada mal. Un espejo descomunal cubría enteramente la pared de la derecha del cuarto. Adosados al mismo, unos cuantos focos convertían aquel lugar en un auténtico camerino de actor. Me vi reflejado en la pulida superficie como nunca, y me paré para efectuar un detallado examen de mi rostro. Un ruido extraño me hizo abandonar tan sinuosa tarea y regresar al salón. Se oían con toda claridad sonidos de pisadas; parecía como si alguien caminara por él. Cuando alcancé la estancia lo hallé totalmente desierto. Con el corazón latiendo alocadamente, recorrí toda la casa en busca de una explicación razonable a lo que había escuchado. La encontré, al fin. Los tabiques debían ser bastante delgados y los rumores de la vecindad se colaban como si fueran propios. Llegué hasta ella e interrumpí su vaivén. Todas estaban perfectamente ajustadas. La vista desde el mirador era magnífica. Al ser un sexto piso, sobresalía ligeramente de las construcciones que se ubicaban en los alrededores, dejando un pasillo de visión bastante amplio para admirar un pequeño parque en las inmediaciones, una iglesia y multitud de tejados rojos llenos de antenas. Lejanas montañas se perdían en un horizonte de brumas amarillas y doradas de la puesta de sol. Antes de llegar al pasillo para retomar mi tarea anterior, por el rabillo del ojo, vislumbré cierto movimiento. La mecedora había recobrado su ritmo cadencioso, otra vez. Algo conmocionado, me dirigí al cuarto de baño para intentar pensar sobre lo que estaba ocurriendo. Al observar mi imagen en la luna reverberante me pareció que algo había cambiado en mí. Se trataba de la mirada, sin lugar a dudas. Desde aquellas fiebres horribles que tuve en la infancia, una extraña cicatriz en forma de media luna había aparecido en el iris de mis ojos verdes. A veces, cuando me sentía excitado, una pequeña ranura incandescente se apreciaba con toda claridad, llameando alarmantemente. Los oculistas no le dieron importancia, diciendo que eran cosas del desmesurado crecimiento que había experimentado, pero los que me rodeaban solían bajar la mirada, totalmente amedrentados ante los gélidos destellos que percibían. De ahí que mis horribles compañeros de la infancia me tuvieran cierto temor. Ahora, al observarme tan de cerca, las medias lunas se habían convertido en círculos perfectamente delimitados, por donde escapaba una pavorosa luminosidad. Cegado como estaba, no me paré ante la carretera que corría muy pareja al portal. Sentí un terrible golpe y perdí el sentido. Cuando desperté, me encontraba en la habitación de un hospital. Me costaba respirar y, al intentar moverme, noté un grueso vendaje en una de las piernas. Una enfermera me informó que llevaba inconsciente una semana, habiendo sido víctima de un atropello. El conductor, sintiéndose culpable del accidente, solía pasarse por el hospital cada día para pedir noticias sobre mi estado. Le conocí al fin. Resultó ser un buen hombre, al que traté de convencer de que la imprudencia la había cometido yo solo. Tres semanas después aparecí por el apartamento, armado con una muleta. La medicación había hecho su efecto y me hallaba relajado y tranquilo. No me sorprendió encontrar en el salón a una señora, ya anciana, de distinguido porte. Supuse que era la dueña del piso a quien no conocía personalmente. Como puede ver por mi cojera, fui víctima de un atropello y he estado ingresado en el hospital todo este tiempo. Desde que murió mi madre, hace escasamente un mes, me he sentido terriblemente solo. Es muy agradable llegar a casa y que haya alguien para recibirte. No se preocupe por mí, yo me limitaré a estar en la mecedora, igual que hago siempre. La mujer se sentó en el mirador y comenzó a moverse rítmicamente. Advertí que los rayos solares la atravesaban lo mismo que si la anciana estuviera hecha de cristal. Pero no se apure, no soy de los latosos. Me quedé gratamente sorprendido ante el descubrimiento. Me senté a su lado y disfrutamos de una agradable charla. Que por cierto, no tengo ni idea de cómo podría ir. El caso es que me siento muy unida a esta casa y, sobre todo, a esta mecedora. Aquí viví siempre, tuve a mis hijos, envejecí y morí. Fui muy feliz en este lugar. Cada uno debe hacer su elección, él optó por irse a otro lugar. Una vez vino una joven a visitarme, pero no se quedó mucho, le gustaba ir de un sitio a otro sin parar. Algunos fantasmas, personas que tuvieron muertes violentas o fallecieron sintiendo un odio exacerbado, raramente pueden abandonar el lugar donde perecieron. Sus espíritus, ya de por sí muy dañados, no sobrevivirían a un nuevo cambio. Seguramente se desintegrarían. Ellos siguen atados a esos sitios. Suelen ser entes malignos, de entrañas enrarecidas. Enseguida nos hicimos amigos. Siempre aparecía en mi presencia luciendo unos ropajes antiguos y muy elegantes. Un collar de perlas, blancas cual huevos de paloma, le rodeaba el cuello del vestido de satén, en un tono berenjena oscuro. Sus manos aparecían enfundadas en unos guantes de raso acorde al color con el que iba vestida. Era muy agradable llegar a casa y encontrarla con su gran sonrisa. Enseguida surgía el debate, ameno y lleno de chispa, era una inteligente conversadora en extremo. Si no lo hace, puede morir de agotamiento. Cuando encontramos a individuos que pueden comunicarse con nosotros, los fantasmas nos ponemos muy pesados, terminamos olvidando que el interlocutor, en cuestión, es humano y tiene ciertas necesidades para seguir viviendo. Ya es hora de que dé por finalizado el duelo. Hice caso a mi consejera de lujo y, al día siguiente, fui decidido a la agencia de viajes para formalizar mi billete de ida a Londres y, de esta manera, cumplimentar allí mi formación profesional. Pero los planes no fueron los pensados, ni mucho menos. No sé qué me sucedió en aquel instante, fue como si algo o alguien me arrastrara hacia un destino que yo no deseaba. Así me vi empujado a formar parte de un grupo de personas que emprendería una larga travesía por varios castillos de Escocia. Cuando me disponía a hacer las maletas, pues mi salida era inminente, la anciana sonrió de buena gana. Esta vez la elección no es tuya, hay alguien muy empeñado en que vayas a Escocia. Debes averiguar quién es y qué es lo que quiere de ti…. He de reconocer que componían un extraño grupo. Leía a la perfección lo que aquellas mentes se cuestionaban con respecto a mi persona:. No hubiera podido contestar aunque hubiera querido, yo tampoco tenía la menor idea de mi papel en aquel recorrido. Al fin, el avión salió con media hora de retraso. Un autocar nos esperaba en las inmediaciones. Aquella velada, la primera del viaje, haríamos un itinerario por la medieval ciudad plagada de leyendas y fantasmas. Giles, así como una larga colección de pubs y restaurantes. Lo que antaño fue una animada calle comercial, con tiendas de artesanos y viviendas, se había convertido en un callejón envuelto en sombras y silencio. Vi a la niña con toda claridad, parada a mi lado. Lloraba sin parar. En un momento dado extendió las manos hacia mí. Traté de agarrarlas pero eran de humo. La niña tenía tal berrinche que no había forma humana de hablar con ella. Dime qué te ocurre para que pueda ayudarte. Dejando a mi grupo, que ni se dio cuenta de mi ausencia, seguí a la cría hasta una vieja casa. La nena se acuclilló allí, inconsolable. Sin dejar de llorar, sacudió su pequeña y sucia cabecita varias veces. Negó con rotundidad, redoblando los lloros. En ese instante todo mi grupo se personó en la vieja casa. La historia dice que la peste, desencadenada por la malsana mezcla de aguas residuales, basura y porquería en la que vivía inmersa la muchedumbre que habitaba esta gran urbe, mató a las tres cuartas partes de la población de Edimburgo, entre ellos a esta pequeña, llamada Annie, la niña que solloza sin cesar. Los turistas le dejan juguetes para tratar de consolar su alma. No le gustan. Obedeciendo a una misma idea, juntamos pañuelos de cuello, unos cordeles de zapatos y gomas del pelo e hicimos algo parecido a un muñeco. Con un rotulador dibujamos los ojos y la boca. El atado lo dejé al lado del fantasma que seguía acurrucada en un rincón chillando con desesperación. Repentinamente dejó de llorar. La niña comenzó a emitir una dulce cancioncilla acariciando el amasijo de ropa con forma de bebé. De puntillas salimos de allí. El silencio nos envolvió opresivamente. Algunos de nosotros gritamos presas del terror saliendo de inmediato de aquellos callejones malditos. Pasamos por el hotel para recoger el resto del pesado equipo de grabación e investigación paranormal que, enseguida, se repartieron entre los siete miembros que lo componían. Ya repuestos de los sobresaltos que habíamos sufrido en las callejas medievales, nos dirigimos al cementerio de Greyfrias Kirkyard: Camposanto que rodeaba la Iglesia Greyfriars. En él encontramos enterrados personajes famosos como el humanista George Buchanan o el abogado George Mackenzie. Fueron encerrados en una zona de ese mismo cementerio que se utilizó como prisión. Morían a centenares. Otros prisioneros fueron enviados en barco a América, desterrados para siempre y condenados a trabajos forzados, pero no tuvieron un final mejor que el de sus compañeros, puesto que el barco naufragó. La guía siguió explicando:. Las verjas se abrieron y los veinticinco avanzamos entre esas viejas construcciones de piedra. El ambiente era siniestro y el frescor de la humedad lo llenaba todo. Comenzó a caer una débil lluvia que, al rato, nos había calado hasta los huesos. Me volví al sentir el movimiento de una gran corriente de aire. Algo oscuro venía a toda velocidad hacia mi persona. Quiero que saques a toda esta gente de aquí. No deseo que ronden por mi territorio. Si no os vais en pocos minutos sufriréis las consecuencias. Ellos solo hacen su trabajo. Perturba la paz de los que murieron. Y aun lo sigo haciendo. Me encanta oír sus gritos desgarradores mientras los doblego. Llegué a la conclusión de que este fantasma, loco y malvado, no había sido el autor de la imperiosa llamada que me había conducido a Escocia. Hablé con mis compañeros para recoger todo aquello. Les avisé sobre lo que el fantasma quería hacer si no nos íbamos. Los aparatos marcaron niveles históricos de actividad paranormal. Y así comenzó el ataque…. La noche se tornó una auténtica tortura. En menos de un minuto toda la furia almacenada en los espectros de los que fueron torturados hacia cuatrocientos años, estalló sobre nuestras cabezas. Una lluvia de cristales acuchilló a todo el equipo infringiendo multitud de pequeños cortes que dejaban regueros de sangre en la tierra; después vinieron las piedras, no muy grandes pero certeras y en cascada, tratando de aplastarnos. Yacía tirado en el polvo de la calle, igual que una piltrafa, nadando en un gran charco de sangre. Sin pensarlo dos veces corrí a su lado y me dispuse a defenderlo. Una luz terrible brotó de mis ojos pulverizando a los entes diabólicos que trataban de enterrarle con una lluvia de piedras. Arrastré el cuerpo al lugar donde el grupo se había replegado. Esta vez sí me hicieron caso. Todos nos movimos en un montón compacto, directo hacia la verja de hierro, la salida. La cerradura estaba atascada. Animé a los miembros del grupo a empujar con todas nuestras fuerzas. Al fin cedieron las pesadas puertas y salimos fuera del alcance de aquellas fuerzas demoníacas. Nos retiramos todo lo que pudimos de la entrada, hacia las tumbas y esperamos la ayuda que previamente habíamos solicitado. Las ambulancias no tardaron en llegar. Enseguida se llevaron al fotógrafo que apenas respiraba y a otros cuatro compañeros con roturas de huesos. George Mackenzie se pudriría eternamente en su infierno particular del cementerio de Greyfriars, pensé mientras acariciaba el colgante que pendía de mi cuello. Antes de irnos a dormir, tomamos una pastilla para relajarnos y estuvimos largo rato charlando antes de pasar a nuestras habitaciones. Desto quedó triste el Rey Qae nó pudo hablar palabra. Granada los llora mas, Con gran dolor que sentia; Que en perder tales varones Es mucho lo que perdía. Hombres mugeres y niños Lloran tan grande perdida. Lloraban todas las damas Cuantas, en Granada avia, Por las calles j ventanas Mucho luto parecía. Y si algan luto lleTiibaai, Es por los que muerto maa. Sobré estfts guerras civiles El reino van consumiendo, Hasta que el valiente Muza En ello puso remedio. Es probable que el efecto de ellos procedería de la melodía , porque su expresión tal cual apa' rece de la traducción española nada tiene de eX' traordinario. Cuando en el Alhambra estuvo Al mismo punto mandaba, Que le toquen sus trompetas, Los añafiles de plata, Y que las cajas de guerra Apriesa toquen al arma. Porque las oygan sus moros Los de la vega y Granada. Los moros que el son oyeron. La respuesta que. Se ejecutó la sentencia Así como el Rey lo manda. Estando el Rey Don. Tienen la cuesta ganada, Y aquí la caballería No podía pelear nada, Y así con grandes peñascos Fue en un punto destrozada. No puede mover la espada. Por la sangre que ha perdido Don Alonso se desmaya. Al fin cayó muerto en tierra, A Dios rindiendo su alma. Y de su muerte se holgaban. A las palabras que dice, Cualquiera mora lloraba. Pues te mataron los moros, Los moros de la Alpujarra. Tinto vas en sangre viva, Entre ti y sierra Bermeja Murió gran caballeria. Murieron duques y condes, Señores de gran valía; Allí muriera Urdíales, Hombre de valor y estima. Tiróle el moro un cuadrillo, Y por alto hizo la via. Sayavedra con au espada Duiamente. Hiñeron le mil pedazos Con saña que del tenían. Se sale de la batalla Llevado por una guia. Igualmente lo encontramos' en el Orlando furioso c. Pulgar duranie el sitio de Chranada nftece ir hasta la mezquita de aquella ciudad. En espantoso silencio Todo el orbe envuelto estaba, Y al, descanso reducidas Todas las cosas callaban. Solo un inquieto murmurio Se oye en el cuerpo de guardia d21 Del católico Fernando, Qae se alojaba en Alhama. Trataban todos de dar Muestras de sí señaladas, Unos de lidiar coti Tarfe En la vega vista el alva; Otros en la puerta Elvira Dejar fijada una daga. Furioso y determinado, Y en el adarga este mote: Ihdo lo allana mi brazo. Su esfuerzo, valor y estado. Con arrogancia j denuedo El moro habló al cristiano Diciendo : ,, Saber quisiera De qué Rej eres Tasallo, ,, ,, Porque en solo averte tisto Te estoy tan aficionado , Que por sola tu amistad Casi me hiciera cristiano. Y cual hambrientos leones. Vuelven ligeros picando Los acicates apriesa : ' Y las lanzas enristrando. El cristiano quitó al mofo De la cabeza 'el tocado: El moro dio en el escudo Descomponiendo el retrato, Que fue causa que volvió El gallardo lusitano Tan presto y furioso al moro, Que antes de ser amparado Con la adarga, le partió El hombro y derecho brazo, Y cortando la cabeza Se la llevó al Rey. FernaDdo, El cual se lo. El Te Deum laudamus se oye. Mas las armas de Castilla Y de Aragón ven campear. Ni cabalgar en caballo, Ni hablar de pelear. Mas do no lo vean las gentes Su vida en llanto acabar. Que quien tal reino ha dejado , Poco es la vida dejar. Sale de Portugal la armada del rey Don Sebastian. Una bella lusitana. Dama ilustre j de valía, Haciendo sus ojos fuentes, Con llanto extiende la vista A la poderosa armada, Que de Lisboa salia, La vuelta al mar de Levante Por Sebastiano regida. Y como vio que el norte Sopla furioso '7 aprisa. Dijo con un ay del alma. Porque aunque de Cristo llevan La cruz en medio tendida. Que no de diestro soldado. Ten cuenta con lo que hago. Por muchas pajotes pasado, En un caballo ' ligero. Que tengo de ser forzado. A recebir con tu muerte. La vida que ya desamo. Al buen viejo de ftu. De noche por el camíw. De día por el jaral T. T Por la matanza va el vieje Ppr la matanza, adelante. Los brazos lleva cansados De los muertos rodear; No hallaba al que buscaba Ni menos la su señal. Siete vecop. Hice te cuerpo de plata Pies y manos de un marfil. Sesenta mil caballeros A ti te los ofrecí. Para la acompañar. Todas visten uipi vestido. Ciento tañen instrumentas ,. Con las uñas lo despluma, Con el pico lo deshace. Para el vestir y cajamr,,,. Si TOS me days mi caballo En que solia cabalgar,.. A Francia la natural. En CaftíUa eÉtk m castílb. Una noche estanda asi Gritos da Rosa Florida. Darle he siete castillos. Cuando en galas. Agora desconoeMIo Di porqué me has ohridado. Que por no sufrir ultraje Moriré desesperado. Lo que agora yo!. I Montesinos ,. MonteftinéS ,. Prestédesme Rico Frtmco Vuestro cuchillo lagnes, ,, ,, Cortaré fitas al manto , Que no smi pura traer. RoiA de sangre la espuela De la hijada del caballo, Rojo el pretal j la chicha Y el freno hecho pedazos;. Aquella invencible mano Que nunca se vio xfiBfÍ! De fuera le tiembla el hasta. Nufto Yero, Buen caballero probado,. Hinquedes la basa. Y arrededes el paballo. En antes que. Yo8 idos de aquesta tierra, Y en ella no paréis mas. Los escuderos volvieron Para dó estaha Galvan. Danle el dedo y corazón, Y dicen que muerto lo han. La condesa que esto oyera Empezara gritos dar. Lloraba de los sus ojos Que quería rebentar. Vos me la qnerays contar. No preguntan por mesón, Ni menos por hospital. Cierto no merece mal. Ni era cosa de verdad; Que el dedo j el corazón Yo lo tengo por señal. Mira el camino de Francia Qae la enoja y la consuela , La cautiva Melísendra constantemente vohia los ojos al camino de Francia , que excitaba sus sentimientos y le ojreda esperanzas consoladoras. Pues yo presa y entre moros, Y de un cristiano olvidada. Cuitado del que aguarda Sfc. Porque puede en las mugeres Mas una desconfianza, Que la nobleza en Gayferos Cuando tan poco la guarda. Pues considera, si sirves Cn París damas cristianas. Que aunque moros, caballeros En Sansuena me regalan. Cwftado del que aguarda Sfc. Bien se yo que es liviandad Y de liviandad se paga. Pretender contra mi honor De mis agravios venganza. Que contra la razón valga. Cuytado del que aguarda Sfc. Que vence un presente gusto Mil nobles antepasados. Mas es muger, j ha mas años La mudanza en las mugeres Que no la nobleza en Carlos. La pru mera sentencia es verdadera , la segunda caSum" niosa. Pero veis como el piadoso cielo socorre en las mayores necesidades, pues llega Don Gaiferos y. No faltaron algunos ociosos ojos, que lo suelen ver todo, que no vie- sen la bajada y la subida de Melisendra, de quien dieron noticia al rey Marsilio, el cual mandó luego tocar al arma , y miren con que priesa, que ya la ciudad se hunde con el son de las campa- nas que en todas las torres de las mezquitas sue- nan. Lo cual oido por maese Pedro , cesó el tocar, y dijo: No mire vuesa merced en niae- rías, señor Don Quijote, ni quiera llevar las cosas tan por el cabo que no se le halle. Así es la verdad , replicó Don Quijote , y el muchacho dijo : Miren cuan- ta y cuan lucida caballería sale de la ciudad en Mira de Francia el camino , Y de Sansueña la playa. Por Gaiferos preguntad. Dicele que aguarde un pocQ, Y en menos de un poco baja ,. Alegre amanece el día, Y el sol mostrando su cara Madrugaba para verse En los hierros de las lanzas. Llevaba su compañía Marlotas de azul 7 grana, Morados caparazones, Yeguas blancas alheñadas. Ya pasa el moro valiente. No lleva plumas el moro. Que como de veras ama. Una adarga berberisca Con su divisa pintada, Tan discreta como el dueño, Y como el dueño mirada. Levantado se han las damas. Azarque primo del Rey Muy azar con Zelíndaja. Zafiro por Adalifa, Un tiempo su apasionada, Mostró con esta divisa De sus tormentos la causa: Una viuda tortolilla En seco ramo sentada, Y UD mote que dice ansí: Tal me puso una mudanza. Guad alara j Bravonel Tiernamente se miraban, Que cansados de penar De disimular se cansan. Mucho se ofenden los Reyes, Y mucho el amor se ensalza, En ver que allanan sus flechas A las magestades altas. Pierden al Rey el respeto. El moro finge que son Amigos que le avisaban Que pasan por Zaragoza, Y que vea, si algo manda. Que tiene por celosía Clavellinas j albahaca. Le dijo un cabo de escuadra. Alegróse Bravonel ,. Y en un hovero cabalga, Diciendo : ,, Para la' vuelta No es un mundo mucha paga. Después que el martes triste Mostró alegre el Sffl ia cara, Tiene la suya cubierta La hermosa Guadaiara. No quiere ver ni ser vista Después que Bravonel falta, Ni mostriar el rostro alegre , Porque tiene triste el alma. Mucho siente el acordarse De la noche de la zambra , Fin de toda su alegría, Y principio de sus ansias. Una alta peña labraba; Y que de ella nacejun. Y en esto pasa la vida. Como muerte desastrada. Mira la mora el misterio De las aguas, 7 descansa. Menos de noche en la cama. Ni Miraba el vestido verde, Y las mejillas miraba, Y el moro finje que son Clavellinas j albahacas. Las clavellinas le encienden, La albahaca le desmaja, Que es de natura en amor Una esperanza muj alta. RüGEBo celebra la victoria que consiguió sobre Rodamonie. A los corredores sale Cuando entraban en palacio, La contenta Bradamante Yiyas colores mudando. No se hablan aunque quieren , ' Con el contento turbados. Del sobresalto pasado. Acepto que este sitio web utiliza cookies y tecnologías similares para ofrecerme este sitio web y sus funciones, para obtener información sobre su uso y mostrarme anuncios relevantes. Puede cambiar la configuración para activar o desactivar cualquier categoría de cookies. Diver M. Edición Y, por supuesto, los entregaremos en su puerta..

El castillo actual comenzó a construirse en por orden de Alejandro II de Escocia sobre las ruinas de un antiguo fuerte usado por los pictos, antiguos habitantes de Escocia, como defensa frente a las incursiones vikingas. Posteriormente el castillo se convirtió en residencia del clan MacRae antes de quedar abandonado poco después de la unión entre Escocia e Inglaterra. Así pues, cincuenta hombres se quedaron guarneciendo el castillo y el resto, junto con unos escoceses de distintos clanes, se dirigieron hacia el sur, ocupando distintas poblaciones.

Su aventura acabó en la batalla Se buscan espíritus de Dunure en Flores Glen Shiel, el 10 de junio decuando se enfrentaron a tropas inglesas. Los escoceses, mal preparados, this web page tras varios ataques de artillería. El castillo de Eilean Donan quedó entonces abandonado en estado de ruina hasta que John MacRae-Gilstrap lo restauró entre y Existe una leyenda, confirmada por decenas de personas que han sido testigos de su existencia, sobre la presencia del fantasma de ese soldado español, ente que se pasea por el castillo ya reconstruido y que tiene por costumbre gastar bromas y juguetear con sus muchos visitantes, con la excepción de los turistas españoles, a los que les permite recorrer las distintas dependencias de la fortaleza sin molestia alguna.

El equipo comenzó a desplegar su ingente cantidad de aparatos en varias de las estancias, ante la curiosidad de algunos miembros del clan MacRae. Las personas se entretenían observando sobre todo, la inmensa colección de armas instalada en una de las dependencias. No sentía el paso del tiempo, sólo el vaivén del agua a merced de la brisa y los rayos de sol escondiéndose entre las muchas nubes que amenazaban con descargar en cualquier momento.

Repentinamente unos agudos chillidos me sacaron de mi ensoñación y salí a la carrera hacia la dependencia de donde partían los gritos ensordecedores. Encontré el suelo alfombrado de gorras y sombreros. La gente no se atrevía a moverse.

Una gran corriente de aire levantó las faldas de algunas señoras. Vi perfectamente al autor de tan divertida maniobra. Cuando llegó hasta mí se paró en seco. Nos miramos profundamente el uno al otro. El fantasma iba ataviado con un viejo uniforme militar, incluyendo una coraza pectoral y un yelmo que le dejaba la cara al descubierto. Zara tembló, sabiendo click the following article Ram el Negro era cruel y peligroso.

De repente, el hombre se inclinó adelante apoyando el brazo en el pomo de su silla, y miró intensamente a la Se buscan espíritus de Dunure en Flores de roja cabellera flameando sobre los hombros Se buscan espíritus de Dunure en Flores entraba a caballo en el campamento. Montaba a Se buscan espíritus de Dunure en Flores, cosa inaudita en una mujer. Se apeó del caballo y corrió, riendo, hacia los brazos abiertos de un gitano alto y joven:.

Ram prosiguió su minucioso y atento examen de la vivaz criatura mientras el hombre la alzaba en el aire y la hacía girar. Seguramente, alguna esposa que busca el fruto prohibido.

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De todos modos, te convendría dejar en paz a las mujeres de Heath, salvo que quieras un cuchillo entre las costillas. Ram sonrió para sí: era obvio que Zara estaba celosa y tenía motivos, porque la muchacha era de una belleza que cortaba article source aliento, aunque sería mejor para ella que los celos no la volviesen demasiado.

Durante el verano, los gitanos habían viajado hacia el norte, hasta Se buscan espíritus de Dunure en Flores, en las tierras altas, e invernado en Carlisle, en Inglaterra, donde el clima no era tan inclemente.

También habían pasado un tiempo en la antigua capital de Stirling, y Se buscan espíritus de Dunure en Flores la nueva, Edimburgo, donde el rey y su. Tina tenía un millón de preguntas para hacerle, que iban desde el conde de Argyll, uno de los Campbell, hasta su propia pariente famosa, de quien se decía que era la nueva amante del rey. No me extraña que haya buscado la protección del rey.

Tiene intenciones de engullirse todas las Highlands. Desde que el rey designó a Douglas su principal. Este invierno que pasó no supe de tantos ataques entre los dos países. No has respondido mi pregunta acerca de Janet Kennedy.

Adria Fuck Watch Porn Movies Gulabo Xxx. De hecho allí había nacido la princesa Margarita. Unos jardines extremadamente cuidados rodeaban la residencia. Mis compañeros iban cogiendo sus instrumentos del maletero abierto. Me percaté de que tenía compañía en el asiento de al lado. Observé a la persona que todavía no se había movido hacia la puerta. Se trataba de una bella mujer, vestida con un traje de época, donde la seda y las puntillas abundaban en demasía. Me sonrió abiertamente. Me han dicho que suelen interpretar pequeñas escenas de obras de Shakespeare. La dama se puso en pie y pude ver que la mitad de su persona, incluyendo el vestido, se hallaban quemados. No había escuchado la historia de este espectro que, sin duda, la guía se encargó de contar con todo detalle. Seguro que me había perdido muchas leyendas y anécdotas en el lapso en el que me había sumido en un sueño reparador. Sin contestar a mis preguntas, la mujer siguió caminando y penetramos en el castillo. Uno de los parapsicólogos del grupo, con el que solía charlar amigablemente de vez en cuando, interrumpió mi camino. Mi compañero me contó, a grandes rasgos, un resumen de la explicación de la guía, hecho que me había perdido al estar dormido como un tronco. Se trata de una sala secreta que solo los que fueron señores de Glamis, cuando cumplían los 21 años, se les daba a conocer. Las teorías que se manejan son las siguientes: Se dice que El señor de Glamis y el conde de Crawford jugaban a las cartas con el mismo diablo todos los domingos. Inmediatamente se oyó un fuerte un golpe en la puerta. A los pocos días los soldados que custodiaban al señor de Glamis, escucharon sonidos espeluznantes procedentes de la habitación. Uno de ellos trató de mirar por el ojo de la cerradura y se vio atacado por una cortina de llamas. Desde entonces, afirma la historia, el Diablo y el conde han estado jugando a las cartas en ese recinto, sin parar, durante cientos de años. Los horrores que vio fueron tan indescriptibles que le causaron la muerte. Dejé a mi compañero con la palabra en la boca y seguí a Lady Glamis hasta la cripta. Vivimos felices junto a nuestro hijo hasta que Lord Glamis murió en La muerte de mi marido, por desgracia, me dejó a merced del rey James V que odiaba a mi familia con toda su alma, debido a que despreciaba a su padrastro, que era un Douglas, y mi hermano. A los ojos del rey, el clan Douglas era su peor enemigo. Se enteró de que había enviudado y mi hijo, todavía un infante, y yo no teníamos a nadie que nos protegiera. Fuimos encarcelados en el castillo de Edimburgo y el rey reclamó nuestras propiedades. Al no existir pruebas de las cosas que había dicho contra mí, y siendo querida y respetada por todos los que me conocían, el rey se dedicó a inventarlas. Para eso obtuvo las confesiones bajo tortura de varios funcionarios así como la de mi hijo de 16 años, que fue puesto en una parrilla al rojo vivo. Fuimos declarados culpables de brujería y sentenciados a muerte. Cuando me ejecutaron había perdido la visión de los dos ojos, debido al lamentable estado de las mazmorras en la que permanecí largo tiempo encerrada. La pira se encargó de quemar mi cuerpo pero no mi espíritu que quedó ligado a la promesa de venganza que todavía corroe mis entrañas. Los que asistieron al juicio sabían de mi inocencia, aun así nadie levantó un dedo para ayudarnos. No quiero descansar en paz, no todavía. Me quedé sin habla ante semejante horror. La Dama no se esfumó sino que dijo:. Debes permanecer con los ojos fijos en el pavimento, sin levantarlos ante las voces y los gritos que escuches. Si no lo hicieras así, quedarías prisionero para siempre en ese recinto. Siguiendo sus indicaciones no levanté los ojos del pavimento y a esa altura pude ver dos pares de recias botas pertenecientes a sendos individuos que jugaban a las cartas con un tercero. Sin alzar la vista del suelo, mis ojos siguieron la línea de la mesa hasta alcanzar a ver las extremidades del tercer jugador: Unas patas de animal, extremadamente musculadas, despedían una aureola de fuego, que mantenía el sitio que ocupaba envuelto en llamas. A escasos metros de donde nos escondíamos resonó una voz de trueno que me heló la sangre:. Poco después hubo rugidos, llamaradas y gritos de agonía. El olor nauseabundo de la carne quemada envolvió la habitación. En ese instante perdí el sentido…. Cuando recobré el sentido, no sabía dónde me hallaba, no reconocí el lugar ni a los que tenía alrededor. El eco de esa voz poderosa y terrible todavía zumbaba en mi mente. No sabía qué había ocurrido, ni la razón de estar tirado en el suelo. Ante mi estupefacción, el hombre siguió hablando:. La impresión fue tan brutal que no caí al pavimento porque ya me hallaba tirado en él. Así lo hice y observé las cruces y nichos que recubrían el suelo y las paredes del recinto. Enseguida las lecturas dieron positivas. El parapsicólogo no se separó de mi lado. Se le veía muy preocupado y meditabundo. No sé si estuvo en aquel recinto maldito, lo que sí asevero con rotundidad, es que su cuerpo permaneció en la cripta todo el rato. Si no me cree mire las fotografías que le fuimos haciendo. Era yo, sin duda, el individuo que se observaba tirado en el suelo. Enseguida le encontramos aquí tumbado. Intentamos auxiliarle pero una fuerza antinatural nos restringía el paso. Una barrera de llamas nos impedía llegar hasta usted. Varios compañeros se quemaron al pretender un acercamiento. La doctora tuvo mucho trabajo atendiendo a unos y otros. Así hemos pasado la noche. Cuando el sol del amanecer ha tocado esta sala, se ha despertado. De repente, el hombre me miró fijamente, sentí la intensidad de su escrutinio como algo doloroso. Hay algo que no va bien en ellos. A pesar del cansancio que sentía, fui capaz de subir a la planta de arriba para localizar un baño. La imagen reflejada en el espejo seguía siendo harto conocida, o sea, yo mismo, pero se había producido un pequeño cambio. Los ojos no eran los de siempre. Antes poseían un círculo perfecto por el que rayos de potente luz escapaban cuando me hallaba muy excitado. Ahora, en cambio, el agujero luminoso había sido parcialmente tapado por un pozo negro, terrorífico y pavoroso que daba a mi cara una expresión escalofriante. Grité horrorizado. Salí despavorido del baño y seguí corriendo hasta abandonar aquel castillo. Lo que fuera que entrase en mí, ya estaba realizando su trabajo. Solo había que observar mis ojos terribles. Mientras ellos embalaban el equipo y recogían todos sus enseres, la doctora me dio un potente ansiolítico y trató de convencerme de que la imaginación me había jugado una mala pasada. Pensé que había muchas maneras de viajar o de trasladarse de un lugar a otro, y precisamente los fantasmas sabían mucho de eso. No me pareció verosímil, debía ser otro ente. Si el diablo hubiera querido atarme allí, no hubiera podido abandonar el lugar. Sólo recordaba unas horribles y poderosas patas de animal terminadas en pezuñas envueltas en llamas. Deduje que no era así, pues de serlo, hubiera quedado atrapado para siempre en aquella espantosa habitación. Repentinamente y sin previo aviso, comenzó la agresión. Una colección de espíritus que habitaban el lugar se nos vino encima igual que una nube en una tormenta. Varios espectros, negros lo mismo que plumas de cuervo, se materializaron sobre aquellas aguas presionando las cabezas hacia el fondo de los que emergían para coger aire. No podía consentir que mataran ante mis narices a esos pobres infelices. Salí corriendo hacia la gran extensión de agua. El viento trataba de tirarme, pero no lo conseguía, la fuerza interior que me empujaba era mucho mayor que ese estruendoso soplido. Sentía a punto de estallar un rencor denso y gigantesco que me ahogaba. Llegué al lago y rugí igual que un dinosaurio ciclópeo. Un estruendo ensordecedor emergió de mi garganta haciendo temblar todo el estanque. Los espectros se esfumaron de inmediato, pero mis compañeros sufrieron terribles hemorragias en los oídos. Los ayudé a salir del agua, evitando que se ahogaran. La doctora los examinó concienzudamente. Les dio unos analgésicos para los enormes dolores que padecían y juzgó que el daño no era demasiado severo. Solo a uno de ellos lo dejamos ingresado en el hospital con perforación de ambos tímpanos. Me sentí tan mal que no pude hablar con nadie en todo el trayecto. Echaba a todo aquel que se acercaba al asiento contiguo. Estuve cuatro horas callado hasta alcanzar nuestro nuevo destino. Dicen que después de la tormenta viene la calma. La medalla que tenía en el cuello cobraba vida propia y huía de mí. Cuando la tenía al alcance de la mano y parecía posible su recuperación, siempre aparecía una barrera de fuego que se interponía entre el amuleto y yo. A pesar de vivir estas ensoñaciones angustiosas, no me desesperaba, pues sabía que me hallaba inmerso en una pesadilla de la cual despertaría tarde o temprano. Su efigie se imprimió en el reverso de los billetes de cinco libras emitidos por el Royal Bank of Scotland en una época lejana. El castillo de Culzean fue construido con una planta en L por orden de David Kennedy, décimo conde de Cassilis. La fortaleza se edificó por etapas entre y La guía siguió desgranando la historia de la mansión antes de que descendiéramos del autocar. Al hacer esto, estipularon que el apartamento en lo alto del castillo le fuera entregado al general Dwight Eisenhower en reconocimiento a su papel como comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa, durante la Segunda Guerra Mundial. Así muy cargados, nos dirigimos hacía una enorme puerta de piedra. Paré un instante para admirar la vista desde donde me encontraba; el castillo parecía escapado de un cuento de hadas. A lo lejos pude observar una manada de ciervos pastando tranquilamente en los alrededores. Maleta en mano traspasamos el pétreo y gigantesco portón, seguido de un puente que se elevaba sobre unos preciosos jardines. Al final del puente alcanzamos otra ciclópea abertura por la que desembocamos en un gran patio. Se hallaba presidido por una zona ajardinada cuajada de flores de olor penetrante. Desde la plaza de armas se divisaban la enorme muralla que se unía al acantilado, así como las dependencias destinadas a los establos y viviendas del personal y, por supuesto, la torre imponente. Nos dieron las llaves de los aposentos y fuimos a deshacer las maletas. Enseguida bajamos a almorzar y después comenzamos a trabajar. Una vez que se hubo desalojado el edificio de visitantes, procedimos a ubicar los sensores de movimiento, micrófonos y grabadoras; los termómetros, los medidores de electromagnetismo y el analizador de espectros. La temperatura bajó y los medidores se volvieron locos. Una gaita comenzó a sonar en la lejanía. Lleva un uniforme escocés antiguo, tocado con boina de cuadros y una gran borla verde. No se mueve del jardín. Sentí un aliento helado en el cuello. Me volví despacio con el corazón encogido de terror para encontrarme con el espectro de un individuo mal encarado. Llevaba la ropa hecha jirones y me miró lleno de rencor. Llevo siglos esperando que la providencia haga su trabajo. Soy harto conocido por estos contornos. Es una asesina. Comenté a los miembros de mi equipo el nombre de la presencia que detectaban. El fantasma al oír todo aquello, gritó de rabia y soltando un chorro de niebla verde, salió de la estancia. Parecía una reunión de seres transparentes. Aquellos seres llevaban ropajes de diferentes épocas. Había una joven que vestía un ceñido traje de noche, fumaba un cigarrillo y miraba muy fijamente sin pestañear. No hizo la menor intención de decir una palabra. A su lado pude ver a un niño de unos siete años, sucio y macilento, parecía un pinche de las cocinas. Una sirvienta de antiguo traje largo y negro con delantal almidonado y cofia en la cabeza, aparecía sumisamente cerca de un individuo de recios bigotes rojizos, con ojos de fiera salvaje. El ser me miró fijamente y habló en estos términos:. Es un mensajero entre universos. Nunca ha venido nadie con tanto poder. Esperaba que en este castillo pudieran despejarme esta incógnita. En vida fuimos pendencieros y ruines, pero el ente que le ha convocado debe ser el colmo de la maldad y le aseguro que aquí no habita. Me adueñé de todas las tierras que, antes, compartíamos con otra rama de la familia. Secuestré al Abad de la abadía Crossraguel, representante legal de la otra familia, le hice llevar a Dunure y allí lo mandé atar en un asador. Al fin el Abad firmó su cesión de tierras a mi favor. Me sentí tan contento de haber realizado mi sueño, que salí a lomos de mi caballo para recorrer la totalidad de mi nueva propiedad. Tuve la mala fortuna de caer de mi montura, algo asustó a mi experimentado caballo, héroe de mil batallas, y salí despedido contra el suelo. Pocos días después expiré entre grandes dolores. Al final no pude disfrutar de lo que había logrado robar. Les fui contando la información que me explicaba el fantasma. Con el gaitero de ahí fuera, somos un total de siete fantasmas en el castillo y le aseguro que ninguno de nosotros le hemos llamado. Usted posee la marca del señor de las tinieblas, debe estar destinado a un fantasma terrible. Me quejo de mi destino pero no me gustaría nada estar en el suyo. Dicho lo cual los entes se esfumaron dejando una neblina rosada. Anduve por pasadizos que desembocaban en cuevas que daban al mar. Durante las dos noches que estuvimos allí, hubo registros de actividad paranormal. Mis compañeros sintieron tirones en la ropa, oyeron voces desconocidas, se toparon con densas neblinas en los pasillos y chillaron cuando sintieron diversos toques en la espalda. Al acabar nuestra estancia, recogimos nuestros pertrechos. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti. Dicho lo cual desapareció. Abrí los ojos sobresaltado. Observé a mis compañeros de viaje. Todos dormían profundamente. No vi a nadie rondando por mi sitio. El autocar circulaba suavemente por una carretera llena de curvas. La luz del sol iluminaba las altas cumbres revestidas de nieve. Debía hacer mucho frío por esos parajes. Habíamos parado ya en tres destilerías de whisky, de las muchas que existían en la región, para degustar este célebre brebaje. Le resultaba divertido que el atalaya de su castillo de Kirkcudbright estuviese a sólo dieciséis kilómetros de la maciza fortaleza conocida como castillo. Donald había dado estrictas órdenes a sus hombres de no acercarse al castillo, pues no quería refriegas violentas. Esta incursión debería limitarse a un simple robo de ganado al amparo de la noche y, de tener suerte, los Douglas no lo descubrirían al menos hasta el amanecer. Todo marchó de acuerdo con el plan, pues los Kennedy estaban conformes con que Donald diese las órdenes, salvo David, que tenía sus propias ideas. Era la primera vez que Davie probaba el sabor de las incursiones, que había estado esperando durante años, escuchando con avidez los relatos que se contaban en las reuniones del clan. Disfrutaba del placer brutal que brinda causar devastación a un rival. Cuando Donald olió el humo y oyó el rugido de las llamas, lanzó violentas maldiciones. Los arrendatarios de los Douglas ya corrían hacia el lugar y, sin duda, habrían dado la voz de alarma en el castillo. Duncan se acercó con su caballo junto a Donald. Debe de haber sido el pequeño canalla. Cuando regrese de Kirkcudbrigth, le arrancaré la piel del trasero. David, eufórico con el éxito obtenido en la destrucción de los sembrados de heno, avanzó hacia los almiares y los establos de las vacas, situados junto a los muros del castillo. Al mismo tiempo, algo que le pareció un trueno, lo volteó de la montura. El trueno era Gavin Douglas, desnudo, a quien los suaves brazos de Jenna, su nueva amante, habían. Cuando vio la juventud del incendiario, se abrieron enormes sus ojos. Gavin arrastró al cautivo por el pelo haciéndolo entrar en el salón que, de pronto, revivió con la. Al ver que Colín Douglas entraba cojeando en el salón, Gavin dijo:. Ahora, los sanguinarios Hamilton usan a sus crías para atacarnos. Colin vio la palidez del rubio muchacho y dijo en voz baja:. Colin dijo:. David consideró que estaba harto de ser llamado niño y, juntando un poco de saliva en la boca, escupió en. Gavin lo golpeó con el revés de la mano con tanta fuerza que le cortó el labio y le hizo caer al suelo. Gavin se pasó la mano por la maraña de pelo negro. Quítenlo de mi. Enciérrenlo abajo — echó a los hombres de los Douglas una dura mirada —. Tienen dos minutos para estar a caballo. Los atrapamos o veremos. Ella y Heath se unieron con entusiasmo al jolgorio,. Era el rito ancestral de la primavera, que todas las culturas han celebrado de una u otra manera desde tiempos paganos; Tina de ninguna manera quería perderse el goce de esa noche. Sin embargo, llegada la medianoche, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, empezaban a caer; unos por estar completamente borrachos, otros tan excitados que se arrancaban las ropas y copulaban con cualquier desconocido que estuviese dispuesto. Como Tina no pudo ocultar su horror, Heath se apresuró a alejarla de los cuerpos que se entregaban a tales expansiones. Durante el trayecto de regreso a la casa, Tina estaba abatida; esto fue un alivio para Heath. Se quedó con ella hasta que cruzó el puente. Tina llevó a su yegua al establo, la cepilló en silencio y la cubrió con una manta. De repente, el corral se llenó de caballos, hombres y ganado. Las vacas mugían, y unas cincuenta ovejas corrían balando. Segura y autoritaria, llegó la voz de Duncan:. Con los ojos grandes como platillos, Tina salió del pesebre del fondo en el mismo momento en que Duncan levantaba la linterna:. Con los brazos en jarras, la muchacha estaba a punto de enfrentarlo, pero él levantó el puño y Tina vio que no estaba de talante para discutir con una mujer. Alzó un hombro, recogió su falda y se abrió carhino entre los ruidosos animales. La sangre de Tina bullía de tal modo que no pudo dormir; por eso se levantó al alba y enfiló hacia la cocina, demasiado impaciente para esperar hasta que se sirviera el desayuno en el salón. La cara del señor Burque tenía un color verdoso, aun así supervisaba la preparación de la comida para veintenas de bocas,. Pudre la tripa y también el cerebro. Duncan abrió la puerta de un puntapié. El jefe de cocina puso los ojos en blanco. El chef negó con la cabeza con gran vehemencia, y dijo:. Tina robó un pastelillo recién hecho y dijo:. Los Kennedy eran comerciantes y, si bien Doon no era una fortaleza, tenían algunos hombres armados que, en ese momento, estaban sentados a las mesas de caballete, muy tranquilos. Por lo general, el barullo que hacían era ensordecedor; Tina no tuvo necesidad de preguntar si algo había salido mal. Las manos del mozo que llenaba el jarro de Duncan temblaron, y la cerveza se desbordó. Dividieron el botín y partieron en seis direcciones diferentes. Qué estrategia brillante, Duncan. Duncan la miró con un semblante sombrío:. La garganta de Tina se hizo un nudo. Duncan se indignó:. Pienso que lo han capturado. Tina ya estaba enfadada. Duncan enmudeció, como si el nombre se le atascara entre los dientes hasta que, por fin, pronunció en. Abarcó con la vista a todos los varones Kennedy, y ninguno de ellos se atrevió a devolverle la mirada. Tina sintió congoja y miedo al mismo tiempo —. El lema de los Kennedy es: Piensa en las consecuencias. En la mente de Tina relampagueó el rostro de Patrick Hamilton, con su expresión de: "me importa un comino" y, lanzando un gemido, se derrumbó sobre un banco. Ya sabes que los Douglas son unos canallas sin corazón. Hoy nos quedaremos tranquilos. Valentina evitó a su hermana Beth, para no alarmarla. Cada media hora se trepaba al parapeto de Doon para escudriñar, ansiosa, el horizonte con la esperanza de divisar alguna señal de Davie o de cualquier otro. El miedo la había atrapado en sus garras, y se paseaba de un extremo a otro de su habitación. Sentía ganas de gritar, pero tenía la garganta tan agarrotada que no podría hacerlo en caso de intentarlo. En el transcurso de la vida de Tina, los Kennedy no habían tenido tratos con los Douglas a causa de la. Cuando su madre llegó de Inglaterra para casarse con lord Kennedy, Damaris, la hermana menor de este se convirtió en la mejor amiga de aquélla. En la boda, Alexander Douglas vio a Damaris por primera vez y la deseó. Tina se estremeció, e hizo votos desesperados para que el odio entre los dos clanes no se reavivase y los. Tal vez, David ya estuviese muerto. Mientras pronunciaba una plegaria ferviente a San Judas, se le escapó un sollozo. Sobre su cabeza se agolparon nubes del color de los cardenales, tendiendo un manto ominoso sobre toda la campiña. Se sintió enjaulada como una prisionera, identificada por completo con la situación de Davie. Estaba segura de que si no hacía algo se volvería loca. Necesitaba ponerse en actividad para liberar el miedo, la angustia y el temor que oprimían su corazón como un guantelete de cota de malla. Corrió a su habitación y, revolviendo en su armario, escogió un vestido de lana color lavanda. Ocultó su puñal dentro de una. Cuando montó, Tina no tenía un rumbo preciso en su mente: simplemente necesitaba verse libre de los sofocantes muros de Doon. No veía las extensiones de campanillas azules que saludaban su paso. Poco a poco advirtió hacia dónde iba y, tirando de las riendas, miró alrededor con cierta aprensión. Sus pensamientos se precipitaron, veloces como el viento. Alejó de ella el temor y se concentró en Davie. Peligroso era que un Douglas le facilitara el ingreso. Se le ocurrió un plan de una audacia que le hizo temblar. Fingiría haber sufrido un accidente con su. Era una mujer indefensa, joven. Se concentró en dar un aspecto creíble. Enredó las riendas en una espesa mata. Después, gritó a todo pulmón, cerró los ojos y esperó. Casi de inmediato, empezó a desear no haber hecho algo tan temerario. La lluvia que había estado. Se quedó quieta mientras el diluvio la empapaba y la hacía temblar de manera incontrolable. Si hubiese presenciado la escena de unas horas antes, cuando Ramsay Douglas había vuelto y encontrado que le habían robado el ganado y quemado los campos de heno y avena, habría huido para salvar su vida. Ram había echado tal reprimenda a sus hermanos que, en un momento dado, Gavin alzó los puños y gritó:. Ram Douglas en plena furia no era grato de ver. Sus ojos del color del peltre refulgían como diamantes y su rostro oscuro tomaba la dureza del granito. No lo esperaban hasta después de oscurecer. Si bien era un hombre endurecido, la falta de descanso de los tres días pasados exacerbaba lo explosivo de su temperamento. Con su potente brazo, barrió los jarros. Tal vez estar a media ración les aclare la cabeza. Furioso, giró sobre sus talones, arrancando chispas a las lajas con sus espuelas, y salió a tratar de encontrar él mismo las huellas. Inspeccionó las chozas incendiadas y dijo a las aldeanas que llevaran a sus hijos al castillo hasta que. Después, acompañó. Pueden llevar semilla de los almacenes del castillo. Le dieron un informe de las ovejas y vacas fallantes,. Han salido a patrullar. Los campesinos lo vieron marcharse, sintiendo que sus corazones desbordaban de gratitud. Aunque él. Después, se abrieron los cielos, y Ram maldijo a ese diluvio que terminaría de borrar cualquier huella. Cuando hizo volver a su potro hacía Douglas y silbó a Boozer para que lo siguiera, estaba abatido. Ya tenía el castillo a la vista cuando el enorme perro salió a la carrera delante de él en dirección a un caballo sin jinete que, al parecer, se. Abrió los ojos y vio que se trataba de un feroz perro lobo, el doble de grande que cualquiera que ella hubiese visto en su vida. Cerró los ojos de inmediato y se mordió los labios para contener un grito de terror. Si la bestia la creía muerta, tal vez no la destrozara. Entonces, oyó la voz grave de un hombre que juraba, y su cuerpo tembló como una hoja en el viento. Parece una rata ahogada. Esa voz masculina, grave y resonante, provocó un helado escalofrío de miedo en la espalda de Tina. Sintió que era alzada como si tuviera el peso de una niña y, sin la menor ceremonia, el hombre la. Al verse tratada con tan poca caballerosidad, con la cabeza temerosa cuando y el pelo mojado colgando en el flanco del animal, le dieron ganas de llorar. Ram desenredó las riendas de la yegua de Tina, que relinchó temerosa cuando el enorme potro. Ram apaciguó al caballo con un puñetazo. Cuando llegaron al patio del castillo, Ram Douglas dejó las riendas de ambos caballos a un mozo de cuadra. No quiero que desperdicie su valiosa simiente con una yegua cualquiera. La llevó directamente al salón, donde ardía un fuego rugiente, y la depositó sobre un sillón de madera tallada. Le quitó la capa mojada y la arrojó a un criado, quien la extendió sobre un taburete para que se secara y después se arrodilló para quitar las botas altas de su amo. Tina se esforzó por permanecer completamente floja, con las pestañas caídas sobre las mejillas, y sintió que una mano fuerte y callosa tomaba su barbilla con firmeza y levantaba su cara para observarla. La había visto antes, y sabía exactamente dónde. Su corazón dio un vuelco. Aquella vez, cuando la vio entrar en el campamento gitano montada en. Tina abrió lentamente los ojos y se llevó la mano temblorosa a la cabeza. Ram Douglas la miró con intensidad, temeroso de que se hubiese herido gravemente al caer:. Tina trató de contener el temblor que le provocaba ese apellido, pero no pudo. Sólo tenía control sobre su cara. El hombre de. Sin duda, era la autoridad de la casa, y Tina supo, por instinto, que era éste el hombre al que debía convencer. Comprendió que debía hacer algo para dar a entender que había recibido un golpe en la. Mirando en los ojos a Ram con expresión impotente, preguntó:. El insulto lo ofendió: a él le parecía increíblemente atractiva, y ella lo consideraba viejo. Su voz cortó las carcajadas de sus hermanos:. Cameron, insensible como sólo puede serlo alguien muy joven, preguntó:. Ya lo he visto en alguna batalla. Los ojos ambarinos de Tina observaron cómo se suavizaba la bella curva de la boca de ese hombre cuando la miraba. Por un momento, se sintió hipnotizada por la penetrante mirada de esos ojos acerados, y se quedó inmóvil, mientras sus fuertes manos se acercaban para tocarla. Quiso gritar que ella. Ya se había dejado besar por hombres, pero ninguno se había tomado la libertad de tocarla de manera tan íntima como estaba haciendo ese diablo atrevido. Se acercó Colin, cojeando y echando a sus primos una mirada dura. Se levantó y, en efecto, sintió las rodillas como si fueran de manteca. Se tambaleó, y tres pares de brazos Douglas se tendieron para sostenerla. Colin abría la marcha y su pierna enferma arrancaba un extraño eco al suelo de piedra. La voz profunda de Ram le habló en secreto mientras ascendían la tosca escalera de piedra. Si no te conocemos como amiga, tal vez seas enemiga — bromeó, dirigiéndole un atrevido guiño. Se detuvo ante la puerta de su cuarto y la dejó en los brazos de Gavin —. Acompañó sus palabras con una endemoniada mirada lasciva, y sus ojos de color peltre se clavaron en los. Tina tembló en los brazos de Gavin, y éste sintió un extraño impulso protector. Para la muchacha fue un alivio verse libre de la presencia de ese otro. Sus ojos acerados tenían un brillo arrogante, su boca, un sesgo atrevido que acentuaba su magnetismo y, sin. Colin lo reprendió:. La chica se ha golpeado la cabeza. Pronto te libraré de tu vestido mojado, muchacha — dijo, sonriendo. Debe de estar mortalmente asustada después de volver en sí y encontrarse en las garras de los Douglas. Tina se sobresaltó y se puso rígida. Un gato enroscado sobre una silla se despertó sobresaltado y corrió a ocultarse debajo de la cama. Con muy poco entusiasmo, Gavin la depositó sobre el borde de la ancha cama; Colin fue hasta un armario y le alcanzó unas toallas y una abrigada manta. Desde la puerta, una voz profunda dijo:. Ordena a un criado que encienda el fuego para que ella pueda calentarse y descansar. Dentro de Tina, algo respondió a esa voz de bajo, y los ojos del hombre le dijeron que él encontraba algo especial en ella. Cuando Gavin avanzó hacia la puerta, el tono de Ram Douglas cambió:. Colin dijo, con disgusto:. La furia estuvo a punto de ahogar a Valentina, y se despreció por haber reaccionado, durante un instante, a esa atracción animal. Ese canalla cruel había ganado un punto en contra por haberla arrojado sobre la silla como un saco de patatas. Dos, por haber mancillado el cuerpo de Tina con sus manos mugrientas. Pero, en cuanto habló de. Era un odio personal, que exigía una vendetta personal. Si tocaba uno solo de. Cuando hubieron encendido el fuego, los criados se marcharon. Un momento después, se quitó el vestido de lana y la ropa interior mojada y colgó todo al pie de la cama para que se secara. Sacó de la bota el cuchillo que había traído y lo ocultó debajo del colchón. Empleó una gran toalla de lino para secarse las largas guedejas rojizas. Palpó la manta con los colores de los Douglas entre el pulgar y el índice para. El orgullo le impedía envolverse en su calidez, pero se oyó un golpe en la puerta de la habitación y, sin pensarlo, tomó la fina tela de lana y se envolvió en ella como si fuese una capa. Este hombre no era tan moreno como los otros. Tuvo curiosidad por saber qué había sido lo que había estropeado ese cuerpo, en otro tiempo magnífico, pero era lo bastante bien educada y sensible para no mirarlo fijamente, siquiera. Es un alimento tosco para una dama, pero ésta es una casa de hombres, sin mujeres, con excepción de las criadas y las mozas de cocina. Huele bien — agradeció —. Ha fallecido — dijo, y se dirigió hacia la puerta, cojeando. Tina casi se ahogó con el caldo. Tina se levantó de un salto para observar el encantador rostro del retrato, y alzó los dedos para seguir. Se hizo un nudo en su garganta cuando se dio cuenta de que ella sería una muchacha joven e inocente. Desde un rincón oscuro del cuarto, el espíritu de Damaris habló a la joven del pelo en llamas:. Me acusó de engañarlo con su hermano Colin. Me golpeó. Tina levantó una polvera de porcelana pintada y otros elementos del juego de tocador que había sobre la repisa de la chimenea. Es tan extraño. Tina cerró los ojos, quitó el tapón a una botella de. Aunque debes de haber sufrido insoportablemente, sólo siento tu felicidad en este cuarto adorable. El amor es ciego. Cuando Tina tocó su ropa, comprobó con asombro que ya estaba seca. Diver M. Edición Y, por supuesto, los entregaremos en su puerta. Su reloj y su pulsera combinan perfectamente, lo que no significa que no pueda usted probar diferentes opciones. Tras haber tomado parte en las seis misiones lunares, el legendario Speedmaster es una representación admirable del audaz espíritu pionero de la firma. Cuando Kirsty vio que Beth tomaba a los dos jóvenes del brazo, se llevó la mano a la garganta. No se acostumbraba que una doncella se acercara a la cabecera de la mesa en el gran salón, pero la alarma la impulsó a ignorar las convenciones. Tina la miró de arriba abajo, con expresión helada. Aquí en Doon, yo soy el ama en este momento. No creo que a lord Carrick le agrade que le impongas tu presencia. Valentina no se había alejado dos kilómetros de Doon cuando Heath le salió al encuentro. Estaba enfundado en un suave pantalón de piel de ante y montaba a un. La muchacha emitió un silbido admirativo. El gitano le sonrió y se apoyó un dedo en la nariz. Yo te seguiré. Antes de que terminara de pronunciar las palabras, Tina ya corría como el viento. Había peinado su pelo en una gruesa trenza que llegaba hasta la cintura, y que pronto empezó a deshacerse. Heath rió para sí, y la dejó llevar la delantera. La muchacha tenía una veta salvaje que necesitaba de ese escape. El río Ayr estaba crecido y, en cuanto cruzaron el puente, empezaron a ascender, saliendo del valle. No se encendían hogueras de Beltane en las cimas de las montañas, pues podían ser confundidas con las almenaras de orientación que se usaban como sistema de alarma en casos de invasión u otros semejantes. Pasada la cuesta, vio a media docena de jinetes que se acercaban en dirección contraria y, por sus tartanes de azul intenso los reconoció como pertenecientes al clan Hamilton. Se apresuró a pasar una pierna sobre el cuello del animal para que el jefe no notara que ella montaba a horcajadas, y albergó la esperanza de que sus faldas de terciopelo ocultaran la silla, que no era la apropiada para dama. De inmediato, desmontó y se acercó a ella, y sus hombres se quedaron donde estaban para concederle cierto grado de intimidad. Era moreno y apuesto, con su alta espalda erguida como un ariete, mostrando todo el orgullo del clan en su postura. No puedo creer que hayas salido sin acompañante, milady. La Providencia debe de haberme guiado para encontrarte. La punta de la bota de montar de Tina se apoyaba sobre su rodilla, tocando casi la mano de él, y la dejó ahí, dando a entender que podría apartarla de un puntapié, si se le ocurría. Sintió un intenso deseo de atraerla hacia sí y hacer suya esa boca tentadora, que tanto lo provocaba. Patrick, si vienes a Doon el viernes a la noche a cenar, haré que el señor Burque prepare tu plato preferido. En el momento en que estaba por apoderarse de la enloquecedora muchacha, Heath traspuso la loma, y los anchos hombros y la apostura del gitano hicieron que Patrick frunciera el entrecejo. Tengo una cita muy urgente. Hamilton ya había recorrido unos ocho kilómetros con Tina presente en todos sus sentidos cuando recordó que era Beltane, pero en cuanto una sombría sospecha cruzó por su mente, la desechó:. Los Kennedy habían trazado bien sus planes la noche anterior, y hasta habían cabalgado fuera del perímetro de las tierras de los Douglas que estaban a punto de atacar. Donal y Duncan habían pergeñado la idea y la propusieron a los otros Kennedy cuando ellos fueron a llevar la lana de invierno. Sin acercarse al castillo en Douglas, el que era apodado el Peligroso, Donal calculaba que podían alzarse con doscientos vacunos y cuatrocientos ovinos de cuernos retorcidos de los arrendatarios del clan, y lo mejor era que los Douglas acusarían a sus acérrimos enemigos, los Hamilton, que vivían a menos de dieciséis kilómetros dentro del mismo condado de Lanark. Donal llevaría su parte al castillo Kennedy en el lago Ryan, que esperaba fuese suyo cuando se casara. También dejaría algo en Kirkcudbrigth, que daba a Solway Firth. Le resultaba divertido que el atalaya de su castillo de Kirkcudbright estuviese a sólo dieciséis kilómetros de la maciza fortaleza conocida como castillo Douglas. Donal había dado estrictas órdenes a sus hombres de no acercarse al castillo, pues no quería refriegas violentas. Esta incursión debería limitarse a un simple robo de ganado al amparo de la noche y, de tener suerte, los Douglas no lo descubrirían al menos hasta el amanecer. Todo marchó de acuerdo con el plan, pues los Kennedy estaban conformes con que Donal diese las órdenes, salvo David, que tenía sus propias ideas. Era la primera vez que Davie probaba el sabor de las incursiones, que había estado esperando durante años, escuchando con avidez los relatos que se contaban en las reuniones del clan. Disfrutaba del placer brutal que brinda causar devastación a un rival. Cuando Donal olió el humo y oyó el rugido de las llamas, lanzó violentas maldiciones. Los arrendatarios de los Douglas ya corrían hacia el lugar y, sin duda, habrían dado la voz de alarma en el castillo. Duncan se acercó con su caballo junto a Donal. Debe de haber sido el pequeño canalla. Cuando regrese de Kirkcudbrigth, le arrancaré la piel del trasero. David, eufórico con el éxito obtenido en la destrucción de los sembrados de heno, avanzó hacia los almiares y los establos de las vacas, situados junto a los muros del castillo. Al mismo tiempo, algo que le pareció un trueno, lo volteó de la montura. El trueno era Gavin Douglas, desnudo, a quien los suaves brazos de Jenna, su nueva amante, habían retenido en la cama. Cuando vio la juventud del incendiario, se abrieron enormes sus ojos. Maldijo por haber. Gavin arrastró al cautivo por el pelo haciéndolo entrar en el salón que, de. Al ver que Colín Douglas entraba cojeando en el salón, Gavin dijo:. Ahora, los sanguinarios Hamilton usan. Colin vio la palidez del rubio muchacho y dijo en voz baja:. Colin dijo:. David consideró que estaba harto de ser llamado niño y, juntando un poco de saliva en la boca, escupió en la cara de Colin. Gavin lo golpeó con el revés de la mano con tanta fuerza que le cortó el labio y le hizo caer al suelo. Gavin se pasó la mano por la maraña de pelo negro. Quítenlo de mi vista. Enciérrenlo abajo —echó a los hombres de los Douglas una dura mirada—. Tienen dos minutos para estar a caballo. Los atrapamos o veremos dónde conducen sus huellas. Se frotó otra vez. Era el rito ancestral de la primavera, que todas las culturas han celebrado de una u otra manera desde tiempos paganos; Tina de ninguna manera quería perderse el goce de esa noche. Sin embargo, llegada la medianoche, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, empezaban a caer; unos por estar completamente borrachos, otros tan excitados que se arrancaban las ropas y copulaban con cualquier desconocido que estuviese dispuesto. Como Tina no pudo ocultar su horror, Heath se apresuró a alejarla de los cuerpos que se entregaban a tales expansiones. Durante el trayecto de regreso a la casa, Tina estaba abatida; esto fue un alivio para Heath. Se quedó con ella hasta que cruzó el puente levadizo de Doon y luego hizo girar a su purasangre y galopó hacia el Sur. Tina llevó a su yegua al establo, la cepilló en silencio y la cubrió con una manta. De repente, el corral se llenó de caballos, hombres y ganado. Las vacas mugían, y unas cincuenta ovejas corrían balando hacia los establos, haciendo ladrar a los perros y alarmando a las gallinas. Segura y autoritaria, llegó la voz de Duncan:. Con los ojos grandes como platillos, Tina salió del pesebre del fondo en el mismo momento en que Duncan levantaba la linterna:. Con los brazos enjarras, la muchacha estaba a punto de enfrentarlo, pero él levantó el puño y Tina vio que no estaba de talante para discutir con una mujer. Alzó un hombro, recogió su falda y se abrió carhino entre los ruidosos animales. La sangre de Tina bullía de tal modo que no pudo dormir; por eso se levantó al. La cara del señor Burque tenía un color verdoso, aun así supervisaba la preparación de la comida para veintenas de bocas, mientras intentaba evitar que se revolviera su estómago. Pudre la tripa y también el cerebro. Duncan abrió la puerta de un puntapié. El jefe de cocina puso los ojos en blanco. El chefnegó con la cabeza con gran vehemencia, y dijo:. Tina robó un pastelillo recién hecho y dijo:. Los Kennedy eran comerciantes y, si bien Doon no era una fortaleza, tenían algunos hombres armados que, en ese momento, estaban sentados a las mesas de. Por lo general, el barullo que hacían era ensordecedor; Tina no tuvo necesidad de preguntar si algo había salido mal. Las manos del mozo que llenaba el jarro de Duncan temblaron, y la cerveza se desbordó. Dividieron el botín y partieron en seis direcciones diferentes. Qué estrategia brillante, Duncan. Duncan la miró con un semblante sombrío:. La garganta de Tina se hizo un nudo. Duncan se indignó:. Pienso que lo han. Tina ya estaba enfadada. Abarcó con la vista a todos los varones Kennedy, y ninguno de. Tina sintió congoja y miedo al mismo tiempo —. El lema de los Kennedy es: Piensa en las consecuencias. Abarcó con la vista a todos los varones Kennedy, y ninguno de ellos se atrevió a devolverle la mirada. En la mente de Tina relampagueó el rostro de Patrick Hamilton, con su expresión de: "me importa un comino" y, lanzando un gemido, se derrumbó sobre un banco. Ya sabes que los Douglas son unos. Hoy nos quedaremos tranquilos. Valentina evitó a su hermana Beth, para no alarmarla. Cada media hora se trepaba al parapeto de Doon para escudriñar, ansiosa, el horizonte con la esperanza de divisar alguna señal de Davie o de cualquier otro. El miedo la había atrapado en sus garras, y se paseaba de un extremo a otro de su habitación. Sentía ganas de gritar, pero tenía la garganta tan agarrotada que no podría hacerlo en caso de intentarlo. En el transcurso de la vida de Tina, los Kennedy no habían tenido tratos con los Douglas a causa de la tragedia que había enemistado a ambos clanes poco después de que ella naciera. Cuando su madre llegó de Inglaterra para casarse con lord Kennedy, Damaris, la hermana menor de este se convirtió en la mejor amiga de aquélla. En la boda, Alexander Douglas vio a Damaris por primera vez y la deseó. Tina se estremeció, e hizo votos desesperados para que el odio entre los dos clanes no se reavivase y los destruyese. Tal vez, David ya estuviese muerto. Mientras pronunciaba una plegaria ferviente a San Judas, se le escapó un sollozo. Sobre su cabeza se agolparon nubes del color de los cardenales, tendiendo un manto ominoso sobre toda la campiña. Se sintió enjaulada como una prisionera, identificada por completo con la situación de Davie. Estaba segura de que si no hacía algo se volvería loca. Necesitaba ponerse en actividad para liberar el miedo, la angustia y el temor que oprimían su corazón como un guantelete de cota de malla. Corrió a su habitación y, revolviendo en su armario, escogió un vestido de lana color lavanda. Ocultó su puñal dentro de una de las botas de montar, se puso la otra bota, la capa de terciopelo, y bajó sigilosamente al establo. Cuando montó, Tina no tenía un rumbo preciso en su mente: simplemente necesitaba verse libre de los sofocantes muros de Doon. No veía las extensiones de campanillas azules que saludaban su paso. No percibía la fragancia embriagadora que flotaba en la brisa. Poco a poco advirtió hacia dónde iba y, tirando de las riendas, miró alrededor con cierta aprensión. Sus pensamientos se precipitaron, veloces como el viento. Alejó de. Se le ocurrió un plan de una audacia que le hizo temblar. Fingiría haber sufrido un accidente con su caballo. Era una mujer indefensa, joven y bella y, sin duda, los hombres de Douglas acudirían a auxiliarla. Se concentró en dar un aspecto creíble al accidente. Después, gritó a todo pulmón, cerró los ojos y esperó. Casi de inmediato, empezó a desear no haber hecho algo tan temerario. La lluvia que había estado amenazando toda la mañana se descargó en torrentes del cielo encapotado. Se quedó quieta mientras el diluvio la empapaba y la hacía temblar de manera incontrolable. Se dio cuenta de que no era el frío lo que le hacía temblar:. Si hubiese presenciado la escena de unas horas antes, cuando Ramsay Douglas había vuelto y encontrado que le habían robado el ganado y quemado los campos de heno y avena, habría huido para salvar su vida. Ram había echado tal reprimenda a sus hermanos que, en un momento dado, Gavin alzó los puños y gritó:. Ram Douglas en plena furia no era grato de ver. Sus ojos del color del peltre refulgían como diamantes y su rostro oscuro tomaba la dureza del granito. No lo esperaban hasta después de oscurecer. Si bien era un hombre endurecido, la falta de descanso de los tres días pasados exacerbaba lo explosivo de su temperamento. Tal vez estar a media ración les aclare la cabeza. Furioso, giró sobre sus talones, arrancando chispas a las lajas con sus espuelas, y salió a tratar de encontrar él mismo las huellas. Inspeccionó las chozas incendiadas y dijo a las aldeanas que llevaran a sus hijos al castillo hasta que pudieran reconstruir sus casas. Después, acompañó a un grupo de arrendatarios hasta los campos:. Pueden llevar semilla de los almacenes del castillo. Le dieron un informe de las ovejas y vacas fallantes, y él prometió reponer los animales. Han salido a patrullar las fronteras durante un mes; no quiero que estén aquí holgazaneando, sólo pensando en beber y procrear —dijo, riendo entre dientes. Los campesinos lo vieron marcharse, sintiendo que sus corazones desbordaban de gratitud. Aunque él tenía una siniestra reputación, siempre era muy justo con los arrendatarios y sus familias. Después, se abrieron los cielos, y Ram maldijo a ese diluvio que terminaría de borrar cualquier huella. Cuando hizo volver a su potro hacía Douglas y silbó a Boozer para que lo siguiera, estaba abatido. Ya tenía el castillo a la vista cuando el enorme perro salió a la carrera delante de él en dirección a un caballo sin jinete que, al parecer, se había enredado en una mata. Abrió los ojos y vio que se trataba de un feroz perro lobo, el doble de grande que cualquiera que ella hubiese visto en su vida. Cerró los ojos de inmediato y se mordió los labios para contener un grito de terror. Si la bestia la creía muerta, tal vez no la destrozara. Entonces, oyó la voz grave de un hombre que juraba, y su cuerpo tembló como una hoja en el viento. Parece una rata ahogada. Esa voz masculina, grave y resonante, provocó un helado escalofrío de miedo en la espalda de Tina. Sintió que era alzada como si tuviera el peso de una niña y, sin la menor ceremonia, el hombre la arrojaba boca abajo, atravesada sobre el caballo. Podría pasar por alto. Al verse tratada con tan poca caballerosidad, con la cabeza temerosa cuando y el pelo mojado colgando en el flanco del animal, le dieron ganas de llorar. Ram desenredó las riendas de la yegua de Tina, que relinchó temerosa cuando el enorme potro negro trató de morderle el cuello. Ram apaciguó al caballo con un puñetazo. Cuando llegaron al patio del castillo, Ram Douglas dejó las riendas de ambos caballos a un mozo de cuadra. No quiero que desperdicie su valiosa simiente con una yegua cualquiera. La llevó directamente al salón, donde ardía un fuego rugiente, y la depositó sobre un sillón de madera tallada. Le quitó la capa mojada y la arrojó a un criado, quien la extendió sobre un taburete para que se secara y después se arrodilló para quitar las botas altas de su amo. Tina se esforzó por permanecer completamente floja, con las pestañas caídas sobre las mejillas, y sintió que una mano fuerte y callosa tomaba su barbilla con firmeza y levantaba su cara para observarla. La había visto antes, y sabía exactamente dónde. Su corazón dio un vuelco. Aquella vez, cuando la vio entrar en el campamento gitano montada en su. Tina abrió lentamente los ojos y se llevó la mano temblorosa a la cabeza. Ram Douglas la miró. Tina trató de contener el temblor que le provocaba ese apellido, pero no pudo. Sólo tenía control sobre su cara. El hombre de rostro moreno sentado junto a ella tenía hombros tan anchos que impedían ver el resto del salón. Sin duda, era la autoridad de la casa, y Tina supo, por instinto, que era éste el hombre al que debía convencer. Mirando en los ojos a Ram con expresión impotente, preguntó:. El insulto lo ofendió: a él le parecía increíblemente atractiva, y ella lo. Su voz cortó las carcajadas de sus hermanos:. Tina los miró, perpleja, y se llevó de nuevo la mano a la cabeza, como si estuviese aturdida. Cameron, insensible como sólo puede serlo alguien muy joven, preguntó:. Ya lo he visto en alguna batalla. Los ojos ambarinos de Tina observaron cómo se suavizaba la bella curva de la boca de ese hombre cuando la miraba. Por un momento, se sintió hipnotizada por la. Quiso gritar que ella era lady Valentina Kennedy pero, claro, no podía. Ya se había dejado besar por hombres, pero ninguno se había tomado la libertad de tocarla de manera tan íntima como estaba haciendo ese diablo atrevido. Se acercó Colin, cojeando y echando a sus primos una mirada dura. Se levantó y, en efecto, sintió las rodillas como si fueran de manteca. Se tambaleó, y tres pares de brazos Douglas se tendieron para sostenerla. Colin abría la marcha y su pierna enferma arrancaba un extraño eco al suelo de piedra. La voz profunda de Ram le habló en secreto mientras ascendían la tosca escalera de piedra. Si no te conocemos como amiga, tal vez seas enemiga—bromeó, dirigiéndole un atrevido guiño. Se detuvo ante la puerta de su cuarto y la dejó en los brazos de Gavin—. Acompañó sus palabras con una endemoniada mirada lasciva, y sus ojos de color. Tina tembló en los brazos de Gavin, y éste sintió un extraño impulso protector. Para la muchacha fue un alivio verse libre de la presencia de ese otro. Sus ojos acerados tenían un brillo arrogante, su. Colin lo reprendió:. La chica se ha golpeado la cabeza. Pronto te libraré de tu vestido mojado, muchacha —dijo, sonriendo. Debe de estar mortalmente asustada después de volver en sí y encontrarse en las garras de los Douglas. Tina se sobresaltó y se puso rígida. Un gato enroscado sobre una silla se despertó sobresaltado y corrió a ocultarse debajo de la cama. Con muy poco entusiasmo, Gavin la depositó sobre el borde de la ancha cama; Colin fue hasta un armario y le alcanzó unas toallas y una abrigada manta. Que no me podreys negar No tener vos mejoría. Mucho le peso al. La espada sacado avía , T. Por Señor me conocía. Nadie non fabla del Cid Que segundo non tenia. Palacios de Galiana Mandó el Rej que estén compuestos. Las paredes de brocado, Y el suelo de terciopelo. Comenzó de nuevo el Cid, Los ojos como de fuego, Y el rostro como una gualda, A demandalles el tuerto. No yantan como solian. Que siempre pechos cobardes Dan escasas las feridas. Infantes, Por faper mi sangre limpia, Porque el golpe del agravió JSo ay miembro que no lastima. Que la mancha del honor Solo con sangre se quita. Por casar con la mi prima. Fasta 07 que lo decia. No digO como tu heimano, Que es aquel que me yeya, ,, yj Cayó con muy grande miedo En parte dó no debia. Alevosos yo vos digo, Como el buen Cid os decia. Fablad, que non estays muerto. Juntóse con Garci Ordofiez, Y desque fue cerca puesto Le diera tan gran puñada, Que dio con él en el suelo. Sin mas audiencia condeno. Esos salven su derecho. Pronunciada la sentencia. La noche se puso en medio. Despidióse el Rey del Cid, Que lo avia acompañado. Como al mas aventajado. A ambos estaba alabando: Alababa al que lo rige De valiente y esforzado, Y al caballo por mejor Que no es visto ni huUado. Digeron, que nunca oyeron Fablar de tan buen caballo. Consigo lleva los seys Alcaldes de la porfía. Grandes voces da el Infante De golpes que recibia: Sacólo el caballo fuera Del cerco que el Rey ponía. Vencido es como su hermano, Y por tal él se tenia. Hincado se avia de hinojos y Las manos puestas arriba. Muj grandes fiestas hicieron, Que duraran ocho dias, Porque Dios les dio venganza De los que el mal cometían. Espuela de oro calzada. Una adarga ante su pecho Y en su mano una azagaya. De mal fuego seas quemada. Siete años ha, Moro, siete. Que soy vuestra enamorada. Señora, Que os tengo dentro del ahna. Que del caballo Babieca Yo bien oygo las patadas: Do la yegua pone el pie. Babieca pone la pata. Grandes gritos da al barquero, Que le allegase la barca. Que no se detuvo nada. De corage rebentaba. Una lanza le arrojara,. De Moros trae gran poder, Muchos Reyes lo seguian. K 9B ,, Dios me lo tiene otorgador,: Y ello así se cumpliría. Testamento dei Cjb. Que son entre el alma y Dios Padrinos y valedores. En Valencia estaba el Cid Doliente del mal postrero, Que agravios en pechos nobles Pueden mucho mas que el tiempo. Empieza de, este modo : Muerto yace ese buen Cid Que de Vivar se llamaba. Gil Diaz su buen criado Cumpliera lo que él mandaba. El mas pobre queda rico De lo que ende ganaba. Caminan para Castilla, Como el buen Cid ordenaba. La historia del Cid ocupa casi todo litigio undécimo. Fuera de donde esta el Cid, La fiesta se hizo un año; Su cuerpo quedaba solo. Ninguno lo acompañando. Estando desta manera Un judio avia llegado.. El judío que lo vido, Muj gran pavor ha cobrado: Tendido cayó de espaldas, Amortecido de espanto. Agua le echan en el rostro, Para facerlo acordado, Y vuelto que fuera en sí. Todos le avian preguntado, Qué cosa fuera la causa De verlo tan mal parado. El luego les declaró La verdad de lo pasado. Mandó juntar muchas hazes, T acompañólas él mismo. Al subir en el caballo, Que la espada se ha ceñido, Sacado la ha de la vaina, De aquesta suerte avia dicho: ,, Si la espada ha de envaynarse "En sangre del enemigo, Vaya desnuda en la mano, No tenga tiempo perdido. Vomitan caballos, gente,. Cebado y metido entre ellos Con destrozo inevitable, Cual suele irlwdes azor En ias remontadas aves. En la mitad de. Parece probable que el almirante cayó en poder de los moros al tiempo de reenh barcarse. Considerados poéticamente estos romances son de particular mérito. De nuestro antiguo adversario Perseguido veces varias, Con mil vanas' fantasías Y ciegas desconfianzas. Cuya devoción seguía-, Pidiéndole con instancia. Por tan grande inconvenienta. La libertad rehusara. Llamado Benalmazar: Pide al conde franca entrada, El cual se la mandó dar. La historia muestra cuan limitado estaba el poder de los reyes de Castilla por las leyes del pais. El octavo que en Castilla De tal nombre fue llamado. Don Diego, oome. May alegres fueron todos, Todo fuera apaciguado. La pérdida de los moros fue terrible y y les infitndió un gravísimo y casi permanente terror. Una cmz mny colorada En el cielo parecía, Hermosa, resplandeciente; Gran consnelo les ponía. Y dejando la ciudad. Siete caballeros moros A ellos vienen ilerechos. Los moros della se apartan, Cuestión con él no queriendo. Los moros, qae buenos eran. Todos lo estaA atendiendo. García entre ellos se envuelve Amenazando y hiriendo; Mas los moros se le apartan, Sin querer acometerlo. Con quien el Rey confería Los casos arduos j graves. Cuidadoso el varón santo Deste mísero contraste, Le amonestó varias veces Con razones eficaces. Pero como el desengaño Odiosos efectos hace, Y son tan aborrecibles De ordinario las verdades. Aunque el Rej las conocía,. Visto el Rey su santo zelo, Quiso impedir su viage , Mandando so graves penas, Que no le embarcase nadie, t'or parecerle que en todo Le hiciera falta notable; Que suele Dios por ua justo Dejar el rigor aparte. Desta suerte se engolfó, Queriendo el señor mostralle Serle acepta su demanda Y sus obras agradables, Mandando que el mar furioso Se le humille j avasalle, Y que las inquietas ondas En sus hombros le levanten; Queriendo también mostrar, Que sus siervos han de honrarse No solo en el otro mundo, Sino en este miserable. Y en espacio breve y corto Fue servido que aportase A la insigne Barcelona Con admiración notable. No puedo concebir que aquí sea oportuna la cita de Marco Porcio. Lo que faz trato gracioso.. Nueyaa de nuevo le vienen, Que el corazón le han quebrado, Que Don Sancho yace muerto; Y con semblante cuytado. Alfonso murió en el año de Espejo en que te has mirado. Ignorante del pecado. Pues tal señor te ha faltado. Que su hijo le ha causado. Don Sancho cobró salud: El Rey mucho se ha alegrado. Estando el Rey en Sevilla Crecido mal le avia dado. Muy cercano es i la muerte; A todos ha perdonado, Aquellos que mal urdieron, Por dó fuese mal tratado. Este Rey fie también el que desterró de España la orden de los templarios , sobre lo cual no he descubierto romance alguno. Resistir pudimos mal. Si la sigues con denuedo, Término estrecho la dan. Los límites de la tierra; Tanto has de señorear. Todo lo que el poeta añade mumenta el interés del oisn- to. Asi dice élt bíea oiréis lo que ha hablado. Con todas estas desdichas A Sevilla ave llegado. Que yo seria el padrino , Tu, maestre, el ahijado. Las puertas me aTian cerrado. Yo como estaba sin culpa , De nada me UTe curado. Es por fuerza ó por mandado. Vuestra cabeza, maestre, Mandada esta en aguinaldo. Nunca hice desaguisado: U8 Ni os dejara yo en la lid, Ni con moros peleando. A Doña María Padilla En un plato la ba eni4ado. A los aullidos que daba Atronó todo el palacio. Sino el page que ha criado. A una dueña se la cuenta, Que en la prisión la acompaña: ,, De Borbon, dice, soy luja, De Carlos delfin cuñada, Y el Rey de la flor de lis Pone en su escudo mis armas. Hija soy de la desgracia. Dejando su misma esposa Por una manceba falsa. Ultimas lamen- taciones de la rntsma. Cuando vido al ballestero , La su triste muerte vio. Yo no te hice traición. Y otro un puñal acerado. Y en aquesta fiera lucha Solo un testigo se ha hallado , Page de espada de Enrique, Que de afuera mira el caso. Que ambos vinieron al suelo, Y Enrique cayó debajo. IKmde k vueltas de la sangve El vital hilo cortando, Salió el almii mas cruel Que vivió en pecho crisüano. Riñeron los dos hermanos, Y de tal suerte riñeron, Que fuera Cain el vivo, A no averio sido el muerto. La muerte del hijo tierno. La prisión de Doña Blanca Sirven de infame proceso. Algunos pocos leales Dan voces pidiendo al cielo Justicia, pidiendo al Rey ; Y mientras que dicen esto. Echó al cabello la mano, Sin tener culpa el cabello; Y mezclando perlas j oro,. De oro y perlas cubrió el cuello. Desmayóse ya vencida Del poderoso tormento, Cubriendo los bellos ojos Muerte, amor, silencio y sueno. Lo que después ocurrió lo refiere el romance. Este Rey adquirió el renombre de el enfermo. Afirmólo el mayordomo: No hay mas, ni con que comprallo. Serena el severo rostro. La tierna barba trabando. Vido como los servían Muchos faysanes y pavos. Estuvo un rato suspenso Aquesto considerando. Vienen todos al momento: Seguros y descuidados. Cierran al pimto las puertas, Y el puente le alzan en alto. EIntró en la sala el verdugo Con el cuchillo y los lazos. Díceles el Rey que mueran Como traidores y falsos, Pues el real patrimonio Le tienen así usurpado, T. Hoj veo jergas en mi corte, Ayer vi fiestas asaz. Dejad, señor, los brocados..

Sus bellos dientes blancos relampaguearon cuando el joven rió:. Los ojos del gitano chispearon. Y podría decirme la suerte — dijo Tina, entusiasmada. El carromato de la vieja Meg era un pequeño mundo dentro de otro. Predecía la Se buscan espíritus de Dunure en Flores, profería hechizos y distribuía remedios para cualquier dolencia conocida por el hombre.

Meg era una vieja astuta que se había hecho rica practicando abortos a damas nobles. Su negocio siempre se animaba cuando visitaban la corte del rey. Cuando Tina trepó los peldaños de la carreta, Se buscan espíritus de Dunure en Flores no la saludó pero se puso a preparar una poción al enterarse del dolor de muelas. Heath era su nieto y la madre de él había muerto de parto. Heath, que debía bajar la cabeza para no chocar con el techo, dijo:.

La vieja Meg, con la boca apretada en una dura línea y siguiendo los rituales, apoyó las manos cargadas de anillos sobre el globo de cristal pero, tras un minuto de silencio, dijo:.

No puedo decirte nada. Tina sostuvo su mirada, y las dos fuertes voluntades batallaron entre sí. Meg apretó los labios. No aprobaba la relación entre su nieto y esta muchacha voluntariosa y malcriada. No tenía motivos para querer a los Kennedy. Tina puso tres monedas de plata sobre una mano no demasiado limpia y contuvo el aliento, expectante, mientras barajaba el gran mazo de cartones pintados que Meg le había dado.

Cerró los ojos, formuló un deseo, como le habían enseñado a hacer, y luego devolvió las cartas a la anciana profesional. La primera carta vuelta fue El Emperador, del arcano mayor. Meg describió la figura:. En la mano derecha sostiene la Cruz de la Vida, el ankh egipcio. Sobre el hombro w cum Adolescente me hace tetas perfectas, hay otra imagen de una cabeza de carnero.

El Emperador simboliza la sabiduría terrenal. Las montañas peladas representan su poder y su fuerza. Es inflexible e inconmovible en sus juicios. Prefiere ser jefe, no obedecer a nadie. Disfruta del mando y gobierna con mano de hierro. A su lado hay un escudo en forma de corazón, con el signo de Venus. Es Afrodita, diosa del amor humano.

Esta carta simboliza la fertilidad. Se unen los dos sexos. Significa la plenitud de las necesidades eróticas. Ella representa el cielo en la tierra, el Jardín del Edén, la puerta que se this web page a los placeres y los tesoros terrenales. Meg depositó sobre la mesa el Paje de Espadas, del arcano menor:. Utiliza la agresividad para defenderse Se buscan espíritus de Dunure en Flores las Se buscan espíritus de Dunure en Flores con respecto a sí mismo.

De inmediato, Tina pensó en su hermano David, y contuvo el aliento cuando apareció otro naipe de espadas, pues sabía que eran las peores del mazo:. Tina sintió alivio cuando vio que la carta siguiente era el siete de bastos, aunque Meg también le dio un Se buscan espíritus de Dunure en Flores ominoso:.

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Tina suspiró, aliviada. Aunque ya tenía en vista a un posible marido, había formulado el deseo de no casarse ese año.

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Cada uno era responsable de su propia suerte o desdicha en este mundo. Fue a darle las buenas noches a Heath; quería regresar a Doon antes de que descubriesen su ausencia. Los dientes del muchacho brillaron:.

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Aunque ya tenía en vista a un posible marido, había formulado el deseo de no casarse ese año. La Emperatriz te representa a ti. A esta altura, Tina resolvió que nada de eso se convertiría en realidad porque ella cumpliría su deseo, y éste era "no casarse". Meg observó al varón postrado con las espadas clavadas. Su querido Heath era moreno. Perforó a Tina con una mirada feroz. Tina sintió que algo se movía junto a su pie, bajo la mesa, y se sobresaltó. Vio una enorme tortuga con una gran gema roja incrustada en el caparazón —. Las comisuras de la boca de Meg descendieron en una mueca desdeñosa. Tina observó a Meg y, de pronto, sus ojos se llenaron de malicia: la gitana estaba haciendo todo lo posible para llenarla de malos presentimientos. No existían las maldiciones. Cada uno era responsable de su propia suerte o desdicha en este mundo. Fue a darle las buenas noches a Heath; quería regresar a Doon antes de que descubriesen su ausencia. Los dientes del muchacho brillaron:. Si lo hiciera, irías sola. Él la alzó sobre la montura, y Tina le confió:. Los guardias lo habían apodado el Temerario porque siempre cabalgaba como si lo persiguieran los demonios, aunque llevara una mujer a la grupa. Ram la siguió llevando una antorcha encendida que llameaba y chisporroteaba, proyectando largas sombras sobre los muros de piedra basta. Siguió su camino con una sacudida después de saludarlos con un breve movimiento de la cabeza. Ram colocó la antorcha en el soporte de hierro que había junto a la puerta, y Zara entró corriendo en la gran habitación. Ésta no era desconocida para ella; había estado allí por primera vez en la primavera pasada. Ram sonrió. Quisiera verme casado y concibiendo hijos para. Zara se acercó a él, deslizó sus brazos alrededor del cuello y murmuró:. Ram le lanzó una mirada casi indiferente. Aunque era tarde, él parecía no tener prisa, y Zara se sentía irritada. Tocó el pendiente de oro que llevaba en la oreja. Zara lo miró, provocativa. Lo conservaré siempre. La apartó para poder sacarse la chaqueta de cuero, y los ojos de Zara se dilataron al ver que debajo de ella llevaba una cota de malla. Zara, por el. El compañero del pendiente de oro estaba prendido en el vértice de su monte de Venus. El rey ha quedado fascinado. Ram silbó. La muchacha terminó de quitarse la falda y la arrojó al otro lado de la habitación. Ram soltó un grito y la levantó en alto, como si no. La arrojó sobre la enorme cama y él tras ella, buscando el pendiente de oro con los dedos. Como puedes ver, mi. Sin embargo, si. Rob Kennedy había sido perspicaz suponiendo que su esposa lo convencería de que le permitiese visitar su casa paterna, en Carlisle. Tanto los cinco hijos del matrimonio como los prin de otras ramas del clan fueron al muelle para ver zarpar al Thistle Doon despedir a lord y lady Kennedy. Tina había tenido toda la noche para pensar en el consejo de su padre acerca de elegir esposo, y resolvió darle una pizca de esperanza de despedida. Mientras caminaban hacia el barco, lo rodeó con un brazo y la abrazó contra sí, pensando en lo semejantes que eran. Rob la miró con suspicacia. Invítalo a Doon — le aconsejó. Él sonrió y la abrazó. Mientras las velas se hinchaban y la marea llevaba velozmente el barco hacia el mar, en todos los rostros aparecían expresiones de alivio. Davie bostezó tras la mano, y Tina se burló:. No ha hecho otra cosa que sermonearme con respecto a los apetitos carnales. Tina murmuró a Donald:. Es un sinvergüenza y un vicioso en el mejor de los casos — replicó Donald, recordando a la joven prostituta de la que Davie había abusado en el burdel, la noche pasada. Los hermanos mayores nunca lo incluían en sus travesuras porque el nacimiento de las dos hermanas los había distanciado en edad; así Davie se había inclinado a compartir sus juegos con las niñas. Tina, pocos años mayor, siempre lo protegía de los golpes y las. Tina se demoró para caminar junto a su hermana Beth, entre el grupo de jóvenes que andaba por la playa. Beth susurró:. Echó una tímida mirada a Andrew Kennedy, de vigorosa apariencia, y se sonrojó intensamente. Tina siguió la mirada de la hermana y sonrió para sí. Haz algo. Y Beth, tan temerosa de obedecerla como de no hacerlo, se inclinó, recogió una bella concha de vieira y apretó el paso para alcanzar a Andrew. Reuniendo todo su coraje dijo:. Andrew echó una mirada a la pequeña muchacha rubia y respondió, distraído:. Beth vaciló en sus pasos, y Tina se acercó a ella:. Tina rió:. Beth palideció de la impresión. Tina prosiguió:. A los hombres les gusta reír. Fíjate lo alborotadores que son. Es necesario un talento especial para distraer la atención de ellos de los asuntos masculinos y retener esa atención, Te lo demostraré En los ojos de Tina brilló la luz del desafío. Se quitó los zapatos y las medias, se alzó la falda y, cuando. Valentina se las ingenió para deshacerse de ellos, como una reina que los apartara de su presencia. Se sentó sobre una roca para ponerse los zapatos, luego metió las medias en el bolsillo. Beth, esperanzada. Tina la miró, perpleja:. Prefiero ser malvada que timorata como un conejo. No hay nada que temer: Heath ha vuelto. Apartó los encantadores mechones rubios del rostro de su hermana e indicó con la cabeza al grupo de atractivos jóvenes pelirrojos —. Sólo vinieron a traer la lana para exportar. A primeras horas de la tarde, hacía ocho horas que Douglas el Impulsivo estaba sobre su montura y, antes. Para recorrer esa distancia en tan poco tiempo, había llevado un caballo de recambio, y alternaba entre los dos robustos animales. Los caballos salvajes, sin domar, se habían criado en los bosques del norte, de modo que se acostumbrasen. Eran capaces de correr docenas de leguas sin consumir alimento. Los establos de Douglas desbordaban de potros fuertes y bien alimentados. Él podía saltar sobre la silla ignorando totalmente los estribos; numerosos imitadores habían sufrido aparatosas caídas tratando de dominar la técnica, sobre todo porque usaban pesadas cotas de malla. Ram Douglas tenía tan buen ojo para los caballos como para las mujeres, y pronto apartó algunos sementales y yeguas de la manada. Esos bosques de las Highlands bullían de lobos, jabalíes y toros salvajes; Ram ansiaba cazar, pero se prometió a sí mismo no permitírselo salvo que un animal se le cruzara en el camino y amenazase a la. El instinto le indicaba que no debía estar ausente demasiado tiempo de Douglas, pues estaba seguro de que los malditos Hamilton aprovecharían eso para lanzar una incursión, como cobardes tratantes de putas que eran. Cuando regresara, enviaría a su hermano Gavin al sur, al castillo Douglas, llevando al menos la mitad de la manada. Cuando Beth Kennedy sacó su vestido de terciopelo azul del guardarropa, Kirsty se alarmó:. Por una vez, Beth impuso su voluntad:. Kirsty apretó los labios, pensando que estaría en el otro extremo del salón, sentada a la mesa de los criados. Sólo el Cielo sabía qué temas abordaría esa arpía de Tina en la conversación. Kirsty bajó temprano al salón para no perderse nada de lo que sucediera esa noche. Kirsty se alegró de ver que los hombres no usaban sus tartanes para impresionar a la señorita Bote de Miel, y estiró el cuello para ver. No se tranquilizó cuando las dos hermanas se sentaron entre lord Carrick y Callum Kennedy. Si fueran jóvenes respetables se sentarían con sus hermanos. Cuando Ada tomó asiento a la mesa de los sirvientes, advirtió de inmediato qué era lo que provocaba la inquietud de Kirsty y, como leal adversaria que era, resolvió frotar sal en sus heridas. Kirsty dijo entre dientes:. Hoy es Beltane. Kirsty se escandalizó:. Es un pretexto para dar rienda suelta a las pecaminosas payasadas nocturnas. Con semblante serio y un brillo malicioso en los ojos, dijo:. Andrew lanzó a Tina una mirada de advertencia, y se preguntó cómo se las arreglaría para aparentar ser la imagen misma de la inocencia. Me fascinan — dijo Beth, pendiente de cada palabra. Beth comentó:. Beth apoyó su pequeña mano sobre el brazo de lord Carrick. Andrew se sonrojó recordando la orgía de la noche pasada y, poniendo su mano sobre la de Beth, le explicó con ternura:. Ella sabe que pasamos la noche en un. Tina se unió a las risas, también Andrew, y todo quedó perdonado. En el otro lado del salón, el mayordomo dijo:. En el otro lado del salón, Valentina tramaba su salida y quería asegurarse de que todos estuviesen. Dirigiéndose a Callum y a Andrew Kennedy, les propuso:. Los hombres se miraron, y Andrew concedió:. Creí que podrían disfrutar de un paseo por las murallas, para contar las. El que respondió fue Andrew:. Callum le lanzó una mirada furiosa. Una dama necesita de un brazo fuerte, y yo te ofrezco el mío. Yo no puedo aceptar, pero a Beth le gustaría contar con vuestra compañía. Los dos varones se dieron cuenta de que habían sido manipulados e hicieron una reverencia a lady Beth. Cuando Kirsty vio que Beth tomaba a los dos jóvenes del brazo, se llevó la mano a la garganta. No se acostumbraba que una doncella se acercara a la cabecera de la mesa en el gran salón, pero la alarma la impulsó a ignorar las convenciones. Tina la miró de arriba abajo, con expresión helada. Aquí en Doon, yo soy el ama en este momento. No creo que a lord Carrick le agrade que le impongas tu presencia. Deberías contarme todo acerca de los. Valentina no se había alejado dos kilómetros de Doon cuando Heath le salió al encuentro. Estaba enfundado en un suave pantalón de piel de ante y montaba a un animal tan lujoso como cualquiera de los caballos de los Kennedy. La muchacha emitió un silbido admirativo. El gitano le sonrió y se apoyó un dedo en la nariz. Yo te seguiré. Antes de que terminara de pronunciar las palabras, Tina ya corría como el viento. Había peinado su pelo en una gruesa trenza que llegaba hasta la cintura, y que pronto empezó a deshacerse. Heath rió para sí, y la dejó llevar la delantera. La muchacha tenía una veta salvaje que necesitaba de ese escape. El río Ayr estaba crecido y, en cuanto cruzaron el puente, empezaron a ascender, saliendo del valle. No se. Pasada la cuesta, vio a media docena de jinetes que se acercaban en dirección contraria y, por sus tartanes de azul intenso los reconoció como pertenecientes al clan Hamilton. Se apresuró a pasar una pierna sobre el cuello del animal para que el jefe no notara que ella montaba. De inmediato, desmontó y se acercó a ella, y sus hombres se quedaron donde estaban para concederle cierto grado de intimidad. Era moreno y apuesto, con su alta espalda erguida como un ariete, mostrando todo el orgullo del clan en su postura. No puedo creer que hayas salido sin acompañante, milady. La punta de la bota de montar de Tina se apoyaba sobre su rodilla, tocando casi la mano de él, y. Sintió un intenso deseo de atraerla hacia sí y hacer suya esa boca tentado ra, que tanto lo provocaba. Patrick, si vienes a Doon el viernes a la noche a cenar, haré que el señor Burque prepare tu plato preferido. En el momento en que estaba por apoderarse de la enloquecedora mu chacha, Heath traspuso la loma,. Tengo una cita muy urgente. Hamilton ya había recorrido unos ocho kilómetros con Tina presen te en todos sus sentidos cuando recordó que era Beltane, pero en cuanto una sombría sospecha cruzó por su mente, la desechó:. Los Kennedy habían trazado bien sus planes la noche anterior, y hasta habían cabalgado fuera del perímetro de las tierras de los Douglas que estaban a punto de atacar. Donald y Duncan habían pergeñado la idea y la propusieron a los otros Kennedy cuando ellos. Sin acercarse al castillo en Douglas, el que era apodado el Peligroso, Donald calculaba que podían alzarse con doscientos vacunos y cuatrocientos ovinos de cuernos retorcidos de los arrendatarios del clan, y lo mejor era que los Douglas acusarían a sus acérrimos enemigos, los Hamilton, que vivían a menos de dieciséis kilómetros dentro del mismo condado de Lanark. Donald llevaría su parte al castillo Kennedy en el lago Ryan, que esperaba fuese suyo cuando se casara. También dejaría algo en Kirkcudbrigth, que daba a Solway Firth. Le resultaba divertido que el atalaya de su castillo de Kirkcudbright estuviese a sólo dieciséis kilómetros de la maciza fortaleza conocida como castillo. Donald había dado estrictas órdenes a sus hombres de no acercarse al castillo, pues no quería refriegas violentas. Esta incursión debería limitarse a un simple robo de ganado al amparo de la noche y, de tener suerte, los Douglas no lo descubrirían al menos hasta el amanecer. Todo marchó de acuerdo con el plan, pues los Kennedy estaban conformes con que Donald diese las órdenes, salvo David, que tenía sus propias ideas. Era la primera vez que Davie probaba el sabor de las incursiones, que había estado esperando durante años, escuchando con avidez los relatos que se contaban en las reuniones del clan. Disfrutaba del placer brutal que brinda causar devastación a un rival. Cuando Donald olió el humo y oyó el rugido de las llamas, lanzó violentas maldiciones. Los arrendatarios de los Douglas ya corrían hacia el lugar y, sin duda, habrían dado la voz de alarma en el castillo. Duncan se acercó con su caballo junto a Donald. Debe de haber sido el pequeño canalla. Cuando regrese de Kirkcudbrigth, le arrancaré la piel del trasero. David, eufórico con el éxito obtenido en la destrucción de los sembrados de heno, avanzó hacia los almiares y los establos de las vacas, situados junto a los muros del castillo. Al mismo tiempo, algo que le pareció un trueno, lo volteó de la montura. El trueno era Gavin Douglas, desnudo, a quien los suaves brazos de Jenna, su nueva amante, habían. Cuando vio la juventud del incendiario, se abrieron enormes sus ojos. Gavin arrastró al cautivo por el pelo haciéndolo entrar en el salón que, de pronto, revivió con la. Al ver que Colín Douglas entraba cojeando en el salón, Gavin dijo:. Ahora, los sanguinarios Hamilton usan a sus crías para atacarnos. Colin vio la palidez del rubio muchacho y dijo en voz baja:. Colin dijo:. David consideró que estaba harto de ser llamado niño y, juntando un poco de saliva en la boca, escupió en. Gavin lo golpeó con el revés de la mano con tanta fuerza que le cortó el labio y le hizo caer al suelo. Gavin se pasó la mano por la maraña de pelo negro. Quítenlo de mi. Enciérrenlo abajo — echó a los hombres de los Douglas una dura mirada —. Tienen dos minutos para estar a caballo. Los atrapamos o veremos. Ella y Heath se unieron con entusiasmo al jolgorio,. Era el rito ancestral de la primavera, que todas las culturas han celebrado de una u otra manera desde tiempos paganos; Tina de ninguna manera quería perderse el goce de esa noche. Sin embargo, llegada la medianoche, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, empezaban a caer; unos por estar completamente borrachos, otros tan excitados que se arrancaban las ropas y copulaban con cualquier desconocido que estuviese dispuesto. Como Tina no pudo ocultar su horror, Heath se apresuró a alejarla de los cuerpos que se entregaban a tales expansiones. Durante el trayecto de regreso a la casa, Tina estaba abatida; esto fue un alivio para Heath. Se quedó con ella hasta que cruzó el puente. Tina llevó a su yegua al establo, la cepilló en silencio y la cubrió con una manta. De repente, el corral se llenó de caballos, hombres y ganado. Las vacas mugían, y unas cincuenta ovejas corrían balando. Segura y autoritaria, llegó la voz de Duncan:. Con los ojos grandes como platillos, Tina salió del pesebre del fondo en el mismo momento en que Duncan levantaba la linterna:. Con los brazos en jarras, la muchacha estaba a punto de enfrentarlo, pero él levantó el puño y Tina vio que no estaba de talante para discutir con una mujer. Estas cookies no recopilan información que lo identifique. Toda la información es anónima. Esto nos ayuda a mejorar el funcionamiento del sitio web. Estas cookies nos permiten mostrarle anuncios personalizados en sitios web de terceros en función de los intereses que usted ha manifestado sobre nuestros productos y servicios durante su visita a nuestro sitio web. Acepto que este sitio web utiliza cookies y tecnologías similares para ofrecerme este sitio web y sus funciones, para obtener información sobre su uso y mostrarme anuncios relevantes. Sobre su cabeza se agolparon nubes del color de los cardenales, tendiendo un manto ominoso sobre toda la campiña. Se sintió enjaulada como una prisionera, identificada por completo con la situación de Davie. Estaba segura de que si no hacía algo se volvería loca. Necesitaba ponerse en actividad para liberar el miedo, la angustia y el temor que oprimían su corazón como un guantelete de cota de malla. Corrió a su habitación y, revolviendo en su armario, escogió un vestido de lana color lavanda. Ocultó su puñal dentro de una de las botas de montar, se puso la otra bota, la capa de terciopelo, y bajó sigilosamente al establo. Cuando montó, Tina no tenía un rumbo preciso en su mente: simplemente necesitaba verse libre de los sofocantes muros de Doon. No veía las extensiones de campanillas azules que saludaban su paso. No percibía la fragancia embriagadora que flotaba en la brisa. Poco a poco advirtió hacia dónde iba y, tirando de las riendas, miró alrededor con cierta aprensión. Sus pensamientos se precipitaron, veloces como el viento. Alejó de. Se le ocurrió un plan de una audacia que le hizo temblar. Fingiría haber sufrido un accidente con su caballo. Era una mujer indefensa, joven y bella y, sin duda, los hombres de Douglas acudirían a auxiliarla. Se concentró en dar un aspecto creíble al accidente. Después, gritó a todo pulmón, cerró los ojos y esperó. Casi de inmediato, empezó a desear no haber hecho algo tan temerario. La lluvia que había estado amenazando toda la mañana se descargó en torrentes del cielo encapotado. Se quedó quieta mientras el diluvio la empapaba y la hacía temblar de manera incontrolable. Se dio cuenta de que no era el frío lo que le hacía temblar:. Si hubiese presenciado la escena de unas horas antes, cuando Ramsay Douglas había vuelto y encontrado que le habían robado el ganado y quemado los campos de heno y avena, habría huido para salvar su vida. Ram había echado tal reprimenda a sus hermanos que, en un momento dado, Gavin alzó los puños y gritó:. Ram Douglas en plena furia no era grato de ver. Sus ojos del color del peltre refulgían como diamantes y su rostro oscuro tomaba la dureza del granito. No lo esperaban hasta después de oscurecer. Si bien era un hombre endurecido, la falta de descanso de los tres días pasados exacerbaba lo explosivo de su temperamento. Tal vez estar a media ración les aclare la cabeza. Furioso, giró sobre sus talones, arrancando chispas a las lajas con sus espuelas, y salió a tratar de encontrar él mismo las huellas. Inspeccionó las chozas incendiadas y dijo a las aldeanas que llevaran a sus hijos al castillo hasta que pudieran reconstruir sus casas. Después, acompañó a un grupo de arrendatarios hasta los campos:. Pueden llevar semilla de los almacenes del castillo. Le dieron un informe de las ovejas y vacas fallantes, y él prometió reponer los animales. Han salido a patrullar las fronteras durante un mes; no quiero que estén aquí holgazaneando, sólo pensando en beber y procrear —dijo, riendo entre dientes. Los campesinos lo vieron marcharse, sintiendo que sus corazones desbordaban de gratitud. Aunque él tenía una siniestra reputación, siempre era muy justo con los arrendatarios y sus familias. Después, se abrieron los cielos, y Ram maldijo a ese diluvio que terminaría de borrar cualquier huella. Cuando hizo volver a su potro hacía Douglas y silbó a Boozer para que lo siguiera, estaba abatido. Ya tenía el castillo a la vista cuando el enorme perro salió a la carrera delante de él en dirección a un caballo sin jinete que, al parecer, se había enredado en una mata. Abrió los ojos y vio que se trataba de un feroz perro lobo, el doble de grande que cualquiera que ella hubiese visto en su vida. Cerró los ojos de inmediato y se mordió los labios para contener un grito de terror. Si la bestia la creía muerta, tal vez no la destrozara. Entonces, oyó la voz grave de un hombre que juraba, y su cuerpo tembló como una hoja en el viento. Parece una rata ahogada. Esa voz masculina, grave y resonante, provocó un helado escalofrío de miedo en la espalda de Tina. Sintió que era alzada como si tuviera el peso de una niña y, sin la menor ceremonia, el hombre la arrojaba boca abajo, atravesada sobre el caballo. Podría pasar por alto. Al verse tratada con tan poca caballerosidad, con la cabeza temerosa cuando y el pelo mojado colgando en el flanco del animal, le dieron ganas de llorar. Ram desenredó las riendas de la yegua de Tina, que relinchó temerosa cuando el enorme potro negro trató de morderle el cuello. Ram apaciguó al caballo con un puñetazo. Cuando llegaron al patio del castillo, Ram Douglas dejó las riendas de ambos caballos a un mozo de cuadra. No quiero que desperdicie su valiosa simiente con una yegua cualquiera. La llevó directamente al salón, donde ardía un fuego rugiente, y la depositó sobre un sillón de madera tallada. Le quitó la capa mojada y la arrojó a un criado, quien la extendió sobre un taburete para que se secara y después se arrodilló para quitar las botas altas de su amo. Tina se esforzó por permanecer completamente floja, con las pestañas caídas sobre las mejillas, y sintió que una mano fuerte y callosa tomaba su barbilla con firmeza y levantaba su cara para observarla. La había visto antes, y sabía exactamente dónde. Su corazón dio un vuelco. Aquella vez, cuando la vio entrar en el campamento gitano montada en su. Tina abrió lentamente los ojos y se llevó la mano temblorosa a la cabeza. Ram Douglas la miró. Tina trató de contener el temblor que le provocaba ese apellido, pero no pudo. Sólo tenía control sobre su cara. El hombre de rostro moreno sentado junto a ella tenía hombros tan anchos que impedían ver el resto del salón. Sin duda, era la autoridad de la casa, y Tina supo, por instinto, que era éste el hombre al que debía convencer. Mirando en los ojos a Ram con expresión impotente, preguntó:. El insulto lo ofendió: a él le parecía increíblemente atractiva, y ella lo. Su voz cortó las carcajadas de sus hermanos:. Tina los miró, perpleja, y se llevó de nuevo la mano a la cabeza, como si estuviese aturdida. Cameron, insensible como sólo puede serlo alguien muy joven, preguntó:. Ya lo he visto en alguna batalla. Los ojos ambarinos de Tina observaron cómo se suavizaba la bella curva de la boca de ese hombre cuando la miraba. Por un momento, se sintió hipnotizada por la. Quiso gritar que ella era lady Valentina Kennedy pero, claro, no podía. Ya se había dejado besar por hombres, pero ninguno se había tomado la libertad de tocarla de manera tan íntima como estaba haciendo ese diablo atrevido. Se acercó Colin, cojeando y echando a sus primos una mirada dura. Se levantó y, en efecto, sintió las rodillas como si fueran de manteca. Se tambaleó, y tres pares de brazos Douglas se tendieron para sostenerla. Colin abría la marcha y su pierna enferma arrancaba un extraño eco al suelo de piedra. La voz profunda de Ram le habló en secreto mientras ascendían la tosca escalera de piedra. Si no te conocemos como amiga, tal vez seas enemiga—bromeó, dirigiéndole un atrevido guiño. Se detuvo ante la puerta de su cuarto y la dejó en los brazos de Gavin—. Acompañó sus palabras con una endemoniada mirada lasciva, y sus ojos de color. Tina tembló en los brazos de Gavin, y éste sintió un extraño impulso protector. Para la muchacha fue un alivio verse libre de la presencia de ese otro. Sus ojos acerados tenían un brillo arrogante, su. Colin lo reprendió:. La chica se ha golpeado la cabeza. Pronto te libraré de tu vestido mojado, muchacha —dijo, sonriendo. Debe de estar mortalmente asustada después de volver en sí y encontrarse en las garras de los Douglas. Tina se sobresaltó y se puso rígida. Un gato enroscado sobre una silla se despertó sobresaltado y corrió a ocultarse debajo de la cama. Con muy poco entusiasmo, Gavin la depositó sobre el borde de la ancha cama; Colin fue hasta un armario y le alcanzó unas toallas y una abrigada manta. Desde la puerta, una voz profunda dijo:. Ordena a un criado que encienda el fuego para que ella pueda calentarse y descansar. Dentro de Tina, algo respondió a esa voz de bajo, y los ojos del hombre le dijeron que él encontraba algo especial en ella. Cuando Gavin avanzó hacia la puerta,. Colin dijo, con disgusto:. La furia estuvo a punto de ahogar a Valentina, y se despreció por haber reaccionado, durante un instante, a esa atracción animal. Ese canalla cruel había ganado un punto en contra por haberla arrojado sobre la silla como un saco de patatas. Dos, por haber mancillado el cuerpo de Tina con sus manos mugrientas. Pero, en cuanto habló de quebrar a su pequeño hermano Davie, en ella nació un odio intenso hacia ese hombre. Era un odio personal, que exigía una vendetta personal. Cuando hubieron encendido el fuego, los criados se marcharon. Un momento después, se quitó el vestido de lana y la ropa interior mojada y colgó todo al pie de la cama para que se secara. Sacó de la bota el cuchillo que había traído y lo ocultó debajo del colchón. Empleó una gran toalla de lino para secarse las largas guedejas rojizas. El orgullo le impedía envolverse en su calidez, pero se oyó un golpe en la puerta de la habitación y, sin pensarlo, tomó la fina tela de lana y se envolvió en ella como si fuese una capa. Este hombre no era tan moreno como los otros. Tuvo curiosidad por saber qué había sido lo que había estropeado ese cuerpo, en otro tiempo magnífico, pero era lo bastante bien educada y sensible para no mirarlo fijamente, siquiera. Es un alimento tosco para una dama, pero ésta es una casa de hombres, sin mujeres, con excepción de las criadas y las mozas de cocina. Huele bien —agradeció—. Ha fallecido —dijo, y se dirigió hacia la puerta, cojeando. Tina casi se ahogó con el caldo. Tina se levantó de un salto para observar el encantador rostro del retrato, y. Se hizo un nudo en su garganta cuando se dio cuenta de que ella sería una muchacha joven e inocente. Desde un rincón oscuro del cuarto, el espíritu de Damaris habló ala joven del pelo en llamas:. Me acusó de engañarlo con su hermano Colin. Me golpeó. Tina levantó una polvera de porcelana pintada y otros elementos del juego de tocador que había sobre la repisa de la chimenea. Tina cerró los ojos, quitó el tapón a una botella de perfume y tocó con él su mejilla. Aunque debes de haber sufrido insoportablemente, sólo siento tu felicidad en este cuarto adorable. El amor es ciego. Cuando Tina tocó su ropa, comprobó con asombro que ya estaba seca. Dejó a un lado la manta y se puso la exquisita ropa interior, que Ada había cosido puntada tras puntada. Lingerie era una palabra francesa que Ada había aprendido del señor Burque. Cuando Ram Douglas vio al joven que habían capturado sus hermanos, estalló en carcajadas. David Kennedy juntó una cantidad de saliva y la lanzó hacia Douglas:. Ram hizo una mueca. Y agregó, para Gavin—: Les daré a los Hamilton una oportunidad de pagar un rescate por él. Si son mezquinos lo colgaré. En la planta alta, Tina metió la mano bajo el colchón para recuperar el cuchillo en el mismo momento en que la puerta se abría sin aviso previo. Giró en redondo y enfrentó al intruso, con los ojos ambarinos relampagueando de ira, luego de temor. Ram Douglas frunció una de sus cejas negras. El fuego había secado su pelo, que ahora se derramaba sobre sus hombros, en luminosa abundancia. Diminutos rizos de rojo dorado enmarcaban su cara, y a Ram le. Los nervios hicieron hablar a Tina. La indignación estuvo a punto de ahogarla, borrando el miedo por un momento. Pero era tan peligroso que Tina sabía que no debía hacerlo encolerizar, entonces se mordió el labio y forzó una débil sonrisa. En cuanto recuerde dónde vivo, me marcharé. Los ojos del hombre la recorrían, como si estuviesen evaluando sus cualidades. Se posaron en su boca, bajaron a los pechos, ahora ocultos por la manta, y luego. Tina contuvo un comentario cortante, pero hubiese dado lo mismo que lo dijera, pues los ojos de Ram tenían una expresión divertida. No te enfades, muchacha. Si mañana no has recordado, yo puedo averiguar muy pronto quién eres. Tina percibió el peligro de inmediato. Ram se acercó y atrapó con los dedos un tentador mechón de cobre fundido:. Estas palabras la llenaron de terror. Le pareció imposible. Entre ellos saltó una chispa. No estoy acostumbrada a los hombres —jadeó Tina, sin aliento. Tal vez, un marido. Revela la redondez de tus pechos, subraya la finura de tu. En un instante, desató una cinta y abrió la mano para ahuecarla sobre uno de sus pechos. Valentina sufrió un fuerte impacto y levantó la mano para abofetearlo en la cara, sin importarle que fuese un Douglas. Ram sujetó la mano de ella antes de que llegase a su cara. Tina liberó su mano y se apartó de él, envolviéndose en la manta hasta el cuello. Tina creyó ver una expresión de dolor en los ojos de él, pero luego escupió, y. Ramsay Douglas rió, pero no había alegría en su risa. Cuando lo hago quitar, se desata un infierno en el castillo hasta que volvemos a ponerlo en su sitio. Esa perra nos persigue —dijo, como si fuera un hecho. Tina rió con desdén. Ram entornó los ojos, que brillaron con ese extraño matiz acerado. Lo dijo con tal reverencia que supuse que se. Valentina rompió a reír y sus ojos echaron chispas; por un momento olvidó el miedo. Si volvía a tocarla, Tina estaba segura de que se desmayaría. Se oyó un ruido en la puerta, y Ram la abrió, impaciente: era el perro. El espectro lo mantiene alejado. Era una ramera, como todas las Kennedy. Tenía dos hermanos que eran capaces de matarse por ella. Alexander la envenenó, y luego se tiró desde el parapeto. Las ofensivas palabras tiñeron de rojo las mejillas de Tina. Las esposas son como las arañas: en cuanto se han acoplado, la hembra devora lentamente al macho. Valentina tembló, y se convenció de que debía alejarse de ese individuo peligroso. Evidentemente, las mujeres valían para él menos que el polvo que pisaba. Sé que recuperaré la memoria cuando salga, tal vez con el. Es evidente que quiere librarse de mí —esbozó. La invito a cenar conmigo a mi regreso. Cuando se hubo ido, apoyó la cabeza contra la puerta: la había llamado raposa igual que su padre. Debemos marcharnos. Tina recuperó el cuchillo y lo metió con cuidado en la manga de su vestido. Tengo que hacer todo lo que pueda para protegerte. Debes de ser una muchacha muy atrevida —lamentó Damaris. Tina trepó a un arcón que había bajo una estrecha ventana y, después de unos minutos, vio la poderosa silueta de Ram el Negro que iba hacia el establo, seguido por sus hombres. Suspiró aliviada, sabiendo que ya no estaban bajo el mismo techo. Cubrió su brillante pelo con la manta de los Douglas y salió en silencio de la habitación. Con el corazón en la boca, avanzó cautelosa por el pasillo y luego procuró caminar con aire indiferente, como si no tuviese nada que ocultar. Por el momento, le bastaba con eludir el salón donde solían reunirse los guardias armados cuando hacía mal tiempo. Vio desde lejos a sirvientes y miembros del clan Douglas; agradeció llevar un manto igual al de ellos. En cuanto vio una escalera que bajaba, descendió por ella. El aire tenía el característico olor a humedad y a moho de los sótanos, que. Pasó por un cuarto lleno de barriles de diversos tamaños, conteniendo cerveza y vino. No tengas miedo. Cuando Tina advirtió que las ratas habían huido, recobró el coraje y se aventuró por un estrecho pasadizo blanqueado a la cal, donde había celdas vacías con barrotes, similares a las que había en el sótano del castillo Doon. Al mirar por entre los barrotes de la cuarta, ahogó una exclamación, viendo a su hermano que se tocaba un brazo vendado. Se llevó los dedos a los labios y no habló hasta estar bien cerca, separados sólo por pocos centímetros. La hermana negó con la cabeza. No hay mucho tiempo, Davie. Ese canalla de Douglas ha ido al castillo de los Hamilton a exigir rescate por ti. No puedo abrir la celda, pero aquí tienes mi cuchillo. El muchacho dijo, mientras se apoderaba del arma:. Faceys campaSa. Maguer que ftlendo. Porque ficiese derecbo De lo fecbo niid. Porque ser yernos del Cid Es bien que puede estimarse. Despnes de diclui. Qae fice aqueste viage. Por fablaros de iin. La traydon que asaa leoDdMüMk. Como son tii8. Mostrays el pwror. D u Porque aotí digan de? Pues no le ayudan sus yemos. Encontrado ae ha. Lo hiere de las espuelas, Mas poco le aprovechaba; Cerca llegaba del Moro Y la espada le arrojara. Por los cabellos las tonlan, ' Aviendo las desnudado: Arrastran las por el raelo, Traen las de uno y otiro lado, Danles mncbas espoladas. La cara se esta araftando. Que muchas vedas- el. Lloraba de los sus ojos, Fuentes se le avian tomado. Envió por sns dos fijaQ , D6 Ordofto las ha dejado. Sino gano como. Si non de vos. Sino fuere de trajciones,. No teniendo riendas ellos. En ponerlas en mis fijas Azotadas en desiertos. G S8 Que dentro de treyütii dias Teogo de estar en Toledo. Treinta dias 4a. Veinte 7 nueve son pasados, Los Condes llegfidos son; Eran pasados los trejnta, Y el Cid non venia, non. Sino fuera ese buen Cid' Que traya un albomóe. Donde el Rey tenia su ailla ,. Pusieran el rico escaño Donde el Cid mandado avia, Cubierto de ricos paños, De oro, seda 7 pedreí'ia. Otro dia de mafitoa, Después que el Rey oyó misa. Que en su posada yacia. Que no me podreys negar No tener vos mejoría. Mucho le peso al. La espada sacado avía , T. Por Señor me conocía. Nadie non fabla del Cid Que segundo non tenia. Palacios de Galiana Mandó el Rej que estén compuestos. Las paredes de brocado, Y el suelo de terciopelo. Comenzó de nuevo el Cid, Los ojos como de fuego, Y el rostro como una gualda, A demandalles el tuerto. No yantan como solian. Que siempre pechos cobardes Dan escasas las feridas. Infantes, Por faper mi sangre limpia, Porque el golpe del agravió JSo ay miembro que no lastima. Que la mancha del honor Solo con sangre se quita. Por casar con la mi prima. Fasta 07 que lo decia. No digO como tu heimano, Que es aquel que me yeya, ,, yj Cayó con muy grande miedo En parte dó no debia. Alevosos yo vos digo, Como el buen Cid os decia. Fablad, que non estays muerto. Juntóse con Garci Ordofiez, Y desque fue cerca puesto Le diera tan gran puñada, Que dio con él en el suelo. Sin mas audiencia condeno. Esos salven su derecho. Pronunciada la sentencia. La noche se puso en medio. Despidióse el Rey del Cid, Que lo avia acompañado. Como al mas aventajado. A ambos estaba alabando: Alababa al que lo rige De valiente y esforzado, Y al caballo por mejor Que no es visto ni huUado. Digeron, que nunca oyeron Fablar de tan buen caballo. Consigo lleva los seys Alcaldes de la porfía. Grandes voces da el Infante De golpes que recibia: Sacólo el caballo fuera Del cerco que el Rey ponía. Vencido es como su hermano, Y por tal él se tenia. Hincado se avia de hinojos y Las manos puestas arriba. Muj grandes fiestas hicieron, Que duraran ocho dias, Porque Dios les dio venganza De los que el mal cometían. Espuela de oro calzada. Una adarga ante su pecho Y en su mano una azagaya. De mal fuego seas quemada. Siete años ha, Moro, siete. Que soy vuestra enamorada. Señora, Que os tengo dentro del ahna. Que del caballo Babieca Yo bien oygo las patadas: Do la yegua pone el pie. Babieca pone la pata. Grandes gritos da al barquero, Que le allegase la barca. Que no se detuvo nada. De corage rebentaba. Una lanza le arrojara,. De Moros trae gran poder, Muchos Reyes lo seguian. K 9B ,, Dios me lo tiene otorgador,: Y ello así se cumpliría. Testamento dei Cjb. Que son entre el alma y Dios Padrinos y valedores. En Valencia estaba el Cid Doliente del mal postrero, Que agravios en pechos nobles Pueden mucho mas que el tiempo. Empieza de, este modo : Muerto yace ese buen Cid Que de Vivar se llamaba. Gil Diaz su buen criado Cumpliera lo que él mandaba. El mas pobre queda rico De lo que ende ganaba. Caminan para Castilla, Como el buen Cid ordenaba. La historia del Cid ocupa casi todo litigio undécimo. Fuera de donde esta el Cid, La fiesta se hizo un año; Su cuerpo quedaba solo. Ninguno lo acompañando. Estando desta manera Un judio avia llegado.. El judío que lo vido, Muj gran pavor ha cobrado: Tendido cayó de espaldas, Amortecido de espanto. Agua le echan en el rostro, Para facerlo acordado, Y vuelto que fuera en sí. Todos le avian preguntado, Qué cosa fuera la causa De verlo tan mal parado. El luego les declaró La verdad de lo pasado. Mandó juntar muchas hazes, T acompañólas él mismo. Al subir en el caballo, Que la espada se ha ceñido, Sacado la ha de la vaina, De aquesta suerte avia dicho: ,, Si la espada ha de envaynarse "En sangre del enemigo, Vaya desnuda en la mano, No tenga tiempo perdido. Vomitan caballos, gente,. Cebado y metido entre ellos Con destrozo inevitable, Cual suele irlwdes azor En ias remontadas aves. En la mitad de. Parece probable que el almirante cayó en poder de los moros al tiempo de reenh barcarse. Considerados poéticamente estos romances son de particular mérito. De nuestro antiguo adversario Perseguido veces varias, Con mil vanas' fantasías Y ciegas desconfianzas. Cuya devoción seguía-, Pidiéndole con instancia. Por tan grande inconvenienta. La libertad rehusara. Llamado Benalmazar: Pide al conde franca entrada, El cual se la mandó dar. La historia muestra cuan limitado estaba el poder de los reyes de Castilla por las leyes del pais. El octavo que en Castilla De tal nombre fue llamado. Don Diego, oome. May alegres fueron todos, Todo fuera apaciguado. La pérdida de los moros fue terrible y y les infitndió un gravísimo y casi permanente terror. Una cmz mny colorada En el cielo parecía, Hermosa, resplandeciente; Gran consnelo les ponía. Y dejando la ciudad. Siete caballeros moros A ellos vienen ilerechos. Los moros della se apartan, Cuestión con él no queriendo. Los moros, qae buenos eran. Todos lo estaA atendiendo. García entre ellos se envuelve Amenazando y hiriendo; Mas los moros se le apartan, Sin querer acometerlo. Con quien el Rey confería Los casos arduos j graves. Cuidadoso el varón santo Deste mísero contraste, Le amonestó varias veces Con razones eficaces. Pero como el desengaño Odiosos efectos hace, Y son tan aborrecibles De ordinario las verdades. Aunque el Rej las conocía,. Visto el Rey su santo zelo, Quiso impedir su viage , Mandando so graves penas, Que no le embarcase nadie, t'or parecerle que en todo Le hiciera falta notable; Que suele Dios por ua justo Dejar el rigor aparte. Desta suerte se engolfó, Queriendo el señor mostralle Serle acepta su demanda Y sus obras agradables, Mandando que el mar furioso Se le humille j avasalle, Y que las inquietas ondas En sus hombros le levanten; Queriendo también mostrar, Que sus siervos han de honrarse No solo en el otro mundo, Sino en este miserable. Y en espacio breve y corto Fue servido que aportase A la insigne Barcelona Con admiración notable. No puedo concebir que aquí sea oportuna la cita de Marco Porcio. Lo que faz trato gracioso.. Nueyaa de nuevo le vienen, Que el corazón le han quebrado, Que Don Sancho yace muerto; Y con semblante cuytado. Alfonso murió en el año de Espejo en que te has mirado. Ignorante del pecado. Pues tal señor te ha faltado. Que su hijo le ha causado. Don Sancho cobró salud: El Rey mucho se ha alegrado. Estando el Rey en Sevilla Crecido mal le avia dado. Muy cercano es i la muerte; A todos ha perdonado, Aquellos que mal urdieron, Por dó fuese mal tratado. Este Rey fie también el que desterró de España la orden de los templarios , sobre lo cual no he descubierto romance alguno. Resistir pudimos mal. Si la sigues con denuedo, Término estrecho la dan. Los límites de la tierra; Tanto has de señorear. Todo lo que el poeta añade mumenta el interés del oisn- to. Asi dice élt bíea oiréis lo que ha hablado. Con todas estas desdichas A Sevilla ave llegado. Que yo seria el padrino , Tu, maestre, el ahijado. Las puertas me aTian cerrado. Yo como estaba sin culpa , De nada me UTe curado. Es por fuerza ó por mandado. Vuestra cabeza, maestre, Mandada esta en aguinaldo. Nunca hice desaguisado: U8 Ni os dejara yo en la lid, Ni con moros peleando. A Doña María Padilla En un plato la ba eni4ado. En sus ojos se veía una locura que iba creciendo a ojos vistas. Tu padre gritaba como un poseso cuando, sin querer, la medalla salía de mi interior al agacharme para atenderle. Te alejé de él tanto como pude para protegerte de su malsana influencia y de la violencia que ejercía sobre mí. Tranquilicé a mi madre que sollozaba con gran pesar reviviendo aquellos espantosos recuerdos y no fui capaz de contarle mi extraña experiencia de aquel horrible día. La abracé fuerte intentando conjurar todos aquellos años de infante en el que el sufrimiento era mi compañero de juegos. Perdoné a mi progenitora, pero ya lo hice cuando era un niño, tal era mi amor por ella. Faltaba una semana para mi partida cuando mi madre murió, así, de repente. La tristeza me invadió y anulé el viaje mientras pensaba en lo que hacer con mi dolor. La primera noche que pasé sin mi madre, en el que había sido mi hogar hasta ahora, fue terrible, había algo allí que me dejaba sin aliento. Compré el periódico, y aunque hacía un frío de mil demonios, me senté en el parque persiguiendo los esquivos rayos de sol que se trasladaban caprichosamente de banco en banco. Cuatro de estos ejemplares, que previamente había encerrado en unos grandes círculos rojos, se mostraban como firmes candidatos a convertirse en mi nueva morada. Hice las llamadas pertinentes para quedar con los dueños o los representantes de las inmobiliarias y, de este modo, pude verlos en el transcurso de la mañana. Ya por la tarde, me hallaba en posesión de las llaves de mi nuevo hogar. Se trataba de una vivienda muy soleada y espaciosa, revestida casi en su totalidad de paneles de madera de nogal. El piso se notaba bien cuidado, y el olor a productos especiales para tratar la madera inundaba cada rincón. Al carecer de equipaje, tuve que hacer un gasto extra en todo lo necesario para mi vida cotidiana. Subí y bajé en el ascensor multitud de veces, ora para rematar compras, ora para hablar con la agencia inmobiliaria que se hallaba cercana al piso de mi familia, a quienes dejé la llave para que limpiasen y adecentasen el lugar para su venta inmediata. Sentía un terror visceral a poner un pie en aquella casa. Hasta la fecha mi situación económica era bastante desahogada, pero el alquiler de la nueva vivienda y los gastos extras, dejaron mis existencias monetarias bastante descalabradas. Una sustanciosa inyección de capital, procedente del piso de mis padres, no me vendría nada mal. Un espejo descomunal cubría enteramente la pared de la derecha del cuarto. Adosados al mismo, unos cuantos focos convertían aquel lugar en un auténtico camerino de actor. Me vi reflejado en la pulida superficie como nunca, y me paré para efectuar un detallado examen de mi rostro. Un ruido extraño me hizo abandonar tan sinuosa tarea y regresar al salón. Se oían con toda claridad sonidos de pisadas; parecía como si alguien caminara por él. Cuando alcancé la estancia lo hallé totalmente desierto. Con el corazón latiendo alocadamente, recorrí toda la casa en busca de una explicación razonable a lo que había escuchado. La encontré, al fin. Los tabiques debían ser bastante delgados y los rumores de la vecindad se colaban como si fueran propios. Llegué hasta ella e interrumpí su vaivén. Todas estaban perfectamente ajustadas. La vista desde el mirador era magnífica. Al ser un sexto piso, sobresalía ligeramente de las construcciones que se ubicaban en los alrededores, dejando un pasillo de visión bastante amplio para admirar un pequeño parque en las inmediaciones, una iglesia y multitud de tejados rojos llenos de antenas. Lejanas montañas se perdían en un horizonte de brumas amarillas y doradas de la puesta de sol. Antes de llegar al pasillo para retomar mi tarea anterior, por el rabillo del ojo, vislumbré cierto movimiento. La mecedora había recobrado su ritmo cadencioso, otra vez. Algo conmocionado, me dirigí al cuarto de baño para intentar pensar sobre lo que estaba ocurriendo. Al observar mi imagen en la luna reverberante me pareció que algo había cambiado en mí. Se trataba de la mirada, sin lugar a dudas. Desde aquellas fiebres horribles que tuve en la infancia, una extraña cicatriz en forma de media luna había aparecido en el iris de mis ojos verdes. A veces, cuando me sentía excitado, una pequeña ranura incandescente se apreciaba con toda claridad, llameando alarmantemente. Los oculistas no le dieron importancia, diciendo que eran cosas del desmesurado crecimiento que había experimentado, pero los que me rodeaban solían bajar la mirada, totalmente amedrentados ante los gélidos destellos que percibían. De ahí que mis horribles compañeros de la infancia me tuvieran cierto temor. Ahora, al observarme tan de cerca, las medias lunas se habían convertido en círculos perfectamente delimitados, por donde escapaba una pavorosa luminosidad. Cegado como estaba, no me paré ante la carretera que corría muy pareja al portal. Sentí un terrible golpe y perdí el sentido. Cuando desperté, me encontraba en la habitación de un hospital. Me costaba respirar y, al intentar moverme, noté un grueso vendaje en una de las piernas. Una enfermera me informó que llevaba inconsciente una semana, habiendo sido víctima de un atropello. El conductor, sintiéndose culpable del accidente, solía pasarse por el hospital cada día para pedir noticias sobre mi estado. Le conocí al fin. Resultó ser un buen hombre, al que traté de convencer de que la imprudencia la había cometido yo solo. Tres semanas después aparecí por el apartamento, armado con una muleta. La medicación había hecho su efecto y me hallaba relajado y tranquilo. No me sorprendió encontrar en el salón a una señora, ya anciana, de distinguido porte. Supuse que era la dueña del piso a quien no conocía personalmente. Como puede ver por mi cojera, fui víctima de un atropello y he estado ingresado en el hospital todo este tiempo. Desde que murió mi madre, hace escasamente un mes, me he sentido terriblemente solo. Es muy agradable llegar a casa y que haya alguien para recibirte. No se preocupe por mí, yo me limitaré a estar en la mecedora, igual que hago siempre. La mujer se sentó en el mirador y comenzó a moverse rítmicamente. Advertí que los rayos solares la atravesaban lo mismo que si la anciana estuviera hecha de cristal. Pero no se apure, no soy de los latosos. Me quedé gratamente sorprendido ante el descubrimiento. Me senté a su lado y disfrutamos de una agradable charla. Que por cierto, no tengo ni idea de cómo podría ir. El caso es que me siento muy unida a esta casa y, sobre todo, a esta mecedora. Aquí viví siempre, tuve a mis hijos, envejecí y morí. Fui muy feliz en este lugar. Cada uno debe hacer su elección, él optó por irse a otro lugar. Una vez vino una joven a visitarme, pero no se quedó mucho, le gustaba ir de un sitio a otro sin parar. Algunos fantasmas, personas que tuvieron muertes violentas o fallecieron sintiendo un odio exacerbado, raramente pueden abandonar el lugar donde perecieron. Sus espíritus, ya de por sí muy dañados, no sobrevivirían a un nuevo cambio. Seguramente se desintegrarían. Ellos siguen atados a esos sitios. Suelen ser entes malignos, de entrañas enrarecidas. Enseguida nos hicimos amigos. Siempre aparecía en mi presencia luciendo unos ropajes antiguos y muy elegantes. Un collar de perlas, blancas cual huevos de paloma, le rodeaba el cuello del vestido de satén, en un tono berenjena oscuro. Sus manos aparecían enfundadas en unos guantes de raso acorde al color con el que iba vestida. Era muy agradable llegar a casa y encontrarla con su gran sonrisa. Enseguida surgía el debate, ameno y lleno de chispa, era una inteligente conversadora en extremo. Si no lo hace, puede morir de agotamiento. Cuando encontramos a individuos que pueden comunicarse con nosotros, los fantasmas nos ponemos muy pesados, terminamos olvidando que el interlocutor, en cuestión, es humano y tiene ciertas necesidades para seguir viviendo. Ya es hora de que dé por finalizado el duelo. Hice caso a mi consejera de lujo y, al día siguiente, fui decidido a la agencia de viajes para formalizar mi billete de ida a Londres y, de esta manera, cumplimentar allí mi formación profesional. Pero los planes no fueron los pensados, ni mucho menos. No sé qué me sucedió en aquel instante, fue como si algo o alguien me arrastrara hacia un destino que yo no deseaba. Así me vi empujado a formar parte de un grupo de personas que emprendería una larga travesía por varios castillos de Escocia. Cuando me disponía a hacer las maletas, pues mi salida era inminente, la anciana sonrió de buena gana. Esta vez la elección no es tuya, hay alguien muy empeñado en que vayas a Escocia. Debes averiguar quién es y qué es lo que quiere de ti…. He de reconocer que componían un extraño grupo. Leía a la perfección lo que aquellas mentes se cuestionaban con respecto a mi persona:. No hubiera podido contestar aunque hubiera querido, yo tampoco tenía la menor idea de mi papel en aquel recorrido. Al fin, el avión salió con media hora de retraso. Un autocar nos esperaba en las inmediaciones. Aquella velada, la primera del viaje, haríamos un itinerario por la medieval ciudad plagada de leyendas y fantasmas. Giles, así como una larga colección de pubs y restaurantes. Lo que antaño fue una animada calle comercial, con tiendas de artesanos y viviendas, se había convertido en un callejón envuelto en sombras y silencio. Vi a la niña con toda claridad, parada a mi lado. Lloraba sin parar. En un momento dado extendió las manos hacia mí. Traté de agarrarlas pero eran de humo. La niña tenía tal berrinche que no había forma humana de hablar con ella. Dime qué te ocurre para que pueda ayudarte. Dejando a mi grupo, que ni se dio cuenta de mi ausencia, seguí a la cría hasta una vieja casa. La nena se acuclilló allí, inconsolable. Sin dejar de llorar, sacudió su pequeña y sucia cabecita varias veces. Negó con rotundidad, redoblando los lloros. En ese instante todo mi grupo se personó en la vieja casa. La historia dice que la peste, desencadenada por la malsana mezcla de aguas residuales, basura y porquería en la que vivía inmersa la muchedumbre que habitaba esta gran urbe, mató a las tres cuartas partes de la población de Edimburgo, entre ellos a esta pequeña, llamada Annie, la niña que solloza sin cesar. Los turistas le dejan juguetes para tratar de consolar su alma. No le gustan. Obedeciendo a una misma idea, juntamos pañuelos de cuello, unos cordeles de zapatos y gomas del pelo e hicimos algo parecido a un muñeco. Con un rotulador dibujamos los ojos y la boca. El atado lo dejé al lado del fantasma que seguía acurrucada en un rincón chillando con desesperación. Repentinamente dejó de llorar. La niña comenzó a emitir una dulce cancioncilla acariciando el amasijo de ropa con forma de bebé. De puntillas salimos de allí. El silencio nos envolvió opresivamente. Algunos de nosotros gritamos presas del terror saliendo de inmediato de aquellos callejones malditos. Pasamos por el hotel para recoger el resto del pesado equipo de grabación e investigación paranormal que, enseguida, se repartieron entre los siete miembros que lo componían. Ya repuestos de los sobresaltos que habíamos sufrido en las callejas medievales, nos dirigimos al cementerio de Greyfrias Kirkyard: Camposanto que rodeaba la Iglesia Greyfriars. En él encontramos enterrados personajes famosos como el humanista George Buchanan o el abogado George Mackenzie. Fueron encerrados en una zona de ese mismo cementerio que se utilizó como prisión. Morían a centenares. Otros prisioneros fueron enviados en barco a América, desterrados para siempre y condenados a trabajos forzados, pero no tuvieron un final mejor que el de sus compañeros, puesto que el barco naufragó. La guía siguió explicando:. Las verjas se abrieron y los veinticinco avanzamos entre esas viejas construcciones de piedra. El ambiente era siniestro y el frescor de la humedad lo llenaba todo. Comenzó a caer una débil lluvia que, al rato, nos había calado hasta los huesos. Me volví al sentir el movimiento de una gran corriente de aire. Algo oscuro venía a toda velocidad hacia mi persona. Quiero que saques a toda esta gente de aquí. No deseo que ronden por mi territorio. Si no os vais en pocos minutos sufriréis las consecuencias. Ellos solo hacen su trabajo. Perturba la paz de los que murieron. Y aun lo sigo haciendo. Me encanta oír sus gritos desgarradores mientras los doblego. Llegué a la conclusión de que este fantasma, loco y malvado, no había sido el autor de la imperiosa llamada que me había conducido a Escocia. Hablé con mis compañeros para recoger todo aquello. Les avisé sobre lo que el fantasma quería hacer si no nos íbamos. Los aparatos marcaron niveles históricos de actividad paranormal. Y así comenzó el ataque…. La noche se tornó una auténtica tortura. En menos de un minuto toda la furia almacenada en los espectros de los que fueron torturados hacia cuatrocientos años, estalló sobre nuestras cabezas. Una lluvia de cristales acuchilló a todo el equipo infringiendo multitud de pequeños cortes que dejaban regueros de sangre en la tierra; después vinieron las piedras, no muy grandes pero certeras y en cascada, tratando de aplastarnos. Yacía tirado en el polvo de la calle, igual que una piltrafa, nadando en un gran charco de sangre. Sin pensarlo dos veces corrí a su lado y me dispuse a defenderlo. Una luz terrible brotó de mis ojos pulverizando a los entes diabólicos que trataban de enterrarle con una lluvia de piedras. Arrastré el cuerpo al lugar donde el grupo se había replegado. Esta vez sí me hicieron caso. Todos nos movimos en un montón compacto, directo hacia la verja de hierro, la salida. La cerradura estaba atascada. Animé a los miembros del grupo a empujar con todas nuestras fuerzas. Al fin cedieron las pesadas puertas y salimos fuera del alcance de aquellas fuerzas demoníacas. Nos retiramos todo lo que pudimos de la entrada, hacia las tumbas y esperamos la ayuda que previamente habíamos solicitado. Las ambulancias no tardaron en llegar. Enseguida se llevaron al fotógrafo que apenas respiraba y a otros cuatro compañeros con roturas de huesos. George Mackenzie se pudriría eternamente en su infierno particular del cementerio de Greyfriars, pensé mientras acariciaba el colgante que pendía de mi cuello. Antes de irnos a dormir, tomamos una pastilla para relajarnos y estuvimos largo rato charlando antes de pasar a nuestras habitaciones. El miedo teñía de oscuro cada rasgo de la cara de los de mi grupo; incluso de la mía. Conocía muy bien aquella odiosa y terrible sensación..

Zara lo miró, provocativa. Lo conservaré siempre. La apartó para poder sacarse la chaqueta de cuero, y los ojos de Zara se dilataron al ver que debajo de ella llevaba una cota de malla. Zara, por el. El compañero del pendiente de oro estaba prendido en el vértice de su monte de Venus.

El rey ha quedado fascinado. Ram silbó. La muchacha terminó de quitarse la falda y la arrojó al otro lado de la habitación. Ram soltó un grito y la levantó en alto, como si no. La arrojó sobre la enorme cama y él tras ella, buscando el pendiente de Se buscan espíritus de Dunure en Flores con los dedos. Como puedes ver, mi. Sin embargo, si. Rob Kennedy había sido perspicaz suponiendo que su esposa lo convencería de que le permitiese visitar su casa paterna, en Carlisle. Tanto los cinco hijos del matrimonio como Se buscan espíritus de Dunure en Flores prin de otras ramas del clan fueron al muelle para ver zarpar al Thistle Doon despedir a lord y lady Kennedy.

Tina Se buscan espíritus de Dunure en Flores tenido toda la noche para pensar en el consejo de su padre acerca de Se buscan espíritus de Dunure en Flores esposo, y resolvió darle una pizca de esperanza de despedida. Mientras caminaban hacia el barco, lo rodeó con un brazo y la abrazó contra sí, pensando en lo semejantes que eran.

Rob la miró con suspicacia. Invítalo a Doon — le aconsejó. Él sonrió y la abrazó. Mientras las velas se hinchaban y la marea llevaba velozmente el barco hacia el mar, en todos los rostros aparecían expresiones de alivio.

Davie bostezó tras la mano, y Tina se burló:. No ha hecho otra cosa que sermonearme con respecto a los apetitos carnales. Tina murmuró a Donald:. Es un sinvergüenza y un vicioso en el mejor de los casos — replicó Donald, recordando a la joven prostituta de la que Davie había abusado en el burdel, la noche pasada. Los hermanos mayores nunca lo incluían en sus travesuras porque el nacimiento de las dos hermanas los había distanciado en edad; así Davie se había inclinado a compartir sus juegos con las niñas.

Tina, pocos años mayor, siempre lo protegía de los golpes y las. Tina se demoró para caminar junto a su hermana Beth, entre el grupo de jóvenes que andaba por la playa.

Beth susurró:. Echó una tímida mirada a Andrew Kennedy, de vigorosa apariencia, y se sonrojó intensamente. Https://video.daftarcpns.online/video-5108.php siguió la mirada de la hermana y sonrió para sí. Haz algo. Y Beth, tan temerosa de obedecerla como de Se buscan espíritus de Dunure en Flores hacerlo, se inclinó, recogió una bella concha de vieira y apretó el paso para alcanzar a Andrew.

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Los caballos salvajes, sin domar, se habían criado en los bosques del norte, de modo que se acostumbrasen. Eran capaces de correr docenas de leguas sin consumir alimento.

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Cuando regresara, enviaría a su hermano Gavin al sur, al castillo Douglas, llevando al menos la mitad de la manada. Cuando Beth Kennedy sacó su vestido de terciopelo azul del guardarropa, Kirsty se alarmó:. Por una vez, Beth impuso su voluntad:. Kirsty apretó los labios, pensando que estaría en el otro extremo del salón, sentada a la mesa de los criados.

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Cuando recobré el sentido, no sabía dónde me hallaba, no reconocí el lugar ni a los que tenía alrededor. El eco de esa voz poderosa y terrible todavía zumbaba en mi mente. No sabía qué había ocurrido, ni la razón de estar tirado en el suelo. Ante mi estupefacción, el hombre siguió hablando:. La impresión fue tan brutal que no caí al pavimento porque ya me hallaba tirado en él. Así lo hice y observé las cruces y nichos que recubrían el suelo y las paredes del recinto. Enseguida las lecturas dieron positivas. El parapsicólogo no se separó de mi lado. Se le veía muy preocupado y meditabundo. No sé si estuvo en aquel recinto maldito, lo que sí asevero con rotundidad, es que su cuerpo permaneció en la cripta todo el rato. Si no me cree mire las fotografías que le fuimos haciendo. Era yo, sin duda, el individuo que se observaba tirado en el suelo. Enseguida le encontramos aquí tumbado. Intentamos auxiliarle pero una fuerza antinatural nos restringía el paso. Una barrera de llamas nos impedía llegar hasta usted. Varios compañeros se quemaron al pretender un acercamiento. La doctora tuvo mucho trabajo atendiendo a unos y otros. Así hemos pasado la noche. Cuando el sol del amanecer ha tocado esta sala, se ha despertado. De repente, el hombre me miró fijamente, sentí la intensidad de su escrutinio como algo doloroso. Hay algo que no va bien en ellos. A pesar del cansancio que sentía, fui capaz de subir a la planta de arriba para localizar un baño. La imagen reflejada en el espejo seguía siendo harto conocida, o sea, yo mismo, pero se había producido un pequeño cambio. Los ojos no eran los de siempre. Antes poseían un círculo perfecto por el que rayos de potente luz escapaban cuando me hallaba muy excitado. Ahora, en cambio, el agujero luminoso había sido parcialmente tapado por un pozo negro, terrorífico y pavoroso que daba a mi cara una expresión escalofriante. Grité horrorizado. Salí despavorido del baño y seguí corriendo hasta abandonar aquel castillo. Lo que fuera que entrase en mí, ya estaba realizando su trabajo. Solo había que observar mis ojos terribles. Mientras ellos embalaban el equipo y recogían todos sus enseres, la doctora me dio un potente ansiolítico y trató de convencerme de que la imaginación me había jugado una mala pasada. Pensé que había muchas maneras de viajar o de trasladarse de un lugar a otro, y precisamente los fantasmas sabían mucho de eso. No me pareció verosímil, debía ser otro ente. Si el diablo hubiera querido atarme allí, no hubiera podido abandonar el lugar. Sólo recordaba unas horribles y poderosas patas de animal terminadas en pezuñas envueltas en llamas. Deduje que no era así, pues de serlo, hubiera quedado atrapado para siempre en aquella espantosa habitación. Repentinamente y sin previo aviso, comenzó la agresión. Una colección de espíritus que habitaban el lugar se nos vino encima igual que una nube en una tormenta. Varios espectros, negros lo mismo que plumas de cuervo, se materializaron sobre aquellas aguas presionando las cabezas hacia el fondo de los que emergían para coger aire. No podía consentir que mataran ante mis narices a esos pobres infelices. Salí corriendo hacia la gran extensión de agua. El viento trataba de tirarme, pero no lo conseguía, la fuerza interior que me empujaba era mucho mayor que ese estruendoso soplido. Sentía a punto de estallar un rencor denso y gigantesco que me ahogaba. Llegué al lago y rugí igual que un dinosaurio ciclópeo. Un estruendo ensordecedor emergió de mi garganta haciendo temblar todo el estanque. Los espectros se esfumaron de inmediato, pero mis compañeros sufrieron terribles hemorragias en los oídos. Los ayudé a salir del agua, evitando que se ahogaran. La doctora los examinó concienzudamente. Les dio unos analgésicos para los enormes dolores que padecían y juzgó que el daño no era demasiado severo. Solo a uno de ellos lo dejamos ingresado en el hospital con perforación de ambos tímpanos. Me sentí tan mal que no pude hablar con nadie en todo el trayecto. Echaba a todo aquel que se acercaba al asiento contiguo. Estuve cuatro horas callado hasta alcanzar nuestro nuevo destino. Dicen que después de la tormenta viene la calma. La medalla que tenía en el cuello cobraba vida propia y huía de mí. Cuando la tenía al alcance de la mano y parecía posible su recuperación, siempre aparecía una barrera de fuego que se interponía entre el amuleto y yo. A pesar de vivir estas ensoñaciones angustiosas, no me desesperaba, pues sabía que me hallaba inmerso en una pesadilla de la cual despertaría tarde o temprano. Su efigie se imprimió en el reverso de los billetes de cinco libras emitidos por el Royal Bank of Scotland en una época lejana. El castillo de Culzean fue construido con una planta en L por orden de David Kennedy, décimo conde de Cassilis. La fortaleza se edificó por etapas entre y La guía siguió desgranando la historia de la mansión antes de que descendiéramos del autocar. Al hacer esto, estipularon que el apartamento en lo alto del castillo le fuera entregado al general Dwight Eisenhower en reconocimiento a su papel como comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa, durante la Segunda Guerra Mundial. Así muy cargados, nos dirigimos hacía una enorme puerta de piedra. Paré un instante para admirar la vista desde donde me encontraba; el castillo parecía escapado de un cuento de hadas. A lo lejos pude observar una manada de ciervos pastando tranquilamente en los alrededores. Maleta en mano traspasamos el pétreo y gigantesco portón, seguido de un puente que se elevaba sobre unos preciosos jardines. Al final del puente alcanzamos otra ciclópea abertura por la que desembocamos en un gran patio. Se hallaba presidido por una zona ajardinada cuajada de flores de olor penetrante. Desde la plaza de armas se divisaban la enorme muralla que se unía al acantilado, así como las dependencias destinadas a los establos y viviendas del personal y, por supuesto, la torre imponente. Nos dieron las llaves de los aposentos y fuimos a deshacer las maletas. Enseguida bajamos a almorzar y después comenzamos a trabajar. Una vez que se hubo desalojado el edificio de visitantes, procedimos a ubicar los sensores de movimiento, micrófonos y grabadoras; los termómetros, los medidores de electromagnetismo y el analizador de espectros. La temperatura bajó y los medidores se volvieron locos. Una gaita comenzó a sonar en la lejanía. Lleva un uniforme escocés antiguo, tocado con boina de cuadros y una gran borla verde. No se mueve del jardín. Sentí un aliento helado en el cuello. Me volví despacio con el corazón encogido de terror para encontrarme con el espectro de un individuo mal encarado. Llevaba la ropa hecha jirones y me miró lleno de rencor. Llevo siglos esperando que la providencia haga su trabajo. Soy harto conocido por estos contornos. Es una asesina. Comenté a los miembros de mi equipo el nombre de la presencia que detectaban. El fantasma al oír todo aquello, gritó de rabia y soltando un chorro de niebla verde, salió de la estancia. Parecía una reunión de seres transparentes. Aquellos seres llevaban ropajes de diferentes épocas. Había una joven que vestía un ceñido traje de noche, fumaba un cigarrillo y miraba muy fijamente sin pestañear. No hizo la menor intención de decir una palabra. A su lado pude ver a un niño de unos siete años, sucio y macilento, parecía un pinche de las cocinas. Una sirvienta de antiguo traje largo y negro con delantal almidonado y cofia en la cabeza, aparecía sumisamente cerca de un individuo de recios bigotes rojizos, con ojos de fiera salvaje. El ser me miró fijamente y habló en estos términos:. Es un mensajero entre universos. Nunca ha venido nadie con tanto poder. Esperaba que en este castillo pudieran despejarme esta incógnita. En vida fuimos pendencieros y ruines, pero el ente que le ha convocado debe ser el colmo de la maldad y le aseguro que aquí no habita. Me adueñé de todas las tierras que, antes, compartíamos con otra rama de la familia. Secuestré al Abad de la abadía Crossraguel, representante legal de la otra familia, le hice llevar a Dunure y allí lo mandé atar en un asador. Al fin el Abad firmó su cesión de tierras a mi favor. Me sentí tan contento de haber realizado mi sueño, que salí a lomos de mi caballo para recorrer la totalidad de mi nueva propiedad. Tuve la mala fortuna de caer de mi montura, algo asustó a mi experimentado caballo, héroe de mil batallas, y salí despedido contra el suelo. Pocos días después expiré entre grandes dolores. Al final no pude disfrutar de lo que había logrado robar. Les fui contando la información que me explicaba el fantasma. Con el gaitero de ahí fuera, somos un total de siete fantasmas en el castillo y le aseguro que ninguno de nosotros le hemos llamado. Usted posee la marca del señor de las tinieblas, debe estar destinado a un fantasma terrible. Me quejo de mi destino pero no me gustaría nada estar en el suyo. Dicho lo cual los entes se esfumaron dejando una neblina rosada. Anduve por pasadizos que desembocaban en cuevas que daban al mar. Durante las dos noches que estuvimos allí, hubo registros de actividad paranormal. Mis compañeros sintieron tirones en la ropa, oyeron voces desconocidas, se toparon con densas neblinas en los pasillos y chillaron cuando sintieron diversos toques en la espalda. Al acabar nuestra estancia, recogimos nuestros pertrechos. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti. Dicho lo cual desapareció. Abrí los ojos sobresaltado. Observé a mis compañeros de viaje. Todos dormían profundamente. No vi a nadie rondando por mi sitio. El autocar circulaba suavemente por una carretera llena de curvas. La luz del sol iluminaba las altas cumbres revestidas de nieve. Debía hacer mucho frío por esos parajes. Habíamos parado ya en tres destilerías de whisky, de las muchas que existían en la región, para degustar este célebre brebaje. La famosa bebida de malta poseía su cuna en las Highlands Tierras Altas. Nunca pensé que vería tantos fantasmas juntos. Escuché el entrechocar del acero y los gritos de los hombres, ora arengando, ora muriendo. Clavé mis pupilas en aquel grupo de guerreros antiguos, hechos de hilachas de niebla, exigiéndoles que desaparecieran. Con un rictus de terror en sus pétreos rostros así lo hicieron. No quise imaginar qué sería del pobre desgraciado que tuviera que pasar una noche entre aquellos espectros. Poco a poco los integrantes del viaje, que seguían roncando a pierna suelta, se despertaron con las primeras palabras de la guía:. Nos hospedaremos en el castillo de Dalhousie por espacio de cuatro días. Nos han reservado un ala entera para nosotros. El patriarca del clan era Simundus de Ramesie Simón de Ramsey un caballero inglés descendiente de los normandos. El castillo es de piedra roja, como pueden observar, y se encuentra en un punto estratégico con vistas al río Esk. La mayor parte de la reconstrucción fue realizada en el siglo XVII. Originalmente había un foso seco que rodeaba el castillo. La fosa fue posteriormente rellenada, pero en el siglo XX se juzgó necesario excavarla de nuevo. Los que han habitado este edificio hablan de varios avistamientos de espectros. Cada uno de nosotros recogió sus pertrechos y entramos en el interior de la fortaleza. El lujo de la madera recién barnizada, las alfombras de exquisito gusto y el mostrador vanguardista, marcaban una frontera invisible entre el pasado y el presente. Apenas hablaba ni me relacionaba con ellos. Mi conciencia se había vuelto muda. Me sentía aletargado e insensibilizado con respecto a todos y todo. Entonces apareció ella. Una curiosa quietud parecía sostener la atmósfera de aquel pasillo. Justo cuando pasó ante el espejo, me extrañó sobremanera no ver su imagen reflejada en él. Me acerqué a ella y la cogí una mano, tersa, suave y blanca como la nieve. Los dedos eran largos y terminaban en pequeñas uñas graciosamente pintadas. Atrapé a su compañera para admirarlas juntas y parejas. En toda mi vida había tropezado con unas extremidades como aquellas. Relumbraban con luz propia marcando una barrera apenas visible con el resto del cuerpo. Todo a su tiempo. Nos veremos esta noche. No comprendía qué clase de ente podría ser, puesto que su tacto firme y caliente había impregnado la palma de mis manos. Juzgué necesario, después de evaluar cada rincón de su anatomía, pensar que aquella muchacha fantasmal o lo que fuera, me había robado el corazón. Acaricié mi amuleto sintiendo un alivio sin igual. Antes de almorzar di una vuelta por los alrededores del castillo. El aire era delicado por la esencia de las piceas y el brezo. El zureo de una paloma torcaz iba y venía en pos del viento mientras unos cuantos conejos se escabullían a través de la maleza, exhibiendo sus blancas colas de algodón. No me siento bien — dijo, plañidera. Rob asintió, sin poder confiar en su voz hasta que la esposa se fue. Entonces, estalló en invectivas contra las dos que quedaban:. Debería despellejarte por perturbar a tu madre! Tina se levantó. Reacciona como si Damaris hubiese sido hermana de ella y no mía. El fuego jugueteaba sobre su rostro en forma de corazón, y convertía su pelo en cobre fundido. Atraía a los hombres como un cuenco de miel, y Rob se había sentido intrigado de que nadie la pidiese en matrimonio. Su corazón se ablandó —. El clan Douglas la envenenó. El semblante del padre volvió a endurecerse, y clavó en Ada una mirada acusadora. Juré que no cometería el error de convertir a Tina en una mujer suave como su madre y como Beth. Elige mientras todavía puedas hacerlo. Ya tienes casi diecisiete. O, si no, el rey podría obligarte a casarte sin otro criterio que su propio beneficio. Sé sensata:. Tina, muchacha,. Eres una mujer atractiva, Ada hace mucho tiempo que no nos damos un buen revolcón. Ada movió la cabeza para que sus pendientes se balancearan provocativamente. Tina abrió la boca, obediente, y. Un momento después, Ada dijo:. Gracias al cielo no has permitido que Carnicero Bothwick te la quitara. Una mujer debe conservar sus muelas a toda costa, pues eso mantiene el aspecto juvenil del rostro. Cuando pierdes los molares, te cuelgan las mejillas. Mañana es Primero de Mayo. Durante el día, los aldeanos bailarían en torno al poste tradicional adornado con flores pero, por la noche, habría juerga y bailes alrededor de las. Tina bostezó, y alzó uno de sus bellos hombros. Sacó la camisa de dormir, y dijo:. Creo que seguiré tu consejo. En cuanto Ada salió por la puerta, Tina volvió a meter el camisón bajo la almohada. Ésa era la noche en que los gitanos regresaban al valle de Galloway. A algo menos de 50 kilómetros de allí, Douglas, apodado Ram el Negro tendido en el suelo del salón, jugaba a los dados con sus hermanos y algunos de sus bandoleros. Boozer, el feroz pero lobo, estaba echado a sus pies, ante el fuego. Las llamas destacaban los planos de luz y sombra en el rostro moreno de Ram. Sin embargo, esa noche, jugando a los dados, parecía estar de un talante bastante apacible. El nivel de ruido en el salón era tan alto como de costumbre. Los habitantes de la frontera eran una pandilla de sinvergüenzas tan rudos y vocingleros que siempre parecían estar riñendo o violando a alguien. Desde lo alto del muro se oía el sonido de una gaita, y Cameron, el menor de los Douglas, cantaba una canción obscena:. Boozer se levantó y se estiró, considerando que la gente ya estaba bastante ebria como para pasar por. El macizo perro lobo apoyó sus grandes patas sobre la mesa y masticó un hueso de carnero con sus dientes filosos como una navaja. Un criado intentó apartar a la bestia, pero Boozer bajó las orejas y lanzó un gruñido gutural. El criado retrocedió lanzando un grueso epíteto, y el perro se ocupó de volcar una copa y lamer el contenido antes de que llegara al suelo. Sintiéndose audaz, Gavin dijo:. El Negro Douglas no era hombre de compartir nada, y menos a la mujer que calentaba su lecho. Pero Ram Douglas levantó una ceja con aire divertido:. Los ojos de Gavin brillaron. Sabía que Ram admiraba a su bella rapaz. Ram se encogió de hombros. Gavin parpadeó cuando vio que Ram echaba un lastimoso tres; sintió que su corazón se aceleraba excitado por su propia buena suerte. Ram se puso de pie y se estiró. Espero que la disfrutes. Bueno, me marcho. Gavin Douglas adoptó una expresión perpleja. Guiñó un ojo a Gavin y recogió su abrigo de cuero. Las cejas negras de Cameron se aflojaron cuando recordó algo:. Ésta es la noche en que los gitanos regresan al valle de Galloway. Tina se puso un abrigado traje de montar de terciopelo verde y se escabulló del castillo, en dirección al establo. Contempló la delgada tajada de luna en el cielo oscuro y se estremeció, pensando que sería una buena noche para una correría. Cuando abrió la puerta del establo y entró en él, sintió un cosquilleo en. La muchacha y los hombres se miraron entre sí, apesadumbrados, sabiendo que habían sido sorprendidos en una actividad clandestina. Tina ignoró la pregunta. Simplemente, vamos a Glasgow. Quiero ayudar. Duncan se inclinó hacia ella y dijo, en tono confidencial:. La crudeza de su hermano la llenó de vergüenza; luego los vio pasar en fila ante ella y perderse en la oscuridad de la noche. Valentina observó con alivio que los Kennedy enfilaban hacia el norte, rumbo a Glasgow. Eran unos 50 kilómetros, y Donald y Duncan llevarían un ritmo terrible, y como ella iría hacia el Éste, no había posibilidad de que volvieran a encontrase. Los gitanos habían instalado su campamento a unos 13 kilómetros de allí, a orillas del río Ayr. La muchacha oyó el rumor del río crecido, que corría saltando sobre rocas y peñascos y, no muy lejos, el aullido de un zorro. Era esa clase de noche colmada de promesas y de magia, que le hacía alegrarse de estar viva, con el pelo al viento, montada en un buen caballo. Tina se aferró a la noche. El mañana, con su amenaza de un esposo, de un matrimonio, estaba a. Primero, vio las hogueras y luego las siluetas de los carromatos, mucho antes de llegar al fondo del valle a mezclarse con el grupo de polvorientos nómadas. Zara sintió un hondo estremecimiento cuando su cuerpo se puso en contacto con el de ese hombre, que no tenía nada que no fuese oscuro y duro. El dibujo de su mandíbula revelaba obstinación y el implante de. Estaba vestido de negro de pies a cabeza. Su chupa y sus botas altas hasta el muslo estaban hechas de suave cuero negro. Zara tembló, sabiendo que Ram el Negro era cruel y peligroso. De repente, el hombre se inclinó adelante apoyando el brazo en el pomo de su silla, y miró intensamente a la joven de roja cabellera flameando sobre los hombros que entraba a caballo en el campamento. Montaba a horcajadas, cosa inaudita en una mujer. Se apeó del caballo y corrió, riendo, hacia los brazos abiertos de un gitano alto y joven:. Ram prosiguió su minucioso y atento examen de la vivaz criatura mientras el hombre la alzaba en el aire y la hacía girar. Seguramente, alguna esposa que busca el fruto prohibido. De todos modos, te convendría dejar en paz a las mujeres de Heath, salvo que quieras un cuchillo entre las costillas. Ram sonrió para sí: era obvio que Zara estaba celosa y tenía motivos, porque la muchacha era de una belleza que cortaba el aliento, aunque sería mejor para ella que los celos no la volviesen demasiado. Durante el verano, los gitanos habían viajado hacia el norte, hasta Inverary, en las tierras altas, e invernado en Carlisle, en Inglaterra, donde el clima no era tan inclemente. También habían pasado un tiempo en la antigua capital de Stirling, y en la nueva, Edimburgo, donde el rey y su. Tina tenía un millón de preguntas para hacerle, que iban desde el conde de Argyll, uno de los Campbell, hasta su propia pariente famosa, de quien se decía que era la nueva amante del rey. No me extraña que haya buscado la protección del rey. Tiene intenciones de engullirse todas las Highlands. Desde que el rey designó a Douglas su principal. Este invierno que pasó no supe de tantos ataques entre los dos países. No has respondido mi pregunta acerca de Janet Kennedy. Sus bellos dientes blancos relampaguearon cuando el joven rió:. Los ojos del gitano chispearon. Y podría decirme la suerte — dijo Tina, entusiasmada. El carromato de la vieja Meg era un pequeño mundo dentro de otro. Predecía la suerte, profería hechizos y distribuía remedios para cualquier dolencia conocida por el hombre. Meg era una vieja astuta que se había hecho rica practicando abortos a damas nobles. Su negocio siempre se animaba cuando visitaban la corte del rey. Cuando Tina trepó los peldaños de la carreta, Meg no la saludó pero se puso a preparar una poción al enterarse del dolor de muelas. Heath era su nieto y la madre de él había muerto de parto. Heath, que debía bajar la cabeza para no chocar con el techo, dijo:. La vieja Meg, con la boca apretada en una dura línea y siguiendo los rituales, apoyó las manos cargadas de anillos sobre el globo de cristal pero, tras un minuto de silencio, dijo:. No puedo decirte nada. Tina sostuvo su mirada, y las dos fuertes voluntades batallaron entre sí. Meg apretó los labios. No aprobaba la relación entre su nieto y esta muchacha voluntariosa y malcriada. No tenía motivos para querer a los Kennedy. Tina puso tres monedas de plata sobre una mano no demasiado limpia y contuvo el aliento, expectante, mientras barajaba el gran mazo de cartones pintados que Meg le había dado. Cerró los ojos, formuló un deseo, como le habían enseñado a hacer, y luego devolvió las cartas a la anciana profesional. La primera carta vuelta fue El Emperador, del arcano mayor. Meg describió la figura:. En la mano derecha sostiene la Cruz de la Vida, el ankh egipcio. Sobre el hombro derecho, hay otra imagen de una cabeza de carnero. El Emperador simboliza la sabiduría terrenal. Las montañas peladas representan su poder y su fuerza. Es inflexible e inconmovible en sus juicios. Prefiere ser jefe, no obedecer a nadie. Disfruta del mando y gobierna con mano de hierro. A su lado hay un escudo en forma de corazón, con el signo de Venus. Es Afrodita, diosa del amor humano. Esta carta simboliza la fertilidad. Se unen los dos sexos. Significa la plenitud de las necesidades eróticas. Ella representa el cielo en la tierra, el Jardín del Edén, la puerta que se abre a los placeres y los tesoros terrenales. Meg depositó sobre la mesa el Paje de Espadas, del arcano menor:. Utiliza la agresividad para defenderse de las dudas con respecto a sí mismo. De inmediato, Tina pensó en su hermano David, y contuvo el aliento cuando apareció otro naipe de espadas, pues sabía que eran las peores del mazo:. Tina sintió alivio cuando vio que la carta siguiente era el siete de bastos, aunque Meg también le dio un significado ominoso:. El naipe indica que debes aferrarte a lo tuyo, pese a todos los inconvenientes. Debes adoptar una postura y mantenerte firme frente a la oposición, pues sólo en el cambio hay crecimiento. El cuatro de copas apareció sobre la pequeña mesa, y Tina suspiró, agradecida. Meg continuó:. Esta carta representa el lecho amoroso, el placer y una atracción sexual irresistible. Meg no dijo nada; Tina no necesitaba su descripción: veía claramente que se trataba de un hombre postrado en el suelo, con las diez espadas clavadas en la espalda, y sobre él se cernía un cielo oscuro. Tina suspiró, aliviada. Aunque ya tenía en vista a un posible marido, había formulado el deseo de no casarse ese año. La Emperatriz te representa a ti. A esta altura, Tina resolvió que nada de eso se convertiría en realidad porque ella cumpliría su deseo, y éste era "no casarse". Meg observó al varón postrado con las espadas clavadas. Su querido Heath era moreno. Perforó a Tina con una mirada feroz. Tina sintió que algo se movía junto a su pie, bajo la mesa, y se sobresaltó. Vio una enorme tortuga con una gran gema roja incrustada en el caparazón —. Las comisuras de la boca de Meg descendieron en una mueca desdeñosa. Tina observó a Meg y, de pronto, sus ojos se llenaron de malicia: la gitana estaba haciendo todo lo posible para llenarla de malos presentimientos. No existían las maldiciones. Cada uno era responsable de su propia suerte o desdicha en este mundo. Fue a darle las buenas noches a Heath; quería regresar a Doon antes de que descubriesen su ausencia. Los dientes del muchacho brillaron:. Si lo hiciera, irías sola. Él la alzó sobre la montura, y Tina le confió:. Los guardias lo habían apodado el Temerario porque siempre cabalgaba como si lo persiguieran los demonios, aunque llevara una mujer a la grupa. Ram la siguió llevando una antorcha encendida que llameaba y chisporroteaba, proyectando largas sombras sobre los muros de piedra basta. Siguió su camino con una sacudida después de saludarlos con un breve movimiento de la cabeza. Ram colocó la antorcha en el soporte de hierro que había junto a la puerta, y Zara entró corriendo en la gran habitación. Ésta no era desconocida para ella; había estado allí por primera vez en la primavera pasada. Ram sonrió. Quisiera verme casado y concibiendo hijos para. Zara se acercó a él, deslizó sus brazos alrededor del cuello y murmuró:. Ram le lanzó una mirada casi indiferente. Aunque era tarde, él parecía no tener prisa, y Zara se sentía irritada. Tocó el pendiente de oro que llevaba en la oreja. Zara lo miró, provocativa. Lo conservaré siempre. La apartó para poder sacarse la chaqueta de cuero, y los ojos de Zara se dilataron al ver que debajo de ella llevaba una cota de malla. Zara, por el. El compañero del pendiente de oro estaba prendido en el vértice de su monte de Venus. El rey ha quedado fascinado. Ram silbó. La muchacha terminó de quitarse la falda y la arrojó al otro lado de la habitación. Ram soltó un grito y la levantó en alto, como si no. La arrojó sobre la enorme cama y él tras ella, buscando el pendiente de oro con los dedos. Como puedes ver, mi. Sin embargo, si. Rob Kennedy había sido perspicaz suponiendo que su esposa lo convencería de que le permitiese visitar su casa paterna, en Carlisle. Tanto los cinco hijos del matrimonio como los prin de otras ramas del clan fueron al muelle para ver zarpar al Thistle Doon despedir a lord y lady Kennedy. Tina había tenido toda la noche para pensar en el consejo de su padre acerca de elegir esposo, y resolvió darle una pizca de esperanza de despedida. Mientras caminaban hacia el barco, lo rodeó con un brazo y la abrazó contra sí, pensando en lo semejantes que eran. Rob la miró con suspicacia. Invítalo a Doon — le aconsejó. Él sonrió y la abrazó. Mientras las velas se hinchaban y la marea llevaba velozmente el barco hacia el mar, en todos los rostros aparecían expresiones de alivio. Davie bostezó tras la mano, y Tina se burló:. No ha hecho otra cosa que sermonearme con respecto a los apetitos carnales. Tina murmuró a Donald:. Es un sinvergüenza y un vicioso en el mejor de los casos — replicó Donald, recordando a la joven prostituta de la que Davie había abusado en el burdel, la noche pasada. Los hermanos mayores nunca lo incluían en sus travesuras porque el nacimiento de las dos hermanas los había distanciado en edad; así Davie se había inclinado a compartir sus juegos con las niñas. Tina, pocos años mayor, siempre lo protegía de los golpes y las. Tina se demoró para caminar junto a su hermana Beth, entre el grupo de jóvenes que andaba por la playa. Beth susurró:. Echó una tímida mirada a Andrew Kennedy, de vigorosa apariencia, y se sonrojó intensamente. Tina siguió la mirada de la hermana y sonrió para sí. Haz algo. Y Beth, tan temerosa de obedecerla como de no hacerlo, se inclinó, recogió una bella concha de vieira y apretó el paso para alcanzar a Andrew. Reuniendo todo su coraje dijo:. Andrew echó una mirada a la pequeña muchacha rubia y respondió, distraído:. Beth vaciló en sus pasos, y Tina se acercó a ella:. Tina rió:. Su reloj y su pulsera combinan perfectamente, lo que no significa que no pueda usted probar diferentes opciones. Tras haber tomado parte en las seis misiones lunares, el legendario Speedmaster es una representación admirable del audaz espíritu pionero de la firma. Close cookies settings Haga clic en cada botón para activar o desactivar el uso de cada una de las cookies. Sí I accept cookies policy and close dialog box. No I do not accept cookies policy and close dialog box. Te convendría tratarlo con dulzura. Tina sonrió a los dos, agradecida:. El mayordomo del castillo las observaba con fruición. Era bien sabido que las dos se toleraban a duras penas, y él se daba cuenta de que en cualquier momento podían estallar entretenidas hostilidades entre las enemigas. Se acomodó el austero escote de su vestido, bordeado con piel de marta cibelina, y dijo, casi con alegría:. Problemas es el segundo nombre de Valentina Kennedy. Tienes una lengua insolente: es evidente de quién aprende Tina, la flamígera. Parte de la autocomplacencia volvió al semblante de Kirsty. Ada repuso:. Es demasiado mayor. Aunque Ada no tenía intenciones de atacar a Beth, dijo:. Valentina es atractiva, fascinante y bella. Ada era viuda y no podía negar que disfrutaba de la compañía masculina. No les gusta un capullo que haya sido muy manoseado —replicó Kirsty, maliciosa. Kirsty ahogó una exclamación, se puso roja como una remolacha y huyó de la mesa. El mayordomo estuvo a punto de asfixiarse con un trago de cerveza. Sin embargo, la satisfacción de Ada disminuyó un poco cuando un paje llamó su atención tirando de su manga. Valentina seguía a su madre y Ada formaba la retaguardia, murmurando:. En otro tiempo, Rob Kennedy había sido un hombre apuesto, de pelo llameante, que ahora era escaso y gris. Su rostro rubicundo ya exhibía partes colgantes, y su barriga se proyectaba hacia delante, en homenaje al talento del señor Burque. De espaldas al fuego, preguntó en tono engañosamente tranquilo:. Yo te lo diré. Las muchachas, sobre todo las que son hermosas. No debería haberte hecho caso. Tendría que haberla enviado a la corte. Con gran audacia, Elizabeth dijo:. Claro que es una puta, pero permíteme recordarte que los Kennedy fueron reyes de Carrick. Rob Kennedy se aclaró la voz. Mal rayo parta a todos los malditos Black Douglas. Elizabeth se llevó el pañuelo a los ojos. No me siento bien —dijo, plañidera. Rob asintió, sin poder confiar en su voz hasta que la esposa se fue. Entonces, estalló en invectivas contra las dos que quedaban:. Debería despellejarte por perturbar a tu madre! Tina se levantó. Reacciona como si Damaris hubiese sido hermana de ella y no mía. El clan Douglas la. El fuego jugueteaba sobre su rostro en forma de corazón, y convertía su pelo en cobre. Atraía a los hombres como un cuenco de miel, y Rob se había sentido intrigado de que nadie la pidiese en matrimonio. Su corazón se ablandó—. Muchacha, quiero un Campbell o un Gordon para ti. El semblante del padre volvió a endurecerse, y clavó en Ada una mirada acusadora. Juré que no cometería el error de convertir a Tina en una mujer suave como su madre y como Beth. En cuanto a la sumisión, para que eso fuera posible haría falta un compañero muy fuerte. Tina, muchacha, escucha a tu viejo padre. Elige mientras todavía puedas hacerlo. Ya tienes casi diecisiete. O, si no, el rey podría obligarte a casarte sin otro criterio que su propio beneficio. Eres una mujer atractiva, Ada. Ada movió la cabeza para que sus pendientes se balancearan provocativamente. Un momento después, Ada dijo:. Gracias al cielo no has permitido que Carnicero Bothwick te la quitara. Una mujer debe conservar sus muelas a toda costa, pues eso mantiene el aspecto juvenil del rostro. Cuando pierdes los molares, te cuelgan las mejillas y envejeces terriblemente. Mañana es Primero de Mayo. Durante el día, los aldeanos bailarían en torno al poste tradicional adornado con flores pero, por la noche, habría juerga y bailes alrededor de las hogueras de. Tina bostezó, y alzó uno de sus bellos hombros. Sacó la camisa de dormir, y. Creo que seguiré tu consejo. En cuanto Ada salió por la puerta, Tina volvió a meter el camisón bajo la almohada. Ésa era la noche en que los gitanos regresaban al valle de Galloway. Boozer, el feroz pero lobo, estaba echado a sus pies, ante el fuego. Las llamas destacaban los planos de luz y sombra en el rostro moreno de Ram. Ramsay Douglas tenía pómulos angulosos y ojos color peltre, sobre los cuales se arqueaban dos espesas cejas negras que le daban una expresión demoníaca, que se conjugaba con su temperamento cuando era provocado. Sin embargo, esa noche, jugando a los dados, parecía estar de un talante bastante apacible. El nivel de ruido en el salón era tan alto como de costumbre. Los habitantes de la frontera eran una pandilla de sinvergüenzas tan rudos y vocingleros que siempre. Desde lo alto del muro se oía el sonido de una gaita, y Cameron, el menor de los Douglas, cantaba una canción obscena:. Boozer se levantó y se estiró, considerando que la gente ya estaba bastante. El macizo perro lobo apoyó sus grandes patas sobre la mesa y masticó un hueso de carnero con sus dientes filosos como una navaja. Un criado intentó apartar a la bestia, pero Boozer bajó las orejas y lanzó un gruñido gutural. El criado retrocedió lanzando un grueso epíteto, y el perro se ocupó de volcar una copa y lamer el contenido antes de que llegara al suelo. Sintiéndose audaz, Gavin dijo:. El Negro Douglas no era hombre de compartir nada, y menos a la mujer que calentaba su lecho. Pero Ram Douglas levantó una ceja con aire divertido:. Los ojos de Gavin brillaron. Sabía que Ram admiraba a su bella rapaz. Ram se encogió de hombros. Gavin parpadeó cuando vio que Ram echaba un lastimoso tres; sintió que su corazón se aceleraba excitado por su propia buena suerte. Ram se puso de pie y se estiró. Espero que la disfrutes. Gavin Douglas adoptó una expresión perpleja. Guiñó un ojo a Gavin y recogió su abrigo de cuero. Las cejas negras de Cameron se aflojaron cuando recordó algo:. Ésta es la noche en que los gitanos regresan al valle de Galloway. Tina se puso un abrigado traje de montar de terciopelo verde y se escabulló del castillo, en dirección al establo. Contempló la delgada tajada de luna en el cielo oscuro y se estremeció, pensando que sería una buena noche para una correría. Cuando abrió la puerta del establo y entró en él, sintió un cosquilleo en su nariz; aspiró excitada por el olor picante de los caballos, el heno y el estiércol, que se elevaba como un miasma en la oscuridad. La muchacha y los hombres se miraron entre sí, apesadumbrados, sabiendo que habían sido sorprendidos en una actividad clandestina. Todos sus instintos le habían avisado que ellos planeaban una incursión, pero ella había supuesto que esperarían hasta que el padre se hiciera a la mar. Tina ignoró la pregunta. Simplemente, vamos a Glasgow. Quiero ayudar. Duncan se inclinó hacia ella y dijo, en tono confidencial:. La crudeza de su hermano la llenó de vergüenza; luego los vio pasar en fila ante ella y perderse en la oscuridad de la noche. Valentina observó con alivio que los Kennedy enfilaban hacia el norte, rumbo a Glasgow. Eran unos 50 kilómetros, y Donal y Duncan llevarían un ritmo terrible, y como ella iría hacia el Éste, no había posibilidad de que volvieran a encontrase. Los gitanos habían instalado su campamento a unos 13 kilómetros de allí, a orillas del río Ayr. La muchacha oyó el rumor del río crecido, que corría saltando sobre rocas y peñascos y, no muy lejos, el aullido de. Era esa clase de noche colmada de promesas y de magia, que le hacía alegrarse de estar viva, con el pelo al viento, montada en un buen caballo. Tina se aferró a la noche. El mañana, con su amenaza de un esposo, de un matrimonio, estaba a millones de kilómetros pero, cuando llegase, lo enfrentaría decididamente, y en sus propios términos. Primero, vio las hogueras y luego las siluetas de los carromatos, mucho antes de llegar al fondo del valle a mezclarse con el grupo de polvorientos nómadas. Zara sintió un hondo estremecimiento cuando su cuerpo se puso en contacto con el de ese hombre, que no tenía nada que no fuese oscuro y duro. El dibujo de su mandíbula revelaba obstinación y el implante de su cabeza era arrogante y orgulloso sobre los anchos y poderosos hombros. Estaba vestido de negro de pies a cabeza. Su chupa y sus botas altas hasta el muslo estaban hechas de suave cuero negro. Zara tembló, sabiendo que Ram el Negro era cruel y peligroso. De repente, el hombre se inclinó adelante apoyando el brazo en el pomo de su silla, y miró intensamente a la joven de roja cabellera flameando sobre los hombros que entraba a caballo en el campamento. Montaba a horcajadas, cosa inaudita en una mujer. Se apeó del caballo y corrió, riendo, hacia los brazos abiertos de un gitano alto y joven:. Ram prosiguió su minucioso y atento examen de la vivaz criatura mientras el hombre la alzaba en el aire y la hacía girar. Seguramente, alguna esposa que busca el fruto prohibido. De todos modos, te convendría dejar en paz a las mujeres de Heath, salvo que quieras un cuchillo entre las costillas. Ram sonrió para sí: era obvio que Zara estaba celosa y tenía motivos, porque la muchacha era de una belleza que cortaba el aliento, aunque sería mejor para ella que los celos no la volviesen demasiado audaz. Durante el verano, los gitanos habían viajado hacia el norte, hasta Inverary, en las tierras altas, e. También habían pasado un tiempo en la antigua capital de Stirling, y en la nueva, Edimburgo, donde el rey y su corte habían fijado su residencia. Tina tenía un millón de preguntas para hacerle, que iban desde el conde de Argyll, uno de los Campbell, hasta su propia pariente famosa, de quien se decía que era la nueva amante del rey. No me extraña que haya buscado la protección del rey. Tiene intenciones de engullirse todas las Highlands. Desde que el rey designó a Douglas su principal lord itinerante, al mando de las patrullas de la frontera, Inglaterra ha aprendido que no puede atacar impunemente. Este invierno que pasó no supe de tantos ataques entre los dos países. No has respondido mi pregunta acerca de Janet Kennedy. Sus bellos dientes blancos relampaguearon cuando el joven rió:. Los ojos del gitano chispearon. Y podría decirme la suerte —dijo Tina, entusiasmada. El carromato de la vieja Meg era un pequeño mundo dentro de otro. Predecía la suerte, profería hechizos y distribuía remedios para cualquier dolencia conocida por el hombre. Del techo colgaban hierbas secas que despedían extrañas y penetrantes fragancias, y en las paredes había anaqueles con botellas, cuencos y cajas con raros polvos, líquidos y partes de animales disecadas. Meg era una vieja astuta que se había hecho rica practicando abortos a damas nobles. Su negocio siempre se animaba cuando visitaban la corte del rey. Cuando Tina trepó los peldaños de la carreta, Meg no la saludó pero se puso a preparar una poción al enterarse del dolor de muelas. Heath era su nieto y la madre de él había muerto de parto. Heath, que debía bajar la cabeza para no chocar con el techo, dijo:. La vieja Meg, con la boca apretada en una dura línea y siguiendo los rituales, apoyó las manos cargadas de anillos sobre el globo de cristal pero, tras un minuto de silencio, dijo:. No puedo decirte nada. No api muchacha voluntariosa y malcriada Kennedy. Tina puso tres monedas de pía pia y contuvo el aliento, expectante cartones pintados que Meg le había seo, como le habían enseñado a ha anciana profesional. La primera carta vuelta fue E describió la figura:. I unen los dos sexos. Significa la píen representa el cielo en la tierra, el Jan los placeres y los tesoros terrenales. Meg depositó sobre la mesa el —Un joven que empuña una es luchar para demostrar su virilidad. U de las dudas con respecto a sí mismo De inmediato, Tina pensó en su cuando apareció otro naipe de espada mazo: era el cinco de espadas. Tina sostuvo su mirada, y las dos fuertes voluntades batallaron entre sí. Meg apretó los labios. No aprobaba la relación entre su nieto y esta muchacha voluntariosa y malcriada. No tenía motivos para querer a los Kennedy. Tina puso tres monedas de plata sobre una mano no demasiado limpia y contuvo el aliento, expectante, mientras barajaba el gran mazo de cartones pintados que Meg le había dado. Cerró los ojos, formuló un deseo, como le habían enseñado a hacer, y luego devolvió las cartas a la anciana profesional. La primera carta vuelta fue El Emperador, del arcano mayor. Meg describió la figura:. En la mano derecha sostiene la Cruz de la Vida, el ankh egipcio. Sobre el hombro derecho, hay otra imagen de una cabeza de carnero. El Emperador simboliza la sabiduría terrenal. Las montañas peladas representan su poder y su fuerza. Es inflexible e inconmovible en sus juicios. Prefiere ser jefe, no obedecer a nadie. Disfruta del mando y gobierna con mano de hierro. A su lado hay un escudo en forma de corazón, con el signo de Venus. Es Afrodita, diosa del amor humano. Esta carta simboliza la fertilidad. Se unen los dos sexos. Significa la plenitud de las necesidades eróticas. Ella representa el cielo en la tierra, el Jardín del Edén, la puerta que se abre a los placeres y los tesoros terrenales. Meg depositó sobre la mesa el Paje de Espadas, del arcano menor:. Utiliza la agresividad para defenderse de las dudas con respecto a sí mismo. De inmediato, Tina pensó en su hermano David, y contuvo el aliento cuando apareció otro naipe de espadas, pues sabía que eran las peores del mazo: era el cinco de espadas. Tina sintió alivio cuando vio que la carta siguiente era el siete de bastos, aunque Meg también le dio un significado ominoso:. El naipe indica que debes afe-rrarte a lo tuyo, pese a todos los inconvenientes. Debes adoptar una postura y mantenerte firme frente a la oposición, pues sólo en el cambio hay crecimiento. El cuatro de copas apareció sobre la pequeña mesa, y Tina suspiró, agradecida. Meg continuó:. Esta carta representa el lecho amoroso, el placer y una atracción sexual irresistible. Meg no dijo nada; Tina no necesitaba su descripción: veía claramente que se trataba de un hombre postrado en el suelo, con las diez espadas clavadas en la espalda, y sobre él se cernía un cielo oscuro. Tina suspiró, aliviada. Aunque ya tenía en vista a un posible marido, había formulado el deseo de no casarse ese año. La Emperatriz te representa a ti. A esta altura, Tina resolvió que nada de eso se convertiría en realidad porque ella cumpliría su deseo, y éste era "no casarse". Meg observó al varón postrado con las espadas clavadas. Su querido Heath era moreno. Perforó a Tina con una mirada feroz. Tina sintió que algo se movía junto a su pie, bajo la mesa, y se sobresaltó. Vio una enorme tortuga con una gran gema roja incrustada en el caparazón—. Las comisuras de la boca de Meg descendieron en una mueca desdeñosa. Tina observó a Meg y, de pronto, sus ojos se llenaron de malicia: la gitana estaba haciendo todo lo posible para llenarla de malos presentimientos. No existían las maldiciones. Cada uno era responsable de su propia suerte o desdicha en este mundo. Fue a darle las buenas noches a Heath; quería regresar a Doon antes de que descubriesen su ausencia. Los dientes del muchacho brillaron:. Si lo hiciera, irías sola. Él la alzó sobre la montura, y Tina le confió:. Los guardias lo habían apodado el Temerario porque siempre cabalgaba como si lo persiguieran los demonios, aunque llevara una mujer a la grupa. Ram la siguió llevando una antorcha encendida que llameaba y chisporroteaba, proyectando largas sombras sobre los muros de piedra basta. Siguió su camino con una sacudida después de saludarlos con un breve movimiento de la cabeza. Ram colocó la antorcha en el soporte de hierro que había junto a la puerta, y Zara entró corriendo en la gran habitación. Ésta no era desconocida para ella; había estado allí por primera vez en la primavera pasada. Ram sonrió. Quisiera verme casado y concibiendo hijos para la dinastía Douglas, lo mismo que quiere el resto del clan. Zara se acercó a él, deslizó sus brazos alrededor del cuello y murmuró:. Ram le lanzó una mirada casi indiferente. Si yo fuese en discrepallo. Dicbo le avíe el mensage Que para ella traia. Sus vasallos no quisieron, Y antes todos moririan Cercados dentro en Zamofa, Que non dar al Rey su villa. Con esta respuesta el Cid Al buen Rey vuelto se avia. No perdiese tal vasallo Y de tanta valentía. Donde yace el Rej Don Sancho. Piden que les dé licencia Que ellos puedan facer campo Con aquellos Caballeros, Que con soberbia han labiado. Por uno que se le3. Que ansi me aveys cmisejado. De quien el mundo todo se temia-. Estas palabras doda:. De grande esfuerzo y. A Zamora Arias, GobímIs. Y como es la vil envidia Qaando no merece, taoka De la virtud enemiga, Peligro de la privanza; Marmnraban maldicientes De Arias Gonsalo qne falta, Sospechando falsamente Qae es por mengua sn tardanza. Lloré de naevo la Infanta. Mis hijos para batallas. Secretos qnerajs estar, v. En un cerrojo safado. En lo que no haj que dudar. Qtte yo tengo lieehó mi ofido Como Caballero bbnrftdó. Sed con los Reyes Jimujlde, Y sereys mas estimado. Que me den. Villanos que non fidaigos,. Vayan cavalgando en burros. Non en muías ni en caiballos. Contra ellos se partía, Moros llevaba eónsigo. Cristianos los que podia. Mucho al Rej Alfonso peéa. Con toda su compania. Las manos tuerce furioso,. Ca una vegUda bcfgaren La verdad é la privaasa. Y non me duermo en las tiendas. Ha Sola j triste en tierra agena. Tiene enemigos moj cerca. Non dudo que llegar puedan. El Rey Alfonso lo manda , Sus envidiosos se vengan. Llórale toda Castilla, Porque huérfana la deja. Gran parte de sus ayeres Ha gastado el Cid en guerras. No halla para el camino Dinero sobre su hacienda. Bien plañido por su tierra. I Desdichado del y dellas! I Ay de ti , s'no recuerdas! Por aver holgado en ella. Ni sufrir qualquier quebranto. Porque ella fuese adelante, De quien vos tomajs dechado. No aguijejs con ella mucho Hasta ver el mi mandado. De aquel noble Cid honrado, Que en poco tiempo conquista Hasta Valencia allegando,. Aqueste presente lleva Ordoño su gran privado. Las trompetas van sonando Por dar aviso que llega, Y entre todos se sefialan Los relinchos de Babieca. Templo santo, Desterrado de mi tierra. Castellanat, Qaan mal pagays la defensa Que tnvisteys en mi espada, Ensanchando vuestra tierra. Fuese para sn posada Cubierto j disimulado : En ella estuvo escondido Hasta que el Cid ha tomado. Dejó muertos muchos Moros, A ellos ganara el campo. Con aquestos nadie come Sino son los afamados. Salid esta tarde al campo, Que quiero ver si- sufrís Mas que os afrenten mil homes. Que quedar muerto en la lid. Allí perdió todo el miedo Muy grande esfuerzo' cobrando. Peleó valientemente Mientras la lid ha durado, Unos mata j otros hiere : Hizo en ellos grande. Hasta aquí no lo hemos visto Tan valiente y esforzado. De Moros la ha conquistado. Cincuenta mil eran ellos: Los de 4 pié no tienen cabo. Bl Cid, como era valiente, Y en arma6 bien aprobado. Porque jamas af A Don Alvar Salvadores Le dijo:,, sed luego armado, Tomareys doscientos homes De 4 caballo aderezados,,, ,, Y faced una esplanada Contra los perros paganos, Porque Ximena y sus fijas Vean que soys esforzados. Sacólo el Cid otro dia Que los ha desbaratado. No hería mas de. Tres veces lo avia ferído, Mas el Moro es bien armado. De las gentes gue. Solamente avian quedado No mas de mil 7 quinientos; Los mas muerto. Que se viera en. M M índice. Quaqdo lo vido el buen Rey, Su perdón dado le avia. Mucho lo agradece al Cid Jjo que enviado le avia. B;jni Reync? Que alas fembras mas astutas Qualquier enojo las. Misa una Fiesta. Faceys campaSa. Maguer que ftlendo. Porque ficiese derecbo De lo fecbo niid. Porque ser yernos del Cid Es bien que puede estimarse. Despnes de diclui. Qae fice aqueste viage. Por fablaros de iin. La traydon que asaa leoDdMüMk. Como son tii8. Mostrays el pwror. D u Porque aotí digan de? Pues no le ayudan sus yemos. Encontrado ae ha. Lo hiere de las espuelas, Mas poco le aprovechaba; Cerca llegaba del Moro Y la espada le arrojara. Por los cabellos las tonlan, ' Aviendo las desnudado: Arrastran las por el raelo, Traen las de uno y otiro lado, Danles mncbas espoladas. La cara se esta araftando. Que muchas vedas- el. Lloraba de los sus ojos, Fuentes se le avian tomado. Envió por sns dos fijaQ , D6 Ordofto las ha dejado. Sino gano como. Si non de vos. Sino fuere de trajciones,. No teniendo riendas ellos. En ponerlas en mis fijas Azotadas en desiertos. G S8 Que dentro de treyütii dias Teogo de estar en Toledo. Treinta dias 4a. Veinte 7 nueve son pasados, Los Condes llegfidos son; Eran pasados los trejnta, Y el Cid non venia, non. Sino fuera ese buen Cid' Que traya un albomóe. Donde el Rey tenia su ailla ,. Pusieran el rico escaño Donde el Cid mandado avia, Cubierto de ricos paños, De oro, seda 7 pedreí'ia. Otro dia de mafitoa, Después que el Rey oyó misa. Que en su posada yacia. Que no me podreys negar No tener vos mejoría. Mucho le peso al. La espada sacado avía , T. Por Señor me conocía. Nadie non fabla del Cid Que segundo non tenia. Palacios de Galiana Mandó el Rej que estén compuestos. Las paredes de brocado, Y el suelo de terciopelo. Comenzó de nuevo el Cid, Los ojos como de fuego, Y el rostro como una gualda, A demandalles el tuerto. No yantan como solian. Que siempre pechos cobardes Dan escasas las feridas. Infantes, Por faper mi sangre limpia, Porque el golpe del agravió JSo ay miembro que no lastima. Que la mancha del honor Solo con sangre se quita. Por casar con la mi prima. Fasta 07 que lo decia. No digO como tu heimano, Que es aquel que me yeya, ,, yj Cayó con muy grande miedo En parte dó no debia. Alevosos yo vos digo, Como el buen Cid os decia. Fablad, que non estays muerto. Juntóse con Garci Ordofiez, Y desque fue cerca puesto Le diera tan gran puñada, Que dio con él en el suelo. Sin mas audiencia condeno. Esos salven su derecho. Pronunciada la sentencia. La noche se puso en medio. Despidióse el Rey del Cid, Que lo avia acompañado. Como al mas aventajado. A ambos estaba alabando: Alababa al que lo rige De valiente y esforzado, Y al caballo por mejor Que no es visto ni huUado. Digeron, que nunca oyeron Fablar de tan buen caballo. Consigo lleva los seys Alcaldes de la porfía. Grandes voces da el Infante De golpes que recibia: Sacólo el caballo fuera Del cerco que el Rey ponía. Vencido es como su hermano, Y por tal él se tenia. Hincado se avia de hinojos y Las manos puestas arriba. Muj grandes fiestas hicieron, Que duraran ocho dias, Porque Dios les dio venganza De los que el mal cometían. Espuela de oro calzada. Una adarga ante su pecho Y en su mano una azagaya. De mal fuego seas quemada. Siete años ha, Moro, siete. Que soy vuestra enamorada. Señora, Que os tengo dentro del ahna. Que del caballo Babieca Yo bien oygo las patadas: Do la yegua pone el pie. Babieca pone la pata. Grandes gritos da al barquero, Que le allegase la barca..

Cuando Ada tomó asiento a la mesa de los sirvientes, advirtió de inmediato qué era lo que provocaba la inquietud de Kirsty y, como leal adversaria que era, resolvió frotar sal en sus heridas. Kirsty dijo entre dientes:. Hoy es Beltane. Kirsty se escandalizó:. Es un pretexto para dar rienda suelta a las pecaminosas payasadas nocturnas. Con semblante serio Se buscan espíritus de Dunure en Flores un brillo malicioso en los ojos, dijo:.

Andrew lanzó a Tina una mirada de advertencia, y se preguntó cómo se las arreglaría para aparentar ser la imagen misma learn more here la inocencia. Me fascinan — dijo Beth, pendiente de cada palabra. Beth comentó:. Beth apoyó su pequeña mano sobre el brazo de lord Carrick. Andrew se sonrojó recordando la orgía de la noche pasada y, poniendo su mano sobre la de Beth, le explicó con ternura:.

Ella sabe que pasamos la noche en un. Tina se unió a las risas, también Andrew, y todo quedó perdonado. En el otro lado del salón, el mayordomo dijo:. En el otro lado del salón, Source tramaba su salida y quería asegurarse de que todos estuviesen. Dirigiéndose a Callum y a Andrew Kennedy, les propuso:. Los hombres se miraron, y Andrew concedió:.

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Sin embargo, esa noche, jugando a los dados, parecía estar de un talante bastante apacible. El nivel de ruido en el salón era tan alto como de costumbre. Los habitantes de la frontera eran una pandilla de sinvergüenzas tan rudos y vocingleros que siempre. Desde lo alto del muro se oía el sonido de una gaita, y Cameron, el menor de los Douglas, cantaba una canción obscena:.

Boozer se levantó y se estiró, more info que la gente ya estaba bastante. El macizo perro lobo apoyó sus grandes patas sobre la mesa y masticó un hueso de carnero con sus dientes filosos como una navaja. Un criado intentó apartar a la bestia, pero Boozer bajó las orejas y lanzó un gruñido gutural. El criado retrocedió lanzando un grueso epíteto, y el perro se ocupó de volcar una copa y lamer el contenido antes de que llegara al suelo.

Sintiéndose audaz, Gavin dijo:. El Negro Douglas no era hombre de compartir nada, y menos a la mujer que calentaba su lecho. Pero Ram Douglas levantó una ceja con aire divertido:. Los ojos de Gavin brillaron. Sabía que Ram admiraba a su bella rapaz. Ram se encogió de hombros. Gavin parpadeó cuando vio que Ram echaba un lastimoso tres; sintió que su corazón se aceleraba excitado por su propia buena suerte.

Ram se puso de pie y se estiró. Espero que la disfrutes. Gavin Douglas adoptó una expresión perpleja. Guiñó un ojo a Gavin y recogió su abrigo de cuero. Las cejas negras de Cameron se aflojaron cuando recordó algo:. Ésta es la noche en que los gitanos regresan al valle de Galloway. Tina se puso un abrigado traje de montar de terciopelo verde y se escabulló del castillo, en dirección al establo. Contempló la delgada tajada de luna en el cielo oscuro y se estremeció, pensando que sería una buena noche para una correría.

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Todos sus instintos le habían avisado que ellos planeaban una incursión, pero ella había supuesto que esperarían hasta que el padre se hiciera a la mar. Tina ignoró la pregunta. Simplemente, vamos a Glasgow. Quiero ayudar. Duncan se inclinó hacia ella y dijo, en tono confidencial:. La crudeza de su hermano la llenó de vergüenza; luego los vio pasar en fila ante ella y perderse en la oscuridad de la noche. Valentina observó con alivio que los Kennedy enfilaban hacia el norte, rumbo a Glasgow. Eran unos 50 kilómetros, y Donal y Duncan llevarían un ritmo terrible, y como ella iría hacia el Éste, no había posibilidad de que volvieran a encontrase.

Los gitanos habían instalado su campamento a unos 13 kilómetros de allí, a orillas link río Ayr. La muchacha oyó el rumor del río crecido, que corría saltando sobre rocas y peñascos y, no muy lejos, el aullido de. Era esa clase de noche colmada de promesas y de magia, que le hacía alegrarse de estar viva, con el pelo al viento, montada en un buen caballo.

Tina se aferró a la noche. El mañana, con su amenaza de un esposo, de un matrimonio, estaba a millones de kilómetros pero, cuando llegase, lo enfrentaría decididamente, y en sus propios términos. Primero, vio las hogueras y Se buscan espíritus de Dunure en Flores las siluetas de los carromatos, mucho antes de llegar al fondo del valle a mezclarse con el grupo de polvorientos nómadas. Zara sintió un hondo estremecimiento cuando su cuerpo se puso en contacto con el de ese hombre, que no tenía nada que no fuese oscuro y duro.

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Montaba a horcajadas, cosa inaudita en una mujer. Se apeó del caballo y corrió, riendo, hacia los brazos abiertos de un gitano alto y joven:.

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Meg era una vieja astuta que se había hecho rica practicando abortos a damas nobles. Su negocio siempre se animaba cuando visitaban la corte del rey.

Cuando Tina trepó los peldaños de la carreta, Meg no la saludó pero se puso a preparar una poción al enterarse del dolor de muelas. Heath era su nieto y la madre de él había muerto de parto. Heath, que debía bajar la cabeza para no chocar con el techo, dijo:. La vieja Meg, con la boca apretada en una dura línea y siguiendo los rituales, apoyó las manos cargadas de anillos sobre el globo de cristal pero, tras un minuto de silencio, dijo:.

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U de las dudas con Se buscan espíritus de Dunure en Flores a sí mismo De inmediato, Tina pensó en su cuando apareció otro naipe de espada mazo: era el cinco de espadas. Tina sostuvo su mirada, y las dos fuertes voluntades batallaron entre sí. Meg apretó los labios.

No aprobaba la relación entre su nieto y esta muchacha voluntariosa y malcriada. No tenía motivos para querer a los Kennedy. Tina puso tres monedas de plata sobre una mano no demasiado limpia y contuvo el aliento, expectante, mientras barajaba el gran mazo de cartones pintados que Meg le había dado.

Cerró los ojos, formuló un deseo, como le habían enseñado a hacer, y luego devolvió las cartas a la anciana profesional. La primera carta vuelta fue El Emperador, del arcano mayor. Meg describió la figura:.

En la mano derecha sostiene la Cruz de la Vida, el ankh egipcio. Sobre el hombro derecho, hay otra imagen de una cabeza de carnero. El Emperador simboliza la sabiduría terrenal. Las montañas peladas representan su poder y su fuerza.

Es inflexible e inconmovible en sus juicios. Prefiere Se buscan espíritus de Dunure en Flores jefe, no obedecer a nadie. Disfruta del mando y gobierna con mano de hierro. A su lado hay un escudo en forma de corazón, con el signo de Venus. Es Afrodita, diosa del amor humano. Esta carta simboliza la fertilidad. Se unen los dos sexos. Significa la plenitud de las necesidades eróticas. Ella representa el cielo en la tierra, el Jardín del Edén, la puerta que se abre a los placeres y los tesoros terrenales.

Meg depositó sobre la mesa el Paje de Espadas, del arcano menor:. Utiliza la agresividad para defenderse de las dudas con respecto a sí mismo. De inmediato, Tina pensó en su hermano David, y contuvo el aliento cuando apareció otro naipe de espadas, pues sabía que eran las peores del mazo: era el cinco de espadas. Tina sintió alivio cuando vio que la carta siguiente era el siete de Se buscan espíritus de Dunure en Flores, aunque Meg también le dio un significado ominoso:.

El naipe indica que debes afe-rrarte a lo tuyo, pese a todos los inconvenientes. Debes adoptar una postura y mantenerte firme frente a la oposición, pues sólo en el cambio hay crecimiento. El cuatro de copas apareció sobre la pequeña mesa, y Tina suspiró, agradecida. Meg continuó:.

Esta carta representa el lecho amoroso, el placer y una atracción sexual irresistible. Meg no dijo nada; Tina no necesitaba su descripción: veía claramente que se trataba de un hombre postrado en el suelo, con las diez espadas clavadas en la espalda, y sobre él se cernía un cielo oscuro.

Tina suspiró, aliviada. Aunque ya tenía en vista a un posible marido, había formulado el deseo de no casarse ese año. La Emperatriz te representa a ti. A esta altura, Tina resolvió que nada de eso se convertiría en realidad porque ella cumpliría su deseo, y éste era "no casarse".

Meg observó al varón postrado con las espadas clavadas. Su querido Heath era moreno. Perforó a Tina con una mirada feroz. Tina sintió que algo se movía junto a su pie, bajo la mesa, y se Se buscan espíritus de Dunure en Flores. Vio una enorme tortuga con Se buscan espíritus de Dunure en Flores gran gema roja incrustada en el caparazón—. Las comisuras de la boca de Meg descendieron en una mueca desdeñosa. Tina observó a Meg y, de pronto, sus ojos se llenaron de malicia: la gitana estaba haciendo todo lo posible para llenarla de malos presentimientos.

Sexy Sonakshi Watch XXX Videos nude amature. La imagen reflejada en el espejo seguía siendo harto conocida, o sea, yo mismo, pero se había producido un pequeño cambio. Los ojos no eran los de siempre. Antes poseían un círculo perfecto por el que rayos de potente luz escapaban cuando me hallaba muy excitado. Ahora, en cambio, el agujero luminoso había sido parcialmente tapado por un pozo negro, terrorífico y pavoroso que daba a mi cara una expresión escalofriante. Grité horrorizado. Salí despavorido del baño y seguí corriendo hasta abandonar aquel castillo. Lo que fuera que entrase en mí, ya estaba realizando su trabajo. Solo había que observar mis ojos terribles. Mientras ellos embalaban el equipo y recogían todos sus enseres, la doctora me dio un potente ansiolítico y trató de convencerme de que la imaginación me había jugado una mala pasada. Pensé que había muchas maneras de viajar o de trasladarse de un lugar a otro, y precisamente los fantasmas sabían mucho de eso. No me pareció verosímil, debía ser otro ente. Si el diablo hubiera querido atarme allí, no hubiera podido abandonar el lugar. Sólo recordaba unas horribles y poderosas patas de animal terminadas en pezuñas envueltas en llamas. Deduje que no era así, pues de serlo, hubiera quedado atrapado para siempre en aquella espantosa habitación. Repentinamente y sin previo aviso, comenzó la agresión. Una colección de espíritus que habitaban el lugar se nos vino encima igual que una nube en una tormenta. Varios espectros, negros lo mismo que plumas de cuervo, se materializaron sobre aquellas aguas presionando las cabezas hacia el fondo de los que emergían para coger aire. No podía consentir que mataran ante mis narices a esos pobres infelices. Salí corriendo hacia la gran extensión de agua. El viento trataba de tirarme, pero no lo conseguía, la fuerza interior que me empujaba era mucho mayor que ese estruendoso soplido. Sentía a punto de estallar un rencor denso y gigantesco que me ahogaba. Llegué al lago y rugí igual que un dinosaurio ciclópeo. Un estruendo ensordecedor emergió de mi garganta haciendo temblar todo el estanque. Los espectros se esfumaron de inmediato, pero mis compañeros sufrieron terribles hemorragias en los oídos. Los ayudé a salir del agua, evitando que se ahogaran. La doctora los examinó concienzudamente. Les dio unos analgésicos para los enormes dolores que padecían y juzgó que el daño no era demasiado severo. Solo a uno de ellos lo dejamos ingresado en el hospital con perforación de ambos tímpanos. Me sentí tan mal que no pude hablar con nadie en todo el trayecto. Echaba a todo aquel que se acercaba al asiento contiguo. Estuve cuatro horas callado hasta alcanzar nuestro nuevo destino. Dicen que después de la tormenta viene la calma. La medalla que tenía en el cuello cobraba vida propia y huía de mí. Cuando la tenía al alcance de la mano y parecía posible su recuperación, siempre aparecía una barrera de fuego que se interponía entre el amuleto y yo. A pesar de vivir estas ensoñaciones angustiosas, no me desesperaba, pues sabía que me hallaba inmerso en una pesadilla de la cual despertaría tarde o temprano. Su efigie se imprimió en el reverso de los billetes de cinco libras emitidos por el Royal Bank of Scotland en una época lejana. El castillo de Culzean fue construido con una planta en L por orden de David Kennedy, décimo conde de Cassilis. La fortaleza se edificó por etapas entre y La guía siguió desgranando la historia de la mansión antes de que descendiéramos del autocar. Al hacer esto, estipularon que el apartamento en lo alto del castillo le fuera entregado al general Dwight Eisenhower en reconocimiento a su papel como comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa, durante la Segunda Guerra Mundial. Así muy cargados, nos dirigimos hacía una enorme puerta de piedra. Paré un instante para admirar la vista desde donde me encontraba; el castillo parecía escapado de un cuento de hadas. A lo lejos pude observar una manada de ciervos pastando tranquilamente en los alrededores. Maleta en mano traspasamos el pétreo y gigantesco portón, seguido de un puente que se elevaba sobre unos preciosos jardines. Al final del puente alcanzamos otra ciclópea abertura por la que desembocamos en un gran patio. Se hallaba presidido por una zona ajardinada cuajada de flores de olor penetrante. Desde la plaza de armas se divisaban la enorme muralla que se unía al acantilado, así como las dependencias destinadas a los establos y viviendas del personal y, por supuesto, la torre imponente. Nos dieron las llaves de los aposentos y fuimos a deshacer las maletas. Enseguida bajamos a almorzar y después comenzamos a trabajar. Una vez que se hubo desalojado el edificio de visitantes, procedimos a ubicar los sensores de movimiento, micrófonos y grabadoras; los termómetros, los medidores de electromagnetismo y el analizador de espectros. La temperatura bajó y los medidores se volvieron locos. Una gaita comenzó a sonar en la lejanía. Lleva un uniforme escocés antiguo, tocado con boina de cuadros y una gran borla verde. No se mueve del jardín. Sentí un aliento helado en el cuello. Me volví despacio con el corazón encogido de terror para encontrarme con el espectro de un individuo mal encarado. Llevaba la ropa hecha jirones y me miró lleno de rencor. Llevo siglos esperando que la providencia haga su trabajo. Soy harto conocido por estos contornos. Es una asesina. Comenté a los miembros de mi equipo el nombre de la presencia que detectaban. El fantasma al oír todo aquello, gritó de rabia y soltando un chorro de niebla verde, salió de la estancia. Parecía una reunión de seres transparentes. Aquellos seres llevaban ropajes de diferentes épocas. Había una joven que vestía un ceñido traje de noche, fumaba un cigarrillo y miraba muy fijamente sin pestañear. No hizo la menor intención de decir una palabra. A su lado pude ver a un niño de unos siete años, sucio y macilento, parecía un pinche de las cocinas. Una sirvienta de antiguo traje largo y negro con delantal almidonado y cofia en la cabeza, aparecía sumisamente cerca de un individuo de recios bigotes rojizos, con ojos de fiera salvaje. El ser me miró fijamente y habló en estos términos:. Es un mensajero entre universos. Nunca ha venido nadie con tanto poder. Esperaba que en este castillo pudieran despejarme esta incógnita. En vida fuimos pendencieros y ruines, pero el ente que le ha convocado debe ser el colmo de la maldad y le aseguro que aquí no habita. Me adueñé de todas las tierras que, antes, compartíamos con otra rama de la familia. Secuestré al Abad de la abadía Crossraguel, representante legal de la otra familia, le hice llevar a Dunure y allí lo mandé atar en un asador. Al fin el Abad firmó su cesión de tierras a mi favor. Me sentí tan contento de haber realizado mi sueño, que salí a lomos de mi caballo para recorrer la totalidad de mi nueva propiedad. Tuve la mala fortuna de caer de mi montura, algo asustó a mi experimentado caballo, héroe de mil batallas, y salí despedido contra el suelo. Pocos días después expiré entre grandes dolores. Al final no pude disfrutar de lo que había logrado robar. Les fui contando la información que me explicaba el fantasma. Con el gaitero de ahí fuera, somos un total de siete fantasmas en el castillo y le aseguro que ninguno de nosotros le hemos llamado. Usted posee la marca del señor de las tinieblas, debe estar destinado a un fantasma terrible. Me quejo de mi destino pero no me gustaría nada estar en el suyo. Dicho lo cual los entes se esfumaron dejando una neblina rosada. Anduve por pasadizos que desembocaban en cuevas que daban al mar. Durante las dos noches que estuvimos allí, hubo registros de actividad paranormal. Mis compañeros sintieron tirones en la ropa, oyeron voces desconocidas, se toparon con densas neblinas en los pasillos y chillaron cuando sintieron diversos toques en la espalda. Al acabar nuestra estancia, recogimos nuestros pertrechos. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti. Dicho lo cual desapareció. Abrí los ojos sobresaltado. Observé a mis compañeros de viaje. Todos dormían profundamente. No vi a nadie rondando por mi sitio. El autocar circulaba suavemente por una carretera llena de curvas. La luz del sol iluminaba las altas cumbres revestidas de nieve. Debía hacer mucho frío por esos parajes. Habíamos parado ya en tres destilerías de whisky, de las muchas que existían en la región, para degustar este célebre brebaje. La famosa bebida de malta poseía su cuna en las Highlands Tierras Altas. Nunca pensé que vería tantos fantasmas juntos. Escuché el entrechocar del acero y los gritos de los hombres, ora arengando, ora muriendo. Clavé mis pupilas en aquel grupo de guerreros antiguos, hechos de hilachas de niebla, exigiéndoles que desaparecieran. Con un rictus de terror en sus pétreos rostros así lo hicieron. No quise imaginar qué sería del pobre desgraciado que tuviera que pasar una noche entre aquellos espectros. Poco a poco los integrantes del viaje, que seguían roncando a pierna suelta, se despertaron con las primeras palabras de la guía:. Nos hospedaremos en el castillo de Dalhousie por espacio de cuatro días. Nos han reservado un ala entera para nosotros. El patriarca del clan era Simundus de Ramesie Simón de Ramsey un caballero inglés descendiente de los normandos. El castillo es de piedra roja, como pueden observar, y se encuentra en un punto estratégico con vistas al río Esk. La mayor parte de la reconstrucción fue realizada en el siglo XVII. Originalmente había un foso seco que rodeaba el castillo. La fosa fue posteriormente rellenada, pero en el siglo XX se juzgó necesario excavarla de nuevo. Los que han habitado este edificio hablan de varios avistamientos de espectros. Cada uno de nosotros recogió sus pertrechos y entramos en el interior de la fortaleza. El lujo de la madera recién barnizada, las alfombras de exquisito gusto y el mostrador vanguardista, marcaban una frontera invisible entre el pasado y el presente. Apenas hablaba ni me relacionaba con ellos. Mi conciencia se había vuelto muda. Me sentía aletargado e insensibilizado con respecto a todos y todo. Entonces apareció ella. Una curiosa quietud parecía sostener la atmósfera de aquel pasillo. Justo cuando pasó ante el espejo, me extrañó sobremanera no ver su imagen reflejada en él. Me acerqué a ella y la cogí una mano, tersa, suave y blanca como la nieve. Los dedos eran largos y terminaban en pequeñas uñas graciosamente pintadas. Atrapé a su compañera para admirarlas juntas y parejas. En toda mi vida había tropezado con unas extremidades como aquellas. Relumbraban con luz propia marcando una barrera apenas visible con el resto del cuerpo. Todo a su tiempo. Nos veremos esta noche. No comprendía qué clase de ente podría ser, puesto que su tacto firme y caliente había impregnado la palma de mis manos. Juzgué necesario, después de evaluar cada rincón de su anatomía, pensar que aquella muchacha fantasmal o lo que fuera, me había robado el corazón. Acaricié mi amuleto sintiendo un alivio sin igual. Antes de almorzar di una vuelta por los alrededores del castillo. El aire era delicado por la esencia de las piceas y el brezo. El zureo de una paloma torcaz iba y venía en pos del viento mientras unos cuantos conejos se escabullían a través de la maleza, exhibiendo sus blancas colas de algodón. Sin embargo, en tan solo unos instantes, el cielo se cubrió de nubes, creando su propia atmósfera de quietud, rota cuando una bandada de grajos pasó como una exhalación. En el instante que entraba de nuevo por la puerta del castillo, grandes goterones de lluvia habían caído ya. El grupo al completo entramos en el comedor. No tuvimos que aguantar aglomeraciones innecesarias o escuchar el curioso chirrido de multitud de tenedores y cuchillos cortando contra los platos. La estancia era toda para nosotros. El estruendo de un trueno hizo retemblar las paredes. Algunas armas colgadas en los muros de piedra cayeron al suelo con un estrépito de metal enfadado. Pasó por las mesas recolocando los cubiertos, haciendo gala de una figura etérea y transparente. En esta ocasión todos podíamos ver al fantasma con total claridad. En ese instante oímos las campanadas de un reloj que se hallaba en la pared del fondo. Un temblor nos recorrió cuando el mayordomo se esfumó repentinamente. La tormenta pasó igual que había llegado y comimos con apetito riéndonos del mal rato que habíamos pasado. En un rincón de la misma hallé a mi insigne muchacha enterrada entre unos cuantos libros. Y con una sonrisa que iluminó la estancia exclamó con suma tranquilidad. Suspirando por un anhelo que se esfumaba me entretuve hojeando uno de aquellos libros que versaba sobre apariciones y otros hechos relevantes en Escocia, ejemplar que hasta hacía unos instantes, era consultado por Catherine. Las letras comenzaron a confundirse y un inexplicable y pesado sueño me invadió. Y así pensando en ella, sentí su proximidad en mi costado. La pesadez de la somnolencia me tenía inmovilizado. El ambiente se tornó gélido, todo indicaba que me hallaba inmerso en una corriente de aire helado. El corazón me latía desbocado en un derroche de pasión incontrolable. Quería abrazarla, besarla, poseerla… Pero seguía sin poder mover ni una pestaña. Instantes después noté un beso en la nariz y otro en los labios, parecido a un leve aleteo de mariposa. Luego vinieron los pequeños mordiscos en los lóbulos, ya menos inocentes, que me sacaron suspiros de deseo. Y, de repente, un lacerante pinchazo me traspasó uno de los lóbulos, haciendo que despertara bruscamente. Unas cuantas gotas de sangre me resbalaron por la mejilla. Aturdido y temeroso observé la biblioteca. Saqué un pañuelo y presioné el lóbulo de la oreja. Allí no había nadie. La temperatura se notaba agradable. Me pregunté confundido. Es un sinvergüenza y un vicioso en el mejor de los casos —replicó Donal, recordando a la joven prostituta de la que Davie había abusado en el burdel, la noche pasada. Cuando eran niños, se había formado un fuerte lazo entre ella y Davie. Los hermanos mayores nunca lo incluían en sus travesuras porque el nacimiento de las dos hermanas los había distanciado en edad; así Davie se había inclinado a compartir sus juegos con las niñas. Tina, pocos años mayor, siempre lo protegía de los golpes y las decepciones de la vida. Tina se demoró para caminar junto a su hermana Beth, entre el grupo de jóvenes que andaba por la playa. Beth susurró:. Echó una tímida mirada a Andrew Kennedy, de vigorosa apariencia, y se sonrojó intensamente. Tina siguió la mirada de la hermana y sonrió para sí. Haz algo. Y Beth, tan temerosa de obedecerla como de no hacerlo, se inclinó, recogió una bella concha de vieira y apretó el paso para alcanzar a Andrew. Reuniendo todo su coraje dijo:. Andrew echó una mirada a la pequeña muchacha rubia y respondió, distraído:. Beth vaciló en sus pasos, y Tina se acercó a ella:. Tina rió:. Beth palideció de la impresión. Tina prosiguió:. A los hombres les gusta reír. Fíjate lo alborotadores que son. Es necesario un talento especial para dis- traer la atención de ellos de los asuntos masculinos y retener esa atención, Te lo demostraré En los ojos de Tina brilló la luz del desafío. Valentina se las ingenió para deshacerse de ellos, como una reina que los apartara de su presencia. Se sentó sobre una roca para poner- se los zapatos, luego metió las medias en el bolsillo. Tina la miró, perpleja:. Prefiero ser mal vada que timorata como un conejo. No hay nada que temer: Heath ha vuel- to. Beth se encogió y frunció la nariz. Apartó los encantadores mechones rubios del rostro de su hermana e indicó con la cabeza al grupo de atractivos jóvenes pelirrojos—. Sólo vinieron a traer la lana para exportar. Para recorrer esa distancia en tan poco tiempo, había llevado un caballo de recambio, y alternaba entre los dos robustos animales. Los caballos salvajes, sin domar, se habían criado en los bosques del norte, de modo que se acostumbrasen a soportar el clima frío y hostil. Eran capaces de correr docenas de leguas sin consumir alimento. Los establos de Douglas desbordaban de potros fuertes y bien alimentados. Él podía saltar sobre la silla ignorando totalmente los estribos; numerosos imitadores habían sufrido aparatosas caídas tratando de dominar la técnica, sobre todo porque usaban pesadas cotas de malla. Ram Douglas tenía tan buen ojo para los caballos como para las mujeres, y pronto apartó algunos sementales y yeguas de la manada. Esos bosques de las Highlands bullían de lobos, jabalíes y toros salvajes; Ram ansiaba cazar, pero se prometió a sí mismo no permitírselo salvo que un animal se le cruzara en el camino y amenazase a la manada. El instinto le indicaba que no debía estar ausente demasiado tiempo de Douglas, pues estaba seguro de que los malditos Hamilton aprovecharían eso para lanzar una incursión, como cobardes tratantes de putas que eran. Cuando regresara, enviaría a su hermano Gavin al sur, al castillo Douglas, llevando al menos la mitad de la manada. Cuando Beth Kennedy sacó su vestido de terciopelo azul del guardarropa, Kirsty se alarmó:. Por una vez, Beth impuso su voluntad:. Kirsty apretó los labios, pensando que estaría en el otro extremo del salón, sentada a la mesa de los criados. Sólo el Cielo sabía qué temas abordaría esa arpía de Tina en la conversación. Kirsty bajó temprano al salón para no perderse nada de lo que sucediera esa noche. Kirsty se alegró de ver que los hombres no usaban sus tartanes para impresionar a la señorita Bote de Miel, y estiró el cuello para ver qué haría Tina cuando Beth llegase. No se tranquilizó cuando las dos hermanas se sentaron entre lord Carrick y Callum Kennedy. Si fueran jóvenes respetables se sentarían con sus hermanos. Cuando Ada tomó asiento a la mesa de los sirvientes, advirtió de inmediato qué era lo que provocaba la inquietud de Kirsty y, como leal adversaria que era, resolvió frotar sal en sus heridas. Kirsty dijo entre dientes:. Con semblante serio, Ada dijo:. Hoy es Beltane. Kirsty se escandalizó:. Es un pretexto para dar rienda suelta a las pecaminosas payasadas nocturnas. Bueno, te diré, señora, que los que se entreguen a los apetitos carnales no. Con semblante serio y un brillo malicioso en los ojos, dijo:. Andrew lanzó a Tina una mirada de advertencia, y se preguntó cómo se las arreglaría para aparentar ser la imagen misma de la inocencia. Me fascinan —dijo Beth, pendiente de cada palabra. Beth comentó:. Beth apoyó su pequeña mano sobre el brazo de lord Carrick. Andrew se sonrojó recordando la orgía de la noche pasada y, poniendo su mano sobre la de Beth, le explicó con ternura:. Ella sabe que pasamos la. Tina se unió a las risas, también Andrew, y todo quedó perdonado. En el otro lado del salón, el mayordomo dijo:. Kirsty, agregó—: y le aseguro que puede ser muy activo. En el otro lado del salón, Valentina tramaba su salida y quería asegurarse de. Dirigiéndose a Callum y a Andrew Kennedy, les propuso:. Los hombres se miraron, y Andrew concedió:. Creí que podrían disfrutar de un paseo por las murallas, para. El que respondió fue Andrew:. Callum le lanzó una mirada furiosa. Una dama necesita de un brazo fuerte, y yo te ofrezco el mío. Yo no puedo aceptar, pero a Beth le gustaría contar con vuestra compañía. Los dos varones se dieron cuenta de que habían sido manipulados e hicieron una reverencia a lady Beth. Cuando Kirsty vio que Beth tomaba a los dos jóvenes del brazo, se llevó la mano a la garganta. No se acostumbraba que una doncella se acercara a la cabecera de la mesa en el gran salón, pero la alarma la impulsó a ignorar las convenciones. Tina la miró de arriba abajo, con expresión helada. Aquí en Doon, yo soy el ama en este momento. No creo que a lord Carrick le agrade que le impongas tu presencia. Valentina no se había alejado dos kilómetros de Doon cuando Heath le salió al encuentro. Estaba enfundado en un suave pantalón de piel de ante y montaba a un. La muchacha emitió un silbido admirativo. El gitano le sonrió y se apoyó un dedo en la nariz. Yo te seguiré. Antes de que terminara de pronunciar las palabras, Tina ya corría como el viento. Había peinado su pelo en una gruesa trenza que llegaba hasta la cintura, y que pronto empezó a deshacerse. Heath rió para sí, y la dejó llevar la delantera. La muchacha tenía una veta salvaje que necesitaba de ese escape. El río Ayr estaba crecido y, en cuanto cruzaron el puente, empezaron a ascender, saliendo del valle. No se encendían hogueras de Beltane en las cimas de las montañas, pues podían ser confundidas con las almenaras de orientación que se usaban como sistema de alarma en casos de invasión u otros semejantes. Pasada la cuesta, vio a media docena de jinetes que se acercaban en dirección contraria y, por sus tartanes de azul intenso los reconoció como pertenecientes al clan Hamilton. Se apresuró a pasar una pierna sobre el cuello del animal para que el jefe no notara que ella montaba a horcajadas, y albergó la esperanza de que sus faldas de terciopelo ocultaran la silla, que no era la apropiada para dama. De inmediato, desmontó y se acercó a ella, y sus hombres se quedaron donde estaban para concederle cierto grado de intimidad. Era moreno y apuesto, con su alta espalda erguida como un ariete, mostrando todo el orgullo del clan en su postura. No puedo creer que hayas salido sin acompañante, milady. La Providencia debe de haberme guiado para encontrarte. La punta de la bota de montar de Tina se apoyaba sobre su rodilla, tocando casi la mano de él, y la dejó ahí, dando a entender que podría apartarla de un puntapié, si se le ocurría. Sintió un intenso deseo de atraerla hacia sí y hacer suya esa boca tentadora, que tanto lo provocaba. Patrick, si vienes a Doon el viernes a la noche a cenar, haré que el señor Burque prepare tu plato preferido. En el momento en que estaba por apoderarse de la enloquecedora muchacha, Heath traspuso la loma, y los anchos hombros y la apostura del gitano hicieron que Patrick frunciera el entrecejo. Tengo una cita muy urgente. Hamilton ya había recorrido unos ocho kilómetros con Tina presente en todos sus sentidos cuando recordó que era Beltane, pero en cuanto una sombría sospecha cruzó por su mente, la desechó:. Los Kennedy habían trazado bien sus planes la noche anterior, y hasta habían cabalgado fuera del perímetro de las tierras de los Douglas que estaban a punto de atacar. Donal y Duncan habían pergeñado la idea y la propusieron a los otros Kennedy cuando ellos fueron a llevar la lana de invierno. Sin acercarse al castillo en Douglas, el que era apodado el Peligroso, Donal calculaba que podían alzarse con doscientos vacunos y cuatrocientos ovinos de cuernos retorcidos de los arrendatarios del clan, y lo mejor era que los Douglas acusarían a sus acérrimos enemigos, los Hamilton, que vivían a menos de dieciséis kilómetros dentro del mismo condado de Lanark. Donal llevaría su parte al castillo Kennedy en el lago Ryan, que esperaba fuese suyo cuando se casara. También dejaría algo en Kirkcudbrigth, que daba a Solway Firth. Le resultaba divertido que el atalaya de su castillo de Kirkcudbright estuviese a sólo dieciséis kilómetros de la maciza fortaleza conocida como castillo Douglas. Donal había dado estrictas órdenes a sus hombres de no acercarse al castillo, pues no quería refriegas violentas. Esta incursión debería limitarse a un simple robo de ganado al amparo de la noche y, de tener suerte, los Douglas no lo descubrirían al menos hasta el amanecer. Todo marchó de acuerdo con el plan, pues los Kennedy estaban conformes con que Donal diese las órdenes, salvo David, que tenía sus propias ideas. Era la primera vez que Davie probaba el sabor de las incursiones, que había estado esperando durante años, escuchando con avidez los relatos que se contaban en las reuniones del clan. Disfrutaba del placer brutal que brinda causar devastación a un rival. Cuando Donal olió el humo y oyó el rugido de las llamas, lanzó violentas maldiciones. Los arrendatarios de los Douglas ya corrían hacia el lugar y, sin duda, habrían dado la voz de alarma en el castillo. Duncan se acercó con su caballo junto a Donal. Debe de haber sido el pequeño canalla. Cuando regrese de Kirkcudbrigth, le arrancaré la piel del trasero. David, eufórico con el éxito obtenido en la destrucción de los sembrados de heno, avanzó hacia los almiares y los establos de las vacas, situados junto a los muros del castillo. Al mismo tiempo, algo que le pareció un trueno, lo volteó de la montura. El trueno era Gavin Douglas, desnudo, a quien los suaves brazos de Jenna, su nueva amante, habían retenido en la cama. Cuando vio la juventud del incendiario, se abrieron enormes sus ojos. Maldijo por haber. Gavin arrastró al cautivo por el pelo haciéndolo entrar en el salón que, de. Al ver que Colín Douglas entraba cojeando en el salón, Gavin dijo:. Ahora, los sanguinarios Hamilton usan. Colin vio la palidez del rubio muchacho y dijo en voz baja:. Colin dijo:. David consideró que estaba harto de ser llamado niño y, juntando un poco de saliva en la boca, escupió en la cara de Colin. Gavin lo golpeó con el revés de la mano con tanta fuerza que le cortó el labio y le hizo caer al suelo. Gavin se pasó la mano por la maraña de pelo negro. Quítenlo de mi vista. Enciérrenlo abajo —echó a los hombres de los Douglas una dura mirada—. Tienen dos minutos para estar a caballo. Los atrapamos o veremos dónde conducen sus huellas. Se frotó otra vez. Era el rito ancestral de la primavera, que todas las culturas han celebrado de una u otra manera desde tiempos paganos; Tina de ninguna manera quería perderse el goce de esa noche. Sin embargo, llegada la medianoche, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, empezaban a caer; unos por estar completamente borrachos, otros tan excitados que se arrancaban las ropas y copulaban con cualquier desconocido que estuviese dispuesto. Como Tina no pudo ocultar su horror, Heath se apresuró a alejarla de los cuerpos que se entregaban a tales expansiones. Durante el trayecto de regreso a la casa, Tina estaba abatida; esto fue un alivio para Heath. Se quedó con ella hasta que cruzó el puente levadizo de Doon y luego hizo girar a su purasangre y galopó hacia el Sur. Tina llevó a su yegua al establo, la cepilló en silencio y la cubrió con una manta. De repente, el corral se llenó de caballos, hombres y ganado. Las vacas mugían, y unas cincuenta ovejas corrían balando hacia los establos, haciendo ladrar a los perros y alarmando a las gallinas. Segura y autoritaria, llegó la voz de Duncan:. Con los ojos grandes como platillos, Tina salió del pesebre del fondo en el mismo momento en que Duncan levantaba la linterna:. Con los brazos enjarras, la muchacha estaba a punto de enfrentarlo, pero él levantó el puño y Tina vio que no estaba de talante para discutir con una mujer. Alzó un hombro, recogió su falda y se abrió carhino entre los ruidosos animales. La sangre de Tina bullía de tal modo que no pudo dormir; por eso se levantó al. La cara del señor Burque tenía un color verdoso, aun así supervisaba la preparación de la comida para veintenas de bocas, mientras intentaba evitar que se revolviera su estómago. Pudre la tripa y también el cerebro. Duncan abrió la puerta de un puntapié. El jefe de cocina puso los ojos en blanco. El chefnegó con la cabeza con gran vehemencia, y dijo:. Tina robó un pastelillo recién hecho y dijo:. Los Kennedy eran comerciantes y, si bien Doon no era una fortaleza, tenían algunos hombres armados que, en ese momento, estaban sentados a las mesas de. Por lo general, el barullo que hacían era ensordecedor; Tina no tuvo necesidad de preguntar si algo había salido mal. Las manos del mozo que llenaba el jarro de Duncan temblaron, y la cerveza se desbordó. Dividieron el botín y partieron en seis direcciones diferentes. Qué estrategia brillante, Duncan. Duncan la miró con un semblante sombrío:. La garganta de Tina se hizo un nudo. Duncan se indignó:. Pienso que lo han. Tina ya estaba enfadada. Abarcó con la vista a todos los varones Kennedy, y ninguno de. Tina sintió congoja y miedo al mismo tiempo —. El lema de los Kennedy es: Piensa en las consecuencias. Abarcó con la vista a todos los varones Kennedy, y ninguno de ellos se atrevió a devolverle la mirada. En la mente de Tina relampagueó el rostro de Patrick Hamilton, con su expresión de: "me importa un comino" y, lanzando un gemido, se derrumbó sobre un banco. Ya sabes que los Douglas son unos. Hoy nos quedaremos tranquilos. Valentina evitó a su hermana Beth, para no alarmarla. Cada media hora se trepaba al parapeto de Doon para escudriñar, ansiosa, el horizonte con la esperanza de divisar alguna señal de Davie o de cualquier otro. El miedo la había atrapado en sus garras, y se paseaba de un extremo a otro de su habitación. Sentía ganas de gritar, pero tenía la garganta tan agarrotada que no podría hacerlo en caso de intentarlo. En el transcurso de la vida de Tina, los Kennedy no habían tenido tratos con los Douglas a causa de la tragedia que había enemistado a ambos clanes poco después de que ella naciera. Cuando su madre llegó de Inglaterra para casarse con lord Kennedy, Damaris, la hermana menor de este se convirtió en la mejor amiga de aquélla. En la boda, Alexander Douglas vio a Damaris por primera vez y la deseó. Tina se estremeció, e hizo votos desesperados para que el odio entre los dos clanes no se reavivase y los destruyese. Tal vez, David ya estuviese muerto. Mientras pronunciaba una plegaria ferviente a San Judas, se le escapó un sollozo. Sobre su cabeza se agolparon nubes del color de los cardenales, tendiendo un manto ominoso sobre toda la campiña. Se sintió enjaulada como una prisionera, identificada por completo con la situación de Davie. Estaba segura de que si no hacía algo se volvería loca. Necesitaba ponerse en actividad para liberar el miedo, la angustia y el temor que oprimían su corazón como un guantelete de cota de malla. Corrió a su habitación y, revolviendo en su armario, escogió un vestido de lana color lavanda. Ocultó su puñal dentro de una de las botas de montar, se puso la otra bota, la capa de terciopelo, y bajó sigilosamente al establo. Cuando montó, Tina no tenía un rumbo preciso en su mente: simplemente necesitaba verse libre de los sofocantes muros de Doon. No veía las extensiones de campanillas azules que saludaban su paso. No percibía la fragancia embriagadora que flotaba en la brisa. Poco a poco advirtió hacia dónde iba y, tirando de las riendas, miró alrededor con cierta aprensión. Sus pensamientos se precipitaron, veloces como el viento. Alejó de. Se le ocurrió un plan de una audacia que le hizo temblar. Fingiría haber sufrido un accidente con su caballo. Era una mujer indefensa, joven y bella y, sin duda, los hombres de Douglas acudirían a auxiliarla. Se concentró en dar un aspecto creíble al accidente. Después, gritó a todo pulmón, cerró los ojos y esperó. Casi de inmediato, empezó a desear no haber hecho algo tan temerario. La lluvia que había estado amenazando toda la mañana se descargó en torrentes del cielo encapotado. Se quedó quieta mientras el diluvio la empapaba y la hacía temblar de manera incontrolable. Se dio cuenta de que no era el frío lo que le hacía temblar:. Si hubiese presenciado la escena de unas horas antes, cuando Ramsay Douglas había vuelto y encontrado que le habían robado el ganado y quemado los campos de heno y avena, habría huido para salvar su vida. Comparada con el arma que Duncan lustra día y noche, el cuchillo que yo puedo tener es lamentable. Ésa es otra de las indulgencias de que gozan los hombres. Con sus catorce años, David se crispó cuando oyó el comentario. Yo tengo mi experiencia. Los hombres se jactan de sus conquistas que, para las mujeres, sólo significan pena y vergüenza. Entre Kennedy de Newark y Kennedy de Dunure había estallado una discusión:. En lo que se refiere a bastardos, no hay un Kennedy vivo que pueda competir con los Stewart. El primo le dio un empujón que casi lo tiró en el inmenso hogar, y él contraatacó alzando sus puños apretados:. Duncan dijo:. Donald intervino:. Ahora era el turno de Tina para enfadarse. No puedo beber, maldecir, pelear, ni salir de correría por ahí con vosotros. Donald intercambió una mirada discreta con Callum Kennedy, y Tina percibió al instante que algo pasaba, pero tuvo la sensatez de dejar la boca cerrada. Para llenar el silencio, Andrew Kennedy, lord de Carrick, tomó a Tina de la mano y dijo:. Una voz dura, lo bastante fuerte para despertar a los muertos cortó la conversación:. No deseo casarme — dijo, con voz débil. Sus ojos acusadores la fulminaron, como si hubiese pronunciado una blasfemia —. La bota de Duncan se clavó en la espinilla de Davie para hacerle callar, y Rob Kennedy parecía a punto de sufrir un ataque. Lady Elizabeth y su hija menor, Beth, escogieron ese momento para llegar al comedor. Rob ignoró deliberadamente la llegada de las mujeres, pero contuvo un poco su estallido. Por la pasión de Cristo, las hijas pueden convertirse en una maldición para un hombre. Andrew Kennedy, deseando proteger a Valentina, le pidió que se sentara con él. Del otro lado, Donaldd le advirtió:. Te convendría tratarlo con dulzura. Tina sonrió a los dos, agradecida:. En el extremo opuesto del salón, dos mujeres de unos treinta años cenaban en la mesa destinada a los. El mayordomo del castillo las observaba con fruición. Era bien sabido que las dos se toleraban a duras penas, y él se daba cuenta de que en cualquier momento podían estallar entretenidas hostilidades entre las enemigas. Se acomodó el austero escote de su vestido, bordeado con piel de marta cibelina, y dijo, casi con alegría:. Problemas es el segundo nombre de Valentina Kennedy. Tienes una lengua insolente es evidente de quién aprende Tina, la flamígera. Parte de la autocomplacencia volvió al semblante de Kirsty. Ada repuso:. Es demasiado mayor para aceptar órdenes. Aunque Ada no tenía intenciones de atacar. Beth, dijo:. Valentina es atractiva, fascinante y bella. Ada era viuda y no podía negar que disfrutaba de la compañía masculina. No les gusta un capullo que. Kirsty ahogó una exclamación, se puso roja como una remolacha y huyó de la mesa. El mayordomo estuvo a punto de asfixiarse con un trago de cerveza. Sin embargo, la satisfacción de Ada disminuyó un poco cuando un paje llamó su atención tirando de su manga. Valentina seguía a su madre y Ada formaba la retaguardia, murmurando:. En otro tiempo, Rob Kennedy había sido un hombre apuesto, de pelo llameante, que ahora era escaso y gris. Su rostro rubicundo ya exhibía partes colgantes, y su barriga se proyectaba hacia delante, en homenaje al talento del señor Burque. De espaldas al fuego, preguntó en tono engañosamente tranquilo:. Yo te lo diré. Su voz era. Tendría que haberla. Con gran audacia, Elizabeth dijo:. Claro que es una puta, pero permíteme recordarte que los Kennedy fueron reyes de Carrick. Rob Kennedy se aclaró la voz. Mal rayo parta a todos los malditos Black Douglas. Elizabeth se llevó el pañuelo a los ojos. No me siento bien — dijo, plañidera. Rob asintió, sin poder confiar en su voz hasta que la esposa se fue. Entonces, estalló en invectivas contra las dos que quedaban:. Debería despellejarte por perturbar a tu madre! Tina se levantó. Reacciona como si Damaris hubiese sido hermana de ella y no mía. El fuego jugueteaba sobre su rostro en forma de corazón, y convertía su pelo en cobre fundido. Atraía a los hombres como un cuenco de miel, y Rob se había sentido intrigado de que nadie la pidiese en matrimonio. Su corazón se ablandó —. El clan Douglas la envenenó. El semblante del padre volvió a endurecerse, y clavó en Ada una mirada acusadora. Juré que no cometería el error de convertir a Tina en una mujer suave como su madre y como Beth. Elige mientras todavía puedas hacerlo. Ya tienes casi diecisiete. O, si no, el rey podría obligarte a casarte sin otro criterio que su propio beneficio. Sé sensata:. Tina, muchacha,. Eres una mujer atractiva, Ada hace mucho tiempo que no nos damos un buen revolcón. Ada movió la cabeza para que sus pendientes se balancearan provocativamente. Tina abrió la boca, obediente, y. Un momento después, Ada dijo:. Gracias al cielo no has permitido que Carnicero Bothwick te la quitara. Una mujer debe conservar sus muelas a toda costa, pues eso mantiene el aspecto juvenil del rostro. Cuando pierdes los molares, te cuelgan las mejillas. Mañana es Primero de Mayo. Durante el día, los aldeanos bailarían en torno al poste tradicional adornado con flores pero, por la noche, habría juerga y bailes alrededor de las. Tina bostezó, y alzó uno de sus bellos hombros. Sacó la camisa de dormir, y dijo:. Creo que seguiré tu consejo. En cuanto Ada salió por la puerta, Tina volvió a meter el camisón bajo la almohada. Ésa era la noche en que los gitanos regresaban al valle de Galloway. A algo menos de 50 kilómetros de allí, Douglas, apodado Ram el Negro tendido en el suelo del salón, jugaba a los dados con sus hermanos y algunos de sus bandoleros. Boozer, el feroz pero lobo, estaba echado a sus pies, ante el fuego. Las llamas destacaban los planos de luz y sombra en el rostro moreno de Ram. Sin embargo, esa noche, jugando a los dados, parecía estar de un talante bastante apacible. El nivel de ruido en el salón era tan alto como de costumbre. Los habitantes de la frontera eran una pandilla de sinvergüenzas tan rudos y vocingleros que siempre parecían estar riñendo o violando a alguien. Desde lo alto del muro se oía el sonido de una gaita, y Cameron, el menor de los Douglas, cantaba una canción obscena:. Boozer se levantó y se estiró, considerando que la gente ya estaba bastante ebria como para pasar por. El macizo perro lobo apoyó sus grandes patas sobre la mesa y masticó un hueso de carnero con sus dientes filosos como una navaja. Un criado intentó apartar a la bestia, pero Boozer bajó las orejas y lanzó un gruñido gutural. El criado retrocedió lanzando un grueso epíteto, y el perro se ocupó de volcar una copa y lamer el contenido antes de que llegara al suelo. Sintiéndose audaz, Gavin dijo:. El Negro Douglas no era hombre de compartir nada, y menos a la mujer que calentaba su lecho. Pero Ram Douglas levantó una ceja con aire divertido:. Los ojos de Gavin brillaron. Sabía que Ram admiraba a su bella rapaz. Ram se encogió de hombros. Gavin parpadeó cuando vio que Ram echaba un lastimoso tres; sintió que su corazón se aceleraba excitado por su propia buena suerte. Ram se puso de pie y se estiró. Espero que la disfrutes. Bueno, me marcho. Gavin Douglas adoptó una expresión perpleja. Guiñó un ojo a Gavin y recogió su abrigo de cuero. Las cejas negras de Cameron se aflojaron cuando recordó algo:. Ésta es la noche en que los gitanos regresan al valle de Galloway. Tina se puso un abrigado traje de montar de terciopelo verde y se escabulló del castillo, en dirección al establo. Contempló la delgada tajada de luna en el cielo oscuro y se estremeció, pensando que sería una buena noche para una correría. Cuando abrió la puerta del establo y entró en él, sintió un cosquilleo en. La muchacha y los hombres se miraron entre sí, apesadumbrados, sabiendo que habían sido sorprendidos en una actividad clandestina. Tina ignoró la pregunta. Simplemente, vamos a Glasgow. Quiero ayudar. Duncan se inclinó hacia ella y dijo, en tono confidencial:. La crudeza de su hermano la llenó de vergüenza; luego los vio pasar en fila ante ella y perderse en la oscuridad de la noche. Valentina observó con alivio que los Kennedy enfilaban hacia el norte, rumbo a Glasgow. Eran unos 50 kilómetros, y Donald y Duncan llevarían un ritmo terrible, y como ella iría hacia el Éste, no había posibilidad de que volvieran a encontrase. Los gitanos habían instalado su campamento a unos 13 kilómetros de allí, a orillas del río Ayr. La muchacha oyó el rumor del río crecido, que corría saltando sobre rocas y peñascos y, no muy lejos, el aullido de un zorro. Era esa clase de noche colmada de promesas y de magia, que le hacía alegrarse de estar viva, con el pelo al viento, montada en un buen caballo. Tina se aferró a la noche. El mañana, con su amenaza de un esposo, de un matrimonio, estaba a. Primero, vio las hogueras y luego las siluetas de los carromatos, mucho antes de llegar al fondo del valle a mezclarse con el grupo de polvorientos nómadas. Zara sintió un hondo estremecimiento cuando su cuerpo se puso en contacto con el de ese hombre, que no tenía nada que no fuese oscuro y duro. El dibujo de su mandíbula revelaba obstinación y el implante de. Estaba vestido de negro de pies a cabeza. Su chupa y sus botas altas hasta el muslo estaban hechas de suave cuero negro. Zara tembló, sabiendo que Ram el Negro era cruel y peligroso. De repente, el hombre se inclinó adelante apoyando el brazo en el pomo de su silla, y miró intensamente a la joven de roja cabellera flameando sobre los hombros que entraba a caballo en el campamento. Montaba a horcajadas, cosa inaudita en una mujer. Se apeó del caballo y corrió, riendo, hacia los brazos abiertos de un gitano alto y joven:. Ram prosiguió su minucioso y atento examen de la vivaz criatura mientras el hombre la alzaba en el aire y la hacía girar. Seguramente, alguna esposa que busca el fruto prohibido. De todos modos, te convendría dejar en paz a las mujeres de Heath, salvo que quieras un cuchillo entre las costillas. Ram sonrió para sí: era obvio que Zara estaba celosa y tenía motivos, porque la muchacha era de una belleza que cortaba el aliento, aunque sería mejor para ella que los celos no la volviesen demasiado. Durante el verano, los gitanos habían viajado hacia el norte, hasta Inverary, en las tierras altas, e invernado en Carlisle, en Inglaterra, donde el clima no era tan inclemente. También habían pasado un tiempo en la antigua capital de Stirling, y en la nueva, Edimburgo, donde el rey y su. Tina tenía un millón de preguntas para hacerle, que iban desde el conde de Argyll, uno de los Campbell, hasta su propia pariente famosa, de quien se decía que era la nueva amante del rey. No me extraña que haya buscado la protección del rey. Tiene intenciones de engullirse todas las Highlands. Desde que el rey designó a Douglas su principal. Este invierno que pasó no supe de tantos ataques entre los dos países. No has respondido mi pregunta acerca de Janet Kennedy. Sus bellos dientes blancos relampaguearon cuando el joven rió:. Los ojos del gitano chispearon. Y podría decirme la suerte — dijo Tina, entusiasmada. El carromato de la vieja Meg era un pequeño mundo dentro de otro. Predecía la suerte, profería hechizos y distribuía remedios para cualquier dolencia conocida por el hombre. Meg era una vieja astuta que se había hecho rica practicando abortos a damas nobles. Su negocio siempre se animaba cuando visitaban la corte del rey. Cuando Tina trepó los peldaños de la carreta, Meg no la saludó pero se puso a preparar una poción al enterarse del dolor de muelas. Heath era su nieto y la madre de él había muerto de parto. Heath, que debía bajar la cabeza para no chocar con el techo, dijo:. La vieja Meg, con la boca apretada en una dura línea y siguiendo los rituales, apoyó las manos cargadas de anillos sobre el globo de cristal pero, tras un minuto de silencio, dijo:. No puedo decirte nada. Tina sostuvo su mirada, y las dos fuertes voluntades batallaron entre sí. Meg apretó los labios. No aprobaba la relación entre su nieto y esta muchacha voluntariosa y malcriada. No tenía motivos para querer a los Kennedy. Tina puso tres monedas de plata sobre una mano no demasiado limpia y contuvo el aliento, expectante, mientras barajaba el gran mazo de cartones pintados que Meg le había dado. Cerró los ojos, formuló un deseo, como le habían enseñado a hacer, y luego devolvió las cartas a la anciana profesional. La primera carta vuelta fue El Emperador, del arcano mayor. Meg describió la figura:. En la mano derecha sostiene la Cruz de la Vida, el ankh egipcio. Sobre el hombro derecho, hay otra imagen de una cabeza de carnero. El Emperador simboliza la sabiduría terrenal. Las montañas peladas representan su poder y su fuerza. Es inflexible e inconmovible en sus juicios. Prefiere ser jefe, no obedecer a nadie. Disfruta del mando y gobierna con mano de hierro. A su lado hay un escudo en forma de corazón, con el signo de Venus. Es Afrodita, diosa del amor humano. Esta carta simboliza la fertilidad. Se unen los dos sexos. Significa la plenitud de las necesidades eróticas. Ella representa el cielo en la tierra, el Jardín del Edén, la puerta que se abre a los placeres y los tesoros terrenales. Meg depositó sobre la mesa el Paje de Espadas, del arcano menor:. Utiliza la agresividad para defenderse de las dudas con respecto a sí mismo. De inmediato, Tina pensó en su hermano David, y contuvo el aliento cuando apareció otro naipe de espadas, pues sabía que eran las peores del mazo:. Tina sintió alivio cuando vio que la carta siguiente era el siete de bastos, aunque Meg también le dio un significado ominoso:. El naipe indica que debes aferrarte a lo tuyo, pese a todos los inconvenientes. Debes adoptar una postura y mantenerte firme frente a la oposición, pues sólo en el cambio hay crecimiento. El cuatro de copas apareció sobre la pequeña mesa, y Tina suspiró, agradecida. Meg continuó:. Esta carta representa el lecho amoroso, el placer y una atracción sexual irresistible. Meg no dijo nada; Tina no necesitaba su descripción: veía claramente que se trataba de un hombre postrado en el suelo, con las diez espadas clavadas en la espalda, y sobre él se cernía un cielo oscuro. Tina suspiró, aliviada. Aunque ya tenía en vista a un posible marido, había formulado el deseo de no casarse ese año. La Emperatriz te representa a ti. A esta altura, Tina resolvió que nada de eso se convertiría en realidad porque ella cumpliría su deseo, y éste era "no casarse". Meg observó al varón postrado con las espadas clavadas. Su querido Heath era moreno. Perforó a Tina con una mirada feroz. Tina sintió que algo se movía junto a su pie, bajo la mesa, y se sobresaltó. Vio una enorme tortuga con una gran gema roja incrustada en el caparazón —. Las comisuras de la boca de Meg descendieron en una mueca desdeñosa. Close cookies settings Haga clic en cada botón para activar o desactivar el uso de cada una de las cookies. Sí I accept cookies policy and close dialog box. No I do not accept cookies policy and close dialog box. Previo Próximo. Primer taller de Louis Brandt. Espejo en que te has mirado. Ignorante del pecado. Pues tal señor te ha faltado. Que su hijo le ha causado. Don Sancho cobró salud: El Rey mucho se ha alegrado. Estando el Rey en Sevilla Crecido mal le avia dado. Muy cercano es i la muerte; A todos ha perdonado, Aquellos que mal urdieron, Por dó fuese mal tratado. Este Rey fie también el que desterró de España la orden de los templarios , sobre lo cual no he descubierto romance alguno. Resistir pudimos mal. Si la sigues con denuedo, Término estrecho la dan. Los límites de la tierra; Tanto has de señorear. Todo lo que el poeta añade mumenta el interés del oisn- to. Asi dice élt bíea oiréis lo que ha hablado. Con todas estas desdichas A Sevilla ave llegado. Que yo seria el padrino , Tu, maestre, el ahijado. Las puertas me aTian cerrado. Yo como estaba sin culpa , De nada me UTe curado. Es por fuerza ó por mandado. Vuestra cabeza, maestre, Mandada esta en aguinaldo. Nunca hice desaguisado: U8 Ni os dejara yo en la lid, Ni con moros peleando. A Doña María Padilla En un plato la ba eni4ado. A los aullidos que daba Atronó todo el palacio. Sino el page que ha criado. A una dueña se la cuenta, Que en la prisión la acompaña: ,, De Borbon, dice, soy luja, De Carlos delfin cuñada, Y el Rey de la flor de lis Pone en su escudo mis armas. Hija soy de la desgracia. Dejando su misma esposa Por una manceba falsa. Ultimas lamen- taciones de la rntsma. Cuando vido al ballestero , La su triste muerte vio. Yo no te hice traición. Y otro un puñal acerado. Y en aquesta fiera lucha Solo un testigo se ha hallado , Page de espada de Enrique, Que de afuera mira el caso. Que ambos vinieron al suelo, Y Enrique cayó debajo. IKmde k vueltas de la sangve El vital hilo cortando, Salió el almii mas cruel Que vivió en pecho crisüano. Riñeron los dos hermanos, Y de tal suerte riñeron, Que fuera Cain el vivo, A no averio sido el muerto. La muerte del hijo tierno. La prisión de Doña Blanca Sirven de infame proceso. Algunos pocos leales Dan voces pidiendo al cielo Justicia, pidiendo al Rey ; Y mientras que dicen esto. Echó al cabello la mano, Sin tener culpa el cabello; Y mezclando perlas j oro,. De oro y perlas cubrió el cuello. Desmayóse ya vencida Del poderoso tormento, Cubriendo los bellos ojos Muerte, amor, silencio y sueno. Lo que después ocurrió lo refiere el romance. Este Rey adquirió el renombre de el enfermo. Afirmólo el mayordomo: No hay mas, ni con que comprallo. Serena el severo rostro. La tierna barba trabando. Vido como los servían Muchos faysanes y pavos. Estuvo un rato suspenso Aquesto considerando. Vienen todos al momento: Seguros y descuidados. Cierran al pimto las puertas, Y el puente le alzan en alto. EIntró en la sala el verdugo Con el cuchillo y los lazos. Díceles el Rey que mueran Como traidores y falsos, Pues el real patrimonio Le tienen así usurpado, T. Hoj veo jergas en mi corte, Ayer vi fiestas asaz. Dejad, señor, los brocados. No querades mas solaz. Ejemplo de que en la tierra, Porque el hombre mire arriba. No hay seguridad humana Sin contradicción divina. Con los Reyes las porfías Son vaivenes peligrosos, Dan miserable caida. Todo lo que finge teme Y teme suerte contraria; Que cuando aquesta comienza, Tarde ó nunca desagravia. Salió cierta su sospecha. Dióle mucho que pensar, Por ser llave de su Alhambra. Y tras largo vacilar Por resolución declara, Pues que todos contradicen. El dar al Rey la batalla, Que se mueBtre su poder Del todo en fortificarla, De la gente mas experta , Pertrechos y vituallas, Como cosa en que consiste La perdida 6 la ganancia. Unos dicen que el Rey entre, Para que esté mas guardada; Otros, que no, mas que llamen Al infante Zidiyaya, Un nieto de Abenalmao Que la ampare, y tome en guarda. Dando fuerza al claro nombre De otras sus altas hazañas. Duró al pie de siete meses Coa refriegas porfiadas. Ni la continuación de asaltos duros, Ni el rigor de cristiano belicoso, Que aportilla bastante nuestros muros. Pues tan claro ingenio alcanza, Considerando el peligro Y sus fuerzas limitadas. Que pues los medios honrosos Casi yictorias se llaman, Los escuche y los admita De suerte, que efecto traygan. Haciéndole mil mercedes, Con mano abundosa y franca, Con título de cavdillo De su gente y la cristiana, Para proseguir su intento En la empresa comenzada. Por esa puerta de Elvira Sale muy gran cabalgada. Cuanto de la yegua baya. Cuanto de la lanza en puno, Cuanto de la adarga blanca, Cuanto de marlota verde, Cuanta idjuba de escarlata, Cuanta pluma y gentileza. Cuanto capellar de grana. Cuanto bayo borceguí. Cuanto raso que se esmalta. Cuanto de espuela de oro. Cuanta estribera de plata: Toda es gente valerosa Y experta para batalla. De Cazorla y de Quesada También salen dos banderas ; Todos son hidalgos de honra, Y enamorados de veras. Hasta la guardia han llegado Adimde el rebato suena, Y junto de rio frío Gran batalla se comienza; Mas los moros eran machos Y hacen grande resistencia, Porque los Abenzerrages Llevaban la delantera , Con ellos los Alabezes Gente muj brava y muy fiera. Mas los valientes cristianos Furiosamente pelean, De modo que ya los moros De la batalla se alejan. Mas llevaron cabalgada Que vale mucha moneda. Con gloria quedó Jaén De la pasada pelea. Redüan reconoce lasjbríalezas de Jaén. Mira la encuínbrada roca De altas torres coronadk. Y así como uvo llegado De esta manera le habla, Con el rostro demudada De color muy fria y blanca: ,, Nuevas te traigo, señor, Y una muy mala embajada. Por ese fresco Genil Mucha gente viene armada. Todos hacen juEamento. Desto quedó triste el Rey Qae nó pudo hablar palabra. Granada los llora mas, Con gran dolor que sentia; Que en perder tales varones Es mucho lo que perdía. Hombres mugeres y niños Lloran tan grande perdida. Lloraban todas las damas Cuantas, en Granada avia, Por las calles j ventanas Mucho luto parecía. Y si algan luto lleTiibaai, Es por los que muerto maa. Sobré estfts guerras civiles El reino van consumiendo, Hasta que el valiente Muza En ello puso remedio. Es probable que el efecto de ellos procedería de la melodía , porque su expresión tal cual apa' rece de la traducción española nada tiene de eX' traordinario. Cuando en el Alhambra estuvo Al mismo punto mandaba, Que le toquen sus trompetas, Los añafiles de plata, Y que las cajas de guerra Apriesa toquen al arma. Porque las oygan sus moros Los de la vega y Granada. Los moros que el son oyeron. La respuesta que. Se ejecutó la sentencia Así como el Rey lo manda. Estando el Rey Don. Tienen la cuesta ganada, Y aquí la caballería No podía pelear nada, Y así con grandes peñascos Fue en un punto destrozada. No puede mover la espada. Por la sangre que ha perdido Don Alonso se desmaya. Al fin cayó muerto en tierra, A Dios rindiendo su alma. Y de su muerte se holgaban. A las palabras que dice, Cualquiera mora lloraba. Pues te mataron los moros, Los moros de la Alpujarra. Tinto vas en sangre viva, Entre ti y sierra Bermeja Murió gran caballeria. Murieron duques y condes, Señores de gran valía; Allí muriera Urdíales, Hombre de valor y estima. Tiróle el moro un cuadrillo, Y por alto hizo la via. Sayavedra con au espada Duiamente. Hiñeron le mil pedazos Con saña que del tenían. Se sale de la batalla Llevado por una guia. Igualmente lo encontramos' en el Orlando furioso c. Pulgar duranie el sitio de Chranada nftece ir hasta la mezquita de aquella ciudad. En espantoso silencio Todo el orbe envuelto estaba, Y al, descanso reducidas Todas las cosas callaban. Solo un inquieto murmurio Se oye en el cuerpo de guardia d21 Del católico Fernando, Qae se alojaba en Alhama. Trataban todos de dar Muestras de sí señaladas, Unos de lidiar coti Tarfe En la vega vista el alva; Otros en la puerta Elvira Dejar fijada una daga. Furioso y determinado, Y en el adarga este mote: Ihdo lo allana mi brazo. Su esfuerzo, valor y estado. Con arrogancia j denuedo El moro habló al cristiano Diciendo : ,, Saber quisiera De qué Rej eres Tasallo, ,, ,, Porque en solo averte tisto Te estoy tan aficionado , Que por sola tu amistad Casi me hiciera cristiano. Y cual hambrientos leones. Vuelven ligeros picando Los acicates apriesa : ' Y las lanzas enristrando. El cristiano quitó al mofo De la cabeza 'el tocado: El moro dio en el escudo Descomponiendo el retrato, Que fue causa que volvió El gallardo lusitano Tan presto y furioso al moro, Que antes de ser amparado Con la adarga, le partió El hombro y derecho brazo, Y cortando la cabeza Se la llevó al Rey. FernaDdo, El cual se lo. El Te Deum laudamus se oye. Mas las armas de Castilla Y de Aragón ven campear. Ni cabalgar en caballo, Ni hablar de pelear. Mas do no lo vean las gentes Su vida en llanto acabar. Que quien tal reino ha dejado , Poco es la vida dejar. Sale de Portugal la armada del rey Don Sebastian. Una bella lusitana. Dama ilustre j de valía, Haciendo sus ojos fuentes, Con llanto extiende la vista A la poderosa armada, Que de Lisboa salia, La vuelta al mar de Levante Por Sebastiano regida. Y como vio que el norte Sopla furioso '7 aprisa. Dijo con un ay del alma. Porque aunque de Cristo llevan La cruz en medio tendida. Que no de diestro soldado. Ten cuenta con lo que hago. Por muchas pajotes pasado, En un caballo ' ligero. Que tengo de ser forzado. A recebir con tu muerte. La vida que ya desamo. Al buen viejo de ftu. De noche por el camíw. De día por el jaral T. T Por la matanza va el vieje Ppr la matanza, adelante. Los brazos lleva cansados De los muertos rodear; No hallaba al que buscaba Ni menos la su señal. Siete vecop..

No existían las maldiciones. Cada uno era responsable de su propia suerte o desdicha en este mundo. Fue a darle las buenas noches a Heath; quería regresar a Doon antes de que descubriesen su ausencia. Los dientes del muchacho brillaron:. Si lo hiciera, irías sola.

Él la alzó sobre la montura, y Tina le confió:. Los guardias lo habían apodado el Temerario porque siempre cabalgaba como si lo persiguieran los demonios, aunque llevara una mujer a la grupa. Ram la siguió llevando una Se buscan espíritus de Dunure en Flores encendida que llameaba y chisporroteaba, proyectando largas sombras sobre los muros de piedra basta.

Siguió su camino con una sacudida después de saludarlos con un breve movimiento de la cabeza. Ram colocó la antorcha en el soporte de hierro que había junto a la puerta, y Zara entró corriendo en la gran habitación. Ésta no era desconocida para ella; había estado allí por primera vez en la primavera pasada.

Ram sonrió. Quisiera verme casado y concibiendo hijos para la dinastía Douglas, lo mismo que quiere el resto del clan. Zara se acercó a él, deslizó sus brazos alrededor del cuello y murmuró:. Ram le lanzó una mirada casi indiferente.

Aunque era tarde, él parecía no tener prisa, y Zara se sentía irritada. Tocó el pendiente de oro que llevaba en la oreja.

Zara lo miró, provocativa. Lo conservaré siempre un lugar donde le sacaré el mejor Se buscan espíritus de Dunure en Flores. La apartó para poder sacarse la chaqueta de cuero, y los ojos de Zara se.

Zara, por el contrario, sólo llevaba dos prendas: falda y blusa. El compañero del pendiente de oro estaba prendido en el vértice de su monte de Venus. El rey ha quedado fascinado Ram silbó. La muchacha terminó de quitarse la falda y la arrojó al otro lado de la habitación. La arrojó Se buscan espíritus de Dunure en Flores la enorme cama y él tras ella, buscando el pendiente de oro con los dedos. Sin embargo, Se buscan espíritus de Dunure en Flores insistes en. Mas llevaron cabalgada Que vale mucha moneda.

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Desto quedó triste el Rey Qae nó pudo hablar palabra. Granada los llora mas, Con gran dolor que sentia; Que en perder tales varones Es mucho lo que perdía. Hombres mugeres y niños Lloran tan grande perdida. Lloraban todas las damas Cuantas, en Granada avia, Por las calles j ventanas Mucho luto parecía.

Y si algan luto lleTiibaai, Es por los que muerto maa. Sobré estfts guerras civiles El reino van consumiendo, Hasta que el valiente Muza En ello puso remedio. Es probable que el efecto de ellos procedería de la melodíaporque su expresión tal cual apa' rece de la traducción española nada tiene de eX' traordinario.

Cuando en el Alhambra estuvo Al mismo punto mandaba, Que le toquen sus trompetas, Los añafiles de plata, Y que las cajas de guerra Apriesa toquen al arma.

Porque las oygan sus moros Los de la vega y Granada. Los moros que el son oyeron. La respuesta que. Se ejecutó la sentencia Así como el Rey lo manda. Estando el Rey Don. Tienen la cuesta ganada, Y aquí la caballería No podía pelear nada, Y así con grandes peñascos Fue en un punto destrozada. No puede mover la espada. Por la sangre que ha perdido Se buscan espíritus de Dunure en Flores Alonso se desmaya.

Al fin cayó muerto en tierra, A Dios rindiendo su alma. Y de su muerte se holgaban. A las palabras que dice, Cualquiera mora lloraba. Pues te mataron los moros, Los please click for source de la Alpujarra. Tinto vas en sangre viva, Entre ti y sierra Bermeja Murió gran caballeria. Murieron duques y condes, Señores de gran valía; Allí muriera Urdíales, Hombre de valor y estima.

Tiróle el moro un cuadrillo, Y por alto hizo la via. Sayavedra con au espada Duiamente. Hiñeron le mil pedazos Con saña que del tenían. Se sale de la batalla Llevado por una guia. Igualmente lo encontramos' en el Orlando furioso c.

Pulgar duranie el sitio de Chranada nftece ir hasta la mezquita de aquella ciudad. En espantoso silencio Todo el orbe envuelto estaba, Y al, descanso reducidas Todas las cosas callaban. Solo un inquieto murmurio Se oye en el cuerpo de guardia d21 Del católico Fernando, Qae se alojaba en Alhama.

Trataban todos de dar Muestras de sí señaladas, Unos de lidiar coti Tarfe En la vega vista el alva; Otros en la puerta Elvira Dejar fijada una daga. Furioso y determinado, Y en el adarga este mote: Ihdo lo allana mi brazo. Su esfuerzo, valor y estado. Con arrogancia j denuedo El moro habló al cristiano Diciendo : , Saber quisiera De qué Rej eres Tasallo, , , Porque en solo averte tisto Te estoy tan aficionadoQue por sola tu amistad Casi me hiciera cristiano.

Y cual hambrientos leones. Vuelven ligeros picando Los acicates apriesa : ' Y las lanzas enristrando. El cristiano quitó al mofo De la cabeza 'el tocado: El moro dio en el escudo Descomponiendo el retrato, Que fue causa que volvió El gallardo lusitano Tan presto y furioso al moro, Que antes de ser amparado Con la adarga, le partió El hombro y derecho brazo, Y cortando la cabeza Se la llevó al Rey.

FernaDdo, El cual se lo. El Te Deum laudamus se oye. Mas las armas de Castilla Y de Aragón ven campear. Ni cabalgar en caballo, Ni hablar Se buscan espíritus de Dunure en Flores pelear. Mas do no lo vean las gentes Su vida en llanto acabar. Que quien tal reino Se buscan espíritus de Dunure en Flores dejadoPoco es la vida dejar.

Sale de Portugal la armada del rey Don Sebastian. Una bella lusitana. Dama ilustre j de valía, Haciendo sus ojos fuentes, Con llanto extiende la vista A la poderosa armada, Que de Lisboa salia, La vuelta al mar de Levante Por Sebastiano regida. Y como vio que el just click for source Sopla furioso '7 aprisa.

Dijo con un ay del alma. Porque aunque de Cristo llevan La cruz en medio tendida. Que no de diestro soldado. Ten cuenta con lo que hago. Por muchas pajotes pasado, En un caballo ' ligero. Que tengo de ser forzado.

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A recebir con tu muerte. La vida que ya desamo. Al buen viejo de ftu. De noche por el camíw. De día por el jaral T. T Por la matanza va el vieje Ppr la matanza, adelante. Los brazos lleva cansados De los muertos rodear; No hallaba al que buscaba Ni menos la su señal.

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Rescky Sex Watch XXX Videos Latest nude. Dudo que los otros fantasmas jueguen contigo. Hasta bien entrada la noche estuve paseando y jugando con el perro. De pelaje singular y sedoso, en blanco y negro, brillaba de forma sobrenatural cuando la luz de los alrededores traspasaba su cuerpo de niebla. A punto de dar las doce me despedí de mi amigo y retorné al castillo. Cuando alcancé la puerta de mi habitación Catherine me estaba esperando, apostada en la pared. Lucía sus vaqueros desteñidos y la camiseta azul que enmarcaba su escultural figura. Ella sonrió con embeleso poniéndose en camino. Se dirigió a una de las paredes y empujando suavemente un resorte del muro, hizo que éste se deslizara hacia dentro dejando ver una negrura singular. Una bocanada de aire helado salió de la abertura. Cogió una antorcha y la prendió en las ascuas de la chimenea con manos expertas. Sus largos dedos ejercían un poder hipnótico sobre mi mirada. No podía apartar mis ojos de ellas. En mi cabeza resonaron unas frases inquietantes, escuchadas hacía unas pocas horas:. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. El sonido de la puerta al cerrarse me produjo cierta desazón, que desapareció cuando la mirada de gacela de la muchacha se posó en mi rostro. Las manos relumbraban en la oscuridad del corredor con luz propia. Me besabas y acariciabas con ternura mientras vertías en mis oídos palabras tiernas. Desembocamos en una gran sala. La muchacha prendió la antorcha en todas las velas que estaban ya preparadas. Un salón gigantesco tachonado de espejos se perfiló en todo su esplendor. Pequeñas figurillas de porcelana colocadas en diversos puntos le daban un cierto toque infantil. Divanes de seda corridos en los muros se apoyaban en tapices de colores desvaídos. Tomaba las figurillas en sus manos sublimes y acariciaba el contorno mientras hablaba de sus recuerdos. Recorrimos todo, palmo a palmo. Luego me dijo:. Te enviaré a alguien que te ayude con las prendas. Miré las lujosas galas que tenía delante, no sabiendo por dónde empezar. De la nada, se materializó un mayordomo. Yo conocía ese rostro. Era el mismo individuo que había aparecido en la comida. Un fantasma. El oro viejo de la tela despedía cierto fulgor en la penumbra de la habitación, escasamente iluminada por unas cuantas velas. Comencé por la camisa. Era de algodón blanco, con un penetrante olor a naftalina, y crujió al ajustarse a mi cuerpo. Después de la camisa vino el chaleco ajustado y abotonado. Me senté para ponerme primero las medias de seda, blancas y tupidas, y luego los calzones hasta la rodilla. A continuación me calcé unos zapatos de tacón, hechos de piel muy fina, que me apretaban los pies, no resultando demasiado cómodos. Los cambié de un pie a otro, y de este modo logré que se ajustaran mejor, ya que los zapatos de siglos pasados se hacían iguales para los dos pies. Estuve dando unos pasos vacilantes hasta que, al rato, me acostumbré a los dos dedos de tacón. Las hebillas de plata con las que se adornaban se veían recién pulidas y lanzaban destellos con cada movimiento. Ante un espejo procedí a colocarme una peluca blanca, hecha de cabello humano. Antes de hacerlo sometí el espécimen a un somero examen visual. No vi moverse nada vivo entre los rizos, o entre la coleta y el lazo. Me pregunté si tendría chinches o piojos viviendo en su interior. Parecía bien conservada. El reflejo de mi rostro en el espejo se apreciaba muy cambiado vestido de esta guisa. No me reconocí. Para terminar con el disfraz de caballero, me coloqué la chupa llena de pliegues en la cintura y que llegaba hasta las rodillas. Pude tocar los admirables bordados que presentaba la seda. En el instante en el que daba por acabada mi vestimenta, apareció Catherine con empolvada peluca, incrustada de perlas, brillantes y plumas, llevando un lunar en la mejilla y embutida en un llamativo vestido azul cobalto, de escote cuadrado, por el que se atisbaba claramente la mitad de sus senos, blancos y virginales. En el cuello lucía un volante de encaje y seda acorde con el color de su vestido. Tenía el porte de una reina y la sonrisa de un querubín. Estaba tan maravillosa que el corazón se me aceleró denodadamente. Mis invitados son…terribles. No me gustaría que te hicieran daño. Asentí perplejo ante tamaña confesión. Lo iba a averiguar muy pronto. Las arañas de cristal del techo se hallaban encendidas con decenas de velas. Acompañé a Cahterine hasta la puerta principal, abierta de par en par, preparada para recibir a los asistentes. Llegaron en tropel, igual que un montón compacto, subidos en una niebla de llamativos colores. Cuando me saludaron, se deshicieron en risas destempladas acompañadas de miradas maliciosas. Una pareja nos saludó con mucha educación llevando ella su cabeza bajo el brazo, mientras él se arrancaba una mano para rascarse la espalda. Aparecieron unos cuantos esqueletos, saludando con voz bronca, vestidos de punta en blanco. De vez en cuando debían ajustarse la chaqueta de charreteras que resbalaba sobre sus huesos descarnados. Un numeroso grupo de decapitados inclinaron sus cuellos cercenados al entrar en el salón, mientras la multitud allí arremolinada los recibía igual que a héroes. Cabezas maquilladas sin cuerpos visibles, saludaron a Catherine para, después, irse volando a charlar en los rincones. Un ser oscuro y espectral, portando negra indumentaria a juego con su sombrero, saludó teatralmente a la anfitriona. No te imagino enfadada. Dos camareras de faldas oscuras y largas, con sendas cofias y delantales inmaculados, aparecieron en medio de la muchedumbre. Portaban gigantescas bandejas llenas de copas diminutas de las que escapaban neblinas rojizas. Los invitados se tiraron a ellas lo mismo que tiburones sobre un animal herido. Delante de nosotros se materializaron los miembros de la orquesta. Eran diez y llevaban sus instrumentos consigo. Apenas se les distinguía por la transparencia de sus siluetas. Catherine los saludó efusivamente e hizo señas a una de las camareras. Cada uno de ellos apuró su dedal de bebida tonificante e inmediatamente se hicieron visibles. Rodeé su estrecha cintura con una mano, mientras ella se apoyaba en mi hombro. Juntamos nuestras manos y nos lanzamos al son de un vals. Entre las vueltas y revueltas creí volar, perdido en aquellos ojos de hada, entrecerrados y cubiertos de espesas pestañas. Su sensualidad me desbordaba, tan dulce, tan suave. La multitud de fantasmas nos rodeaban callados y expectantes. Catherine les devolvió la mirada, desafiante. Volvieron a sus corrillos y charlas alocadas. Brindamos, enganchada la mirada en la del otro. Cerca de nosotros el espectro dejó una bandeja llena de bombones de chocolate. Catherine cogió uno de ellos y dio un mordisquito con sus diminutos dientes de perla. Sacó la punta de la lengua, sonrosada y graciosa, y lamió el jugo que se escapaba. Probé uno y enseguida cogí otro. Resultaban deliciosos. Una explosión de sabores desconocidos me llenó el paladar. El rico elixir que se hallaba dentro del chocolate era totalmente nuevo para mí. Eran muy adictivos, como la belleza de mi pareja. Las manos de Catherine, aun enguantadas, brillaban con una extraña luminiscencia que me volvía loco. Nos sumergimos entre la muchedumbre bailando una polka, mientras el reloj de la sala, de vez en cuando, marcaba las horas de la madrugada. De vez en cuando vertía una frase cariñosa en mis oídos. Mis dedos recorrieron las curvas de su cuerpo, escondidas entre mil pliegues de seda y encajes. Su mano enguantada atrapó el medallón que pendía de mi cuello. Lo observó detenidamente para decir con embeleso:. Antes te he de confesar un secreto que he guardado durante siglos. La muchacha me miró largamente, con el éxtasis y la admiración dibujados en su rostro de madona italiana. Nos volvimos a besar locos de frenesí, borrachos de amor y entre sus brazos me quedé dormido. Cuando me desperté, mediada la mañana, lo hice en mi cama. Los suntuosos ropajes habían desparecido. Hice una exhaustiva exploración de mi cuerpo desnudo en el cuarto de baño. Bajo las potentes luces y reflejado en el espejo de aumento descubrí pequeñas marcas del tamaño de la cabeza de un alfiler, repartidas por brazos y cara. No dolían en absoluto pero me dejaron un poco preocupado. Había una terrible plaga allí dentro. Aproveché para examinar mis ojos. Una débil luz incandescente todavía se abría paso a duras penas entre esas simas de negrura. Agarré el medallón, lo mismo que hacía siempre que me sentía inquieto y preocupado, inmediatamente la calma se extendió por cada poro de mi piel. Después de darme una larga ducha, me vestí y salí a almorzar con los miembros de mi grupo. Te hemos esperado esta mañana para hacer una excursión por estos parajes. Hemos ido a tu habitación pero no estabas. Y me perdí en ensoñaciones de blanquísimas manos, acariciadoras, de porcelana, de seda, las de mi amada. Y vi aquella boca de diminuta lengua rosada, pequeña igual que la de un pajarillo. Y los ojos, tan bellos, flanqueados por mil pestañas oscuras y espesas, del color…De repente, me di cuenta de que aquellos faros maravillosos, tan venerados, eran negros, tan oscuros como la tinta, dos simas aterradoras que no tenían fin. Comí con un hambre desacostumbrada en mí. Me encontraba débil, a punto de desfallecer. Recordaba lo pletórico que me había sentido el día anterior. Ahora el color de mi piel aparecía blancuzco y macilento. Todos miraban los platos llenos de comida que me servía una y otra vez, engulléndolos en escasos segundos. Poco a poco recobré fuerzas, masticando con rapidez aquellas deliciosas viandas. Tomé unas cuantas copas de vino y mucha agua. Parecía que no hubiera comido en una semana. Ya ahíto y desoyendo las ofertas de mis compañeros para pasar la tarde, anduve paseando por los alrededores del castillo. El perro fantasma me acompañaba ladrando ruidosamente, sonidos que yo solo escuchaba, e implorando mil caricias que mis manos propinaban a una imagen hecha de humo. La comida hizo su efecto reparador y las fuerzas volvieron. En mi mente se dibujaron las sempiternas manos de mi adorada. Por fin sería mía cuando sonara la media noche. Deseaba tanto acariciarla, besarla y hacerle el amor que la ensoñación, tan vívida, me hizo jadear. Despidiéndome del can neblinoso, me encaminé hacia la gran biblioteca. En un primer vistazo no divisé a nadie por allí. El olor de los libros se metió por la nariz actuando igual que una poderosa droga. Mis ojos tropezaron con un ejemplar de Rubén Darío. La sensatez me abandonó y, allí de pie en medio del salón, como cualquier enamorado que ve en todo lo que le rodea el fiel reflejo de su amada, comencé a declamar con voz potente:. Cada frase pronunciada sonaba como un vigoroso conjuro para atraer a mi amada. Percibí un poder en mi voz que hasta entonces no había existido. Pinté su figura poco a poco:. No podía parar, si lo hacía antes de terminar los versos, esa sombra de color se desvanecería sin remisión. Las esbeltas líneas de su cuerpo adquirieron volumen, las piernas salieron de la niebla para apostarse en un sillón, encerradas en unos viejos y gastados vaqueros. Por el rabillo del ojo seguí vigilando el pequeño milagro que se estaba produciendo ante mis ojos. Toda su figura exhalaba un extraño perfume, adictivo, encantador. Era mi princesa, la que había venido a rescatar. Las palabras flotaron unos instantes antes de desvanecerse en la atmósfera misteriosa de la habitación. La muchacha se levantó de su asiento con una tierna sonrisa que le curvaba los labios en forma de corazón. Te he esperado durante tantos años. Tienes que llevar una maza de cabeza de hierro y el colgante, necesito ambas cosas para poder salir de mi encierro. Con estas palabras, mi adorada se esfumó nuevamente, sin dejar rastro. Suspiré de frustración. Deseaba estar cada minuto a su lado, despertar en su cama, ver esas manos de estrella durante toda la vida. Seguramente necesitaría de mi fuerza física para liberar algo que ella amaba mucho. No estaba demasiado lejos. Allí compré el instrumento que se requería para la gran noche. También adquirí una rosa, roja como la sangre, símbolo de mi amor y que adornaría su precioso pelo oscuro. Catherine adoraba mi medallón, tan querido para mí. No veía el momento de vérselo puesto. Lo que ella no sabía es que obraba en mi poder el que fuera de mi madre, muy parecido al mío, y que pensaba ofrecer como presente a la que en su día se convirtiera en mi esposa, y ella era la elegida. En lugar de anillos, luciríamos sendos colgantes gemelos. La tarde pasó deprisa entre compras y preparativos. Después de una ducha y un buen afeitado, me vestí impecablemente con una camisa oscura, elegante, a la que añadía unos gemelos de azabache. A continuación elegí un elegante pantalón donde se marcaba la raya, haciendo que mis piernas se alargaran visualmente. Calcé los zapatos de tafilete negro, los de las grandes ocasiones. Me perfumé y salí para cenar. Otra vez el hambre me atormentaba. Tenía que cenar fuerte para aguantar una noche como la que me esperaba. Predecía la suerte, profería hechizos y distribuía remedios para cualquier dolencia conocida por el hombre. Meg era una vieja astuta que se había hecho rica practicando abortos a damas nobles. Su negocio siempre se animaba cuando visitaban la corte del rey. Cuando Tina trepó los peldaños de la carreta, Meg no la saludó pero se puso a preparar una poción al enterarse del dolor de muelas. Heath era su nieto y la madre de él había muerto de parto. Heath, que debía bajar la cabeza para no chocar con el techo, dijo:. La vieja Meg, con la boca apretada en una dura línea y siguiendo los rituales, apoyó las manos cargadas de anillos sobre el globo de cristal pero, tras un minuto de silencio, dijo:. No puedo decirte nada. Tina sostuvo su mirada, y las dos fuertes voluntades batallaron entre sí. Meg apretó los labios. No aprobaba la relación entre su nieto y esta muchacha voluntariosa y malcriada. No tenía motivos para querer a los Kennedy. Tina puso tres monedas de plata sobre una mano no demasiado limpia y contuvo el aliento, expectante, mientras barajaba el gran mazo de cartones pintados que Meg le había dado. Cerró los ojos, formuló un deseo, como le habían enseñado a hacer, y luego devolvió las cartas a la anciana profesional. La primera carta vuelta fue El Emperador, del arcano mayor. Meg describió la figura:. En la mano derecha sostiene la Cruz de la Vida, el ankh egipcio. Sobre el hombro derecho, hay otra imagen de una cabeza de carnero. El Emperador simboliza la sabiduría terrenal. Las montañas peladas representan su poder y su fuerza. Es inflexible e inconmovible en sus juicios. Prefiere ser jefe, no obedecer a nadie. Disfruta del mando y gobierna con mano de hierro. A su lado hay un escudo en forma de corazón, con el signo de Venus. Es Afrodita, diosa del amor humano. Esta carta simboliza la fertilidad. Se unen los dos sexos. Significa la plenitud de las necesidades eróticas. Ella representa el cielo en la tierra, el Jardín del Edén, la puerta que se abre a los placeres y los tesoros terrenales. Meg depositó sobre la mesa el Paje de Espadas, del arcano menor:. Utiliza la agresividad para defenderse de las dudas con respecto a sí mismo. De inmediato, Tina pensó en su hermano David, y contuvo el aliento cuando apareció otro naipe de espadas, pues sabía que eran las peores del mazo:. Tina sintió alivio cuando vio que la carta siguiente era el siete de bastos, aunque Meg también le dio un significado ominoso:. El naipe indica que debes aferrarte a lo tuyo, pese a todos los inconvenientes. Debes adoptar una postura y mantenerte firme frente a la oposición, pues sólo en el cambio hay crecimiento. El cuatro de copas apareció sobre la pequeña mesa, y Tina suspiró, agradecida. Meg continuó:. Esta carta representa el lecho amoroso, el placer y una atracción sexual irresistible. Meg no dijo nada; Tina no necesitaba su descripción: veía claramente que se trataba de un hombre postrado en el suelo, con las diez espadas clavadas en la espalda, y sobre él se cernía un cielo oscuro. Tina suspiró, aliviada. Aunque ya tenía en vista a un posible marido, había formulado el deseo de no casarse ese año. La Emperatriz te representa a ti. A esta altura, Tina resolvió que nada de eso se convertiría en realidad porque ella cumpliría su deseo, y éste era "no casarse". Meg observó al varón postrado con las espadas clavadas. Su querido Heath era moreno. Perforó a Tina con una mirada feroz. Tina sintió que algo se movía junto a su pie, bajo la mesa, y se sobresaltó. Vio una enorme tortuga con una gran gema roja incrustada en el caparazón —. Las comisuras de la boca de Meg descendieron en una mueca desdeñosa. Tina observó a Meg y, de pronto, sus ojos se llenaron de malicia: la gitana estaba haciendo todo lo posible para llenarla de malos presentimientos. No existían las maldiciones. Cada uno era responsable de su propia suerte o desdicha en este mundo. Fue a darle las buenas noches a Heath; quería regresar a Doon antes de que descubriesen su ausencia. Los dientes del muchacho brillaron:. Si lo hiciera, irías sola. Él la alzó sobre la montura, y Tina le confió:. Los guardias lo habían apodado el Temerario porque siempre cabalgaba como si lo persiguieran los demonios, aunque llevara una mujer a la grupa. Ram la siguió llevando una antorcha encendida que llameaba y chisporroteaba, proyectando largas sombras sobre los muros de piedra basta. Siguió su camino con una sacudida después de saludarlos con un breve movimiento de la cabeza. Ram colocó la antorcha en el soporte de hierro que había junto a la puerta, y Zara entró corriendo en la gran habitación. Ésta no era desconocida para ella; había estado allí por primera vez en la primavera pasada. Ram sonrió. Quisiera verme casado y concibiendo hijos para. Zara se acercó a él, deslizó sus brazos alrededor del cuello y murmuró:. Ram le lanzó una mirada casi indiferente. Aunque era tarde, él parecía no tener prisa, y Zara se sentía irritada. Tocó el pendiente de oro que llevaba en la oreja. Zara lo miró, provocativa. Lo conservaré siempre. La apartó para poder sacarse la chaqueta de cuero, y los ojos de Zara se dilataron al ver que debajo de ella llevaba una cota de malla. Zara, por el. El compañero del pendiente de oro estaba prendido en el vértice de su monte de Venus. El rey ha quedado fascinado. Ram silbó. La muchacha terminó de quitarse la falda y la arrojó al otro lado de la habitación. Ram soltó un grito y la levantó en alto, como si no. La arrojó sobre la enorme cama y él tras ella, buscando el pendiente de oro con los dedos. Como puedes ver, mi. Sin embargo, si. Rob Kennedy había sido perspicaz suponiendo que su esposa lo convencería de que le permitiese visitar su casa paterna, en Carlisle. Tanto los cinco hijos del matrimonio como los prin de otras ramas del clan fueron al muelle para ver zarpar al Thistle Doon despedir a lord y lady Kennedy. Tina había tenido toda la noche para pensar en el consejo de su padre acerca de elegir esposo, y resolvió darle una pizca de esperanza de despedida. Mientras caminaban hacia el barco, lo rodeó con un brazo y la abrazó contra sí, pensando en lo semejantes que eran. Rob la miró con suspicacia. Invítalo a Doon — le aconsejó. Él sonrió y la abrazó. Mientras las velas se hinchaban y la marea llevaba velozmente el barco hacia el mar, en todos los rostros aparecían expresiones de alivio. Davie bostezó tras la mano, y Tina se burló:. No ha hecho otra cosa que sermonearme con respecto a los apetitos carnales. Tina murmuró a Donald:. Es un sinvergüenza y un vicioso en el mejor de los casos — replicó Donald, recordando a la joven prostituta de la que Davie había abusado en el burdel, la noche pasada. Los hermanos mayores nunca lo incluían en sus travesuras porque el nacimiento de las dos hermanas los había distanciado en edad; así Davie se había inclinado a compartir sus juegos con las niñas. Tina, pocos años mayor, siempre lo protegía de los golpes y las. Tina se demoró para caminar junto a su hermana Beth, entre el grupo de jóvenes que andaba por la playa. Beth susurró:. Echó una tímida mirada a Andrew Kennedy, de vigorosa apariencia, y se sonrojó intensamente. Tina siguió la mirada de la hermana y sonrió para sí. Haz algo. Y Beth, tan temerosa de obedecerla como de no hacerlo, se inclinó, recogió una bella concha de vieira y apretó el paso para alcanzar a Andrew. Reuniendo todo su coraje dijo:. Andrew echó una mirada a la pequeña muchacha rubia y respondió, distraído:. Beth vaciló en sus pasos, y Tina se acercó a ella:. Tina rió:. Beth palideció de la impresión. Tina prosiguió:. A los hombres les gusta reír. Fíjate lo alborotadores que son. Es necesario un talento especial para distraer la atención de ellos de los asuntos masculinos y retener esa atención, Te lo demostraré En los ojos de Tina brilló la luz del desafío. Se quitó los zapatos y las medias, se alzó la falda y, cuando. Valentina se las ingenió para deshacerse de ellos, como una reina que los apartara de su presencia. Se sentó sobre una roca para ponerse los zapatos, luego metió las medias en el bolsillo. Beth, esperanzada. Tina la miró, perpleja:. Prefiero ser malvada que timorata como un conejo. No hay nada que temer: Heath ha vuelto. Apartó los encantadores mechones rubios del rostro de su hermana e indicó con la cabeza al grupo de atractivos jóvenes pelirrojos —. Sólo vinieron a traer la lana para exportar. A primeras horas de la tarde, hacía ocho horas que Douglas el Impulsivo estaba sobre su montura y, antes. Para recorrer esa distancia en tan poco tiempo, había llevado un caballo de recambio, y alternaba entre los dos robustos animales. Los caballos salvajes, sin domar, se habían criado en los bosques del norte, de modo que se acostumbrasen. Eran capaces de correr docenas de leguas sin consumir alimento. Los establos de Douglas desbordaban de potros fuertes y bien alimentados. Él podía saltar sobre la silla ignorando totalmente los estribos; numerosos imitadores habían sufrido aparatosas caídas tratando de dominar la técnica, sobre todo porque usaban pesadas cotas de malla. Ram Douglas tenía tan buen ojo para los caballos como para las mujeres, y pronto apartó algunos sementales y yeguas de la manada. Esos bosques de las Highlands bullían de lobos, jabalíes y toros salvajes; Ram ansiaba cazar, pero se prometió a sí mismo no permitírselo salvo que un animal se le cruzara en el camino y amenazase a la. El instinto le indicaba que no debía estar ausente demasiado tiempo de Douglas, pues estaba seguro de que los malditos Hamilton aprovecharían eso para lanzar una incursión, como cobardes tratantes de putas que eran. Cuando regresara, enviaría a su hermano Gavin al sur, al castillo Douglas, llevando al menos la mitad de la manada. Cuando Beth Kennedy sacó su vestido de terciopelo azul del guardarropa, Kirsty se alarmó:. Por una vez, Beth impuso su voluntad:. Kirsty apretó los labios, pensando que estaría en el otro extremo del salón, sentada a la mesa de los criados. Sólo el Cielo sabía qué temas abordaría esa arpía de Tina en la conversación. Kirsty bajó temprano al salón para no perderse nada de lo que sucediera esa noche. Kirsty se alegró de ver que los hombres no usaban sus tartanes para impresionar a la señorita Bote de Miel, y estiró el cuello para ver. No se tranquilizó cuando las dos hermanas se sentaron entre lord Carrick y Callum Kennedy. Si fueran jóvenes respetables se sentarían con sus hermanos. Cuando Ada tomó asiento a la mesa de los sirvientes, advirtió de inmediato qué era lo que provocaba la inquietud de Kirsty y, como leal adversaria que era, resolvió frotar sal en sus heridas. Kirsty dijo entre dientes:. Hoy es Beltane. Kirsty se escandalizó:. Es un pretexto para dar rienda suelta a las pecaminosas payasadas nocturnas. Con semblante serio y un brillo malicioso en los ojos, dijo:. Andrew lanzó a Tina una mirada de advertencia, y se preguntó cómo se las arreglaría para aparentar ser la imagen misma de la inocencia. Me fascinan — dijo Beth, pendiente de cada palabra. Beth comentó:. Beth apoyó su pequeña mano sobre el brazo de lord Carrick. Andrew se sonrojó recordando la orgía de la noche pasada y, poniendo su mano sobre la de Beth, le explicó con ternura:. Ella sabe que pasamos la noche en un. Tina se unió a las risas, también Andrew, y todo quedó perdonado. En el otro lado del salón, el mayordomo dijo:. En el otro lado del salón, Valentina tramaba su salida y quería asegurarse de que todos estuviesen. Dirigiéndose a Callum y a Andrew Kennedy, les propuso:. Los hombres se miraron, y Andrew concedió:. Creí que podrían disfrutar de un paseo por las murallas, para contar las. El que respondió fue Andrew:. Callum le lanzó una mirada furiosa. Una dama necesita de un brazo fuerte, y yo te ofrezco el mío. Yo no puedo aceptar, pero a Beth le gustaría contar con vuestra compañía. Los dos varones se dieron cuenta de que habían sido manipulados e hicieron una reverencia a lady Beth. Cuando Kirsty vio que Beth tomaba a los dos jóvenes del brazo, se llevó la mano a la garganta. No se acostumbraba que una doncella se acercara a la cabecera de la mesa en el gran salón, pero la alarma la impulsó a ignorar las convenciones. Tina la miró de arriba abajo, con expresión helada. Aquí en Doon, yo soy el ama en este momento. No creo que a lord Carrick le agrade que le impongas tu presencia. Deberías contarme todo acerca de los. Valentina no se había alejado dos kilómetros de Doon cuando Heath le salió al encuentro. Estaba enfundado en un suave pantalón de piel de ante y montaba a un animal tan lujoso como cualquiera de los caballos de los Kennedy. La muchacha emitió un silbido admirativo. El gitano le sonrió y se apoyó un dedo en la nariz. Yo te seguiré. Antes de que terminara de pronunciar las palabras, Tina ya corría como el viento. Había peinado su pelo en una gruesa trenza que llegaba hasta la cintura, y que pronto empezó a deshacerse. Heath rió para sí, y la dejó llevar la delantera. La muchacha tenía una veta salvaje que necesitaba de ese escape. El río Ayr estaba crecido y, en cuanto cruzaron el puente, empezaron a ascender, saliendo del valle. No se. Pasada la cuesta, vio a media docena de jinetes que se acercaban en dirección contraria y, por sus tartanes de azul intenso los reconoció como pertenecientes al clan Hamilton. Se apresuró a pasar una pierna sobre el cuello del animal para que el jefe no notara que ella montaba. De inmediato, desmontó y se acercó a ella, y sus hombres se quedaron donde estaban para concederle cierto grado de intimidad. Era moreno y apuesto, con su alta espalda erguida como un ariete, mostrando todo el orgullo del clan en su postura. No puedo creer que hayas salido sin acompañante, milady. La punta de la bota de montar de Tina se apoyaba sobre su rodilla, tocando casi la mano de él, y. Sintió un intenso deseo de atraerla hacia sí y hacer suya esa boca tentado ra, que tanto lo provocaba. Patrick, si vienes a Doon el viernes a la noche a cenar, haré que el señor Burque prepare tu plato preferido. En el momento en que estaba por apoderarse de la enloquecedora mu chacha, Heath traspuso la loma,. Tengo una cita muy urgente. Hamilton ya había recorrido unos ocho kilómetros con Tina presen te en todos sus sentidos cuando recordó que era Beltane, pero en cuanto una sombría sospecha cruzó por su mente, la desechó:. Los Kennedy habían trazado bien sus planes la noche anterior, y hasta habían cabalgado fuera del perímetro de las tierras de los Douglas que estaban a punto de atacar. Donald y Duncan habían pergeñado la idea y la propusieron a los otros Kennedy cuando ellos. Sin acercarse al castillo en Douglas, el que era apodado el Peligroso, Donald calculaba que podían alzarse con doscientos vacunos y cuatrocientos ovinos de cuernos retorcidos de los arrendatarios del clan, y lo mejor era que los Douglas acusarían a sus acérrimos enemigos, los Hamilton, que vivían a menos de dieciséis kilómetros dentro del mismo condado de Lanark. Donald llevaría su parte al castillo Kennedy en el lago Ryan, que esperaba fuese suyo cuando se casara. También dejaría algo en Kirkcudbrigth, que daba a Solway Firth. Le resultaba divertido que el atalaya de su castillo de Kirkcudbright estuviese a sólo dieciséis kilómetros de la maciza fortaleza conocida como castillo. Donald había dado estrictas órdenes a sus hombres de no acercarse al castillo, pues no quería refriegas violentas. Esta incursión debería limitarse a un simple robo de ganado al amparo de la noche y, de tener suerte, los Douglas no lo descubrirían al menos hasta el amanecer. Todo marchó de acuerdo con el plan, pues los Kennedy estaban conformes con que Donald diese las órdenes, salvo David, que tenía sus propias ideas. Era la primera vez que Davie probaba el sabor de las incursiones, que había estado esperando durante años, escuchando con avidez los relatos que se contaban en las reuniones del clan. Disfrutaba del placer brutal que brinda causar devastación a un rival. Cuando Donald olió el humo y oyó el rugido de las llamas, lanzó violentas maldiciones. Los arrendatarios de los Douglas ya corrían hacia el lugar y, sin duda, habrían dado la voz de alarma en el castillo. Duncan se acercó con su caballo junto a Donald. Los ojos del gitano chispearon. Y podría decirme la suerte —dijo Tina, entusiasmada. El carromato de la vieja Meg era un pequeño mundo dentro de otro. Predecía la suerte, profería hechizos y distribuía remedios para cualquier dolencia conocida por el hombre. Del techo colgaban hierbas secas que despedían extrañas y penetrantes fragancias, y en las paredes había anaqueles con botellas, cuencos y cajas con raros polvos, líquidos y partes de animales disecadas. Meg era una vieja astuta que se había hecho rica practicando abortos a damas nobles. Su negocio siempre se animaba cuando visitaban la corte del rey. Cuando Tina trepó los peldaños de la carreta, Meg no la saludó pero se puso a preparar una poción al enterarse del dolor de muelas. Heath era su nieto y la madre de él había muerto de parto. Heath, que debía bajar la cabeza para no chocar con el techo, dijo:. La vieja Meg, con la boca apretada en una dura línea y siguiendo los rituales, apoyó las manos cargadas de anillos sobre el globo de cristal pero, tras un minuto de silencio, dijo:. No puedo decirte nada. No api muchacha voluntariosa y malcriada Kennedy. Tina puso tres monedas de pía pia y contuvo el aliento, expectante cartones pintados que Meg le había seo, como le habían enseñado a ha anciana profesional. La primera carta vuelta fue E describió la figura:. I unen los dos sexos. Significa la píen representa el cielo en la tierra, el Jan los placeres y los tesoros terrenales. Meg depositó sobre la mesa el —Un joven que empuña una es luchar para demostrar su virilidad. U de las dudas con respecto a sí mismo De inmediato, Tina pensó en su cuando apareció otro naipe de espada mazo: era el cinco de espadas. Tina sostuvo su mirada, y las dos fuertes voluntades batallaron entre sí. Meg apretó los labios. No aprobaba la relación entre su nieto y esta muchacha voluntariosa y malcriada. No tenía motivos para querer a los Kennedy. Tina puso tres monedas de plata sobre una mano no demasiado limpia y contuvo el aliento, expectante, mientras barajaba el gran mazo de cartones pintados que Meg le había dado. Cerró los ojos, formuló un deseo, como le habían enseñado a hacer, y luego devolvió las cartas a la anciana profesional. La primera carta vuelta fue El Emperador, del arcano mayor. Meg describió la figura:. En la mano derecha sostiene la Cruz de la Vida, el ankh egipcio. Sobre el hombro derecho, hay otra imagen de una cabeza de carnero. El Emperador simboliza la sabiduría terrenal. Las montañas peladas representan su poder y su fuerza. Es inflexible e inconmovible en sus juicios. Prefiere ser jefe, no obedecer a nadie. Disfruta del mando y gobierna con mano de hierro. A su lado hay un escudo en forma de corazón, con el signo de Venus. Es Afrodita, diosa del amor humano. Esta carta simboliza la fertilidad. Se unen los dos sexos. Significa la plenitud de las necesidades eróticas. Ella representa el cielo en la tierra, el Jardín del Edén, la puerta que se abre a los placeres y los tesoros terrenales. Meg depositó sobre la mesa el Paje de Espadas, del arcano menor:. Utiliza la agresividad para defenderse de las dudas con respecto a sí mismo. De inmediato, Tina pensó en su hermano David, y contuvo el aliento cuando apareció otro naipe de espadas, pues sabía que eran las peores del mazo: era el cinco de espadas. Tina sintió alivio cuando vio que la carta siguiente era el siete de bastos, aunque Meg también le dio un significado ominoso:. El naipe indica que debes afe-rrarte a lo tuyo, pese a todos los inconvenientes. Debes adoptar una postura y mantenerte firme frente a la oposición, pues sólo en el cambio hay crecimiento. El cuatro de copas apareció sobre la pequeña mesa, y Tina suspiró, agradecida. Meg continuó:. Esta carta representa el lecho amoroso, el placer y una atracción sexual irresistible. Meg no dijo nada; Tina no necesitaba su descripción: veía claramente que se trataba de un hombre postrado en el suelo, con las diez espadas clavadas en la espalda, y sobre él se cernía un cielo oscuro. Tina suspiró, aliviada. Aunque ya tenía en vista a un posible marido, había formulado el deseo de no casarse ese año. La Emperatriz te representa a ti. A esta altura, Tina resolvió que nada de eso se convertiría en realidad porque ella cumpliría su deseo, y éste era "no casarse". Meg observó al varón postrado con las espadas clavadas. Su querido Heath era moreno. Perforó a Tina con una mirada feroz. Tina sintió que algo se movía junto a su pie, bajo la mesa, y se sobresaltó. Vio una enorme tortuga con una gran gema roja incrustada en el caparazón—. Las comisuras de la boca de Meg descendieron en una mueca desdeñosa. Tina observó a Meg y, de pronto, sus ojos se llenaron de malicia: la gitana estaba haciendo todo lo posible para llenarla de malos presentimientos. No existían las maldiciones. Cada uno era responsable de su propia suerte o desdicha en este mundo. Fue a darle las buenas noches a Heath; quería regresar a Doon antes de que descubriesen su ausencia. Los dientes del muchacho brillaron:. Si lo hiciera, irías sola. Él la alzó sobre la montura, y Tina le confió:. Los guardias lo habían apodado el Temerario porque siempre cabalgaba como si lo persiguieran los demonios, aunque llevara una mujer a la grupa. Ram la siguió llevando una antorcha encendida que llameaba y chisporroteaba, proyectando largas sombras sobre los muros de piedra basta. Siguió su camino con una sacudida después de saludarlos con un breve movimiento de la cabeza. Ram colocó la antorcha en el soporte de hierro que había junto a la puerta, y Zara entró corriendo en la gran habitación. Ésta no era desconocida para ella; había estado allí por primera vez en la primavera pasada. Ram sonrió. Quisiera verme casado y concibiendo hijos para la dinastía Douglas, lo mismo que quiere el resto del clan. Zara se acercó a él, deslizó sus brazos alrededor del cuello y murmuró:. Ram le lanzó una mirada casi indiferente. Aunque era tarde, él parecía no tener prisa, y Zara se sentía irritada. Tocó el pendiente de oro que llevaba en la oreja. Zara lo miró, provocativa. Lo conservaré siempre un lugar donde le sacaré el mejor provecho. La apartó para poder sacarse la chaqueta de cuero, y los ojos de Zara se. Zara, por el contrario, sólo llevaba dos prendas: falda y blusa. El compañero del pendiente de oro estaba prendido en el vértice de su monte de Venus. El rey ha quedado fascinado Ram silbó. La muchacha terminó de quitarse la falda y la arrojó al otro lado de la habitación. La arrojó sobre la enorme cama y él tras ella, buscando el pendiente de oro con los dedos. Sin embargo, si insistes en. Rob Kennedy había sido perspicaz suponiendo que su esposa lo co vencería de que le permitiese visitar su casa paterna, en Carlisle. Tina había tenido toda la noche para pensar en el consejo de su ] dre acerca de elegir esposo, y resolvió darle una pizca de esperanza i despedida. Mientras caminaban hacia el barco, lo rodeó con un brazo y la abrazó contra sí, pensando en lo semejantes que eran. Rob la miró con suspicacia. Invítalo a Doon —le aconsejó. Él sonrió y la abrazó. Mientras las velas se hinchaban y la marea llevaba velozmente el barco hacia el mar, en todos los rostros aparecían expresiones de alivio. Davie bostezó tras la mano, y Tina se burló:. No ha hecho otra cosa que sermonearme con respecto a los apetitos carnales. Tina murmuró a Donal:. Es un sinvergüenza y un vicioso en el mejor de los casos —replicó Donal, recordando a la joven prostituta de la que Davie había abusado en el burdel, la noche pasada. Cuando eran niños, se había formado un fuerte lazo entre ella y Davie. Los hermanos mayores nunca lo incluían en sus travesuras porque el nacimiento de las dos hermanas los había distanciado en edad; así Davie se había inclinado a compartir sus juegos con las niñas. Tina, pocos años mayor, siempre lo protegía de los golpes y las decepciones de la vida. Tina se demoró para caminar junto a su hermana Beth, entre el grupo de jóvenes que andaba por la playa. Beth susurró:. Echó una tímida mirada a Andrew Kennedy, de vigorosa apariencia, y se sonrojó intensamente. Tina siguió la mirada de la hermana y sonrió para sí. Haz algo. Y Beth, tan temerosa de obedecerla como de no hacerlo, se inclinó, recogió una bella concha de vieira y apretó el paso para alcanzar a Andrew. Reuniendo todo su coraje dijo:. Andrew echó una mirada a la pequeña muchacha rubia y respondió, distraído:. Beth vaciló en sus pasos, y Tina se acercó a ella:. Tina rió:. Beth palideció de la impresión. Tina prosiguió:. A los hombres les gusta reír. Fíjate lo alborotadores que son. Es necesario un talento especial para dis- traer la atención de ellos de los asuntos masculinos y retener esa atención, Te lo demostraré En los ojos de Tina brilló la luz del desafío. Valentina se las ingenió para deshacerse de ellos, como una reina que los apartara de su presencia. Se sentó sobre una roca para poner- se los zapatos, luego metió las medias en el bolsillo. Tina la miró, perpleja:. Prefiero ser mal vada que timorata como un conejo. No hay nada que temer: Heath ha vuel- to. Beth se encogió y frunció la nariz. Apartó los encantadores mechones rubios del rostro de su hermana e indicó con la cabeza al grupo de atractivos jóvenes pelirrojos—. Sólo vinieron a traer la lana para exportar. Para recorrer esa distancia en tan poco tiempo, había llevado un caballo de recambio, y alternaba entre los dos robustos animales. Los caballos salvajes, sin domar, se habían criado en los bosques del norte, de modo que se acostumbrasen a soportar el clima frío y hostil. Eran capaces de correr docenas de leguas sin consumir alimento. Los establos de Douglas desbordaban de potros fuertes y bien alimentados. Él podía saltar sobre la silla ignorando totalmente los estribos; numerosos imitadores habían sufrido aparatosas caídas tratando de dominar la técnica, sobre todo porque usaban pesadas cotas de malla. Ram Douglas tenía tan buen ojo para los caballos como para las mujeres, y pronto apartó algunos sementales y yeguas de la manada. Esos bosques de las Highlands bullían de lobos, jabalíes y toros salvajes; Ram ansiaba cazar, pero se prometió a sí mismo no permitírselo salvo que un animal se le cruzara en el camino y amenazase a la manada. El instinto le indicaba que no debía estar ausente demasiado tiempo de Douglas, pues estaba seguro de que los malditos Hamilton aprovecharían eso para lanzar una incursión, como cobardes tratantes de putas que eran. Cuando regresara, enviaría a su hermano Gavin al sur, al castillo Douglas, llevando al menos la mitad de la manada. Cuando Beth Kennedy sacó su vestido de terciopelo azul del guardarropa, Kirsty se alarmó:. Por una vez, Beth impuso su voluntad:. Kirsty apretó los labios, pensando que estaría en el otro extremo del salón, sentada a la mesa de los criados. Sólo el Cielo sabía qué temas abordaría esa arpía de Tina en la conversación. Kirsty bajó temprano al salón para no perderse nada de lo que sucediera esa noche. Kirsty se alegró de ver que los hombres no usaban sus tartanes para impresionar a la señorita Bote de Miel, y estiró el cuello para ver qué haría Tina cuando Beth llegase. No se tranquilizó cuando las dos hermanas se sentaron entre lord Carrick y Callum Kennedy. Si fueran jóvenes respetables se sentarían con sus hermanos. Cuando Ada tomó asiento a la mesa de los sirvientes, advirtió de inmediato qué era lo que provocaba la inquietud de Kirsty y, como leal adversaria que era, resolvió frotar sal en sus heridas. Kirsty dijo entre dientes:. Con semblante serio, Ada dijo:. Hoy es Beltane. Kirsty se escandalizó:. Es un pretexto para dar rienda suelta a las pecaminosas payasadas nocturnas. Bueno, te diré, señora, que los que se entreguen a los apetitos carnales no. Con semblante serio y un brillo malicioso en los ojos, dijo:. Andrew lanzó a Tina una mirada de advertencia, y se preguntó cómo se las arreglaría para aparentar ser la imagen misma de la inocencia. Me fascinan —dijo Beth, pendiente de cada palabra. Beth comentó:. Beth apoyó su pequeña mano sobre el brazo de lord Carrick. Andrew se sonrojó recordando la orgía de la noche pasada y, poniendo su mano sobre la de Beth, le explicó con ternura:. Ella sabe que pasamos la. Tina se unió a las risas, también Andrew, y todo quedó perdonado. En el otro lado del salón, el mayordomo dijo:. Kirsty, agregó—: y le aseguro que puede ser muy activo. En el otro lado del salón, Valentina tramaba su salida y quería asegurarse de. Dirigiéndose a Callum y a Andrew Kennedy, les propuso:. Los hombres se miraron, y Andrew concedió:. Creí que podrían disfrutar de un paseo por las murallas, para. El que respondió fue Andrew:. Callum le lanzó una mirada furiosa. Una dama necesita de un brazo fuerte, y yo te ofrezco el mío. Yo no puedo aceptar, pero a Beth le gustaría contar con vuestra compañía. Los dos varones se dieron cuenta de que habían sido manipulados e hicieron una reverencia a lady Beth. Cuando Kirsty vio que Beth tomaba a los dos jóvenes del brazo, se llevó la mano a la garganta. No se acostumbraba que una doncella se acercara a la cabecera de la mesa en el gran salón, pero la alarma la impulsó a ignorar las convenciones. Tina la miró de arriba abajo, con expresión helada. Aquí en Doon, yo soy el ama en este momento. No creo que a lord Carrick le agrade que le impongas tu presencia. Valentina no se había alejado dos kilómetros de Doon cuando Heath le salió al encuentro. Estaba enfundado en un suave pantalón de piel de ante y montaba a un. La muchacha emitió un silbido admirativo. El gitano le sonrió y se apoyó un dedo en la nariz. Yo te seguiré. Antes de que terminara de pronunciar las palabras, Tina ya corría como el viento. Había peinado su pelo en una gruesa trenza que llegaba hasta la cintura, y que pronto empezó a deshacerse. Heath rió para sí, y la dejó llevar la delantera. La muchacha tenía una veta salvaje que necesitaba de ese escape. El río Ayr estaba crecido y, en cuanto cruzaron el puente, empezaron a ascender, saliendo del valle. No se encendían hogueras de Beltane en las cimas de las montañas, pues podían ser confundidas con las almenaras de orientación que se usaban como sistema de alarma en casos de invasión u otros semejantes. Pasada la cuesta, vio a media docena de jinetes que se acercaban en dirección contraria y, por sus tartanes de azul intenso los reconoció como pertenecientes al clan Hamilton. Se apresuró a pasar una pierna sobre el cuello del animal para que el jefe no notara que ella montaba a horcajadas, y albergó la esperanza de que sus faldas de terciopelo ocultaran la silla, que no era la apropiada para dama. De inmediato, desmontó y se acercó a ella, y sus hombres se quedaron donde estaban para concederle cierto grado de intimidad. Era moreno y apuesto, con su alta espalda erguida como un ariete, mostrando todo el orgullo del clan en su postura. No puedo creer que hayas salido sin acompañante, milady. La Providencia debe de haberme guiado para encontrarte. La punta de la bota de montar de Tina se apoyaba sobre su rodilla, tocando casi la mano de él, y la dejó ahí, dando a entender que podría apartarla de un puntapié, si se le ocurría. Sintió un intenso deseo de atraerla hacia sí y hacer suya esa boca tentadora, que tanto lo provocaba. Patrick, si vienes a Doon el viernes a la noche a cenar, haré que el señor Burque prepare tu plato preferido. En el momento en que estaba por apoderarse de la enloquecedora muchacha, Heath traspuso la loma, y los anchos hombros y la apostura del gitano hicieron que Patrick frunciera el entrecejo. Tengo una cita muy urgente. Hamilton ya había recorrido unos ocho kilómetros con Tina presente en todos sus sentidos cuando recordó que era Beltane, pero en cuanto una sombría sospecha cruzó por su mente, la desechó:. Los Kennedy habían trazado bien sus planes la noche anterior, y hasta habían cabalgado fuera del perímetro de las tierras de los Douglas que estaban a punto de atacar. Donal y Duncan habían pergeñado la idea y la propusieron a los otros Kennedy cuando ellos fueron a llevar la lana de invierno. Sin acercarse al castillo en Douglas, el que era apodado el Peligroso, Donal calculaba que podían alzarse con doscientos vacunos y cuatrocientos ovinos de cuernos retorcidos de los arrendatarios del clan, y lo mejor era que los Douglas acusarían a sus acérrimos enemigos, los Hamilton, que vivían a menos de dieciséis kilómetros dentro del mismo condado de Lanark. Donal llevaría su parte al castillo Kennedy en el lago Ryan, que esperaba fuese suyo cuando se casara. También dejaría algo en Kirkcudbrigth, que daba a Solway Firth. Dando fuerza al claro nombre De otras sus altas hazañas. Duró al pie de siete meses Coa refriegas porfiadas. Ni la continuación de asaltos duros, Ni el rigor de cristiano belicoso, Que aportilla bastante nuestros muros. Pues tan claro ingenio alcanza, Considerando el peligro Y sus fuerzas limitadas. Que pues los medios honrosos Casi yictorias se llaman, Los escuche y los admita De suerte, que efecto traygan. Haciéndole mil mercedes, Con mano abundosa y franca, Con título de cavdillo De su gente y la cristiana, Para proseguir su intento En la empresa comenzada. Por esa puerta de Elvira Sale muy gran cabalgada. Cuanto de la yegua baya. Cuanto de la lanza en puno, Cuanto de la adarga blanca, Cuanto de marlota verde, Cuanta idjuba de escarlata, Cuanta pluma y gentileza. Cuanto capellar de grana. Cuanto bayo borceguí. Cuanto raso que se esmalta. Cuanto de espuela de oro. Cuanta estribera de plata: Toda es gente valerosa Y experta para batalla. De Cazorla y de Quesada También salen dos banderas ; Todos son hidalgos de honra, Y enamorados de veras. Hasta la guardia han llegado Adimde el rebato suena, Y junto de rio frío Gran batalla se comienza; Mas los moros eran machos Y hacen grande resistencia, Porque los Abenzerrages Llevaban la delantera , Con ellos los Alabezes Gente muj brava y muy fiera. Mas los valientes cristianos Furiosamente pelean, De modo que ya los moros De la batalla se alejan. Mas llevaron cabalgada Que vale mucha moneda. Con gloria quedó Jaén De la pasada pelea. Redüan reconoce lasjbríalezas de Jaén. Mira la encuínbrada roca De altas torres coronadk. Y así como uvo llegado De esta manera le habla, Con el rostro demudada De color muy fria y blanca: ,, Nuevas te traigo, señor, Y una muy mala embajada. Por ese fresco Genil Mucha gente viene armada. Todos hacen juEamento. Desto quedó triste el Rey Qae nó pudo hablar palabra. Granada los llora mas, Con gran dolor que sentia; Que en perder tales varones Es mucho lo que perdía. Hombres mugeres y niños Lloran tan grande perdida. Lloraban todas las damas Cuantas, en Granada avia, Por las calles j ventanas Mucho luto parecía. Y si algan luto lleTiibaai, Es por los que muerto maa. Sobré estfts guerras civiles El reino van consumiendo, Hasta que el valiente Muza En ello puso remedio. Es probable que el efecto de ellos procedería de la melodía , porque su expresión tal cual apa' rece de la traducción española nada tiene de eX' traordinario. Cuando en el Alhambra estuvo Al mismo punto mandaba, Que le toquen sus trompetas, Los añafiles de plata, Y que las cajas de guerra Apriesa toquen al arma. Porque las oygan sus moros Los de la vega y Granada. Los moros que el son oyeron. La respuesta que. Se ejecutó la sentencia Así como el Rey lo manda. Estando el Rey Don. Tienen la cuesta ganada, Y aquí la caballería No podía pelear nada, Y así con grandes peñascos Fue en un punto destrozada. No puede mover la espada. Por la sangre que ha perdido Don Alonso se desmaya. Al fin cayó muerto en tierra, A Dios rindiendo su alma. Y de su muerte se holgaban. A las palabras que dice, Cualquiera mora lloraba. Pues te mataron los moros, Los moros de la Alpujarra. Tinto vas en sangre viva, Entre ti y sierra Bermeja Murió gran caballeria. Murieron duques y condes, Señores de gran valía; Allí muriera Urdíales, Hombre de valor y estima. Tiróle el moro un cuadrillo, Y por alto hizo la via. Sayavedra con au espada Duiamente. Hiñeron le mil pedazos Con saña que del tenían. Se sale de la batalla Llevado por una guia. Igualmente lo encontramos' en el Orlando furioso c. Pulgar duranie el sitio de Chranada nftece ir hasta la mezquita de aquella ciudad. En espantoso silencio Todo el orbe envuelto estaba, Y al, descanso reducidas Todas las cosas callaban. Solo un inquieto murmurio Se oye en el cuerpo de guardia d21 Del católico Fernando, Qae se alojaba en Alhama. Trataban todos de dar Muestras de sí señaladas, Unos de lidiar coti Tarfe En la vega vista el alva; Otros en la puerta Elvira Dejar fijada una daga. Furioso y determinado, Y en el adarga este mote: Ihdo lo allana mi brazo. Su esfuerzo, valor y estado. Con arrogancia j denuedo El moro habló al cristiano Diciendo : ,, Saber quisiera De qué Rej eres Tasallo, ,, ,, Porque en solo averte tisto Te estoy tan aficionado , Que por sola tu amistad Casi me hiciera cristiano. Y cual hambrientos leones. Vuelven ligeros picando Los acicates apriesa : ' Y las lanzas enristrando. El cristiano quitó al mofo De la cabeza 'el tocado: El moro dio en el escudo Descomponiendo el retrato, Que fue causa que volvió El gallardo lusitano Tan presto y furioso al moro, Que antes de ser amparado Con la adarga, le partió El hombro y derecho brazo, Y cortando la cabeza Se la llevó al Rey. FernaDdo, El cual se lo. El Te Deum laudamus se oye. Mas las armas de Castilla Y de Aragón ven campear. Ni cabalgar en caballo, Ni hablar de pelear. Mas do no lo vean las gentes Su vida en llanto acabar. Que quien tal reino ha dejado , Poco es la vida dejar. Sale de Portugal la armada del rey Don Sebastian. Una bella lusitana. Dama ilustre j de valía, Haciendo sus ojos fuentes, Con llanto extiende la vista A la poderosa armada, Que de Lisboa salia, La vuelta al mar de Levante Por Sebastiano regida. Y como vio que el norte Sopla furioso '7 aprisa. Dijo con un ay del alma. Porque aunque de Cristo llevan La cruz en medio tendida. Que no de diestro soldado. Ten cuenta con lo que hago. Por muchas pajotes pasado, En un caballo ' ligero. Que tengo de ser forzado. A recebir con tu muerte. La vida que ya desamo. Al buen viejo de ftu. De noche por el camíw. De día por el jaral T. T Por la matanza va el vieje Ppr la matanza, adelante. Los brazos lleva cansados De los muertos rodear; No hallaba al que buscaba Ni menos la su señal. Siete vecop. Hice te cuerpo de plata Pies y manos de un marfil. Sesenta mil caballeros A ti te los ofrecí. Para la acompañar. Todas visten uipi vestido. Ciento tañen instrumentas ,. Con las uñas lo despluma, Con el pico lo deshace. Para el vestir y cajamr,,,. Si TOS me days mi caballo En que solia cabalgar,.. A Francia la natural. En CaftíUa eÉtk m castílb. Una noche estanda asi Gritos da Rosa Florida. Darle he siete castillos. Cuando en galas. Agora desconoeMIo Di porqué me has ohridado. Que por no sufrir ultraje Moriré desesperado. Lo que agora yo!. I Montesinos ,. MonteftinéS ,. Prestédesme Rico Frtmco Vuestro cuchillo lagnes, ,, ,, Cortaré fitas al manto , Que no smi pura traer. RoiA de sangre la espuela De la hijada del caballo, Rojo el pretal j la chicha Y el freno hecho pedazos;. Aquella invencible mano Que nunca se vio xfiBfÍ! De fuera le tiembla el hasta. Nufto Yero, Buen caballero probado,. Hinquedes la basa. Y arrededes el paballo. En antes que. Yo8 idos de aquesta tierra, Y en ella no paréis mas. Los escuderos volvieron Para dó estaha Galvan. Danle el dedo y corazón, Y dicen que muerto lo han. La condesa que esto oyera Empezara gritos dar. Lloraba de los sus ojos Que quería rebentar. Vos me la qnerays contar. No preguntan por mesón, Ni menos por hospital. Cierto no merece mal. Ni era cosa de verdad; Que el dedo j el corazón Yo lo tengo por señal. Mira el camino de Francia Qae la enoja y la consuela , La cautiva Melísendra constantemente vohia los ojos al camino de Francia , que excitaba sus sentimientos y le ojreda esperanzas consoladoras. Pues yo presa y entre moros, Y de un cristiano olvidada. Cuitado del que aguarda Sfc. Porque puede en las mugeres Mas una desconfianza, Que la nobleza en Gayferos Cuando tan poco la guarda. Pues considera, si sirves Cn París damas cristianas. Que aunque moros, caballeros En Sansuena me regalan. Cwftado del que aguarda Sfc. Bien se yo que es liviandad Y de liviandad se paga. Pretender contra mi honor De mis agravios venganza. Que contra la razón valga. Cuytado del que aguarda Sfc. Que vence un presente gusto Mil nobles antepasados. Mas es muger, j ha mas años La mudanza en las mugeres Que no la nobleza en Carlos. La pru mera sentencia es verdadera , la segunda caSum" niosa. Pero veis como el piadoso cielo socorre en las mayores necesidades, pues llega Don Gaiferos y. No faltaron algunos ociosos ojos, que lo suelen ver todo, que no vie- sen la bajada y la subida de Melisendra, de quien dieron noticia al rey Marsilio, el cual mandó luego tocar al arma , y miren con que priesa, que ya la ciudad se hunde con el son de las campa- nas que en todas las torres de las mezquitas sue- nan. Lo cual oido por maese Pedro , cesó el tocar, y dijo: No mire vuesa merced en niae- rías, señor Don Quijote, ni quiera llevar las cosas tan por el cabo que no se le halle. Así es la verdad , replicó Don Quijote , y el muchacho dijo : Miren cuan- ta y cuan lucida caballería sale de la ciudad en Mira de Francia el camino , Y de Sansueña la playa. Por Gaiferos preguntad. Dicele que aguarde un pocQ, Y en menos de un poco baja ,. Alegre amanece el día, Y el sol mostrando su cara Madrugaba para verse En los hierros de las lanzas. Llevaba su compañía Marlotas de azul 7 grana, Morados caparazones, Yeguas blancas alheñadas. Ya pasa el moro valiente. No lleva plumas el moro. Que como de veras ama. Una adarga berberisca Con su divisa pintada, Tan discreta como el dueño, Y como el dueño mirada. Levantado se han las damas. Azarque primo del Rey Muy azar con Zelíndaja. Diver M. Edición Y, por supuesto, los entregaremos en su puerta. Su reloj y su pulsera combinan perfectamente, lo que no significa que no pueda usted probar diferentes opciones. Tras haber tomado parte en las seis misiones lunares, el legendario Speedmaster es una representación admirable del audaz espíritu pionero de la firma..

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De fuera le tiembla el hasta. Nufto Yero, Buen caballero probado. Hinquedes la basa. Y arrededes el paballo. En antes que. Yo8 idos de aquesta tierra, Y en ella no paréis mas. Los escuderos volvieron Para dó estaha Galvan. Danle el dedo y corazón, Y dicen que muerto lo han.

La condesa que esto oyera Empezara gritos dar. Lloraba de los sus ojos Que quería rebentar. Vos me la qnerays contar. No preguntan por mesón, Ni menos por hospital. Cierto no merece mal. Ni era cosa de verdad; Que el dedo j el corazón Yo lo tengo por señal.

Mira el camino de Francia Qae la enoja y la consuelaLa cautiva Melísendra constantemente vohia los ojos al camino de Franciaque excitaba sus sentimientos y le ojreda esperanzas consoladoras. Pues yo presa y entre moros, Y de un cristiano olvidada. Cuitado del que aguarda Sfc. Porque puede en las mugeres Mas una desconfianza, Que la nobleza en Gayferos Cuando tan poco la guarda. Pues considera, si sirves Cn París damas cristianas.

Que aunque moros, caballeros En Sansuena me regalan. Cwftado del que aguarda Sfc. Bien se yo Se buscan espíritus de Dunure en Flores es liviandad Y de liviandad se paga. Pretender contra mi honor De mis agravios venganza. Que contra la razón valga. Cuytado del que aguarda Sfc. Que vence un presente gusto Mil nobles antepasados. Mas es visit web page, j ha mas años La mudanza en las mugeres Que no la nobleza en Carlos.

La pru mera sentencia es verdaderala segunda caSum" niosa. Pero veis como el piadoso cielo socorre en las mayores necesidades, pues llega Don Gaiferos y.

No faltaron algunos ociosos ojos, que lo suelen ver todo, que no vie- sen la bajada y la subida de Melisendra, de quien dieron noticia al rey Marsilio, el cual mandó luego tocar al armay miren con que priesa, que ya la ciudad se hunde con el son de las campa- nas que en todas las torres de las mezquitas sue- nan.

Lo cual oido por maese Pedrocesó Se buscan espíritus de Dunure en Flores tocar, y dijo: No mire vuesa merced en niae- rías, señor Don Quijote, ni quiera llevar las cosas tan por el cabo que no se le halle. Así es la verdadreplicó Don Quijotey el muchacho dijo : Miren cuan- ta y cuan lucida caballería sale de la ciudad en Mira de Francia el caminoY de Sansueña la playa. Por Gaiferos preguntad. Dicele que aguarde un pocQ, Y en menos de un poco baja.

Alegre amanece el Se buscan espíritus de Dunure en Flores, Y el sol mostrando su cara Madrugaba para verse En los hierros de las lanzas. Llevaba su compañía Marlotas de azul 7 grana, Morados caparazones, Yeguas blancas alheñadas. Ya pasa el moro valiente. No lleva plumas el moro. Que como de veras ama.

Una adarga berberisca Con su divisa pintada, Tan discreta como el dueño, Y como el dueño Se buscan espíritus de Dunure en Flores. Levantado se han las damas. Azarque primo del Rey Muy azar con Zelíndaja. Zafiro por Adalifa, Un tiempo su apasionada, Mostró con esta divisa De sus tormentos la causa: Una viuda tortolilla En seco ramo sentada, Y UD mote que dice ansí: Tal me puso una mudanza. Guad alara j Bravonel Tiernamente se miraban, Que cansados de penar De disimular se cansan.

Mucho se ofenden los Reyes, Y mucho el amor se ensalza, En ver que allanan sus flechas A las magestades altas. Pierden al Rey el respeto. El moro finge que son Amigos que le avisaban Que pasan por Zaragoza, Y que vea, si algo manda. Que tiene por celosía Se buscan espíritus de Dunure en Flores j albahaca. Le dijo un cabo de escuadra. Alegróse Bravonel. Y Se buscan espíritus de Dunure en Flores un hovero cabalga, Diciendo : , Para la' vuelta No es un mundo mucha paga.

Después que el martes triste Mostró alegre el Sffl ia cara, Tiene la suya cubierta La hermosa Guadaiara. No quiere ver ni ser vista Después que Bravonel falta, Ni mostriar el rostro alegrePorque tiene triste el alma. Mucho siente el acordarse De la noche de la zambraFin de toda su alegría, Y principio de sus ansias. Una alta peña labraba; Y que de ella nacejun. Y en esto pasa la vida. Como muerte desastrada.

Mira la mora el misterio De las aguas, 7 descansa. Menos de noche en la cama. De esta forma, podemos personalizar su visita al Se buscan espíritus de Dunure en Flores web. Estas cookies nos permiten recopilar información sobre la forma en que los visitantes utilizan el sitio web, por ejemplo, para contar a los visitantes y ver cómo se mueven por el sitio.

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Por favor, no la elimine. Por favor, no suponga que la aparición de un libro en nuestro programa significa que se puede utilizar de igual manera en todo el mundo. La responsabilidad ante la infracción de los derechos de autor puede ser muy grave. Bossange y Co. Y no se crea que Depping los lia. En Alemania Se buscan espíritus de Dunure en Flores publicado Se buscan espíritus de Dunure en Flores, bajo el titulo de Silva de romances viejos, solamente los mas conocidos en las tradiciones de los libros de caballería, y al- gunos muy pocos mas de otras clases.

En Inglaterra Mr. Rodd ha reimpreso estos. Sebastian de Portugal. Mas no proceden de esta viciada fuente todos los graves yerros que deslucen la edi- ción de Depping. Otras se han adoptado discrecionalmente. Perdió dosientos navios, Cien galeras de remar, Y toda la gente suya Sino guatro mil, no mas. Perdió doscientos nayios. Cien galeras de remar, Y toda la gente suya. Los unos: Viva Roma! Otros : Numancia! Los numantinos que miran Del contrario la pujanzaSe buscan espíritus de Dunure en Flores antes morir, Que no de entregar su patria.

T como para el sustento Mantenimientos les faltan, De conformidad de todos Niños y mugeres matan. Cada cual con mano franca. De la una parte y la otra Razones mal concertadas. Al arma! Todos por no entregarse se dan muerte.

Bastecido el gran torneo Queriéndole comenzar, Vino gente de Toledo A havelle de suplicar, Que k la antigua casa de Hércules Quisiese un candado echar: Como sus antepasados Lo solían acostumbrar. El Rey no puso el candado. Puso la ocasión al fuego, T sacóla cuando quiso, Y amor batiendo las alas Abrasóle de improviso. Fueron del jardin las damas, Con la que avia rendido Al Rey con su hermosura, Con su donaire y su brio.

Lamentos del Rey Don Rodrigo después de la batalla de Jerez. Que las centellas cogí En que el mundo se arde y quema. Que tu beldad poderosa Usó conmigo de fuerza.

Cayó muerto su, caballo. Mientras huyen ias tinieblas. La honra de los antigaos Por tantos siglos ganada, Vos solo por un momento Perdéis reyno, cuerpo 7 alma. Acabóse vuestro bien, Y vuestros males no acaban, Que el mal suele acabar honras Que acaban la vida j fama. Ni advierte la nueva rosa, Ni le alegra el blanco lino. Que es en tierra convertido.

Pues una dichosa muerte Vence todos enemigos. Muza, que es su compañero, Sobre Carmona es llegado. Musa le mandara al Conde Que con gente de Cristianos Parezca que van huyendo Y que él lo iría acosando. Muchas veces fueron juntos, Que nadie lo sospechabaDe las veces que se vieron La Infanta quedó preñada. El Hiioe de. Bebsjblo anuncia su intención de defender la libertad de las Castillas ante el Consejo del Rey. Si no es que nuestras líiiseriasNuestras culpas y errores, Nos tengan ya condenados A estrangeras sumisiones.

Gobierne el Galo su tiérfa, No nos fatigue ni enoje, Y estienda por otras partes Sus límites' y mojones.

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Otros dicen: no és afrenta, Ni es bien que por tal se tomeAmpdrarse un Reyno de otrcí Con honradas Se buscan espíritus de Dunure en Flores. En estas dudas estaban, Quando en con f ti sos montones T. Con esto dejó la sala, T del palacio salióse. Visto por el Hey el. Alocución de Bersardo j el Carpió ó iu egércUo. I Victoria sin' sangre quiere? No: mientras tengamos manos. E 34 Cuyos mnros baña ufano El caudal famoso de Ebro Del mundo tan celebrado.

Carlos que oyera el mensage, Luego se habia aparejado: Mucha gente trae consigoRoldan que es muy estimadoT otros muchos caballerosQue los Pares han llamado : IjOS ricos hombres del Reyno De Alfonso se han querellado. Que mas quieren morir libres Que mal andantes llamados: No quieren ser de Franceses Sugetos los Castellanos. Venció el. El qual con la Se buscan espíritus de Dunure en Flores muy leda, Y nos con pena y afane.

Menos mercedes me haces. Pues ninguna teneys buena. Porque vieron que Bernardo El manto al braío rodea. Tomado lo habejs de veras. Cubierto de'tríste luto, Y el corazón enlutado, Pero tan fuerte j robusto Como quando sftle armado.

Y buen "pagoda "tu criado! H 5S Ayíwi 4iS J9. Y por estar allí Muza, De quien ha sido intbrmado Que tiene la mejor lanza Qae ay en el pagano Tando; Y el que ha puesto en mas here A todo el vando Cristiano. Por las calles donde yya Va estos papeles echando: 60 Zehs son los que me matan. Salgamos los dos al campo. Aunque en laa leyes contrarios. Como del menor criado. Quiero que el cielo me falte, Y quanto Dios ha criado.

Si por muger la quería. Salen los dos de la villa, Toda la noche anduvieron Hasta que el alva reia. Free british bukkake clips.

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